Es esta la primera vez que critico abiertamente a la MUD. Me motiva la convicción de que la aceptación de las condiciones para la realización del Revocatorio impuestas por las cuatro rectoras del CNE, aun exigiendo que el 20% de la recolección de firmas sólo puede contabilizarse a nivel nacional por ser éste el circuito electoral pertinente, fue un error.
Estamos presenciando un claro golpe de Estado perpetuado por la oligarquía en el poder para liquidar la democracia y las instituciones republicanas. No hay reglas de juego que está dispuesta a aceptar. Son poderosísimos intereses que se están lucrando desaforadamente a expensas del sufrimiento popular, que hará todo cuanto esté a su alcance para preservar el poder. Y ha puesto flagrantemente sus cartas sobre la mesa para enrostrárnoslo.
La mafia fascista dominante no cambiará su actitud por la legalidad, razonabilidad y/o justeza de nuestros planteamientos, sino por la existencia de una correlación de fuerzas lo suficientemente decisiva para obligarla a ceder. La MUD venía logrando, acertadamente, acumular fuerzas contra el régimen al capitalizar el descontento popular y conectarlo con la expectativa de plasmar el ansiado cambio por la vía del RR. Pero con la decisión del miércoles pasado, el terreno de lucha ya no es solo el RR sino la vigencia misma de la Constitución y de las formas republicanas de gobierno.
Levantar las banderas de la defensa de la Constitución tiene que repercutir en el plano militar, único bastión al que apuestan Maduro y su banda para evitar su salida del poder, en ausencia de legitimidad y de apoyo popular. Debería tocar las fibras de los oficiales institucionales preocupados por el destino de la República, hastiados de la situación actual y consciente de su papel histórico como resguardo, en última instancia, del ordenamiento jurídico que le sirve de sustento. Tal posicionamiento tiene que ser lo suficientemente contundente para mostrarle de manera harto convincente a la minoría de oficiales corruptos que Maduro (y los cubanos) ha encumbrado para hacer de ellos cómplices del desguace nacional, que la voluntad popular está resueltamente volcada a la defensa de sus derechos.
Los costos de toda demora en la instrumentación de una salida eficaz crecen día a día: hambre, muertes evitables por no conseguir tratamiento o medicinas, violencia, represión, violación del Estado de Derecho. El gran desafió del liderazgo democrático es saber imbricar la defensa de la democracia y de la República, y la realización este año del RR, con las luchas por enfrentar las penurias antes descritas. Y para ello no puede quedar al margen la propuesta de un nuevo proyecto de país que las pueda articular. No puede ser, simplemente, quítate tú para ponerme yo.
El fascismo, desesperado ante su notoria debilidad, ha tirado la parada. La respuesta del movimiento democrático debe estar a la altura de este desafío de manera de capitalizar a su favor la superioridad abrumadora de apoyo popular que tiene sobre Maduro y sus acólitos, y el compromiso asumido por ésta con el cambio de gobierno.
De aceptar el último atropello a la soberanía popular podrá entronizarse una dictadura abierta al margen de las instituciones del derecho republicano y acentuarse la gravedad de la crisis. No debe olvidarse el terrible costo que significó, para la humanidad europea, los intentos de apaciguar la amenaza nazi. ¿Se prestará la Fuerza Armada a la defenestración de la Patria defendiendo, contra el ordenamiento constitucional, a una minoría corrupta y cruel empeñada en saquear al país?




