domingo, 25 de septiembre de 2016

DESACUERDO FINAL



DESACUERDO FINAL
Luis Marín

“Especial homenaje: tendremos que rendir homenaje a la memoria y abnegación de ese titán de los pueblos de nuestra América, el presidente eterno Hugo Chávez Frías, sin cuyo apoyo e impulso inicial nada de lo alcanzado hubiera sido posible. No hay duda de que Bolívar y él aún tienen mucho que hacer en América.”

Esta declaración de alias Timochenko en la apertura de la X conferencia guerrillera de las FARC-EP, que ratifica la que hizo el día del cierre del Acuerdo en La Habana, tiene que asombrar a los venezolanos porque ocurre que el titán siempre negó aquí tener la menor relación con las FARC-EP cada vez que fue interpelado al respecto.

Incluso cuando las computadoras de Raúl Reyes confirmaron el affaire de los 300 millones de dólares, cuando encontraron lanzacohetes suecos y otras armas con sellos venezolanos en campamentos guerrilleros, cuando el canciller Rodrigo Granda entre otros fue capturado en Caracas y así ad infinitum.

Siempre pretendió ser un árbitro imparcial y buen componedor, hasta que el Presidente Uribe decidió prescindir de sus servicios como facilitador por andarse reuniendo con militares colombianos sin autorización de su gobierno. Pero, un sujeto que se había pasado la vida conspirando en los cuarteles venezolanos ¿por qué no habría de hacerlo también en los colombianos si, al fin y al cabo, es la misma Gran Colombia? Siendo los cuarteles venezolanos viveros de comunistas ¿por qué no habrían de encontrarse allá  también algunos oficiales rojillos?

Claro que estaba mintiendo; lo más grave es que lo reconocía en cadena nacional, como cuando se burlaba de sus superiores que le llamaban tibiamente la atención por sus actividades conspirativas y a quienes negaba enfáticamente lo que estaba a la vista de todo el mundo. Sin duda esto requiere de una catadura moral muy singular.

Juan Manuel Santos nos hizo un gran favor al explicar que “la política tiene mucho de hipocresía”. “Es parte del juego. La capacidad de bluff, de engañar”. Seguido de un paradójico acto de sinceridad: “El político que diga que no es así, es un mentiroso”. Veamos, Santos es un hipócrita confeso, pero debemos confiar en él porque el político que venga a decirnos que no es hipócrita, está tratando de engañarnos.

Puede concluirse que las negociaciones Santos FARC-EP tienen como fundamento la mutua desconfianza, de allí su enrevesamiento, al contrario de los negocios entre gente normal que se basan en la fides”,la mutua credibilidad, que se ha incorporado al sentido común y sin la cual sería imposible la más mínima convivencia.

Su gira llevando el Acuerdo a Instituciones Internacionales es la patética representación de un hombre enfermo que realiza el sueño de su vida sabiendo que es puro teatro. No en balde JMS, alias Juanpa, alias Santiago, declaró a Chávez, alias José María, alias Tribilín, como su nuevo menor amigo.

Y a las FARC-EP como su nuevo mejor aliado.

¿NO MÁS FARC?

Exorbitante es la palabra que mejor describe los Acuerdos. Quienquiera que tenga la tenacidad para remontar 297 páginas de enrevesadísimos términos, siglas ininteligibles, repeticiones insufribles, condimentados con esa retórica de género de voceras y voceros, negociadoras y negociadores, del “buen vivir” del que estamos hartos los venezolanos, tiene que preguntarse al final, pero esto, ¿se puede hacer?

No digamos las FARC-EP, que modifica todo el ordenamiento jurídico  colombiano siendo una organización ilegal; digamos mejor Santos y sus negociadores que deben sujetar sus acciones a lo dispuesto en la Constitución y leyes de la República, caso contrario, sus actos son nulos y sin ningún valor.

Dejemos a un lado la nueva distribución político territorial con “16 Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz para la elección de 16 representantes a la Cámara de Representantes de manera temporal y por dos períodos electorales”, donde los partidos que cuenten con representación en el Congreso no podrán inscribir “candidatos ni candidatas”. Más “23 Zonas Veredales Transitorias de Normalización y 8 Puntos Transitorios de Normalización”, a las que se les reconoce ¡espacio aéreo! Para la “democratización del espectro electromagnético” 1 emisora de televisión cerrada y 31 emisoras de radio.

De otro lado las prestaciones económicas para las FARC-EP: 10% anual de apropiación presupuestal para el funcionamiento de los partidos y movimientos políticos, 5% para propaganda, 5% para un centro de Pensamiento y Formación Política, financiación estatal de las campañas para la Presidencia y el Senado “no sujeta a devolución”. Garantizándole un  mínimo de 5 curules en el Senado y en la Cámara, mientras tanto, 3 voceros “con las mismas facultades de los congresistas, salvo el voto” y 1 delegado ante el Consejo Nacional Electoral.

A cada guerrillero le tocan: 8 millones de pesos para emprendimientos, 8 millones para vivienda o proyectos individuales, 2 millones de Asignación Única de Normalización, Renta Básica durante 24 meses prorrogables, seguridad social pagada por el gobierno durante 24 meses, mercados por un año o bonos, insumos y alimentos para animales, salud, educación, hasta los desayunos de los niños en zonas de sustitución de cultivos y paremos de contar para no abrumar.

Pero lo que no puede dejarse de lado es ¿cómo pueden comprometer diez millones de hectáreas de tierras para una supuesta Reforma Rural Integral para una Nueva Colombia? ¿De quién son esas tierras ahora? ¿Cómo se las van a quitar? Y para embarcarse en un experimento social cuyos resultados no necesitan buscar en Rusia o China, basta ver lo que han hecho aquí, en Venezuela, con esa misma cantidad de hectáreas robadas por el régimen de Chávez y sucesores.

El quid de la cuestión es que este es un eje central de la ideología comunista: que el latifundio es aliado natural del imperialismo, por lo que quebrarle el espinazo a la oligarquía latifundista es la única forma de alcanzar una mítica segunda independencia.

Timochenko proclama que no sólo resistieron “la más larga y violenta embestida del poder imperial y sus aliados del capital nacional y el latifundio” sino que pudieron sentarse “con ellos” a negociar los Acuerdos. O sea que negociaron con el imperialismo, del que Santos y sus negociadores son simples agentes.

El punto es que no se trata de resolver ningún problema campesino sino un problema político que ellos creen superado en Cuba y Venezuela, aunque el costo sea que la gente se muera de hambre, lo mismo que infaliblemente ocurrirá en Colombia.

Allá lamentan que en este extensísimo documento no se mencione nunca la palabra Dios, algo comprensible siendo suscrito por un Estado “laico” con organización comunista en sede marxista leninista; lo que sí extraña es que no aparezcan las palabras clase, lucha de clases, burgueses, proletarios, capital, explotación, imperialismo, que aquí hasta llaman a Estados Unidos por su verdadero nombre.

La pregunta es si las FARC-EP habrán abandonado realmente la filosofía que las inspira desde su fundación para adoptar una nueva ideología que, a juzgar por los Acuerdos, debe ser una ideología de género, multicultural, pluralista y diversa como tanto repiten en el texto.

Pero apenas Timochenko coge un micrófono arremete contra “los medios al servicio de la oligarquía” y confiesa lo que interesa: que no se arrepienten ni se van a arrepentir de nada, han hecho y seguirán haciendo lo que tienen que hacer, éste sólo es un giro táctico para llegar a su objetivo que sigue siendo tomar el poder en Colombia, allá quienes quieran engañarse.

Esta falta de arrepentimiento es supremamente importante porque implica ratificar que lo que pasa en Venezuela les parece estupendo, siguiendo el modelo de Cuba, ven esto como un proceso inevitable, que básicamente está bien y es el camino a seguir.

Sin contrición no hay propósito de enmienda y “no repetición”.

VARGAS LLOSA, CARTER Y GAVIRIA

Es imposible reseñar 297 páginas exuberantes sin producir un documento varias veces mayor y decir apenas una fracción de lo que habría que advertir como más urgente, porque Santos y las FARC-EP sólo dieron 30 días para digerir lo que ellos fraguaron en 4 años y aprobar en bloque, “SI” o “NO”, con una pregunta maliciosa.

Pero llega un auxilio inesperado de los partidarios del “SI” y sus argumentos. César Gaviria es el jefe de campaña, personaje inolvidable en Venezuela porque se instaló 6 meses aquí, siendo secretario general de la OEA, por lo que es  presumible que no se ocupaba de otra cosa y el resultado más visible de su diligencia fue la relegitimación del régimen chavista.

Quizás su controvertida experiencia ayude a interpretar frases enigmáticas que se repiten en el Acuerdo como “asegurar la transversalidad del enfoque de género en todo el ámbito de trabajo”, que “se incorporará un enfoque transversal de etnia, género, mujer, familia y generación”, y las reiteradas alusiones a la comunidad LGBTI, que sabe qué tendrán que ver con la insurgencia de las FARC-EP.

El Acuerdo crea una Misión Electoral Especial ¡con el Centro Carter! Esa organización antisemita financiada por los jeques árabes que, junto con César Gaviria, avaló el sistema electoral fraudulento impuesto en Venezuela desde 2004. Basta ver cómo ayuda a “la promoción de los partidos, derecho a la protesta, movilización, organización, igualdad de condiciones en la competencia política”, a “promover la mayor participación electoral” y sobre todo “el reconocimiento y respeto del opositor político”.

Son exactamente los mismos actores con el mismo discurso y plan de destrucción entreverados en un oscuro documento que los colombianos van a votar aunque muy pocos hayan leído y menos comprendido, inducidos por una propaganda oficial insidiosa y eso sí, mucha, mucha corrupción, tal cual como hicieron en Venezuela.

Si quedaran dudas, aparece Mario Vargas Llosa que otra vez abusa del tremendo altavoz que le brindan el premio Nobel y el diario El País de España para acribillar a la opinión pública con falacias dándoles un barniz de respetabilidad intelectual.
Como hace cuando agrede a Israel utilizando renegados judíos, toma la opinión de un colombiano, Héctor Abad, quien a pesar de que su padre fue asesinado por paramilitares asegura que “ya no me siento víctima”; aunque en su artículo compara críticamente la desmovilización de los paramilitares con el pacto Santos-Timochenko.

La posición de los expresidentes Pastrana y Uribe la explica como una cuestión de celos porque Santos habría logrado lo que ellos no pudieron, le parece comprensible que adopten para su envidia una máscara  más noble, el rechazo a la impunidad; pero ésta es un precio muy bajo para la Paz, además, para impunes, las autodefensas. De su cuñado, Federico Uribe, secuestrado por las FARC, dice: “Tal vez tenía el apellido equivocado”.

A Vargas Llosa le parece memorable esta argumentación que “ayuda a ver claro donde todo parecía borroso”. Pero su mayor error es comparar los casos de Irlanda, El Salvador y Guatemala que, aunque no son comparables, inquieta advertir que el Sinn Fein es gobierno en Irlanda, el FMLN en El Salvador y es falso que éste último y Guatemala vivan hoy en paz, teniendo índices de violencia, criminalidad y corrupción sólo superados por los que sufre Venezuela.

La pregunta de Héctor Abad que convenció a Vargas Llosa es falaz con un toque aterrador: ¿No es mejor un país donde tus mismos secuestradores estén libres haciendo política, en vez de un país en que esos mismos tipos estén cerca de tu finca, amenazando a tus hijos, mis sobrinos, y a los hijos de tus hijos, a tus nietos?”

Clamorosamente ¡NO! Alarma que en la mente de personas inteligentes e informadas quepa la idea de que una buena solución contra la amenaza de merodeadores sea ¡mandarlos al Congreso! Para que hagan las leyes que te regirán a ti, a tus hijos y a tus nietos; y que algo así lo publique con gran despliegue el diario El País.

Es difícil saber qué sentido de la justicia tendrá Vargas Llosa o el señor Abad, de quien sólo sabemos que no abriga en su alma deseos de venganza, por lo que su decisión no debe estar influida por “las garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales sucesoras del paramilitarismo”.

Sería interesante conocer su comparación entre el compromiso del gobierno para la “revisión de los antecedentes de los servidores públicos en todas las instituciones del Estado con el fin de verificar cualquier involucramiento que hayan tenido los anteriores con grupos y/o actividades de paramilitarismo”. De otro lado: “El gobierno nacional impulsará las medidas necesarias a objeto de depurar de los bancos de datos de las centrales de inteligencia y seguridad, los nombres e informaciones relativas a las y los integrantes de organizaciones de derechos humanos, integrantes de la oposición y de las y los integrantes del nuevo movimiento político que surja del tránsito de las FARC-EP a la actividad política y de sus familiares”.

Lo que nos conduce al aspecto subversivo del Acuerdo que destruye por completo principios esenciales de Derecho como la Igualdad ante la Ley, la no retroactividad de las normas, la Cosa Juzgada, el Juez Natural, borra la diferencia entre amnistía e indulto como prerrogativas legislativa y ejecutiva, respectivamente e impone juicios estalinistas de confesiones forzadas.

El Acuerdo fue aprobado “por unanimidad” en la X Asamblea de las FARC-EP, lo que ilustra su idea de democracia, mientras Santos lo consigna en la ONU y deposita en Ginebra asimilándolo a un Tratado Internacional de Carácter Humanitario, ambos se acogen al Hecho Cumplido independientemente de lo que ocurra en el Plebiscito.

Vargas Llosa desde el Olimpo nunca responderá por estas cuestiones que angustian a simples mortales, como no le incomoda coincidir con Pablo Iglesias que también vota “SI”, mientras se refocila en odio antisemita desde la emisora iraní Hispantv y brinda asesorías remuneradas al régimen de Maduro quien declaró los Acuerdos “parte del legado del comandante Hugo Chávez para nuestra América”.

En el fondo, reconforta observar que al fin todos terminan reunidos en el mismo bote.


Luis Marín
25-09-16




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SOBRE DIÁLOGOS Y TRANSPARENCIA



SOBRE DIÁLOGOS Y TRANSPARENCIA
Miguel Aponte

La democracia no es solo formulario y procedimiento, por más perfectos que estos fueran; y no lo serán nunca. Ni siquiera una Constitución Democrática es algo más que papel y letras, puede prometer todo y no garantizar nada. Venezuela es nuestro mejor ejemplo, sin ser único: el régimen chavista promulgó la “mejor constitución del mundo” y, desde el primer día la ha violado como le da la gana.

El origen de tal repugnancia está en que para el comunismo, militarista, autoritario y populista, vale la máxima según la cual “el fin justifica los medios”. Todo vale si al final “se triunfa”; y, ¿por qué? Porque el comunista -que no está sólo en esta absurda actitud- cree ser el único que “tiene razón”. Frente a esto, ¿qué importancia tendrían unos cuantos presos y muertos aquí o allá? ¡Siempre será menos que la felicidad que nos espera!

Semejante estupidez -que se puede tener toda la razón y hasta matar por cuenta de ella- se originó en la idea hegeliana y marxista del porvenir histórico; y decimos esto solo para constatar que hasta el mejor filósofo en política es igual que usted y que yo, simplemente porque en este terreno no hay “ciencia segura”, sino solo la opinión individual y colectiva.

Debería ser claro que si lo máximo que podemos aspirar en política es a la mejor opinión, lo menos malo siempre será que opine el mayor número de ciudadanos o, cuando no sea posible, al menos se mantenga la mayor transparencia. Claro, esto molesta a cierta visión “aristocrática”, acomplejada, y al político profesional, que cree saber más y que además tiene el “mérito” de ocuparse todo el día del asunto; pero acá también se equivoca y sólo muestra el “gramito” de dictador que tiene, presto a manifestarse. Es, en realidad, arrogancia y desprecio lo que lo domina.

Así pues, la democracia es una institución trágica y es muy fácil que termine traicionada por todos. Los chavistas nunca entenderán esto, pero, ¿acaso sería demasiado aspirar que la oposición democrática sí y actúe en consecuencia?

Miguel Aponte @DoublePlusUT
25 septiembre 2016
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viernes, 23 de septiembre de 2016

ALFREDO WEILL - LOS PRESOS POLÍTICOS





Recibimos este video de Weill sobre los Presos Políticos en este expaís. Lo hacemos nuestro y difundimos, no sólo porque compartimos su mensaje, sino por lo que significa que este artista sea quien tome en sus manos esta angustia, y la exponga con la sobriedad y fortaleza que requiere.

Cuando muchos se olvidan de la existencia de estos seres anónimos, encerrados por decisión unilateral de un régimen para el cual la condición humana es un bien negociable o aniquilable sin orden ni aviso, el humorista, el caricaturista, el artista plástico, se vuelve conciencia y advertencia.

Es algo que ha ocurrido en muchas etapas de la historia de este expaìs tantas veces vapuleado y destruido. Para Weill sus lineas, sus trazos, son la expresiòn de una conciencia y un llamado para que la ante el masivo dolor, no se imponga la indiferencia, la pasividad y la complicidad.

Cada uno de esos seres, lanzados a sitios de reclusión infames por el hecho de haber expresado una opinión, haber participado en una protesta, o estar en el sitio equivocado, donde la represión, intimidación del régimen se expresaba en todo su furor, conforma un expediente no sòlo  a quienes los han azotado, vejado y encerrado, inventando pruebas y con una justicia a mano para doblegar, perseguir y matar, sino a quienes dejan pasar, no advierten, son indiferentes, o sólo piensan que esta tragedia no es con ellos.

Este breve trabajo clama por los presos políticos de un expaís que ha asumido la política como medio para la represión, el castigo, el miedo, la intimidación. En otras palabras el poder como palanca de dominio absoluto sobre los seres humanos, convertidos en desechos.

Saludamos este gesto sobrio, preciso, contundente de Alfredo Weill. Y aspiramos que su difusión se constituya en conciencia colectiva, en organización pacífica, en propuesta para rescatar estos seres de su oscura reclusión, pero igualmente para rescatar este expaís de la complicidad, la negociacion, la brutal represión y la destrucción a la que ha estado y sigue sometido, sin que aún nnngún signo porvenirista se asome, para cambiar ese estado de shock en el cual todos somos manejados como caballos de tiro empujando una carreta que otros manejan, dirigen y deciden. mery sananes


video


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lunes, 19 de septiembre de 2016

NI MIL VECES MIL




Miguel Aponte

¿Cómo pretender que el chavismo se justificó porque regalaron más cosas que la democracia en menos tiempo, si es que eso fuera cierto? Ni mil veces las baratijas que regalaron los justificaría. ¿Cómo no ver que sólo innovaron en el “exceso” de lo peor de lo que ya tuvimos? En materia económica, luego de un periodo de falso bienestar montado irresponsable y criminalmente sobre una chequera petrolera que creyeron interminable, lo que dejaron fue ruina, hambre, muerte, corrupción, ignorancia y estupidez. Todo después de despilfarrar en 17 años la mayor cantidad de recursos y poder que haya tenido gobierno alguno en Venezuela en toda su historia. ¡Si esto es un proyecto de país se los regalo y pago para que se lo lleven!

¿Sobre qué base se perfiló la economía socialista del siglo XXI? Pues sobre la idea, cínica y estúpida, de que el capitalismo mundial sostendría precios siempre altos para el petróleo, creyendo ellos que así dominarían a los venezolanos, también para siempre. Por eso la burocracia de día habla pestes del capitalismo y por la noche reza para que el mercado suba los precios del único bien que proporciona ingresos: el petróleo, una industria que también acabaron. Su idea era que con tales recursos se abría la posibilidad simultánea de arruinar a todos mientras se lograba convertir al Estado y, peor, al PSUV, en el único benefactor. Lo primero lo lograron, lo segundo ni hablar.

Por eso su verdadera “política económica” consistió en lograr un venezolano inútil que agradeciera ser mantenido en su miseria, material y espiritual. A cambio, el régimen controla y usted se somete. Punto. Desde el comienzo vieron dos opciones, ambas horrendas: Cuba y los Castro, un régimen sin economía, sin libertad y sin democracia; o China, productivismo sin democracia. El régimen chavista optó por el cubano, el peor. Pero tampoco es que sean más culpables los Castro que los artífices locales, pues nadie puede responder por la estupidez de otro ni atenuar su responsabilidad. ¿O no es así?

Miguel Aponte @DoublePlusUT
Domingo 18 septiembre 2016



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domingo, 11 de septiembre de 2016

EL FRACASO CHAVISTA



René Magritte


EL FRACASO CHAVISTA
Miguel Aponte


El chavismo expresa la experiencia máxima del populismo que inevitablemente enferma de poder y se corrompe, corrompiendo todo lo que toca. En toda sociedad y todo individuo existen dos ámbitos en tensión permanente que no pueden eliminarse: lo público y lo privado; y, por tanto, conviven valores distintos que no siempre están en armonía, pueden oponerse, no solo entre sí, sino, eventualmente, cada uno de ellos incluso consigo mismo. Es por esto que la vida humana es compleja e interesante.

El chavista reduce a nada toda esta complejidad y con ella las exigencias de la diversidad propia de la sociedad; crea un mundo falso donde deliberar, reflexionar, cuestionar e incluso dudar es imposible, dado que solo le importa él y su discurso. El chavista revisa y reconstruye los valores de la comunidad, del país y, eventualmente, los valores universales, a imagen de sus propios delirios ordenadores y enfermos. Piensa, ridículamente, que si él se va a ocupar de todos, un ciudadano autónomo, con criterio propio, es un estorbo.

La racionalidad reductiva del chavista fuerza la realidad y se coloca fuera del mundo humano para divinizarse, encimarse sobre todos los demás y parecer moralmente superior. Entonces, todo mundo debe someterse o deja de ser “sensato” a los ojos del chavista. Se pierde así el derecho a ser “particular” y a pensar con “argumentos individuales” sobre los “asuntos universales” que aquel impone. Para el chavista quien discrepa está desviado o enfermo, debe ser corregido o curado; y, si esto no resulta, debe expulsarse o eliminarse.

Por eso su lenguaje se fanatiza e identifica perversamente conceptos diferentes como, por ejemplo, que él “es” el Gobierno, el Estado, la Patria y el mismísimo futuro. Quiere convencer a todos de que es “indispensable” y que quien lo cuestione, viola valores sagrados y, por tanto, es indigno, antipatriota y enemigo. Gracias a esta ceguera gobernarían muy bien en el desierto, pero jamás en una sociedad real y concreta. Son unos fracasados.

11 septiembre 2016.


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LA PAX SANTOS


 
LA PAX SANTOS
Luis Marín


La Paz es uno de esos términos absolutos que no admiten oposición, como  la Justicia, porque, ¿quién va a decir “yo estoy de acuerdo con la injusticia”? Por eso es un hecho extraordinario que en Colombia se haga un “Plebiscito por la Paz” para determinar cuántos están de acuerdo con una paz estable y duradera y cuántos no.

A pesar de algunas precisiones de la Corte Constitucional según la cual lo que se votaría no es “la paz” sino los acuerdos del gobierno de JMS con las FARC celebrados en La Habana; pero mientras ella habla de plebiscito por la paz el gobierno promueve y las Cámaras aprobaron un referendo y la diferencia no es baladí.

El plebiscito consiste en aprobar o no una decisión política o legislativa que el pueblo (la plebe) estime favorable o no a sus intereses; el referendo podría implicar una modificación de la estructura constitucional del Estado, lo que parece estar en juego si se aprueban estos pactos, sin embargo ambos términos se utilizan indistintamente y con cierto desenfado en el debate.

La propaganda oficial pretende dividir a los colombianos entre quienes quieren la paz y  otros que, según ella, preferirían la guerra, lo que se advierte como la primera aunque no la peor manipulación que enturbia el proceso, porque de entrada coloca a los adversarios políticos como “enemigos de la paz”, lo cual es, por decir lo menos, acomodaticio.

Esta instrumentalización de la paz tiene una larguísima tradición en la propaganda comunista, de hecho, los bolcheviques insurgen ante el mundo, en 1917, con la consigna “paz, pan y tierra”, síntesis magistral de los intereses de sectores sociales a los que supuestamente estaría orientada una revolución de “soldados, obreros y campesinos”.

En ruso la palabra “MIR” que significa “paz” se traduce también como “mundo”, lo que da una idea del impacto emocional que tiene en la mentalidad de los pueblos eslavos. Esta pax soviética fue el mascarón de proa de la guerra fría y bajo su cobertura se desarrolló la carrera armamentista, el programa nuclear, la fabricación y emplazamiento de proyectiles balísticos intercontinentales, con plataformas de lanzamiento móviles por tierra, mar y aire, las intervenciones militares en los cinco continentes, en fin, como se sabe, “la paz es la guerra”.

Un dato curioso es que durante la crisis de octubre de 1962, el aparato propagandístico comunista denunció la política guerrerista de los imperialistas contra su política de paz; pero jamás mencionó que hubieran instalado cohetes nucleares en Cuba, de manera que los rusos no han sido oficialmente informados de que hubo misiles suyos situados a 90 millas de las costas de EEUU.

Decir que los críticos del pacto de JMS con las FARC son enemigos de la paz es poco menos que una calumnia, además de que les atribuye a una organización armada y a sus anfitriones de La Habana una representación de “la paz” incompatible con la teoría y práctica que profesan, cual es imponer el comunismo mediante la “lucha armada”.

El  quid de la cuestión es que los comunistas no distinguen entre guerra y política las que conciben como un continuo que depende del énfasis que pongan en el uso de la violencia, como diría Mao: “La política es guerra sin derramamiento de sangre y la guerra es política con derramamiento de sangre”.

Lo que pretende JMS es que las FARC abandonen la violencia y alcancen sus objetivos civilizadamente. Su mayor error es creer que el problema no son las metas sino los métodos, que se trata de una cuestión adjetiva, de procedimiento, del cómo y no de una cuestión sustancial, relativa a los fines.

Si las FARC abandonaran las prácticas de terrorismo, narcotráfico, secuestro, extorsión, etcétera, todavía habría que enfrentarlas porque es igualmente inaceptable su propósito de imponer el comunismo aun con otros medios, provisionalmente pacíficos.

Por cierto que ese aditivo “EP”, ejército del pueblo, que se acepta de forma tan risueña, implica que el otro, el ejército de Colombia, no es del  pueblo sino de la oligarquía o la burguesía según la doctrina oficial comunista cubana.

Como los Castro, las FARC no han sido destruidas, sólo se transforman.

LA PREGUNTA DEL MILLÓN

La pregunta de Santos exige análisis aparte y detenido: “¿Apoya  usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”

Lo primero que salta a la vista es que dice “apoya” y no “aprueba” como sería lo lógico y jurídico. “Apoyar” y “aprobar” son conceptos harto diferentes: ¿Se pide la aprobación de unos acuerdos o el apoyo a una política?

Apoyar implica dar soporte, sostener, como quien dice en Venezuela, “meter el hombro”. Aprobar es valorar positivamente, calificar o dar por bueno o suficiente algo y lo que interesa, que es “asentir”, decir que sí. Lo importante es que ambas cosas se pueden dar juntas o separadas, el apoyo no implica asentimiento, ni viceversa.

Hablando políticamente, la burocracia, el ejército, la policía “apoyan” al gobierno aunque algunos individuos o el conjunto no esté de acuerdo con sus decisiones, porque son cuerpos obedientes y disciplinados; no así los ciudadanos que no tienen que obedecer porque no son subordinados de nadie y se limitan a asentir incluso tácitamente mientras no se rebelen contra las decisiones ni contra las instituciones del Estado.

De manera que así como se puede apoyar una política sin aprobarla también se puede aprobar una política sin apoyarla, porque no se está dispuesto a poner ningún esfuerzo, talento o recurso para que esa política se materialice, se lleve a cabo. Allí donde el funcionario apoya, el ciudadano asiente.

El caso es que pedir apoyo para una política del Presidente es una extralimitación evidente, convoca a la sociedad a que se incorpore como un todo a la implementación de unos acuerdos, aunque no los comparta, tanto más exorbitante cuanto, según la Corte Constitucional, los resultados del plebiscito sólo son vinculantes para él, pero no para los demás órganos del Estado, lo que le da un toque personalista a la solicitud de apoyo.

“El acuerdo final” impacta por su prolijidad y extensión, no sólo por la letra pequeña sino porque contiene demasiados lineamientos que sólo podrán apreciarse en su desenvolvimiento. Instituciones como la Comisión de Implementación, Seguimiento y Verificación del Acuerdo Final de Paz y de Resolución de Diferencias o la Jurisdicción Especial para la Paz que implican la designación de magistrados, la promulgación de reglamentos, designación de cargos, asignación de recursos, es decir, todo un Estado paralelo: ¿Cómo puede llamarse “final” si es sólo el principio de una nueva institucionalidad?

Es importante que no se estime cuánto va a costar eso, quién lo va a pagar y de dónde provendrán los fondos. Un dato curioso es que se ofrezcan sueldos y pensiones a los guerrilleros, así que las actividades criminales que realizan se considerarán como un servicio público, lo cual es, por lo menos, desconcertante.

“Para la terminación del conflicto” prejuzga el resultado. Si hubieran agregado “con las FARC” serían más específicos pero no más realistas. Es otra manifestación de deseos, una aspiración sobre la que no deben abrigarse mayores esperanzas, porque los negociadores de La Habana no pueden garantizar que la visión que ellos tienen de los acuerdos es la misma que tienen los innumerables frentes de las FARC que están en el terreno completamente fuera de su control e ignorando lo que se habla allá; por no mencionar otros grupos como el ELN, MPL, las bacrim, los paracos y dejemos de contar para no ser tan pesimistas. El conflicto no va a terminar sino que va a complicar.

Sobre “la construcción de una paz estable y duradera” ni siquiera vale la pregunta, ¿quién puede estar en desacuerdo? Lo inadmisible es la insistencia en que si esto no se aprueba, si no se dice que SI, entonces lo que sigue es la guerra. Al margen de lo que tiene de chantaje, es otra falsedad.

“Mejor un acuerdo imperfecto que la guerra” es el cuento con que Obama quiere vender su negociación con Irán, que si no se aprueba lo que él dice la alternativa es la guerra; pero bien respondió Benjamín Netanyahu: “La alternativa a un mal acuerdo no es la guerra sino un buen acuerdo”.

Quién sabe si algún día será posible llegar a un acuerdo razonable con todos y cada uno de los grupos insurrectos, pero por ahora lo único que luce plausible es derrotarlos o reducirlos a un mínimo de perniciosidad, como ocurre con el delito común, que parece imposible de erradicar pero que no se puede renunciar a combatirlo.

La política de JMS se revela cada vez más inspirada por la de Obama y quién sabe si en  algún modelo de negociación de Harvard que proponga convertir al enemigo en socio; pero incluso Harvard tiene sus límites y es que hay enemigos con quien no se quiere, puede, ni debe nadie asociarse, so pena de perder a sus amigos.

Y no se trata de un giro retórico: los acuerdos prevén “la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”, represión que uniría a las FFAA, de policía  y las FARC contra el nuevo enemigo.

Cuando JMS proclamó que Chávez era su nuevo mejor amigo, seguro que no ponderó los nuevos enemigos que creaba; como Obama, cuando se retrató con Castro.

LAS FARC VOTARAN “SÍ”

Con el polo patriótico, partido comunista, ONGs y otras organizaciones de fachada, el gobierno de JMS en pleno y hasta ¡el partido conservador! Pero lo extraordinario no es que enemigos hasta ahora irreconciliables estén tomados de las manos votando juntos, sino que las organizaciones armadas insurgentes sean los artífices y portaestandartes de “la paz” ¡patrocinados por los Castro! Porque si algo es imposible de negar es que todo este tinglado fue armado en Cuba con el visto bueno de Castro.

Aunque bien vistas las cosas esto tampoco es inédito. Volviendo a los bolcheviques, su política de paz no los hizo renunciar a la tesis de Lenin de “convertir la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria”, que devastó Rusia y diezmó su población.

En Latinoamérica es ilustrativo que durante la visita del Papa Juan Pablo II a Nicaragua el 4 de abril de 1983, siendo ya dictador Daniel Ortega, sus huestes profanaron la misa coreando: “¡Queremos la paz!” El Papa visiblemente incomodo respondió: “¡La primera que quiere la Paz es la Iglesia!”

Es irónico que el FSLN, una organización armada que tomó el poder mediante una cruenta guerra de guerrillas siguiendo el modelo guevarista desarrollado en Cuba,  increpe nada menos que al Papa Juan Pablo II con “la paz”. El punto es: ¿Cómo puede hacerse compatible esta insistencia obsesiva por la paz con doctrinas como “la guerra popular prolongada” o “la guerra de todo el pueblo”?

Aparentemente se trata de un manejo dialéctico de términos contradictorios de los que en Venezuela podría fundarse toda una Escuela. Aquí, bajo una repugnante y repetitiva campaña por “la paz” se organizan y arman milicias populares, los llamados colectivos, bandas de motorizados que aterrorizan al público, mientras se desarma a los civiles, a las empresas de seguridad e incluso a las policías municipales para dejar a la población inerme frente al hampa oficialista.

Se encumbra a jefes militares a las posiciones decisivas del Estado en las que han impuesto su lenguaje de guerra, la más ilustrativa es “la guerra económica”, pero no pueden ignorarse todos los estados mayores que asumen hasta la distribución de papel toalet como un problema logístico.

De manera que la política de paz se traduce en un camuflaje discursivo para distraer la atención del verdadero desarrollo armamentístico y guerrerista de la revolución comunista, tal cual como la pax soviética encubrió el desenvolvimiento de la guerra fría.

La única esperanza es que al fin y al cabo la URSS perdió la guerra fría y es previsible que los neocomunistas también pierdan la suya; sin olvidar que aquella tenía enfrente a líderes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que no se ven en estos días.

Un liderazgo firme y sin complejos como el de Rómulo Betancourt en el pasado o Álvaro Uribe en el presente, vencieron el mito de que es imposible derrotar política y militarmente a las guerrillas una vez que se han inoculado en el tejido social.

Paradójicamente lo primero que tienen que vencer es el manejo ideológico de “la paz”.


Luis Marín
11 septiembre 2016
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