lunes, 15 de julio de 2019

MADURO APLICA EL PEOR AJUSTE IMAGINABLE


MADURO APLICA EL PEOR AJUSTE IMAGINABLE
Humberto García Larralde


Durante años el régimen de Maduro se llenó la boca con una supuesta “guerra económica” contra la “revolución” desatada por especuladores voraces y por el “imperio”. Justificó así los controles y las regulaciones, creando oportunidades para la extorsión y confiscación de productores y comerciantes privados. Sirvió también de excusa para monopolizar la importación de alimentos, medicamentos y otros bienes con sobreprecios, y embolsillarse la consecuente “tajada”. Validó, asimismo, la opacidad y la no rendición de cuentas de su manejo de la cosa pública –¡son asuntos de “seguridad de estado”!--, amparando corruptelas multimillonarias. 

En la medida en que destruía la economía privada, expoliaba a la industria petrolera, dejándola exangüe con negociados hechos a la sombra. Según cifras de fuentes independientes publicadas por la OPEP, la producción petrolera habría disminuido en casi un 70% desde que Maduro tomó el poder, 58% desde que puso al frente a un militar –Manuel Quevedo-- sin experiencia previa en el negocio.

Como consecuencia de lo anterior, los ingresos del estado colapsaron. Y como se le cerró el acceso al financiamiento internacional, el régimen ordenó al BCV emitir dinero sin respaldo para cubrir sus cuentas, disparando la hiperinflación que se comió los ingresos de la gente. Tratándose de un gobierno que se autocalificaba de “revolucionario”, Maduro decretó sucesivos aumentos del salario mínimo y dádivas diversas, financiados igualmente por la “maquinita” del BCV. Alegando defender al “pueblo”, echaba más gasolina a la candela inflacionaria. 

El caso más notorio fue el incremento salarial decretado el pasado agosto, 2018, que multiplicó el salario mínimo por 33, que tuvo que acompañarse de un incremento en el dinero inorgánico suministrado por el BCV en más de 23 veces. Al cuadruplicarse de nuevo esta remuneración en enero, 2019, el BCV aumentó en más de cinco veces el dinero sin respaldo que inyecta a la economía. 

No en balde, el incremento del 1° de mayo de este año resultó en un salario mínimo con un poder de compra de apenas el 1% del que tenía en 2013, si nos atenemos a las cifras de inflación suministradas para los años 2016-19 por la Asamblea Nacional. Y si nos atenemos al BCV, ente que al fin se dignó cumplir con su deber publicando cifras para ese lapso, el poder adquisitivo del salario mínimo habría caído “apenas” en dos tercios desde que Maduro ocupó la presidencia.

Pero ahora vemos como tan grave estropicio de los medios de vida del venezolano causado por estas políticas intervencionistas se corona con la más absoluta irresponsabilidad. Venido en cuenta de que los controles de precio y del tipo de cambio, y los aumentos de salario por decreto empobrecían aceleradamente a los venezolanos, no se le ocurrió mejor cosa que dejar los precios a la libre. Pero tan tímida dosis de mercado, con empresas acosadas por todo tipo de regulaciones, sujetas constantemente a la extorsión y confiscación de Guardias Nacionales, con una infraestructura pública y de servicios venida a menos, y ante una inseguridad jurídica, laboral y personal extendida, está lejos de ser la respuesta adecuada a la miseria “madurada” en los venezolanos. Menos aun con un sector financiero discapacitado por un encaje que constriñe su cartera de créditos y cuyos activos (en dólares) se han reducido en casi un 90% desde que Maduro llegó a la presidencia.

Si bien la hiperinflación parece estar cediendo –desde febrero no ha superado el 50% mensual--, seguimos siendo (por mucho) el campeón mundial en lo que a alza de precios se refiere. La inflación anualizada, aunque descendiendo, fue mayor al 440.000 % en junio, según cifras de la Asamblea Nacional. Pero, además, tan anémico avance sobre la inflación se ha obtenido a un costo terrible: la asfixia total de la demanda. Representa un ajuste contractivo que deja morir al paciente (de hambre) para “curar” la enfermedad de la inflación.

Durante todos estos años la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE), junto a otros economistas, ha insistido hasta la saciedad en la imperiosa necesidad de un programa de estabilización que aplaque la inflación, estabilice el precio del dólar y libere las fuerzas productivas, desmantelando la panoplia de controles y regulaciones que sofocan la actividad económica. Crucial en este programa es la concertación de un generoso financiamiento internacional acompañado de la reestructuración de la deuda pública y la instrumentación de un conjunto de reformas para reactivar de inmediato la oferta.

Las reformas deben contemplar el saneamiento de las cuentas públicas, acabando con las corruptelas y el despilfarro y aumentando la eficiencia del gasto, incluyendo transferencias compensatorias a los sectores de menores recursos. Deben redundar en un ambiente de seguridad jurídica a la propiedad y del debido proceso, y facilitar la recuperación de los servicios públicos y de la infraestructura. Mientras subsista la brecha ente ingresos y gastos, ésta será cerrada con financiamiento internacional, no con la emisión monetaria (inflacionaria) a que recurre Maduro.

Actualmente, lo que queda del aparato productivo trabaja a menos del 30% de su capacidad. La puesta en funcionamiento de este programa, recogido en el Plan País presentado por las fuerzas democráticas, desataría, por tanto, una respuesta inmediata de la economía, proveyendo bienes y servicios al país y generando empleo productivo cada vez mejor remunerado. Y, por efecto “bola de nieve”, estimularía inversiones nacionales y extranjeras que potenciarían este efecto. Como dicen los gringos, “nothing succeeds like success”. Será un ajuste expansivo, generador de mayor bienestar.

Se contraponen claramente dos formas de enfrentar la terrible situación de la economía. La del usurpador: asfixiar la demanda matando de hambre a la población, y la de las fuerzas democráticas, creando condiciones para reanimar la oferta, respaldadas por un generoso financiamiento externo. Lamentablemente para el país, controlar la oferta –los activos y fuente de ingresos que todavía existen—es vital para el usurpador y su mafia, pues es la fuente de sus inmensas fortunas. Es la base del régimen de expoliación del que se lucran. 

Pero como esta acción parasitaria va destruyendo las fuentes de ingreso, apelan a la “maquinita” del BCV para continuar lubricando el sistema. El dinero inorgánico inyectado por la subcuenta “crédito a las empresas (públicas) no financieras” se multiplicó por doce en los primeros seis meses del año. Para contrarrestar este combustible de precios, “redúzcase la capacidad de compra de la familia venezolana al mínimo, ¡pero ni de vainas se renuncia a lo nuestro!”

Tanta crueldad y malignidad puesta de manifiesto por Maduro y su mafia militar – civil tiene, en el informe sobre Venezuela que acaba de presentar la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Michele Bachelet, una terrible confirmación. No les queda más, por ende, que refugiarse en la realidad alterna que han construido para sí, repitiendo ad nauseam sus estúpidas consignas. Acusan a la Alta Comisionada de agente del imperio y de mentirosa. Hasta inventan que “el pueblo” venezolano repudia su informe (¡¡!!) y convocan a una famélica marcha para caerse a embustes al respecto. Esta insania les libera de toda consideración ética, moral, legal o humanitaria para atender las penurias de la gente.

Que no quepa la menor duda de la imperiosa necesidad de sacar cuánto antes a estos monstruos del poder. No hay otro camino para ello que cerrar filas en torno al valiente y decidido esfuerzo liderado por Juán Guaidó y la Asamblea Nacional, para galvanizar a los venezolanos a favor del cambio y concertar el apoyo activo y decisivo de la comunidad democrática internacional a favor de este esfuerzo.

Mientras, Maduro, Cabello, Padrino y demás enfermos seguirán batiéndose el pecho en nombre del socialismo para continuar negándole el derecho más crucial a los venezolanos: el de la vida. Ya lo demostraron al impedir por la fuerza la entrada de la ayuda humanitaria el pasado 23 de febrero.


Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
14 julio 2019

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domingo, 23 de junio de 2019

FORO DE SAO PAULO EN CARACAS




FORO DE SAO PAULO 2019
EN CARACAS
Luis Marín

En medio de la mayor crisis humanitaria de la historia latinoamericana, equiparable a las peores que en el mundo han sido, ¿qué pueden hacer las delegaciones en Caracas que no sea declarar orgullosamente que sí, que esto es lo que ellos proponen para el resto de los respectivos países de dónde provienen?

Un hecho desconcertante, porque no basta toda la inversión ideológica a la que la izquierda global nos tiene acostumbrados para trocar lo negro en blanco y lo que está a la vista en quiméricas fantasías: esto no puede ser una meta para nadie en su sano juicio.

No obstante, la tradición comunista está poblada de consignas como “no pasaran”, de mitos como “el sitio de Stalingrado”, o la mentalidad de “plaza sitiada” que constituye Cuba en los últimos sesenta años.

Estas concepciones hincan sus raíces en los tiempos heroicos del comunismo, en las grandes catástrofes y conflictos que han cimbrado la historia de la humanidad para cambiar su rumbo en dirección completamente inesperada e impensable en los períodos anteriores de relativa normalidad.

Tanto es así que los revolucionarios auténticos se convierten en unos nostálgicos del futuro, añorando la llegada de esos períodos en los que “lo extraordinario se vuelve cotidiano” como sinónimo de revolución y que les permite abrigar la ilusión de que están “escribiendo la historia”.

No importa que una y otra vez se demuestre que la historia no la escribe nadie, como no sea póstumamente, después que todo haya pasado y cuyos resultados nunca son lo que se han propuesto los actores, que la historia si bien puede tener actores, ciertamente no tiene autor, ni guionista.

Todos los ensayos de ingeniería social, de edificar la nueva sociedad y al hombre nuevo, desde el experimento nacionalsocialista y fascista, hasta el comunismo soviético, han terminado en memorables cataclismos que todavía hoy nos asombran; pero extrañamente el socialismo encuentra energías renovadas para volverlo a intentar una y otra vez con idénticos resultados.

De manera que la intransigencia ideológica nos conduce a la política del atrincheramiento, no existe ninguna posibilidad de concesiones, ni retroceso, al contrario, cualquier intento en este sentido se considera como claudicación, sino francamente un acto de traición.

Frente a los revolucionarios organizados y armados, no existe ninguna otra alternativa que no sea la victoria, derrotarlos en el terreno o en cambio sucumbir a sus quiméricas ilusiones historicistas, la idea de que el futuro se puede construir según planes preconcebidos.

Decir que el régimen cubano apoya al de Venezuela para mantenerlo en el poder a cualquier costo es no ver el tema en toda su amplitud, que realmente existe un plan para expandir el comunismo en todo el continente, incluso en los EEUU, tarea en la que se han logrado grandes avances y en la que no están dispuestos a retroceder.

El FSP gobierna en al menos diez países latinoamericanos y está en coalición en España, es la principal oposición en otros tantos, conquistó a México y su próximo objetivo declarado es Colombia. La agresividad e intransigencia les ha dado buenos resultados, ¿por qué tendrían que cambiar su política? La consigna es: “Unidad, lucha, batalla, victoria.”

Son bien conocidas las líneas maestras de política implementadas por las organizaciones que se agrupan en el FSP, por lo que su par dialéctico debe seguir otras en sentido diametralmente opuesto: de derecha, liberal, pro capitalista, en estrecha alianza con EEUU e Israel.

Aunque no existe nada equivalente a la mentalidad de trincheras en el ideario liberal, que más bien tiende a la funcionalidad y al sentido práctico, es indispensable crear un anti-Foro de Sao Paulo que le haga frente en todo el continente, con innovación y creatividad.

El eje de la nueva política muy bien podría también perfilarse en Caracas.

Luis Marín


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lunes, 10 de junio de 2019

¡¡Y TODAVÍA SIGUE AHÍ!!






¡¡Y TODAVÍA SIGUE AHÍ!!
Humberto García Larralde

Por más increíble que parezca, el monstruo que tanto daño ha infligido a los venezolanos, que es repudiado por la inmensa mayoría, desconocido por los gobiernos de más de 60 países democráticos, acusado de violar sistemáticamente los derechos humanos en foros internacionales, continúa usurpando el poder después de seis meses. Seis meses, tenemos padeciendo de un enfermo sin escrúpulo alguno para proseguir, al costo que fuera, con sus políticas de destrucción y expoliación nacional. Decían que dónde pisaba el caballo de Atila no crecía la hierba, expresión de la saña con que su jinete destruía todo vestigio de civilización (romana). El régimen de Maduro lo ha superado con creces.

Al verlo en la entrevista con el periodista Jorge Ramos, sorprende su empeño en eludir preguntas embarazosas repitiendo sandeces aprendidas de manuales comunistas de los años sesenta. Se presenta al entrevistador como presidente “obrero” (¡!), como si tal farsa confiriera a sus opiniones alguna autoridad. Sumido en la más absoluta estulticia, repite clichés acartonados para despachar a Ramos como de “derecha”, “militante político de la oposición” “agente del imperialismo”. En fin, un personaje de lo más patético, incapaz de abordar el mundo real sin muletillas ideológicas obsoletas, cayéndose repetidamente a embustes en un intento por obviar el juicio demoledor de sus compatriotas. Por si las dudas, se hizo patente que estamos en manos de un energúmeno totalmente ajeno a cualquier posibilidad de compartir salidas a la terrible situación del país..

Pero peor todavía son los militares que lo mantienen en el poder. Sorprende que, durante todos estos años, ninguno haya hecho nada para librar a los venezolanos de tanto sufrimiento. Son resultado de un proceso de “selección adversa” aplicado deliberadamente durante años para promover a los más viles y ruines como encargados de su custodia y para ocupar los cargos de mando de la Fuerza Armada y, en particular, de los cuerpos de seguridad de estado.

Proporcionan una medida de las labores de limpieza y desintoxicación que habrá que emprender una vez desalojemos a las mafias del poder. Aun así, asombra que ninguno haya sentido siquiera la más mínima angustia ante los crímenes de Maduro y los suyos como para tomar la determinación de ponerles fin. Parece que estamos ante un núcleo duro y curtido de desalmados, que erradicaron toda sensibilidad o criterio moral ante tanto padecimiento.

Para los investigadores Yates y Farah, constituyen la Empresa Criminal Conjunta Bolivariana[1] que ha esquilmado centenares de miles de millones de dólares del país, extendiendo sus tentáculos a cuentas bancarias y negocios turbios a nivel internacional. El agravante es que, además de la solidaridad intermafiosa para depredar a sus anchas un coto de caza tan lucrativo como ha sido Venezuela, se inviste de una farsa “revolucionaria” para encubrir sus desmanes y legitimarse ante el pensamiento “progre” mundial.

Este ardid tiene gran efectividad, no porque la mafia se crea realmente su impostura, sino porque está obligada a hacer de ella una realidad alternativa, inexpugnable, como refugio ante sus crímenes.. Busca aislarse en una burbuja autocomplaciente cargada de epítetos con los cuales auto-absolverse y revertir la carga en contra de sus acusadores, como se evidenció con la patética actuación de Maduro con Jorge Ramos. Al haber traspasado todo límite moral, ético y humano en su trato con los venezolanos, los mafiosos se han trasladado a un limbo sin contacto con la realidad, cuyos únicos referentes son aquellos que los eximen de todo cargo de conciencia, Así pueden proseguir, sin remilgos, sus negocios. Representa una necesidad existencial, un asunto de sobrevivencia.

La gran pregunta es, ¿Con estos señores se puede negociar un acuerdo para que se vayan?

Por supuesto, cualquier posibilidad de resolver la grave situación actual sin derramamiento de sangre, es preferible.  Pero hay que tener claro con quién se negocia y para qué. De tratarse de una dictadura militar habría un piso de racionalidad y de intereses definidos, con base en el cual una adecuada combinación de amenazas, concesiones y ofertas de perdón podría generar eventualmente una solución consensuada que abriese las puertas a la recuperación del país.

Pero no es una dictadura militar porque los militares dejaron hace tiempo de ser una institución. No existe unidad de mando, respeto por las jerarquías, un cuerpo de valores y/o de directrices que los unifiquen en torno a objetivos compartidos, ni la confianza requerida para coordinar esfuerzos ni el apresto, los repuestos y servicios de apoyo requeridos para ser operativos. La mentida columna vertical del régimen fascista de Maduro está carcomida por la anomia que resulta de apetencias y prácticas mafiosas que se imponen a todo lo demás. Se trata de una mafia militarizada, no de una institución. Con Pinochet se pudo negociar porque detrás de él había una institución capaz de ponderar la gravedad de la situación a que se enfrentaban de desconocer los resultados del plebiscito de 1988.

Y, si se examina el resto de la oligarquía expoliadora, tampoco se consigue piso sólido como para sostener una negociación seria. A pesar de las expectativas creadas ante la imperiosidad de encontrarle salidas a la terrible crisis que está acabando con el país, los venezolanos nos enteramos de que el matrimonio reciente de la hija de Cabello dilapidó la bicoca de 16 millones euros, que el susodicho se fue para la Habana para organizar el Foro de Sao Paulo en nuestro país el próximo mes, que la fraudulenta asamblea constituyente se auto extendió su “vigencia” hasta finales de 2020, y que Maduro quiere elecciones, ¡pero de la Asamblea Nacional!

Mientras, unos 33 parlamentarios son perseguidos o presos, habiéndoles allanado arbitrariamente su inmunidad. La vida de los mafiosos sigue como si nada. ¿En qué planeta habitan? Estamos frente a un estado fallido que no respeta a Maduro pero lo mantiene ahí como ”pararrayo” que los ampara ante toda crítica a sus negocitos particulares. ¿Quiénes serán los negociadores, qué garantías ofrecen?

Es erróneo plantearse la negociación como alternativa a una solución de fuerza. Es, más bien, el último paso para evitar una solución de fuerza que, de otra manera, parece inexorable. El apaciguamiento no funcionó con Hitler. Tampoco lo va a hacer con los fascistas venezolanos y sus mentores cubanos. Para eso el blindaje ideológico. Pero la solución de fuerza no parece depender de nosotros, a menos que aparezca el mítico militar institucionalista venezolano dispuesto, como Larrazábal hace 50 años, a liderar el desplazamiento de Maduro.

De no ser así, estamos a merced de nuestros aliados internacionales, la mayoría de los cuales son renuentes a una intervención militar.. Un desafío de la diplomacia democrática es saber explicar las complejidades del problema que enfrentamos. Y, ante el reproche de que corresponde a los venezolanos resolver nuestros problemas, me remito a los alemanes bajo Hitler.

Dos grandes problemas acotan las posibilidades de una solución negociada factible. Una, que el gobierno de transición que surja sea económicamente viable. Dada la devastación sufrida, ello será imposible sin un generoso financiamiento internacional. Ahora bien, ningún ente va a prestar ingentes cantidades de dinero a un gobierno en que participen representantes de la mafia. ¿Es posible que las mafias accedan a una coalición en la que no estén?

El segundo problema es la necesidad de contar con un estamento militar confiable que sirva, en última instancia, como sostén de un principio de autoridad en torno al orden constitucional. ¿Un contrasentido? Muy posible, pero estamos frente a un país que puede dejar definitivamente de ser ante el arrase que han hecho de sus instituciones, normas y valores de convivencia, las mafias y los contingentes de malandros “revolucionarios” empoderados. El demonio de la anomia y la anarquía. ¿Estaremos a la altura de este desafío?

Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
humgarl@gmail.com

[1] https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/05/30/asi-opera-la-empresa-criminal-conjunta-bolivariana-que-mantiene-al-dictador-nicolas-maduro-en-el-poder/


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martes, 21 de mayo de 2019

LIBERACIÓN O COHABITACIÓN





LIBERACIÓN O COHABITACIÓN
Luis Manuel Aguana

Intervención en la Cátedra Pío Tamayo de la UCV
del 20 de Mayo de 2019

De nuevo mis saludos cordiales a la Cátedra Pio Tamayo, agradeciendo sus siempre bien recibidas invitaciones para debatir el devenir del país. En esta oportunidad la pregunta la pregunta del Foro es particularmente difícil: “El 30A-19: ¿0tro golpe-negociación frustrado? ¿Es así como se pretende derrotar esta dicta-socialista militar-civil?”. Y digo difícil porque en este momento los venezolanos descubrimos duramente al transcurrir de las horas del 30 de abril de 2019 que el plan que tenía la oposición oficial no era la liberación de la tiranía sino la cohabitación con ella.
 
Que lo que entiende el gobierno del Presidente Encargado Juan Guaidó y los principales lideres de la Asamblea Nacional como “Cese de la Usurpación” no es lo mismo que el resto de los venezolanos entienden. Exponiéndolo claramente, los venezolanos entendíamos y seguimos entendiendo como “Cese de la Usurpación” es no solo la salida de Miraflores de Nicolás Maduro Moros y el cese inmediato de su gobierno de facto, sino la terminación de toda la superestructura del castro-chavismo-madurismo en el gobierno porque eso dejó de tener la legitimidad que solo dan los votos de los venezolanos, de acuerdo a la todavía vigente Constitución de 1999, hecho claramente expuesto luego del fraude electoral del 20 de Mayo de 2018.


¿Cómo se le podía vender entonces a los venezolanos que Juan Guaidó gobernara tan siquiera un día con toda la superestructura que sustenta al castro-chavismo-madurismo en el poder, si hubiera tenido éxito ese movimiento del 30 de Abril? ¿Cómo se podría tragar a un Maikel Moreno presidiendo el TSJ, principal responsable de las persecuciones judiciales de la tiranía, o un Vladimir Padrino López como Ministro de la Defensa después de ser el principal responsable material de los crímenes de Lesa Humanidad que se están ventilando ante la Corte Penal Internacional? ¿Ese era el plan de “Cese de la Usurpación”?
 
En lo personal me decepcionó mucho. Pero me decepcionó aún más luego de leer todos los reportes que surgieron posteriormente relatando con más detalle los acontecimientos del antes y el después del movimiento del 30A (ver en el portal Armando.info, La Conjura de los Testaferros, en 
https://armando.info/Reportajes/Details/2556) y las graves denuncias de corrupción que no han sido debidamente explicadas hasta este momento, y respondería al porque ahora se comenzó un nuevo dialogo en Noruega, cuando habían dicho que no habrían más diálogos con Maduro.

Pero más allá de esa decepción y adentrándome en el tema de hoy de la Cátedra, aquí hay un hecho grave que se develó después del 30A: la manera en cómo se concibe la transición después de separado Nicolás Maduro Moros del cargo que ostenta ilegítimamente, y las consecuencias para Venezuela de realizarlo de una u otra manera. Allí es en donde creo que está el obstáculo para que avance el famoso mantra de tres pasos, ya que eso definiría si lo que ocurrió fue un golpe-negociación frustrado y si con eso se puede derrotar a esta “dicta-socialista militar-civil” como acertadamente lo titula la Cátedra Pio Tamayo.


El 30A los venezolanos descubrimos como piensa realmente la oposición oficial resolver el problema político en Venezuela: a) no desean que haya una intervención humanitaria a pesar de los crímenes de Lesa Humanidad que comete  el régimen de Nicolás Maduro Moros y que casi un 90% de los venezolanos, de acuerdo a las encuestas, se los está pidiendo; y b) creen que la salida y la normalización de la situación política del país pasa por una negociación con los delincuentes que manejan el poder de facto en Venezuela. Esas dos verdades reveladas el 30 de Abril crean un enfrentamiento directo de la mayoría de los venezolanos con su clase política opositora. Eso no es base de sustentación para ningún gobierno de la oposición.
 
Cualesquiera que sean las razones de los diputados de la Asamblea Nacional –corrupción incluida-  para evitar un intervención militar de carácter humanitario, son la causa de que no se haya dado la aprobación de la autorización de la entrada de contingentes armados extranjeros contenida en el Artículo 187, numeral 11 Constitucional. Pero también a la vez están trancando la liberación de Venezuela de los ejércitos cubano, ruso, chino, iraní, hezbolá y demás terroristas paramilitares de ocupación que se encuentran enquistados a lo largo y ancho del territorio nacional, y que se están preparando para expandirse por Latinoamérica y los Estados Unidos.


 
Al haber tomado la trascendental decisión de cohabitar con el régimen, aún sin estar Maduro, el Gobierno del Presidente Encargado Juan Guaidó fracasó sin haber comenzado. Si toda la estructura de poder su gobierno de transición va a depender de los factores enraizados de la narco corrupción del actual régimen, difícilmente se podrán acometer las reformas imprescindibles para el retorno de la institucionalidad democrática del país, comenzando por una reforma a fondo de las Fuerzas Armadas. ¿Cómo se enderezarían las barbaridades que cometieron Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros dentro de esa institución, donde violentaron los principios fundamentales de la institución armada de disciplina, obediencia y subordinación, si quienes están al frente son precisamente aquellos cuyo poder se sustenta en esa distorsión?
 
Es una contradicción hacer una negociación en las que convivan las estructuras antidemocráticas del régimen y sus protagonistas con un pretendido gobierno democrático. Eso es lo que al parecer no alcanzan a entender aquellos que impulsan una “negociación” en la que sobreviva algo de lo que en este momento oprime a todos los venezolanos y es la razón principal de toda esta tragedia humanitaria que vivimos. No fue una negociación frustrada, es que el solo hecho de hacer que funcionen ambas maneras de concebir la transición hace abortar cualquier engendro que se quiera crear.


 
Es como intentar cruzar sin más dos especies diferentes y pretender crear con éxito un ser completamente nuevo, como un caballo volador, cruzando un caballo con un  pájaro. Es como si los Aliados para liberar a Europa del nazismo en la Segunda Guerra, antes de proceder a la fuerza como en efecto hicieron, hubieran buscado primero a Himmler, Eichmann o Goebbels para que cogobernaran con ellos en una transición hacia una nueva etapa, haciendo un gobierno sin Hitler, habiendo sido ellos los principales responsables materiales de los 6 millones de judíos muertos.
 
Si las especies son efectivamente diferentes, entonces son incompatibles ambas maneras de concebir una transición para lo cual el Gobierno del Presidente Encargado Juan Guaidó deberá proceder sin la mayor dilación la liberación de Venezuela tomando las decisiones dentro y fuera del país que conduzcan a la remoción de raíz de las estructuras que hacen posible este estado narco militarizado que nos desgobierna, descartando completamente una negociación con el régimen. Pero si las especies son del mismo tipo, producto ambas de la corrupción, como en efecto lo está comenzando a percibir el país, el engendro creado será peor que la enfermedad, que no solo acabará con él y con la esperanza de los venezolanos, sino que hundirá aun más a Venezuela en la anarquía. Aun están a tiempo de decidir bien.

Muchas gracias…
 
Caracas, 20 de Mayo de 2019
 
Blog: 
http://ticsddhh.blogspot.com/
Email: 
luismanuel.aguana@gmail.com
Twitter:@laguana

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CASTRO URDIALES, CIUDAD MÁGICA





CASTRO URDIALES, CIUDAD MÁGICA
Héctor Espinoza


Soy mago y practico la magia verdadera, aquella que con el dominio del pensamiento, puede transformar realidades, cambiar vidas y hacer creer que todo lo bueno sea  posible.


Visito muchos lugares del mundo, ayudo en todas las causas nobles, contribuyo a construir un mundo mejor, un mundo de paz, de justicia, de libertad, combato las dictaduras, los gobiernos autoritarios, aquellos que como en Venezuela, mantienen al pueblo, sufriendo una grave crisis humanitaria, la peor que haya vivido un país de América. Divulgo la práctica de la magia y para ello cuento relatos mágicos.

Hoy   escribiré un breve relato de una pequeña ciudad de España, ubicada en la provincia de Cantabria y que lleva en la actualidad el nombre de Castro Urdiales y que en la época del Imperio Romano, se le conoció como Flaviobriga.



Castro Urdiales es un lugar mágico. Se cuenta que allí vivió El Charlero de Castro, quien es considerado el más importante de los magos, por haber sido el creador de la magia verdadera, aunque él siempre negó esto, afirmando que el creador de la magia verdadera fue El Gran Maestro.

Se dice que El Charlero desapareció misteriosamente. Hay muchas versiones de su destino, unos cuentan que se fue a recorrer el mundo, luchando por la libertad y la justicia, otros cuentan de una misteriosa muerte. Hay quienes afirman que vive en algún lejano lugar y que regresa a Castro en cada primavera, para mantener el encanto mágico de la ciudad.



La tradición cuenta, que en esos días primaverales se viven en Castro bellos atardeceres y que ello se debe a la presencia de El Charlero,  que camina sus playas realizando actos mágicos. Se dice que muchas personas, visitan la pequeña ciudad para encontrar al mago y que han recibido de su magia la solución a sus dificultades.



Son muchas las historias de la magia de Castro, en nuevos escritos las  contaré y les recuerdo, que para que la magia se haga realidad solo hay que creer en ella.


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domingo, 12 de mayo de 2019

LA VENEZUELA DE PUTIN



LA VENEZUELA DE PUTIN
Luis Marín

“La caída de la URSS fue la mayor catástrofe geopolítica de todo el siglo XX”, ha repetido Vladimir Putin en sus sucesivas investiduras como presidente de Rusia, que viene de 1999 y pretende proyectarse hasta el 2024, previa reforma en 2008 que llevó el período de 4 años sin más de una reelección inmediata a 6 años con reelección, algo familiar en estas tierras.
Y este es el error de principio porque más bien fue el establecimiento de la URSS de las mayores catástrofes políticas del siglo XX, que fue prolijo en ellas, un Estado que nunca debió existir y cuya desaparición fue apenas una pequeña corrección histórica.
Por cierto que Putin es inconsecuente con su materialismo vulgar al pretender que la URSS podía ser reformada en lugar de echarla al traste, porque no vale la pena perder el tiempo en eso una vez que, según este criterio, la historia ha dictado ya su veredicto; lo que hace menos plausibles sus esfuerzos por reestablecerla.
El hilo conductor de la conducta política de Putin puede encontrarse en su empeño por retornar a la magnificencia y poderío de la antigua Unión Soviética, al menos como él se la imaginaba desde su oscura posición de teniente coronel del KGB; algo también familiar en estas tierras de tenientes coroneles bregando por recuperar glorias perdidas de un pasado completamente idealizado.
En el orden interno la tarea está ampliamente cumplida: cada vez son más los ciudadanos que sienten encontrarse en la repudiada era del totalitarismo que creían haber superado, por la uniformidad de las informaciones en los medios y la idolatría desembozada a la figura del líder, lo que antaño se llamaba “culto a la personalidad”.
El slogan de Putin no podía ser otro que la “unidad” y su partido “Rusia Unida”, por algo se fundó en el 2001 con los movimientos Unidad, Patria y Toda Rusia. Su ideología es una mezcolanza de nacionalismo, centralismo y conservadurismo ruso, que incluye reivindicar al zarismo y las tradiciones de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
En materia económica la aspiración es convertir a Rusia en una de las cinco economías más grandes del mundo, que justifique su presencia en el Club de las grandes potencias del Consejo de Seguridad de la ONU, del que no forman parte Japón ni Alemania que sería tercero y cuarto detrás de China; pero actualmente solo alcanzaría el tamaño de Texas, uno entre cincuenta Estados de la Unión.
El problema del capitalismo mafioso impuesto por Putin es lo improductivo que resulta, como no puede ser de otra manera en un sistema no competitivo ni innovador, porque ambas condiciones están reñidas con medrar a la sombra del Estado y poner la obsecuencia política por encima de cualquier consideración estrictamente de mercado. (Decía Gonzalo Barrios que Venezuela era un  país de prósperos empresarios con empresas arruinadas.)
Otro problema no menor es el de la inseguridad jurídica en un país donde no existe la separación e independencia de los poderes públicos y los jueces, si pueden llamarse así, son heraldos de la administración central, léase, agentes de una justicia partisana y corrupta.
Este contubernio de jueces, fiscales, policías, pseudoempresarios, operando en un ambiente donde no hay claras reglas de mercado ni una legislación respetada por todos, constituye  lo que Putin ha dado en llamar “la dictadura de la ley”, un oxímoron con el que pretende hacer digerible lo que en realidad no es más que su tiranía personal, como en los pasados tiempos del comunismo y mucho más antaños del zarismo.
Teóricamente se acepta que una de las diferencias del totalitarismo respecto de la dictadura clásica es que la médula del poder se desplaza de las fuerzas armadas a la policía política, lo que parece muy acorde con la mentalidad de Putin que se apoya en su Servicio Federal de Seguridad (FSB), tan heredero del KGB que hasta tiene su sede en la famosa Lubyanka.
Aunque cuenta con otros servicios secretos para operaciones en el exterior, a los que se señala por espectaculares atentados en diversas partes del mundo y dirigir las numerosas guerras simultáneas en que se encuentra envuelta su administración, desde Chechenia, Georgia, Ucrania, Siria hasta extender sus tentáculos a Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Parece excesivo para una economía exhausta, con caída de los precios del petróleo y el gas, elevadísimos costos operativos, sometida a las sanciones internacionales por sus aventuras expansionistas, que nada ayudan a la activación de un aparato productivo carcomido por la corrupción, lavado de dinero, tráfico de materiales ilícitos peligrosos, como la chatarra nuclear postsoviética. El parasitismo y la depredación no son buenos para la producción.
Meter baza en Venezuela sólo tendría sentido para contar con un peón que sacrificar en una negociación en otra parte del mundo, como el Cáucaso o el Medio Oriente, menos que una ficha como lo fue Cuba durante la crisis de los cohetes de los años 60, cuando si existía la URSS y el comunismo era un proyecto con pretensiones universales. (Se cuenta que la pérdida del territorio Esequivo se debió a la firma de un juez ruso, que debió habernos negociado a cambio de algún interés estratégico al otro lado del mundo.)
Anna Politkovskaya fue una periodista rusa que se hizo popular por su libro “La Rusia de Putin”, como por sus artículos sobre las guerras en Chechenia, en los que denunciaba los abusos y criminalidad del aparato militar, la judicatura y los oligarcas, que son los actores principales del sistema reinante.
Cualquiera que recorra sus páginas no podrá evitar la sensación de que le están hablando de Venezuela, cambiando apenas algunos nombres de personas, direcciones, localidades, sitios geográficos, todo es exactamente lo mismo: impunidad, cinismo, rapacidad, falta de escrúpulos; del otro lado, las víctimas de siempre, la misma apatía y desesperanza.
AP fue asesinada en el edificio de su residencia por un pistolero de cualquiera de aquellos generales, jueces, oligarcas, en un crimen nunca esclarecido, el 06 de octubre de 2006, precisamente el día del 54 cumpleaños de Putin.
Este guiño un tanto macabro dirigido al autor en última instancia de éste y tantos otros crímenes le dejó sin proponérselo una huella imborrable en su carcasa blindada, que habrá de perseguirlo mientras viva e incluso después que deje de hacerlo, para siempre.
Es una de esas ironías de la madre Rusia también familiar en estas tierras.

Luis Marín
08-05-19


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viernes, 3 de mayo de 2019

MAFIAS CON IDEOLOGÍA


Rafael Olbinski


MAFIAS CON IDEOLOGÍA
Humberto García Larralde


Quienes hoy ejercen el poder de facto en Venezuela conforman una mafia dedicada a expoliar al país. No producen, depredan lo producido por sus víctimas. Han saqueado por años las cuentas públicas, embolsillándose las partidas para el mantenimiento de la infraestructura y los servicios, para inversiones, y las destinadas a compras y contrataciones. Lo mismo con empresas y fundos confiscadas, hoy totalmente desahuciadas de sus capacidades productivas por el despojo a que fueron sometidas. Continúan rematando las riquezas del subsuelo a cambio de jugosas comisiones, como revelan los escándalos que se destapan en la banca mundial.

Por si fuera poco, algunos se han convertido en garantes y cómplices del tráfico internacional de drogas a través de territorio venezolano. Ahora, además, secuestran para sí el oro de las bóvedas del BCV. Llevaron al país al borde de la expiración, pero siguen pegados como sanguijuelas para extraerle sus últimos fluidos vitales.

Las mafias las cohesiona la lealtad absoluta con sus jefes. Quienes son admitidos en el expolio cumplen sin miramientos las órdenes impartidas: no hay escrúpulos ni moral que se interpongan. De ahí su crueldad y recurrencia a la violencia. Observan ritos y profesan votos de lealtad, encerrándose sobre si mismos para reforzar su espíritu de cuerpo y asegurar la unidad de mando. Preservan, con ello, la eficacia y contundencia de sus pillerías. La Cosa Nostra, por encima de todo. La complicidad en las fechorías blinda a la mafia contra deserciones y/o traiciones. Avenirse con ella para que se aparte del delito, alegando el respeto a la ley y/u otras consideraciones referentes al bien social, no es posible.

El hecho de que Maduro y sus cómplices sigan atrincherados en el poder, sin admitir las ofertas para que su inevitable e irremediable salida sea menos traumática, sólo se explica reconociéndolos como mafia. Su comportamiento criminal se afianza aún más por disponer de una construcción ideológica que refuerza su apego a una colectividad perversa. Los aísla de tener que entenderse con una realidad que le es cada vez más adversa. Cuentan, además, con esbirros cubanos como demiurgo diabólico capaz de asegurar --hasta ahora-- que no se salgan del libreto. Con la repetición incesante de mitos de la vieja izquierda y su imbricación con resabios patrioteros alimentados por el culto a Bolívar, la mafia inculca a los suyos que son “revolucionarios”, luchadores por los intereses más nobles de la humanidad.

Es irrelevante si se lo creen o no; lo importante es alimentar su convicción de que el país les pertenece por ser los únicos y auténticos representantes del Pueblo o de la Patria. Esta razón no se refuta por estar reducidos a una exigua minoría: es de naturaleza cualitativa. Si la mayoría se opone, mal por la mayoría: pierde toda legitimidad como expresión del pueblo y, por tanto, no es “pueblo”. Todo les resbala, porque, aun con las barbaridades que cometen, la Historia (con mayúscula) los absolverá. Su ideología sirve de amparo, proveyéndoles de una burbuja anti acústica como refugio. Disuelve todo criterio moral con que pueda juzgarse su accionar, porque el fin siempre justificará los medios.

Es muy agradable, muy cómodo, poder gastarse millones para el usufructo personal, importar lujos que hace tiempo desaparecieron del país, contratar camiones cisterna cuando falla el agua, tener plantas eléctricas particulares y contar con una plantilla de guardaespaldas bien armados para resguardar tu seguridad, la de tu familia y tus caudales. ¿Qué importan los sufrimientos causados con esta malversación si se cuenta, cual bálsamo que alivia culpabilidades, con una narrativa que remite la causalidad de los horrores padecidos al accionar de enemigos que conspiran contra la “revolución” y contra los intereses de la Patria?

Por ello, este universo paralelo discurre felizmente, hasta el punto de promover “Estudios Avanzados, Hugo Chávez Constituyente” (¡!) y lograr manifiestos de solidaridad de cierta “izquierda” (¿?) en otros países. Mientras puedan seguir disfrutando su jauja particular y blindarse contra el mundo real, repitiendo incesantemente embustes con los cuales inmunizarse contra su responsabilidad en la destrucción del país, los mafiosos van a continuar aferrados al poder. No habrá terreno común de entendimiento, alegando el interés y bienestar de los venezolanos.

Lo argumentado apunta a la irracionalidad de la presente situación. Cualquiera pensaría que, ante las muestras abrumadoras de repudio, el colapso notorio de su gestión, la presión nacional e internacional, el efecto de las sanciones impuestas y la amenaza, muy creíble, de que serán redobladas, los integrantes de la mafia --entre los cuales destacan militares corruptos--, entrarían en razón sobre la necesidad de negociar su salida, sobre todo cuando todavía tienen agarrado la sartén por el mango. ¿Cómo es posible que alguien tan bruto, ignorante e incompetente, que tan aviesamente ha destruido al país, no lo hayan removido sus propios partidarios? ¡¡Cómo es que sigue todavía ahí!!

La perversidad del fascismo criollo desafía todo intento de superación de la situación planteada con base en criterios racionales. La imagen que viene a la mente es la de Hitler en su bunker en la película “La Caída”, incapaz de enfrentarse con la realidad de su derrota, invocando ante sus generales batallones fantasmas para lanzarlos contra los rusos que están a las puertas de Berlín, para suicidarse al  final, denostando de su pueblo --los alemanes-- por no haber estado a la altura de sus designios. ¡La ideología, en sus versiones extremas, es locura pura!

Hay una analogía entre la situación planteada y el análisis de John Maynard Keynes sobre la gran depresión de los ’30 del siglo pasado. Como se recordará, la fuerte caída en la actividad económica se prolongó por años, desafiando la idea prevaleciente de que la economía poseía fuerzas correctivas que restablecerían automáticamente un equilibrio de pleno empleo. Keynes argumentó la posibilidad de que la economía se atascara en un equilibrio de profundo subempleo de recursos y de mano de obra, si las expectativas de los inversionistas eran adversas. No invertirían, por lo que se retroalimentaría las condiciones que generaban la depresión, perpetuando las expectativas adversas. Recomendó que un agente externo, el Estado, ampliara la demanda agregada a través de un mayor gasto público para insuflar en los empresarios una perspectiva positiva de rentabilidad. La racionalidad implícita en las fuerzas correctivas, autónomas, del mercado, estaban ausentes.

Al igual que la gran depresión, Venezuela corre el peligro de estancarse en un “equilibrio malo”, uno en el cual no se logra desalojar a los mafiosos por mecanismos racionales y en que, a pesar del colapso visible del país en todas sus dimensiones, encuentren todavía posible sobrevivir para continuar depredando lo poco que queda.. La idea que recobra cierta fuerza ahora, de negociar elecciones con Maduro todavía en el poder, empantanaría al país en un tremedal sin salida. Desmoralizaría las fuerzas opositoras y otorgaría al usurpador, totalmente insensible a las desgracias provocadas por su gestión, un respiro contra el implacable acoso de “los enemigos de la revolución” (¡!), sin garantía alguna de elecciones legítimas.

La prolongación del impasse implicaría una tragedia aun mayor que la vivida hasta ahora. Al igual que la prescripción keynesiana, no puede confiarse en que la racionalidad habrá de prevalecer para arribar a la solución deseada. Hace falta el empujoncito para que, aun tras su burbuja alienante, los delincuentes sientan irremediable su evacuación. ¿Qué cosa logrará que una mafia ideologizada y tan perversa entre en entendimiento? No hay fórmula sino seguir aumentando la presión. Muchas opciones están sobre la mesa y, lamentablemente, ante la insania perversa, no puede descartarse la aplicación de ninguna.

27 abril 2019

Humberto García Larralde
Economista, profesor de la UCV



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