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jueves, 5 de enero de 2017
LA ONU NO ES NUESTRA AMIGA
LA ONU NO ES NUESTRA AMIGA
Luis Marín
La ofensiva árabe en las Naciones Unidas
se basa en el supuesto errado de que el Estado de Israel fue creado en virtud
de la Resolución 181 de la Asamblea General del 29 de noviembre de 1947, por lo
que debe ser la misma ONU, por contrario imperio, la encargada de destruirlo.
La verdad es que nació casi medio año
después, el 14 de mayo de 1948, mediante la declaración unilateral de voluntad
de las organizaciones judías representativas del pueblo de Israel que
declararon la Independencia y firmaron un Acta Fundacional, como Estados
Unidos el 4 de julio de 1776 o Venezuela el 5 de julio de 1811, bastante antes
de que existiera la ONU.
En palabras de David Ben Gurión: “El
establecimiento del Estado judío no depende de la resolución de las Naciones
Unidas del 29 de noviembre, por más que tal resolución tenga un gran valor
moral y político. Depende de nuestra capacidad para salir victoriosos. Si
tenemos las ganas y el tiempo de movilizar todos nuestros recursos, nuestro
Estado será establecido”.
Por supuesto, después de declaraciones
de aquel tenor, lo que puede esperarse es una guerra de independencia; pero lo
original en Israel es que ésta no se produjo contra el imperio británico, que
ostentaba el mandato sobre Palestina, sino contra sus vecinos, Egipto, Jordania,
Siria, Líbano e Irak, que habían declarado al unísono con el mundo árabe que
nunca permitirían el establecimiento de un Estado Judío en lo que entonces
consideraban y todavía consideran “tierras árabes” y esto es casus
belli.
Otro hecho indiscutible es que perdieron
esa guerra, como el imperio británico, España, etcétera, y siempre, en todos
los casos que en el mundo han sido, cuando las potencias se someten al
veredicto de la guerra como juez supremo el resultado se acepta civilizadamente
y el Estado es admitido en el concierto de naciones, como bien nacido.
El verdadero problema es que el mundo
árabe no se resigna a la existencia de Israel, se niega a reconocerlo como
Estado Judío y esta actitud intransigente ha encontrado cierta resonancia en el
proverbial antisemitismo occidental, de manera que Israel se encuentra
aparentemente solo, como único Estado Judío, rodeado de enemigos por todas
partes y sin ningún doliente.
La Liga Árabe con sede en Egipto agrupa
21 países incluyendo Palestina que aparece en el mapa oficial de la
organización ocupando todo el territorio de Israel con capital en Jerusalem. La
Organización de la Conferencia Islámica reúne 57 estados musulmanes con sede en
Arabia Saudita. La organización de países no alineados, una entelequia de la
guerra fría, cuenta con 120 miembros más 15 observadores, lo que asegura la
mayoría en el seno de la ONU, sea lo que sea que se vote.
Este podría ser un buen ejemplo de la
tiranía de la mayoría, si hiciera falta alguno, que ha inquietado tanto a
los liberales y que es el baldón de la democracia: es un hecho cierto,
incontrovertible y siempre comprobado que una mayoría circunstancial es capaz
de mayores abusos que ningún tirano individual, por pervertido que fuera.
Lo más desconcertante de la nueva
diplomacia árabe es que implica un giro copernicano de su conducta tradicional
frente a la ONU, que consideraba poco menos que un instrumento de la
conspiración judía mundial, sobre todo por la relevante influencia de los
pensadores judíos en la edificación de la legalidad internacional.
Ahora la sorprendente alianza del
extremismo islámico con la resaca comunista ha descubierto la eficacia de
apoderarse de la maquinita de hacer leyes para generar una legislación a la
medida de sus prejuicios aun a contrapelo de todo principio de legalidad y de
negarle potestad para decidir sobre Estados soberanos saltó a convertirla en un
legislador universal, supra histórico, que puede configurar no sólo el futuro
sino también el pasado de las naciones.
Así, la Resolución 2334 del 23 de
diciembre de 2016 ya tiene un lugar destacado en la Historia Universal de la
Infamia, no sólo por su carácter antijurídico, retroactivo, sino por
unilateral, maliciosa, falaz y casi tan hipócrita como sus proponentes.
Al lado de las Leyes de Núremberg de
1935.
¿QUÉ ASEGURA EL
CONSEJO DE SEGURIDAD?
Se dicen guiados por los propósitos y
principios de la carta de las naciones unidas que, por cierto, prohibe la
discriminación racial o religiosa, “reafirmando, entre otras cosas, la
inadmisibilidad de la adquisición de territorios por la fuerza”, y esto lo
firma la Rusia de Putin, que acaba de anexarse la península de Crimea y
mantiene una guerra en el este de Ucrania para arrebatarle las provincias de
Donetsk y Lugansk, como antes hizo en Georgia con las provincias de Osetia del
Sur y Abjasia, así arrasó Chechenia e inventó un país que llama Transnistria,
al este de Moldavia, el verdadero paraíso del gángster, hoy devasta Siria en
alianza con Irán, a la vista del mundo y sin que nadie haga nada, no digamos el
Consejo de Seguridad, que está ocupado condenando a Israel.
¿Cómo pueden explicar bajo esta doctrina
del Consejo de Seguridad que Königsberg, la ciudad de Emmanuel Kant, sea una
ciudad rusa, bajo el imperio de Vladimir Putin?
China comunista ocupa al Tíbet
ilegalmente, se tragó a Hong Kong sin masticar y amenaza con la guerra en el
Pacífico para anexarse a Taiwán, además de estar ya en guerra contra la
independencia de Sinkiang cuya extensión es más de 80 veces el territorio de
Israel. Las atrocidades de los chinos contra los uigures son intolerables y no
obstante ser estos en su mayoría musulmanes no reciben la menor atención de la
hermandad musulmana que sólo se ocupa en destruir a Israel.
Uno no sabe si reír o llorar al escuchar
a Gran Bretaña, inventor de la teoría y de la práctica del imperialismo, llamar
a Israel “potencia ocupante” y a los judíos “colonos” en Judea, Samaria y
Jerusalem, repudiar “la adquisición de territorios por la fuerza” y afirmar que
el asentamiento en territorios en disputa “no tiene validez legal y constituye
una flagrante violación del Derecho Internacional”.
Nunca sabremos cómo explican los
ilustres académicos de las universidades británicas, que suscriben el boicot
contra Israel, los asentamientos británicos en las islas Malvinas, por poner
sólo un ejemplo de territorio obviamente en disputa, por no hablar de la
guayana esequiba, tan caro a Venezuela, Belice para Guatemala y, en fin, todo
el resto de la Commonwealth.
Francia, tan responsable del caos en
Siria, Irak, Líbano y todo el Levante bajo su estatuto colonial, debe estar tan
complacida por las resultas del Pacto Sykes-Picot como para proponer otra línea
de partición en una pretendida conferencia de paz para el medio oriente cuya
convocatoria introdujeron en la resolución 2334 para el 2017 en Paris, pero
condenándola de antemano al fracaso con esa misma resolución.
Y Estados Unidos, cuya Constitución
prohíbe textualmente “leyes ex post facto” ¿cómo pueden dejar
pasar la resolución y luego disculparse diciendo que no tienen nada que ver con
ella porque no la redactaron ni la propusieron? La dejan pasar y luego tratan
de evadir sus consecuencias, es decir, no son responsables de sus actos. Si la
resolución les parece tan buena ¿por qué no la asumen abiertamente? ¿Qué
opinarían si la resolución dijera que el asentamiento de negros en determinado
territorio es una flagrante violación del Derecho Internacional?
Estos señores se burlan del mundo: Se
sabe que las grandes potencias hacen lo que les da la gana con los pueblos
indefensos y para eso crearon ese club de imperialistas que es el Consejo de
Seguridad de la ONU, para no pisarse la manguera entre ellos; pero lo que ni
siquiera las grandes potencias pueden hacer es convertir sus atropellos en
legislación, porque insultan la razón y sublevan la conciencia de la gente
honesta, que todavía queda alguna, incluso en esas grandes potencias.
Cómo pueden decir que el asentamiento de
judíos en Jerusalem, Judea y Samaria es una “flagrante violación del Derecho
Internacional” sin poder exhibir ninguna ley que diga algo semejante, pero que
además sería una ley que no querríamos ver nunca, por discriminatoria y
absurda, o sea, que si alguien es druso, copto o armenio, puede comprar un
terreno y hacerse una casa, ¡pero si es judío no! ¿Qué clase de ley es esa?
¿Por qué el asentamiento de judíos atenta contra la solución biestatal y el
asentamiento de árabes no? Si el Estado árabe no admite ni un solo judío,
entonces, el Estado judío no debería admitir ni un árabe. ¿Y qué de los
millones de árabes que viven en el resto de Israel? ¿Esos no atentan contra la
solución biestatal?
Ni siquiera una alianza de todas las
superpotencias puede hacer que si la condición para la existencia de un
hipotético estado árabe palestino es que esté prohibido que los judíos vivan
allí, ese no sea un estadojudenrein como lo hubiera soñado
Hitler y su aliado, el muftí de Jerusalem, ni cómo justificar a la luz del
Derecho y la moral Internacional un Estado con esa característica; otro
oxímoron es que siga siendo además “democrático” como no lo es ningún estado
árabe o musulmán realmente existente.
Quizás sea imposible desentrañar el
oscuro tejemaneje que hizo que esa gran democracia que es Egipto, redactor
original del proyecto, lo retirara a última hora para pasarlo a manos de
Malasia y Venezuela, como quienes no tienen nada que perder.
Sería demasiado arduo dedicarse también
a revisar las credenciales democráticas de los miembros no permanentes del
Consejo de Seguridad, por lo que podemos prescindir de la monarquía malaya sin
mayor riesgo.
Pero, ¿cómo ignorar a Venezuela, ese
modelo de democracia, libertad y respeto a los derechos humanos?
LA GAVIOTA
HUMANOCRÁTICA
La presentación de la resolución 2334
cayó en manos de Rafael Ramírez, quien sólo se distingue en el Consejo de
Seguridad por su estridencia antisemita, para complacencia de los jeques
árabes, sus socios iraníes y alarma del representante británico que le reprocha
su lenguaje soez como de “poco tacto y francamente ofensivo” aunque, en el
fondo, comparta el contenido, si fuera expresado con elegancia.
RR es hoy investigado por la comisión de
contraloría de la Asamblea Nacional como responsable de la más vasta red de
corrupción de todo el hemisferio occidental que gira en torno a PDVSA y hace
palidecer a la de PETROBRAS, cuya sola mención hizo caer al gobierno de Dilma
Rousseff.
Durante casi toda la dictadura de Chávez
estuvo al frente del Ministerio de Energía y Petróleo y la presidencia de PDVSA
simultáneamente, lo que lo hace responsable personal y directo desde la estafa
eléctrica que mantiene al país en tinieblas, con apagones programados y
racionamiento eléctrico, hasta la podredumbre de PDVAL.
Quien le sirvió de puente para entrar al
gobierno fue Willmer Ruperti, mismo que paga los gastos de los narco-sobrinos,
pero su jefe político es Alí Rodríguez Araque, el comandante Fausto, embajador
de Venezuela en La Habana, quien inició la destrucción de PDVSA e influye en la
política que los comunistas cubanos imponen en Venezuela a través del jefe de
ambos, Ramiro Valdés.
RR formaba parte de la troika que
sucedió a Chávez, junto a Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, pero sus
aspiraciones presidenciales hicieron que los cubanos lo echaran al exilio
dorado en la ONU, donde aguardan que se le venza el fuero diplomático para
convertirlo en testigo protegido del Departamento del Tesoro y la Fiscalía de
Nueva York.
Otra troika quizás más importante de la
que forma parte es la de “los primos” con Diego Salazar e Ilich Ramírez, alias
Carlos, El Chacal, que no necesitan presentación ni reseña de sus respectivos
prontuarios.
El punto realmente inquietante es, ¿cómo
es posible que Francia que supuestamente tiene al Chacal pagando prisión
perpetua en cárceles de máxima seguridad, se encuentre alineada con una
resolución que podría haber sido presentada por él mismo, como de algún modo
ocurrió, tanto por su forma truculenta como su contenido escatológico?
En verdad no es un preso sino un testigo
protegido de una época en que preocupaban más las redes clandestinas tejidas
por los soviéticos que el terrorismo yihadista, al que Carlos se convirtió,
abrasando al Islam a cambio de entregar a sus antiguos camaradas, lo que
prefigura el futuro de su primo.
Y EEUU, cuyo Departamento de
Justicia llena containers de expedientes persiguiendo el dinero sucio de PDVSA,
que multa al Ocean Bank de Miami, tras casos de corrupción, fondos de seguros
fraudulentos, lavado de activos, plantas eléctricas, gas, ¡por favor!
Pero la resolución 2334 concluye que
todo esto se hace para lograr “una paz general, justa y duradera”, otra
flagrante mentira porque no hay nada en el mundo que confirme esa declaración
gratuita, salvo que evoca el barniz retórico con que se adornan, por ejemplo,
los “Acuerdos de Paz” que Obama y Castro se esfuerzan por imponerle
irresponsablemente a Colombia en contra del voto mayoritario del pueblo.
John Kerry comienza su discurso de
despedida del medio oriente con un “happy hanukkah”, no se sabe si por cinismo,
ignorancia, error o es Dios que enreda la lengua de los necios; porque lo que
se celebra en Januca es la recuperación de Jerusalem y el Templo de quienes lo
profanaban ocho siglos antes de Mahoma. Así como Pesaj, la Pascua Judía,
celebra la salida de Egipto: los judíos nunca han pretendido destruir a Egipto
para poner su capital en El Cairo.
Allá como aquí los que hablan de “paz”
son quienes amenazan con romperla si sus pretensiones no son satisfechas; pero
¿quién va a marchar a la conquista de Jerusalem? ¿Putin, una vez que haya
acabado con Siria? ¿Irán, una vez conseguida allí otra base de operaciones para
hostilizar a Israel como lo hace desde el Líbano y la Franja de Gaza?
Lo más bizarro es que todos los
escenarios son contrarios a los intereses de los árabes que viven bajo
soberanía israelí que son los primeros perjudicados con estas medidas, como con
las del BDS, que si tuvieran un mínimo de sentido común verían que están
infinitamente mejor que sus paisanos en cualquier país árabe musulmán y que no
tienen ningún futuro si los planes del califato, los jeques o los ayatolas
llegaran a realizarse.
La única alternativa que les queda es
contar con el amparo de un sólido Estado judío gozando en su interior de una
autonomía relativa.
Israel ha aprendido a tomar agua del
mar, su moraleja es: El tamaño de la agresión es la medida que debe superar
nuestra fortaleza.
Luis Marín
01-01-17
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Luis Marín - Onu,
Política Mundial
domingo, 6 de septiembre de 2015
¿FRANJA DE TACHIGAZA?
¿FRANJA DE TACHIGAZA?
Luis Marín
Es imposible no conmoverse ante la dantesca situación
del Estado Táchira; pero la conmoción pasa a desconcierto al asociarla mediante
el neologismo “Tachigaza”, con la Franja de Gaza, conflicto que remonta medio
siglo y que le sirvió de pretexto a Chávez para romper relaciones con Israel,
echar a su embajador y terminar maldiciendo al Estado Judío en cadena nacional.
“La realidad (…) es que en esa franja (…) se ha
desatado una flagrante violación de derechos humanos rayando en el genocidio
contra sus habitantes, quienes han sido obligados a desplazarse del lugar donde
construyeron una vida familiar y laboral, dejando atrás sus recuerdos,
pertenencias y humildes viviendas, marcadas, saqueadas y derrumbadas al más
puro estilo nazi.”
Esto no lo dijo Chávez, el párrafo alude a la zona
fronteriza con Colombia pero, en virtud de la equiparación, mutatis mutandi,
podría tomarse como una descripción de la situación en la Franja de Gaza. El
papel de Hamas lo representarían los guerrilleros o paramilitares, según la
posición del observador; pero el papel del Estado venecubano sin duda lo
representa Israel que es quien bloquea la Franja materialmente, no en forma
imaginaria como en el llamado “bloqueo” a Cuba.
La comparación resulta irritante porque honestamente,
¿qué carajo tendrá que ver Israel con un conflicto fronterizo entre Colombia y
Venezuela, tanto menos si el causante de la controversia ni siquiera tiene
relaciones con él y es un régimen abiertamente antisemita por lo que no puede
asimilarse ni de lejos con el Estado Judío?
Este es el quid de la cuestión: Un conflicto
cualquiera, en que Israel no tiene arte ni parte, se convierte en una
oportunidad para atizar los prejuicios cotidianos sobre el conflicto árabe
israelí, presentar una visión sesgada de la confrontación en Gaza y de paso
decir que el Estado Judío actúa “al más puro estilo nazi”.
Por este camino enrevesado termina Israel como
arquetipo del mal, modelo de tropelías, incluso de las que hacen regímenes
declaradamente antisemitas; en cambio: Cuba ni se menciona, ni el régimen
castrista viola derechos humanos, ni los comunistas hacen deportaciones
masivas, aunque sean históricas las de Stalin, Mao y Pol Pot.
Esto es lo que vuelve chocante incluso la actitud de
un caricaturista colombiano que dibuja un soldado con una esvástica deportando
a sus compatriotas. ¿Por qué no lo viste de rojo con una hoz y un martillo,
como sería más apropiado? Porque en Colombia también impera la prohibición de
denunciar al comunismo, que tiene defensores incluso armados, en cambio es más
cómodo acusar a los nazis que no tienen defensores.
En Venecuba la oposición oficial no apoya a Israel ni
siquiera una fracción de lo que el gobierno lo ataca; al contrario, hay
evidencias inocultables de antijudaísmo opositor. Por ejemplo, la caricaturista
Rayma, dibuja una estampita de Navidad en la que se representan niños del mundo
durmiendo bajo la estrella de Belén; pero cuando le toca al “niño palestino” lo
que se ve sobre su cabeza es un misil con la estrella de David.
Esta ocurrencia de Rayma daría para un artículo
aparte, baste decir por el momento que ignora los millares de misiles Kasam que
Hamas arroja en forma previa a las acciones israelíes, sin mediar provocación
alguna, a propósito contra población civil, matando y mutilando niños judíos
igualmente ignorados.
Esto llevó al también ingenioso primer ministro
Benjamín Netanyahu a declarar que: “Ciertamente nosotros usamos misiles para
defender a nuestra población civil, pero Hamas usa a la población civil para
defender sus misiles”.
Es forzoso encarar el hecho embarazoso de que hay un
antijudaísmo católico estimulado por las prédicas de la Iglesia que se basa,
entre otras cosas, en que los judíos no reconocen a Jesús como el Mesías; pero
es que los islamistas tampoco y los comunistas rechazan no sólo al Hijo sino
también al Padre y al Espíritu Santo, no obstante, nadie proclama su
disposición a “borrar a Irán del mapa”, ni a “exterminar a los comunistas,
dondequiera que estén”.
Al contrario, para el padre s.j. Luis Ugalde “el
peligro actual de Latinoamérica no es el comunismo” y en su oportunidad condenó
la profanación de la Sinagoga de Maripérez diciendo que se oponía a “toda forma
de xenofobia”. Para buen entendedor, cataloga a los judíos como extranjeros.
A veces el peor daño se inflige inconscientemente;
pero siempre es saludable un sincero examen de conciencia.
NEGACIONISMO DE IZQUIERDA
Uno de los hechos más inquietantes de nuestro tiempo
es que las banderas del anti judaísmo que tradicionalmente habían sido
patrimonio de la ultra derecha ahora son desplegadas por la ultra izquierda,
con idénticos argumentos, sin quitarles ni una coma e incluso conservando a los
autores originales.
Podría servir como ejemplo la reedición de los
Protocolos de los Sabios de Sión, un libelo difamatorio cuya redacción y
orígenes han sido mil veces rastreados y demostrada su falsedad hasta el punto
de que el mismísimo Adolfo Hitler llegó a afirmar que “no importa que sean
falsos si al fin y al cabo revelaban las intenciones de los judíos”; pero que
hoy son divulgados como una revelación por la Radio Nacional de Venezuela y
convertidos en libro de texto en las escuelas de los llamados “territorios
palestinos”.
Pero quizás sea peor el relanzamiento del
negacionismo, esto es, esa revulsiva tendencia a negar el Holocausto como algo
que nunca ocurrió y fue inventado por el discurso sionista. En algunos países
directamente involucrados en el genocidio como Alemania, Austria y Polonia esta
propaganda está tipificada como delito; pero no así en Rusia, Francia o España,
donde el negacionismo ha adquirido nivel académico.
Es algo completamente extraordinario que en un expaís
como Venezuela, donde nunca ha sido motivo de controversia el tema del
Holocausto por razones obvias de distancia, ignorancia e indiferencia, se haya
levantado con tanta fuerza este leitmotiv y de parte de quienes menos se
hubiera esperado, esto es, de la ultra izquierda neocomunista.
El origen de este despropósito puede rastrearse en el
alineamiento de la internacional comunista en el conflicto del medioriente a
favor de los árabes y en contra de Israel a quien denuncian como punta de lanza
del imperialismo; pero substancialmente en el malentendido según el cual el
origen del Estado Judío se justificaría en virtud del Holocausto, por lo que,
si éste no existiera, la creación de Israel carecería de fundamento. En este
momento es innecesario refutar esta falacia.
Lo más aterrador es que los neocomunistas no tengan
escrúpulo alguno en documentar su propaganda en testimonios de nazis convictos
y confesos como la señora Úrsula Haverbeck-Wetzel, viuda de Werner Georg
Haverbeck, militantes nazis con larguísimo prontuario de conspiración y
sedición contra la República Federal Alemana, por lo que han pagado prisión,
multas y los movimientos que han fundado han sido proscritos, como su “sociedad
para la rehabilitación de los perseguidos por refutar el Holocausto”, fundada
el 9 de noviembre de 2003, para conmemorar el 65 aniversario del Kristallnacht
que, según la lógica de esta señora y sus seguidores, tampoco debió haber
ocurrido.
Otro héroe inexplicable del negacionismo de izquierda
es Mahmud Ahmadineyad, que no requiere presentación en Venecuba, por ser un
aliado sempiterno de Hugo Chávez, sin que eso contraríe su devota fidelidad
religiosa a los Ayatolas fundamentalistas islámicos que regentan la tiranía
teocrática de Irán.
Es realmente extenuante tratar de explicarse este
contubernio indigerible entre la izquierda radical neocomunista, el nazismo
emergente en Europa y el fundamentalismo islámico; pero parece inevitable al
menos intentarlo, sobre todo si se observa que un delincuente político de la
calaña de Pablo Iglesias es simultáneamente el abanderado del neocomunismo y
del neoantisemitismo ¡en el Parlamento Europeo!
En efecto, con la más perfecta cara de tabla Pablo
Iglesias increpó a la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, para
suspender el acuerdo de asociación UE/Israel y condenar la “ocupación palestina
por parte del Estado Sionista” (doble sic).
Sin inmutarse de ser tan ampliamente conocido en
Venecuba, junto a su carnal Juan Carlos Monedero, por recibir millones de euros
del régimen para financiar a su partido Podemos a través de organizaciones
fachada como el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) o el Centro
Internacional Miranda, tampoco le inmuta ser ancla de la estación de televisión
iraní Hispan TV.
Lo que sí es desconcertante es que las autoridades
europeas no adviertan que estos sujetos reciben millones en financiamiento,
pero cuando atajan un cargamento de nueve toneladas de droga en un buque
proveniente de Venecuba, miran para otro lado; o bien que luego de reunirse con
altos cargos de ETA en el gobierno, llegan a España diciendo que el problema de
ETA es político y amerita soluciones políticas y no antiterroristas.
Pablo Iglesias suscribió la versión oficial del
régimen castrista sobre el asesinato de Oswaldo Payá, acusó abiertamente al
español Ángel Carromero, no tuvo la más mínima palabra de condolencia para su
viuda ni para su hija, Rosa María Payá, sino que se dedicó a atizar el odio
contra lo que llama la derecha mediática para defender a Castro.
¿Qué puede tener de extraño que Pablo Iglesias explote
el antisemitismo de “izquierda” que reina en España y en casi toda Europa con
fines electorales?
BOICOT, DESINVERSIÓN, SANCIONES
Lo primero que salta a la vista en esas siglas BDS
es su malevolencia: no hay nada en ninguna de esas palabras que sugiera
convivencia, solidaridad, tolerancia. Su esencia es incitar a causar daño,
perjudicar, injuriar a otros, es decir, lo más contrario al espíritu
fundamental del Derecho que pone como base de la convivencia social el neminem
laedere, el no dañar a otros.
Lo extraño, lo curioso es que un tipo de organización
como ésta, que explícitamente pone como fundamento de su actuación el animus
injuriandi, haya adquirido carta de ciudadanía en occidente y reciba el
apoyo entusiasta de personas e instituciones supuestamente defensoras de derechos
humanos.
Aunque no puedan mostrar el más mínimo rastro de que
quieran ayudar a alguien, muy por el contrario, es un hecho comprobado que el
boicot contra las empresas israelíes asentadas en territorios que se consideran
en disputa no ha perjudicado sino a los árabes palestinos que se han quedado
sin trabajo, cuando no obligados a recorrer largas distancias para seguir sus
fuentes de empleo a nuevos asentamientos que juzguen satisfactorios los
inquisidores del siglo XXI.
Y este es el punto nodal de los autonombrados censores
europeos de la industria israelí: ellos deciden según su real saber y entender
qué territorio es “palestino”, en qué lugar son ilegales los asentamientos
económicos, quién puede producir qué y dónde, sin juicio o procedimiento previo
ni apelación posible.
Han institucionalizado la palabra “colono” para
referirse a los judíos en oposición a los árabes, que según ellos sí tendrían
un derecho inmanente a ocupar las tierras de Judea y Samaria e incluso
Jerusalén, derecho terriblemente problemático porque todo el buenismo europeo
no alcanza para explicar porqué un hipotético estado árabe palestino tiene que
ser judenrein, esto es, libre de judíos, en el cual éstos
no pueden vivir ni tener propiedades, algo tanto más incomprensible considerando
que los árabes sí viven y tienen propiedades en Israel, no sólo en las zonas en
disputa.
No hay que ser ningún experto en comercio mundial para
intuir que las actividades promovidas por organizaciones como BDS son
contrarias a los esfuerzos de otras como la Organización Mundial del Comercio o
cualquiera que promueva la libre competencia, la circulación de bienes y
servicios, la economía de mercado.
Un inconveniente es que habría que demandar
pronunciamientos previos para luego exigir la ilegalización de estas prácticas
como contrarias a las leyes internacionales y a los principios que las
inspiran; otro, menos confesable, es que estas acciones son dirigidas
exclusivamente contra Israel, con lo cual aparentemente aprovecharían a algunos
competidores desleales, aunque la práctica demuestre lo contraproducente que
resulta la unfair competition.
Mientras tanto el movimiento BDS sigue viento en popa.
Su más reciente escándalo fue contra el rapero conocido como Matisyahu, vetado
en un festival de rap en España, a condición de firmar una carta o un video a
favor del “Estado Palestino” lo que consideró inaceptable. El detalle es que
Matisyahu es norteamericano y no se ve cómo conectarlo con Israel, salvo por
ser judío practicante, así que los responsables del festival tuvieron que
retractarse.
Pero no así el inefable Pablo Iglesias, que declara
que si Matisyahu no firma la carta es porque apoya lo que él ya sentenció como
“políticas racistas”, con lo que revela la verdadera intención del boicot: que
al adherirlo se asuma todo ese discurso demonizador contra Israel de ser Estado
colonialista, genocida, que practica el apartheid, etcétera.
Más preocupante podría ser el llamado boicot
académico, que últimamente consiguió la adhesión del famoso cosmólogo Stephen
Hawking. Quizás primero se descubra la consistencia de la teoría del Big-bang
antes que las razones (y presiones) que llevaron a la oficina de SH a tomar una
decisión de esta magnitud; pero lo que pone de manifiesto es el poder que
ostentan los enemigos que luchan por convertir a Israel en un estado paria,
según lo que ellos mismos declaran como objetivo.
Europa ha sido escenario de los mayores crímenes de
que tenga memoria la humanidad y su inconcebible maldad es causa de la mayoría
de las tragedias que enfrentamos en la actualidad, incluyendo el comunismo y el
nacionalsocialismo, productos europeos, como el racismo y el clasismo.
Es inaceptable que algunos europeos pretendan conjurar
su culpa proyectándola sobre el solitario y diminuto Estado de los judíos, cuya
historia trágica no podría contarse prescindiendo de la ferocidad y crueldad
europeas desde el imperio romano, pasando por las cruzadas, la expulsión de
España, las guerras mundiales, hasta el día de hoy.
La buena nueva es que la persecución enseño a los
judíos a defenderse y, a pesar de las fuerzas oscuras, Israel prevalecerá.
Luis Marín
06-09-15
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Israel,
Luis Marín
lunes, 11 de mayo de 2015
CARACAS CONTRA JERUSALÉN
CARACAS CONTRA JERUSALÉN
Luis Marín
El Centro Simón Wiesenthal juzgó conveniente denunciar
la “campaña global para el retorno a Palestina” realizada en Caracas entre el
15 y 17 de abril, como “una estratagema orientada a la disolución del Estado
judío”. La flamante embajadora del Estado árabe palestino en Venezuela, Linda
Sobeh Alí, dice por su parte que “Venezuela es el punto focal para la causa
palestina en América Latina”. Hay que creerles.
Si no fuera por esto, el citado I Congreso por el
retorno a Palestina hubiera pasado, como se dice aquí, por debajo de la mesa,
porque no hubo declaración oficial de las autoridades cubanas ni de sus
vasallos, menos de la oposición oficial, que no respalda a Israel ni siquiera
con una pizca de la intensidad con que el régimen lo ataca.
Todo ocurrió en esa especie de semiclandestinidad
propia de actividades revolucionarias, que sólo revelan lo que quieren que se
sepa, pero sin verificación independiente, confrontación con la realidad,
contraste abierto de opiniones; ninguna autoridad, ningún reconocido experto en
la materia supuestamente objeto del Congreso, solamente se dice que hay
delegados de Cuba, Argentina, Ecuador, Chile, México y Venezuela.
La nota pintoresca la puso una delegación de la secta
judía Neturei Karta, negadores acérrimos del Estado de Israel y que claman por
su eliminación, en el entendido de que no representa a los judíos y que el
sionismo es una especie de blasfemia.
No deberían invitarlos a los futuros Congresos porque
sin proponérselo revelan cual es el verdadero objetivo, que no puede ser el
retorno de los árabes al territorio de Israel, porque ellos son judíos, pero sí
la destrucción del Estado judío, que es la finalidad declarada de esta secta.
De manera que el primer rasgo característico de
este Congreso es su falta de claridad, que a veces se confunde con encuentro
interreligioso por la participación de representantes cristianos, musulmanes y
judíos, a veces de pretendidos refugiados árabes palestinos, para naufragar en
el hecho de que en realidad son militantes variopintos que luchan por un
objetivo común.
El objetivo es promover un supuesto “derecho de
retorno” de los árabes a los territorios comprendidos dentro de las fronteras
del Estado de Israel.
Derecho cuyo ejercicio implica la desaparición de
Israel y la expulsión de los judíos de su territorio, cuando no su explicita
aniquilación.
El derecho de retorno árabe es la negación del Hogar
Nacional Judío.
RESOLUCIÓN 194
La pretensión de un derecho tanto en el ámbito interno
como internacional exige la invocación de alguna norma en qué sustentarlo, de
manera que éstos congresistas, como tantos otros antes que ellos, recurren a la
Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU del 11-12-48, que intentó
finiquitar las hostilidades de la I guerra árabe israelí o guerra de
independencia y que Jimmy Carter, por ejemplo, considera “de naturaleza
fundamental”.
En particular su artículo 11 que dice: “Resuelve que
debe permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y
vivir en paz con sus vecinos, que lo hagan así lo antes posible, y
que deberán pagarse indemnizaciones a título de compensación por los bienes de
los que decidan no regresar a sus hogares y por todo bien
perdido o dañado cuando, en virtud de los principios del derecho
internacional o por razones de equidad, esta pérdida o este daño deba ser
reparado por los gobiernos o autoridades responsables”.
Lo primero que se observa es que se trata de una
Resolución de la Asamblea General no vinculante, que tiene la calidad de
recomendación, pero no es una norma obligatoria de derecho internacional. No
obstante, puede hacerse un ejercicio de interpretación para constatar qué
sustento puedan tener en ella las pretensiones de quienes la invocan.
La Resolución nunca menciona específicamente a los
judíos ni a los árabes y cuando utiliza la expresión “refugiados” se entiende
que se refiere a los de ambas partes en conflicto y no a los de una sola de
ellas, como parecen pretender quienes la invocan unilateralmente.
Este pequeño sesgo les permite ignorar los derechos de
ochocientos mil judíos expulsados de los países árabes en el curso del
conflicto; pero ¿tiene sentido, es plausible o acaso posible que los judíos
retornen a los países de los que fueron expulsados?
Demás está decir que tampoco utiliza la expresión
“palestinos” y menos en el sentido que se le da actualmente, referida sólo a
los árabes, que a partir de 1964 se inventaron una nacionalidad palestina con
carácter retroactivo; pero esto es algo de lo que nos ocuparemos más adelante.
Comencemos con la expresión “regresar a sus hogares”,
que es una condición que los congresistas no pueden cumplir, puesto que no
tienen ni han tenido jamás su hogar en el territorio de Israel; dejando de lado
el requisito de que deseen “vivir en paz con sus vecinos” cosa que ni siquiera
se preocupan en aparentar.
Esta no es una cuestión de interpretación sino que lo
dice el texto del artículo 11 expresamente cuando subraya “lo antes posible”,
lo que le da carácter perentorio, no para ejecutar ochenta años después,
como si fuera una disposición eterna, transferible hereditariamente, sin
limitación alguna.
Concepción ésta muy contraria a la idea de finiquito
que es el fundamento de la Resolución, por eso se llama así, porque supone la
solución de una controversia, conflicto o litigio; que las demandas no pueden
ser infinitas ni los casos presentarse una y otra vez, sin término o extinción
posible y sin prescripción, sea ésta adquisitiva o resolutoria.
Pero sigue diciendo el artículo 11 que deberá pagarse
indemnización a los que decidan no regresar y repite a
sus hogares, por tanto, los pagos son una alternativa y no pueden
reclamarse ambos, esto es, regresar a su hogar y cobrar indemnización, cosa que
los partidarios del “derecho de retorno” hacen con el mayor desenfado.
Pero lo realmente grande es quién está obligado a
pagar según la Resolución 194, en virtud de los principios del Derecho
Internacional: “esta pérdida o este daño debe ser reparado por los
gobiernos o autoridades responsables”, es
decir, por los Estados árabes.
Esta conclusión es forzosa e indubitable porque “los
gobiernos”, en plural, son los árabes, porque Israel es uno sólo; pero además
no puede incluirse dentro del conjunto de “los gobiernos” porque se añade
“responsables”, según el derecho internacional, y éstos son los países
agresores, los que provocaron la guerra.
Siempre se ha dicho y repetido que la historia
la escriben los vencedores. Extremando el argumento se sostiene que son los
escritores y los poetas quienes inventan la historia, que es lo que va a quedar
en sus libros. Sin embargo, hay hechos duros e incontrovertibles que están más
allá de toda manipulación y que resisten todo intento de tergiversación.
Se pueden interpretar como quieran los hechos que
dieron lugar al nacimiento del Estado de Israel, pero, parafraseando a
Clemenceau, lo que nunca se podrá decir es que la noche del 14 al 15 de mayo de
1948 Israel invadió a cinco países árabes.
Egipto, Siria, Irak, Transjordania y Líbano decidieron
someterse al veredicto de la guerra, como si fuera el juez supremo y perdieron.
Ahora no se puede devolver la historia como si más de
media docena de guerras posteriores no hubieran ocurrido.
LEY DE RETORNO
Uno de los aspectos más exasperantes de la inquina
árabe contra Israel, pero en general de todo el antisemitismo del siglo XXI, es
su tendencia a banalizar los grandes hitos de la historia del pueblo judío para
convertirlos en burdas caricaturas, como cuando hablan de “éxodo palestino”,
“diáspora palestina” e incluso de “holocausto palestino”.
Pero en este momento sólo podemos ocuparnos del
llamado “derecho de retorno” que es obviamente una suerte de remedo de la Ley
de Retorno que es con mucho la primera ley fundamental de Israel, promulgada en
1950.
Mediante esta Ley se otorga el derecho a retornar a
Israel y adoptar la ciudadanía israelí, con sus derechos y obligaciones, a
todos aquellos judíos o descendientes de judíos hasta la tercera generación
(hijos, nietos y sus cónyuges) que deseen inmigrar a Israel.
Ahora bien, esta Ley ha sido ásperamente criticada por
propios y extraños calificándola de discriminatoria e incluso racista, aunque
ninguno de estos expertos, reales o supuestos, ha demostrado porqué no cae en
el mismo criterio el principio universalmente aceptado del ius
sanguinis.
Pero el punto es que no se trata de una norma de
derecho internacional sino de derecho interno, circunscrita a la jurisdicción
del Estado de Israel, al contrario de la Declaración Universal de
Derechos Humanos, que también se invoca en su artículo 13, que dice: “2. Toda
persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a
regresar a su país”.
Salir de cualquier país, bien, pero regresar sólo al
propio. Por tanto, no puede sustentarse allí un “derecho de retorno” si Israel
no es “su” país; pero no hay que evadir el fondo del argumento: no reconocer al
Estado de Israel.
Es imposible dejar de observar que en Europa se
produjeron los mayores desplazamientos de población que conozca la historia
entre los cuales el número de desplazados judíos no tiene precedentes; sin
embargo, hoy en día no queda ni uno solo de aquellos refugiados, ni Europa e
Israel están sembrados de campamentos de refugiados.
En cambio, desde 1948 el número de supuestos
refugiados árabes no ha dejado de crecer, los campamentos se multiplican por
todas partes y hasta existe una oficina de la ONU, la UNRWA, que se ocupa
exclusivamente de mantener vigente el problema de los refugiados árabes sin
buscar ninguna solución, como no sea la sustitución del Estado de Israel por un
Estado árabe palestino que aquellos poblarían como si fuera su tierra
prometida.
La UNRWA había definido como refugiado a todo
desplazado residente en Palestina entre junio de 1946 a mayo de 1948 lo que,
por cierto, debería incluir a los judíos, aunque no se tiene noticia de que
jamás haya asistido a ningún refugiado judío; pero luego destruyó su propia
restricción al hacer transferible esa condición a los descendientes, como si se
tratara de un patrimonio, una nacionalidad o un status.
Este status de refugiado se ha ido
transmitiendo sin limitación ni control alguno a todo el que lo pretenda, lo
que es particularmente grave en el medio oriente donde después de 1948 hubo
sucesivas guerras árabe israelíes, dos guerras en el Líbano, más innumerables
conflictos internos que involucraron árabes procedentes de Palestina, nunca
incorporados a la sociedad de ningún país árabe para atizar deliberadamente el
conflicto.
En cambio, Israel hizo todos los esfuerzos e invirtió
todos los recursos que fueran necesarios para incorporar a sus refugiados
judíos expulsados de los países árabes, Rusia, Sudán y, en fin, de todo el
mundo, de manera que no existen campamentos de refugiados judíos en ninguna
parte, ni se sabe que la ONU tenga ninguna oficina especial para atenderlos.
Sería muy largo pero no difícil demostrar que la
expresión “palestino” fue originalmente reivindicada por los judíos para
definirse a sí mismos y a sus instituciones en Tierra Santa, baste recordar que
Teodoro Herzl concibió su proyecto de Estado Judío, en 1896, cavilando entre
Palestina o Argentina, para concluir que “Palestina es nuestra inolvidable
Patria histórica”.
La declaración Balfour del 02-11-17 dice que el
gobierno británico ve favorablemente el establecimiento de un Hogar Nacional
para el Pueblo Judío en Palestina.
El Jerusalén Post desde 1950, se llamaba Palestine
Post desde 1932 y antes Palestine Bulletin desde 1925. Bronislaw Huberman fundó
en 1936 la Orquesta Sinfónica de Palestina que después de la independencia
cambió su nombre por Orquesta Filarmónica de Israel.
La Resolución 181 del 29-11-47 habla del
establecimiento en Palestina de dos Estados independientes, uno judío y otro árabe;
de manera que decir que se aprobó un Estado judío y otro palestino es
otra grotesca falsedad.
El Estatuto de Jerusalén declara que “a fin de
estimular y favorecer en toda la Tierra Santa el desarrollo pacífico de las
relaciones mutuas entre los dos pueblos palestinos”, entre otras
cosas, el gobernador de Jerusalén “no deberá ser ciudadano de ninguno de los
Estados de Palestina”.
Estas Resoluciones fueron rechazadas por los árabes
que nunca tuvieron el propósito de establecer ningún estado palestino
independiente. El proyecto de la Liga Árabe era la Gran Siria, que incluía
Líbano y Palestina. Nasser en Egipto propugnaba la República Árabe Unida.
Transjordania aspiraba a la ribera occidental del río Jordán, al que llama
Cisjordania, y a Jerusalén.
Irónicamente, los territorios que reivindica la
Autoridad Nacional Palestina fueron recuperados por Israel en 1967: Gaza, que
había sido anexada por Egipto; Judea, Samaria y Jerusalén, anexados ilegalmente
por Jordania.
La mentira sistemática puede ser un factor de
movilización y organización de una minoría estridente para apabullar a la
mayoría silenciosa; pero al parecer la verdad termina imponiéndose en la
Historia.
Contra todo pronóstico Israel arriba al 67 Aniversario
el próximo 14-05-15.
Luis Marín
10-05-15
Etiquetas:
I Congreso por el retorn a Palestina,
Israel,
Luis Marín
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