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jueves, 5 de enero de 2017

LA ONU NO ES NUESTRA AMIGA




LA ONU NO ES NUESTRA AMIGA
Luis Marín

La ofensiva árabe en las Naciones Unidas se basa en el supuesto errado de que el Estado de Israel fue creado en virtud de la Resolución 181 de la Asamblea General del 29 de noviembre de 1947, por lo que debe ser la misma ONU, por contrario imperio, la encargada de destruirlo.

La verdad es que nació casi medio año después, el 14 de mayo de 1948, mediante la declaración unilateral de voluntad de las organizaciones judías representativas del pueblo de Israel que declararon la Independencia y firmaron un Acta Fundacional,  como Estados Unidos el 4 de julio de 1776 o Venezuela el 5 de julio de 1811, bastante antes de que existiera la ONU.

En palabras de David Ben Gurión: “El establecimiento del Estado judío no depende de la resolución de las Naciones Unidas del 29 de noviembre, por más que tal resolución tenga un gran valor moral y político. Depende de nuestra capacidad para salir victoriosos. Si tenemos las ganas y el tiempo de movilizar todos nuestros recursos, nuestro Estado será establecido”.

Por supuesto, después de declaraciones de aquel tenor, lo que puede esperarse es una guerra de independencia; pero lo original en Israel es que ésta no se produjo contra el imperio británico, que ostentaba el mandato sobre Palestina, sino contra sus vecinos, Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak, que habían declarado al unísono con el mundo árabe que nunca permitirían el establecimiento de un Estado Judío en lo que entonces consideraban y todavía consideran “tierras árabes” y esto es casus belli.

Otro hecho indiscutible es que perdieron esa guerra, como el imperio británico, España, etcétera, y siempre, en todos los casos que en el mundo han sido, cuando las potencias se someten al veredicto de la guerra como juez supremo el resultado se acepta civilizadamente y el Estado es admitido en el concierto de naciones, como bien nacido.

El verdadero problema es que el mundo árabe no se resigna a la existencia de Israel, se niega a reconocerlo como Estado Judío y esta actitud intransigente ha encontrado cierta resonancia en el proverbial antisemitismo occidental, de manera que Israel se encuentra aparentemente solo, como único Estado Judío, rodeado de enemigos por todas partes y sin ningún doliente.

La Liga Árabe con sede en Egipto agrupa 21 países incluyendo Palestina que aparece en el mapa oficial de la organización ocupando todo el territorio de Israel con capital en Jerusalem. La Organización de la Conferencia Islámica reúne 57 estados musulmanes con sede en Arabia Saudita. La organización de países no alineados, una entelequia de la guerra fría, cuenta con 120 miembros más 15 observadores, lo que asegura la mayoría en el seno de la ONU, sea lo que sea que se vote.

Este podría ser un buen ejemplo de la tiranía de la mayoría, si hiciera falta alguno, que  ha inquietado tanto a los liberales y que es el baldón de la democracia: es un hecho cierto, incontrovertible y siempre comprobado que una mayoría circunstancial es capaz de mayores abusos que ningún tirano individual, por pervertido que fuera.

Lo más desconcertante de la nueva diplomacia árabe es que implica un giro copernicano de su conducta tradicional frente a la ONU, que consideraba poco menos que un instrumento de la conspiración judía mundial, sobre todo por la relevante influencia de los pensadores judíos en la edificación de la legalidad internacional.

Ahora la sorprendente alianza del extremismo islámico con la resaca comunista ha descubierto la eficacia de apoderarse de la maquinita de hacer leyes para generar una legislación a la medida de sus prejuicios aun a contrapelo de todo principio de legalidad y de negarle potestad para decidir sobre Estados soberanos saltó a convertirla en un legislador universal, supra histórico, que puede configurar no sólo el futuro sino también el pasado de las naciones.

Así, la Resolución 2334 del 23 de diciembre de 2016 ya tiene un lugar destacado en la Historia Universal de la Infamia, no sólo por su carácter antijurídico, retroactivo, sino por unilateral, maliciosa, falaz y casi tan hipócrita como sus proponentes.

Al lado de las Leyes de Núremberg de 1935.

¿QUÉ ASEGURA EL CONSEJO DE SEGURIDAD?

Se dicen guiados por los propósitos y principios de la carta de las naciones unidas que, por cierto, prohibe la discriminación racial o religiosa, “reafirmando, entre otras cosas, la inadmisibilidad de la adquisición de territorios por la fuerza”, y esto lo firma la Rusia de Putin, que acaba de anexarse la península de Crimea y mantiene una guerra en el este de Ucrania para arrebatarle las provincias de Donetsk y Lugansk, como antes hizo en Georgia con las provincias de Osetia del Sur y Abjasia, así arrasó Chechenia e inventó un país que llama Transnistria, al este de Moldavia, el verdadero paraíso del gángster, hoy devasta Siria en alianza con Irán, a la vista del mundo y sin que nadie haga nada, no digamos el Consejo de Seguridad, que está ocupado condenando a Israel.

¿Cómo pueden explicar bajo esta doctrina del Consejo de Seguridad que Königsberg, la ciudad de Emmanuel Kant, sea una ciudad rusa, bajo el imperio de Vladimir  Putin?

China comunista ocupa al Tíbet ilegalmente, se tragó a Hong Kong sin masticar y amenaza con la guerra en el Pacífico para anexarse a Taiwán, además de estar ya en guerra contra la independencia de Sinkiang cuya extensión es más de 80 veces el territorio de Israel. Las atrocidades de los chinos contra los uigures son intolerables y no obstante ser estos en su mayoría musulmanes no reciben la menor atención de la hermandad musulmana que sólo se ocupa en destruir a Israel.

Uno no sabe si reír o llorar al escuchar a Gran Bretaña, inventor de la teoría y de la práctica del imperialismo, llamar a Israel “potencia ocupante” y a los judíos “colonos” en Judea, Samaria y Jerusalem, repudiar “la adquisición de territorios por la fuerza” y afirmar que el asentamiento en territorios en disputa “no tiene validez legal y constituye una flagrante violación del Derecho Internacional”.

Nunca sabremos cómo explican los ilustres académicos de las universidades británicas, que suscriben el boicot contra Israel, los asentamientos británicos en las islas Malvinas, por poner sólo un ejemplo de territorio obviamente en disputa, por no hablar de la guayana esequiba, tan caro a Venezuela, Belice para Guatemala y, en fin, todo el resto de la Commonwealth.

Francia, tan responsable del caos en Siria, Irak, Líbano y todo el Levante bajo su estatuto colonial, debe estar tan complacida por las resultas del Pacto Sykes-Picot como para proponer otra línea de partición en una pretendida conferencia de paz para el medio oriente cuya convocatoria introdujeron en la resolución 2334 para el 2017 en Paris, pero condenándola de antemano al fracaso con esa misma resolución.

Y Estados Unidos, cuya Constitución prohíbe textualmente “leyes ex post facto” ¿cómo pueden dejar pasar la resolución y luego disculparse diciendo que no tienen nada que ver con ella porque no la redactaron ni la propusieron? La dejan pasar y luego tratan de evadir sus consecuencias, es decir, no son responsables de sus actos. Si la resolución les parece tan buena ¿por qué no la asumen abiertamente? ¿Qué opinarían si la resolución dijera que el asentamiento de negros en determinado territorio es una flagrante violación del Derecho Internacional?

Estos señores se burlan del mundo: Se sabe que las grandes potencias hacen lo que les da la gana con los pueblos indefensos y para eso crearon ese club de imperialistas que es el Consejo de Seguridad de la ONU, para no pisarse la manguera entre ellos; pero lo que ni siquiera las grandes potencias pueden hacer es convertir sus atropellos en legislación, porque insultan la razón y sublevan la conciencia de la gente honesta, que todavía queda alguna, incluso en esas grandes potencias.

Cómo pueden decir que el asentamiento de judíos en Jerusalem, Judea y Samaria es una “flagrante violación del Derecho Internacional” sin poder exhibir ninguna ley que diga algo semejante, pero que además sería una ley que no querríamos ver nunca, por discriminatoria y absurda, o sea, que si alguien es druso, copto o armenio, puede comprar un terreno y hacerse una casa, ¡pero si es judío no! ¿Qué clase de ley es esa? ¿Por qué el asentamiento de judíos atenta contra la solución biestatal y el asentamiento de árabes no? Si el Estado árabe no admite ni un solo judío, entonces, el Estado judío no debería admitir  ni un árabe. ¿Y qué de los millones de árabes que viven en el resto de Israel? ¿Esos no atentan contra la solución biestatal?

Ni siquiera una alianza de todas las superpotencias puede hacer que si la condición para la existencia de un hipotético estado árabe palestino es que esté prohibido que los judíos vivan allí, ese no sea un estadojudenrein como lo hubiera soñado Hitler y su aliado, el muftí de Jerusalem, ni cómo justificar a la luz del Derecho y la moral Internacional un Estado con esa característica; otro oxímoron es que siga siendo además “democrático” como no lo es ningún estado árabe o musulmán realmente existente.

Quizás sea imposible desentrañar el oscuro tejemaneje que hizo que esa gran democracia que es Egipto, redactor original del proyecto, lo retirara a última hora para pasarlo a manos de Malasia y Venezuela, como quienes no tienen nada que perder.

Sería demasiado arduo dedicarse también a revisar las credenciales democráticas de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, por lo que podemos prescindir de la monarquía malaya sin mayor riesgo.

Pero, ¿cómo ignorar a Venezuela, ese modelo de democracia, libertad y respeto a los derechos humanos?

LA GAVIOTA HUMANOCRÁTICA

La presentación de la resolución 2334 cayó en manos de Rafael Ramírez, quien sólo se distingue en el Consejo de Seguridad por su estridencia antisemita, para complacencia de los jeques árabes, sus socios iraníes y alarma del representante británico que le reprocha su lenguaje soez como de “poco tacto y francamente ofensivo” aunque, en el fondo, comparta el contenido, si fuera expresado con elegancia.

RR es hoy investigado por la comisión de contraloría de la Asamblea Nacional como responsable de la más vasta red de corrupción de todo el hemisferio occidental que gira en torno a PDVSA y hace palidecer a la de PETROBRAS, cuya sola mención hizo caer al gobierno de Dilma Rousseff.

Durante casi toda la dictadura de Chávez estuvo al frente del Ministerio de Energía y Petróleo y la presidencia de PDVSA simultáneamente, lo que lo hace responsable personal y directo desde la estafa eléctrica que mantiene al país en tinieblas, con apagones programados y racionamiento eléctrico, hasta la podredumbre de PDVAL.

Quien le sirvió de puente para entrar al gobierno fue Willmer Ruperti, mismo que paga los gastos de los narco-sobrinos, pero su jefe político es Alí Rodríguez Araque, el comandante Fausto, embajador de Venezuela en La Habana, quien inició la destrucción de PDVSA e influye en la política que los comunistas cubanos imponen en Venezuela a través del jefe de ambos, Ramiro Valdés.

RR formaba parte de la troika que sucedió a Chávez, junto a Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, pero sus aspiraciones presidenciales hicieron que los cubanos lo echaran al exilio dorado en la ONU, donde aguardan que se le venza el fuero diplomático para convertirlo en testigo protegido del Departamento del Tesoro y la Fiscalía de Nueva York.

Otra troika quizás más importante de la que forma parte es la de “los primos” con Diego Salazar e Ilich Ramírez, alias Carlos, El Chacal, que no necesitan presentación ni reseña de sus respectivos prontuarios.

El punto realmente inquietante es, ¿cómo es posible que Francia que supuestamente tiene al Chacal pagando prisión perpetua en cárceles de máxima seguridad, se encuentre alineada con una resolución que podría haber sido presentada por él mismo, como de algún modo ocurrió, tanto por su forma truculenta como su contenido escatológico?

En verdad no es un preso sino un testigo protegido de una época en que preocupaban más las redes clandestinas tejidas por los soviéticos que el terrorismo yihadista, al que Carlos se convirtió, abrasando al Islam a cambio de entregar a sus antiguos camaradas, lo que prefigura el futuro de su primo.

 Y EEUU, cuyo Departamento de Justicia llena containers de expedientes persiguiendo el dinero sucio de PDVSA, que multa al Ocean Bank de Miami, tras casos de corrupción, fondos de seguros fraudulentos, lavado de activos, plantas eléctricas, gas, ¡por favor!

Pero la resolución 2334 concluye que todo esto se hace para lograr “una paz general, justa y duradera”, otra flagrante mentira porque no hay nada en el mundo que confirme esa declaración gratuita, salvo que evoca el barniz retórico con que se adornan, por ejemplo, los “Acuerdos de Paz” que Obama y Castro se esfuerzan por imponerle irresponsablemente a Colombia en contra del voto mayoritario del pueblo.

John Kerry comienza su discurso de despedida del medio oriente con un “happy hanukkah”, no se sabe si por cinismo, ignorancia, error o es Dios que enreda la lengua de los necios; porque lo que se celebra en Januca es la recuperación de Jerusalem y el Templo de quienes lo profanaban ocho siglos antes de Mahoma. Así como Pesaj, la Pascua Judía, celebra la salida de Egipto: los judíos nunca han pretendido destruir a Egipto para poner su capital en El Cairo.

Allá como aquí los que hablan de “paz” son quienes amenazan con romperla si sus pretensiones no son satisfechas; pero ¿quién va a marchar a la conquista de Jerusalem? ¿Putin, una vez que haya acabado con Siria? ¿Irán, una vez conseguida allí otra base de operaciones para hostilizar a Israel como lo hace desde el Líbano y la Franja de Gaza?

Lo más bizarro es que todos los escenarios son contrarios a los intereses de los árabes que viven bajo soberanía israelí que son los primeros perjudicados con estas medidas, como con las del BDS, que si tuvieran un mínimo de sentido común verían que están infinitamente mejor que sus paisanos en cualquier país árabe musulmán y que no tienen ningún futuro si los planes del califato, los jeques o los ayatolas llegaran a realizarse.

La única alternativa que les queda es contar con el amparo de un sólido Estado judío gozando en su interior de una autonomía relativa.

Israel ha aprendido a tomar agua del mar, su moraleja es: El tamaño de la agresión es la medida que debe superar nuestra fortaleza.


Luis Marín
01-01-17

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domingo, 6 de septiembre de 2015

¿FRANJA DE TACHIGAZA?

 ¿FRANJA DE TACHIGAZA?
Luis Marín

Es imposible no conmoverse ante la dantesca situación del Estado Táchira; pero la conmoción pasa a desconcierto al asociarla mediante el neologismo “Tachigaza”, con la Franja de Gaza, conflicto que remonta medio siglo y que le sirvió de pretexto a Chávez para romper relaciones con Israel, echar a su embajador y terminar maldiciendo al Estado Judío en cadena nacional.

“La realidad (…) es que en esa franja (…) se ha desatado una flagrante violación de derechos humanos rayando en el genocidio contra sus habitantes, quienes han sido obligados a desplazarse del lugar donde construyeron una vida familiar y laboral, dejando atrás sus recuerdos, pertenencias y humildes viviendas, marcadas, saqueadas y derrumbadas al más puro estilo nazi.”

Esto no lo dijo Chávez, el párrafo alude a la zona fronteriza con Colombia pero, en virtud de la equiparación, mutatis mutandi, podría tomarse como una descripción de la situación en la Franja de Gaza. El papel de Hamas lo representarían los guerrilleros o paramilitares, según la posición del observador; pero el papel del Estado venecubano sin duda lo representa Israel que es quien bloquea la Franja materialmente, no en forma imaginaria como en el llamado “bloqueo” a Cuba.

La comparación resulta irritante porque honestamente, ¿qué carajo tendrá que ver Israel con un conflicto fronterizo entre Colombia y Venezuela, tanto menos si el causante de la controversia ni siquiera tiene relaciones con él y es un régimen abiertamente antisemita por lo que no puede asimilarse ni de lejos con el Estado Judío?

Este es el quid de la cuestión: Un conflicto cualquiera, en que Israel no tiene arte ni parte, se convierte en una oportunidad para atizar los prejuicios cotidianos sobre el conflicto árabe israelí, presentar una visión sesgada de la confrontación en Gaza y de paso decir que el Estado Judío actúa “al más puro estilo nazi”.

Por este camino enrevesado termina Israel como arquetipo del mal, modelo de tropelías, incluso de las que hacen regímenes declaradamente antisemitas; en cambio: Cuba ni se menciona, ni el régimen castrista viola derechos humanos, ni los comunistas hacen deportaciones masivas, aunque sean históricas las de Stalin, Mao y Pol Pot.

Esto es lo que vuelve chocante incluso la actitud de un caricaturista colombiano que dibuja un soldado con una esvástica deportando a sus compatriotas. ¿Por qué no lo viste de rojo con una hoz y un martillo, como sería más apropiado? Porque en Colombia también impera la prohibición de denunciar al comunismo, que tiene defensores incluso armados, en cambio es más cómodo acusar a los nazis que no tienen defensores.

En Venecuba la oposición oficial no apoya a Israel ni siquiera una fracción de lo que el gobierno lo ataca; al contrario, hay evidencias inocultables de antijudaísmo opositor. Por ejemplo, la caricaturista Rayma, dibuja una estampita de Navidad en la que se representan niños del mundo durmiendo bajo la estrella de Belén; pero cuando le toca al “niño palestino” lo que se ve sobre su cabeza es un misil con la estrella de David.

Esta ocurrencia de Rayma daría para un artículo aparte, baste decir por el momento que ignora los millares de misiles Kasam que Hamas arroja en forma previa a las acciones israelíes, sin mediar provocación alguna, a propósito contra población civil, matando y mutilando niños judíos igualmente ignorados.

Esto llevó al también ingenioso primer ministro Benjamín Netanyahu a declarar que: “Ciertamente nosotros usamos misiles para defender a nuestra población civil, pero Hamas usa a la población civil para defender sus misiles”.

Es forzoso encarar el hecho embarazoso de que hay un antijudaísmo católico estimulado por las prédicas de la Iglesia que se basa, entre otras cosas, en que los judíos no reconocen a Jesús como el Mesías; pero es que los islamistas tampoco y los comunistas rechazan no sólo al Hijo sino también al Padre y al Espíritu Santo, no obstante, nadie proclama su disposición a “borrar a Irán del mapa”, ni a “exterminar a los comunistas, dondequiera que estén”.

Al contrario, para el padre s.j. Luis Ugalde “el peligro actual de Latinoamérica no es el comunismo” y en su oportunidad condenó la profanación de la Sinagoga de Maripérez diciendo que se oponía a “toda forma de xenofobia”. Para buen entendedor, cataloga a los judíos como extranjeros.

A veces el peor daño se inflige inconscientemente; pero siempre es saludable un sincero examen de conciencia.

NEGACIONISMO DE IZQUIERDA

Uno de los hechos más inquietantes de nuestro tiempo es que las banderas del anti judaísmo que tradicionalmente habían sido patrimonio de la ultra derecha ahora son desplegadas por la ultra izquierda, con idénticos argumentos, sin quitarles ni una coma e incluso conservando a los autores originales.

Podría servir como ejemplo la reedición de los Protocolos de los Sabios de Sión, un libelo difamatorio cuya redacción y orígenes han sido mil veces rastreados y demostrada su falsedad hasta el punto de que el mismísimo Adolfo Hitler llegó a afirmar que “no importa que sean falsos si al fin y al cabo revelaban las intenciones de los judíos”; pero que hoy son divulgados como una revelación por la Radio Nacional de Venezuela y convertidos en libro de texto en las escuelas de los llamados “territorios palestinos”.

Pero quizás sea peor el relanzamiento del negacionismo, esto es, esa revulsiva tendencia a negar el Holocausto como algo que nunca ocurrió y fue inventado por el discurso sionista. En algunos países directamente involucrados en el genocidio como Alemania, Austria y Polonia esta propaganda está tipificada como delito; pero no así en Rusia, Francia o España, donde el negacionismo ha adquirido nivel académico.

Es algo completamente extraordinario que en un expaís como Venezuela, donde nunca ha sido motivo de controversia el tema del Holocausto por razones obvias de distancia, ignorancia e indiferencia, se haya levantado con tanta fuerza este leitmotiv y de parte de quienes menos se hubiera esperado, esto es, de la ultra izquierda neocomunista.

El origen de este despropósito puede rastrearse en el alineamiento de la internacional comunista en el conflicto del medioriente a favor de los árabes y en contra de Israel a quien denuncian como punta de lanza del imperialismo; pero substancialmente en el malentendido según el cual el origen del Estado Judío se justificaría en virtud del Holocausto, por lo que, si éste no existiera, la creación de Israel carecería de fundamento. En este momento es innecesario refutar esta falacia.

Lo más aterrador es que los neocomunistas no tengan escrúpulo alguno en documentar su propaganda en testimonios de nazis convictos y confesos como la señora Úrsula Haverbeck-Wetzel, viuda de Werner Georg Haverbeck, militantes nazis con larguísimo prontuario de conspiración y sedición contra la República Federal Alemana, por lo que han pagado prisión, multas y los movimientos que han fundado han sido proscritos, como su “sociedad para la rehabilitación de los perseguidos por refutar el Holocausto”, fundada el 9 de noviembre de 2003, para conmemorar el 65 aniversario del Kristallnacht que, según la lógica de esta señora y sus seguidores, tampoco debió haber ocurrido.

Otro héroe inexplicable del negacionismo de izquierda es Mahmud Ahmadineyad, que no requiere presentación en Venecuba, por ser un aliado sempiterno de Hugo Chávez, sin que eso contraríe su devota fidelidad religiosa a los Ayatolas fundamentalistas islámicos que regentan la tiranía teocrática de Irán.

Es realmente extenuante tratar de explicarse este contubernio indigerible entre la izquierda radical neocomunista, el nazismo emergente en Europa y el fundamentalismo islámico; pero parece inevitable al menos intentarlo, sobre todo si se observa que un delincuente político de la calaña de Pablo Iglesias es simultáneamente el abanderado del neocomunismo y del neoantisemitismo ¡en el Parlamento Europeo!

En efecto, con la más perfecta cara de tabla Pablo Iglesias increpó a la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, para suspender el acuerdo de asociación UE/Israel y condenar la “ocupación palestina por parte del Estado Sionista” (doble sic).

Sin inmutarse de ser tan ampliamente conocido en Venecuba, junto a su carnal Juan Carlos Monedero, por recibir millones de euros del régimen para financiar a su partido Podemos a través de organizaciones fachada como el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) o el Centro Internacional Miranda, tampoco le inmuta ser ancla de la estación de televisión iraní Hispan TV.

Lo que sí es desconcertante es que las autoridades europeas no adviertan que estos sujetos reciben millones en financiamiento, pero cuando atajan un cargamento de nueve toneladas de droga en un buque  proveniente de Venecuba, miran para otro lado; o bien que luego de reunirse con altos cargos de ETA en el gobierno, llegan a España diciendo que el problema de ETA es político y amerita soluciones políticas y no antiterroristas.

Pablo Iglesias suscribió la versión oficial del régimen castrista sobre el asesinato de Oswaldo Payá, acusó abiertamente al español Ángel Carromero, no tuvo la más mínima palabra de condolencia para su viuda ni para su hija, Rosa María Payá, sino que se dedicó a atizar el odio contra lo que llama la derecha mediática para defender a Castro.

¿Qué puede tener de extraño que Pablo Iglesias explote el antisemitismo de “izquierda” que reina en España y en casi toda Europa con fines electorales?

BOICOT, DESINVERSIÓN, SANCIONES

Lo primero que salta a la vista en esas siglas BDS es su malevolencia: no hay nada en ninguna de esas palabras que sugiera convivencia, solidaridad, tolerancia. Su esencia es incitar a causar daño, perjudicar, injuriar a otros, es decir, lo más contrario al espíritu fundamental del Derecho que pone como base de la convivencia social el neminem laedere, el no dañar a otros.

Lo extraño, lo curioso es que un tipo de organización como ésta, que explícitamente pone como fundamento de su actuación el animus injuriandi, haya adquirido carta de ciudadanía en occidente y reciba el apoyo entusiasta de personas e instituciones supuestamente defensoras de derechos humanos.

Aunque no puedan mostrar el más mínimo rastro de que quieran ayudar a alguien, muy por el contrario, es un hecho comprobado que el boicot contra las empresas israelíes asentadas en territorios que se consideran en disputa no ha perjudicado sino a los árabes palestinos que se han quedado sin trabajo, cuando no obligados a recorrer largas distancias para seguir sus fuentes de empleo a nuevos asentamientos que juzguen satisfactorios los inquisidores del siglo XXI.

Y este es el punto nodal de los autonombrados censores europeos de la industria israelí: ellos deciden según su real saber y entender qué territorio es “palestino”, en qué lugar son ilegales los asentamientos económicos, quién puede producir qué y dónde, sin juicio o procedimiento previo ni apelación posible.

Han institucionalizado la palabra “colono” para referirse a los judíos en oposición a los árabes, que según ellos sí tendrían un derecho inmanente a ocupar las tierras de Judea y Samaria e incluso Jerusalén, derecho terriblemente problemático porque todo el buenismo europeo no alcanza para explicar porqué un hipotético estado árabe palestino tiene que ser judenrein, esto es, libre de judíos, en el cual éstos no pueden vivir ni tener propiedades, algo tanto más incomprensible considerando que los árabes sí viven y tienen propiedades en Israel, no sólo en las zonas en disputa.

No hay que ser ningún experto en comercio mundial para intuir que las actividades promovidas por organizaciones como BDS son contrarias a los esfuerzos de otras como la Organización Mundial del Comercio o cualquiera que promueva la libre competencia, la circulación de bienes y servicios, la economía de mercado.

Un inconveniente es que habría que demandar pronunciamientos previos para luego exigir la ilegalización de estas prácticas como contrarias a las leyes internacionales y a los principios que las inspiran; otro, menos confesable, es que estas acciones son dirigidas exclusivamente contra Israel, con lo cual aparentemente aprovecharían a algunos competidores desleales, aunque la práctica demuestre lo contraproducente que resulta la unfair competition.

Mientras tanto el movimiento BDS sigue viento en popa. Su más reciente escándalo fue contra el rapero conocido como Matisyahu, vetado en un festival de rap en España, a condición de firmar una carta o un video a favor del “Estado Palestino” lo que consideró inaceptable. El detalle es que Matisyahu es norteamericano y no se ve cómo conectarlo con Israel, salvo por ser judío practicante, así que los responsables del festival tuvieron que retractarse.

Pero no así el inefable Pablo Iglesias, que declara que si Matisyahu no firma la carta es porque apoya lo que él ya sentenció como “políticas racistas”, con lo que revela la verdadera intención del boicot: que al adherirlo se asuma todo ese discurso demonizador contra Israel de ser Estado colonialista, genocida, que practica el apartheid, etcétera. 

Más preocupante podría ser el llamado boicot académico, que últimamente consiguió la adhesión del famoso cosmólogo Stephen Hawking. Quizás primero se descubra la consistencia de la teoría del Big-bang antes que las razones (y presiones) que llevaron a la oficina de SH a tomar una decisión de esta magnitud; pero lo que pone de manifiesto es el poder que ostentan los enemigos que luchan por convertir a Israel en un estado paria, según lo que ellos mismos declaran como objetivo.

Europa ha sido escenario de los mayores crímenes de que tenga memoria la humanidad y su inconcebible maldad es causa de la mayoría de las tragedias que enfrentamos en la actualidad, incluyendo el comunismo y el nacionalsocialismo, productos europeos, como el racismo y el clasismo.

Es inaceptable que algunos europeos pretendan conjurar su culpa proyectándola sobre el solitario y diminuto Estado de los judíos, cuya historia trágica no podría contarse prescindiendo de la ferocidad y crueldad europeas desde el imperio romano, pasando por las cruzadas, la expulsión de España, las guerras mundiales, hasta el día de hoy.

La buena nueva es que la persecución enseño a los judíos a defenderse y, a pesar de las fuerzas oscuras, Israel prevalecerá.



Luis Marín
06-09-15

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lunes, 11 de mayo de 2015

CARACAS CONTRA JERUSALÉN




CARACAS CONTRA JERUSALÉN
Luis Marín


El Centro Simón Wiesenthal juzgó conveniente denunciar la “campaña global para el retorno a Palestina” realizada en Caracas entre el 15 y 17 de abril, como “una estratagema orientada a la disolución del Estado judío”. La flamante embajadora del Estado árabe palestino en Venezuela, Linda Sobeh Alí, dice por su parte que “Venezuela es el punto focal para la causa palestina en América Latina”. Hay que creerles.

Si no fuera por esto, el citado I Congreso por el retorno a Palestina hubiera pasado, como se dice aquí, por debajo de la mesa, porque no hubo declaración oficial de las autoridades cubanas ni de sus vasallos, menos de la oposición oficial, que no respalda a Israel ni siquiera con una pizca de la intensidad con que el régimen lo ataca.

Todo ocurrió en esa especie de semiclandestinidad propia de actividades revolucionarias, que sólo revelan lo que quieren que se sepa, pero sin verificación independiente, confrontación con la realidad, contraste abierto de opiniones; ninguna autoridad, ningún reconocido experto en la materia supuestamente objeto del Congreso, solamente se dice que hay delegados de Cuba, Argentina, Ecuador, Chile, México y Venezuela.

La nota pintoresca la puso una delegación de la secta judía Neturei Karta, negadores acérrimos del Estado de Israel y que claman por su eliminación, en el entendido de que no representa a los judíos y que el sionismo es una especie de blasfemia.

No deberían invitarlos a los futuros Congresos porque sin proponérselo revelan cual es el verdadero objetivo, que no puede ser el retorno de los árabes al territorio de Israel, porque ellos son judíos, pero sí la destrucción del Estado judío, que es la finalidad declarada de esta secta.

 De manera que el primer rasgo característico de este Congreso es su falta de claridad, que a veces se confunde con encuentro interreligioso por la participación de representantes cristianos, musulmanes y judíos, a veces de pretendidos refugiados árabes palestinos, para naufragar en el hecho de que en realidad son militantes variopintos que luchan por un objetivo común.

El objetivo es promover un supuesto “derecho de retorno” de los árabes a los territorios comprendidos dentro de las fronteras del Estado de Israel.

Derecho cuyo ejercicio implica la desaparición de Israel y la expulsión de los judíos de su territorio, cuando no su explicita aniquilación.

El derecho de retorno árabe es la negación del Hogar Nacional Judío.

RESOLUCIÓN 194

La pretensión de un derecho tanto en el ámbito interno como internacional exige la invocación de alguna norma en qué sustentarlo, de manera que éstos congresistas, como tantos otros antes que ellos, recurren a la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU del 11-12-48, que intentó finiquitar las hostilidades de la I guerra árabe israelí o guerra de independencia y que Jimmy  Carter, por ejemplo, considera “de naturaleza fundamental”.

En particular su artículo 11 que dice: “Resuelve que debe permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos, que lo hagan así lo antes posible, y que deberán pagarse indemnizaciones a título de compensación por los bienes de los que decidan no regresar a sus hogares y por todo bien perdido o dañado cuando, en virtud de los  principios del derecho internacional o por razones de equidad, esta pérdida o este daño deba ser reparado por los gobiernos o autoridades responsables”.

Lo primero que se observa es que se trata de una Resolución de la Asamblea General no vinculante, que tiene la calidad de recomendación, pero no es una norma obligatoria de derecho internacional. No obstante, puede hacerse un ejercicio de interpretación para constatar qué sustento puedan tener en ella las pretensiones de quienes la invocan.

La Resolución nunca menciona específicamente a los judíos ni a los árabes y cuando utiliza la expresión “refugiados” se entiende que se refiere a los de ambas partes en conflicto y no a los de una sola de ellas, como parecen pretender quienes la invocan unilateralmente.

Este pequeño sesgo les permite ignorar los derechos de ochocientos mil judíos expulsados de los países árabes en el curso del conflicto; pero ¿tiene sentido, es plausible o acaso posible que los judíos retornen a los países de los que fueron expulsados?

Demás está decir que tampoco utiliza la expresión “palestinos” y menos en el sentido que se le da actualmente, referida sólo a los árabes, que a partir de 1964 se inventaron una nacionalidad palestina con carácter retroactivo; pero esto es algo de lo que nos ocuparemos más adelante.

Comencemos con la expresión “regresar a sus hogares”, que es una condición que los congresistas no pueden cumplir, puesto que no tienen ni han tenido jamás su hogar en el territorio de Israel; dejando de lado el requisito de que deseen “vivir en paz con sus vecinos” cosa que ni siquiera se preocupan en aparentar.

Esta no es una cuestión de interpretación sino que lo dice el texto del artículo 11 expresamente cuando subraya “lo antes posible”, lo que  le da carácter perentorio, no para ejecutar ochenta años después, como si fuera una disposición eterna, transferible hereditariamente, sin limitación alguna.

Concepción ésta muy contraria a la idea de finiquito que es el fundamento de la Resolución, por eso se llama así, porque supone la solución de una controversia, conflicto o litigio; que las demandas no pueden ser infinitas ni los casos presentarse una y otra vez, sin término o extinción posible y sin prescripción, sea ésta adquisitiva o resolutoria.

Pero sigue diciendo el artículo 11 que deberá pagarse indemnización a los que decidan no regresar y repite a sus hogares, por tanto, los pagos son una alternativa y no pueden reclamarse ambos, esto es, regresar a su hogar y cobrar indemnización, cosa que los partidarios del “derecho de retorno” hacen con el mayor desenfado.

Pero lo realmente grande es quién está obligado a pagar según la Resolución 194, en virtud de los principios del Derecho Internacional: “esta pérdida o este daño debe ser reparado por los gobiernos o autoridades responsables”, es decir, por los Estados árabes.

Esta conclusión es forzosa e indubitable porque “los gobiernos”, en plural, son los árabes, porque Israel es uno sólo; pero además no puede incluirse dentro del conjunto de “los gobiernos” porque se añade “responsables”, según el derecho internacional, y éstos son los países agresores, los que provocaron la guerra.

Siempre se ha dicho y repetido que  la historia la escriben los vencedores. Extremando el argumento se sostiene que son los escritores y los poetas quienes inventan la historia, que es lo que va a quedar en sus libros. Sin embargo, hay hechos duros e incontrovertibles que están más allá de toda manipulación y que resisten todo intento de tergiversación.

Se pueden interpretar como quieran los hechos que dieron lugar al nacimiento del Estado de Israel, pero, parafraseando a Clemenceau, lo que nunca se podrá decir es que la noche del 14 al 15 de mayo de 1948 Israel invadió a cinco países árabes.

Egipto, Siria, Irak, Transjordania y Líbano decidieron someterse al veredicto de la guerra, como si fuera el juez supremo y perdieron.

Ahora no se puede devolver la historia como si más de media docena de guerras posteriores no hubieran ocurrido.

LEY DE RETORNO

Uno de los aspectos más exasperantes de la inquina árabe contra Israel, pero en general de todo el antisemitismo del siglo XXI, es su tendencia a banalizar los grandes hitos de la historia del pueblo judío para convertirlos en burdas caricaturas, como cuando hablan de “éxodo palestino”, “diáspora palestina” e incluso de “holocausto palestino”.

Pero en este momento sólo podemos ocuparnos del llamado “derecho de retorno” que es obviamente una suerte de remedo de la Ley de Retorno que es con mucho la primera ley fundamental de Israel, promulgada en 1950.

Mediante esta Ley se otorga el derecho a retornar a Israel y adoptar la ciudadanía israelí, con sus derechos y obligaciones, a todos aquellos judíos o descendientes de judíos hasta la tercera generación (hijos, nietos y sus cónyuges) que deseen inmigrar a Israel.

Ahora bien, esta Ley ha sido ásperamente criticada por propios y extraños calificándola de discriminatoria e incluso racista, aunque ninguno de estos expertos, reales o supuestos, ha demostrado porqué no cae en el mismo criterio el principio universalmente aceptado del ius sanguinis.

Pero el punto es que no se trata de una norma de derecho internacional sino de derecho interno, circunscrita a la jurisdicción del Estado de Israel, al  contrario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que también se invoca en su artículo 13, que dice: “2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del  propio, y a regresar a su país”.

Salir de cualquier país, bien, pero regresar sólo al propio. Por tanto, no puede sustentarse allí un “derecho de retorno” si Israel no es “su” país; pero no hay que evadir el fondo del argumento: no reconocer al Estado de Israel.

Es imposible dejar de observar que en Europa se produjeron los mayores desplazamientos de población que conozca la historia entre los cuales el número de desplazados judíos no tiene precedentes; sin embargo, hoy en día no queda ni uno solo de aquellos refugiados, ni Europa e Israel están sembrados de campamentos de refugiados.

En cambio, desde 1948 el número de supuestos refugiados árabes no ha dejado de crecer, los campamentos se multiplican por todas  partes y hasta existe una oficina de la ONU, la UNRWA, que se ocupa exclusivamente de mantener vigente el problema de los refugiados árabes sin buscar ninguna solución, como no sea la sustitución del Estado de Israel por un Estado árabe palestino que aquellos poblarían como si fuera su tierra prometida.

La UNRWA había definido como refugiado a todo desplazado residente en Palestina entre junio de 1946 a mayo de 1948 lo que, por cierto, debería incluir a los judíos, aunque no se tiene noticia de que jamás haya asistido a ningún refugiado judío; pero luego destruyó su propia restricción al hacer transferible esa condición a los descendientes, como si se tratara de un patrimonio, una nacionalidad o un status.

Este status de refugiado se ha ido transmitiendo sin limitación ni control alguno a todo el que lo pretenda, lo que es particularmente grave en el medio oriente donde después de 1948 hubo sucesivas guerras árabe israelíes, dos guerras en el Líbano, más innumerables conflictos internos que involucraron árabes procedentes de Palestina, nunca incorporados a la sociedad de ningún país árabe para atizar deliberadamente el conflicto.

En cambio, Israel hizo todos los esfuerzos e invirtió todos los recursos que fueran necesarios para incorporar a sus refugiados judíos expulsados de los países árabes, Rusia, Sudán y, en fin, de todo el mundo, de manera que no existen campamentos de refugiados judíos en ninguna parte, ni se sabe que  la ONU tenga ninguna oficina especial para atenderlos.

Sería muy largo pero no difícil demostrar que la expresión “palestino” fue originalmente reivindicada por los judíos para definirse a sí mismos y a sus instituciones en Tierra Santa, baste recordar que Teodoro Herzl concibió su proyecto de Estado Judío, en 1896, cavilando entre Palestina o Argentina, para concluir que “Palestina es nuestra inolvidable Patria histórica”.

La declaración Balfour del 02-11-17 dice que el gobierno británico ve favorablemente el establecimiento de un Hogar Nacional para el Pueblo Judío en Palestina.

El Jerusalén Post desde 1950, se llamaba Palestine Post desde 1932 y antes Palestine Bulletin desde 1925. Bronislaw Huberman fundó en 1936 la Orquesta Sinfónica de Palestina que después de la independencia cambió su nombre por Orquesta Filarmónica de Israel.

La Resolución 181 del 29-11-47 habla del establecimiento en Palestina de dos Estados independientes, uno judío y otro árabe; de manera que decir que se aprobó un Estado judío y otro palestino es otra grotesca falsedad.

El Estatuto de Jerusalén declara que “a fin de estimular y favorecer en toda la Tierra Santa el desarrollo pacífico de las relaciones mutuas entre los dos pueblos palestinos”, entre otras cosas, el gobernador de Jerusalén “no deberá ser ciudadano de ninguno de los Estados de Palestina”.

Estas Resoluciones fueron rechazadas por los árabes que nunca tuvieron el propósito de establecer ningún estado palestino independiente. El proyecto de la Liga Árabe era la Gran Siria, que incluía Líbano y Palestina. Nasser en Egipto propugnaba la República Árabe Unida. Transjordania aspiraba a la ribera occidental del río Jordán, al que llama Cisjordania, y a Jerusalén.

Irónicamente, los territorios que reivindica la Autoridad Nacional Palestina fueron recuperados por Israel en 1967: Gaza, que había sido anexada por Egipto; Judea, Samaria y Jerusalén, anexados ilegalmente por Jordania.

La mentira sistemática puede ser un factor de movilización y organización de una minoría estridente para apabullar a la mayoría silenciosa; pero al parecer la verdad termina imponiéndose en la Historia.

Contra todo pronóstico Israel arriba al 67 Aniversario el próximo 14-05-15.
  
Luis Marín
10-05-15


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