Estados
Unidos ha dado un paso que guarda una mayor significación que la asignada por
algunos analistas y partidos políticos. Independientemente del provecho que le
saca el chavismo, se trata de un asunto serio. A su vez, ciertamente su
atención política es bastante compleja y controversial. Veamos.
El paso dado
por el gobierno estadounidense se ajusta a los tiempos y se corresponde con
asuntos cuyo desarrollo ha alcanzado tal escala que lo fuerzan a responder con
el impulso propio de un imperialismo que ve perder espacios, áreas de
influencia, fuentes de materias primas entre otros aspectos. En el mejor de los
casos, se trata de espacios que se han convertido en áreas en disputa con otros
imperialismos o bloques imperialistas. Sería tonto pensar que se trata de un
desliz al estilo Bush o que es una decisión personal del Presidente que no se
ajusta a los requerimientos de la política estadounidense ni de la venezolana.
Aun cuando puede ubicarse en una perspectiva multipropósito, se trata de un
asunto bien pensado y cuyo costo y eficacia política han sido calculados.
Es en esencia
una respuesta a la tendencia a la nivelación operada desde el asiento nacional
del imperialismo estadounidense que ve claramente perdida la competencia frente
a China en varios tópicos: manufacturero, financiero y de mercados y fuentes de
materia prima, producto, a su vez, del desarrollo desigual de las potencias
imperialistas. China —joven imperialismo, en el sentido leninista— desplaza a
los avejentados imperialismos estadounidense, europeo y japonés en esos y otros
aspectos, por lo que puja de manera firme hasta la eventualidad del encuentro
militar, aunque hasta ahora de manera parcial, estimulando conflictos bélicos
entre países sojuzgados contra otros, o armando al país que requiera de sus
servicios, e incluso a grupos creados por ellos mismos. Esto lo hace uno u otro
imperialismo.
Los
estadounidenses en alianza con los europeos mediante la guerra recuperan áreas
en disputa, o penetradas parcialmente del punto de vista económico por imperialismos
que integran bloques rivales, como Libia e Irak. Más recientemente buscando
conquistar nuevos espacios, como en el caso del conflicto en Ucrania y la
guerra en Siria. Por su parte, China y Rusia pasan a defender espacios propios
o conquistados. No respondieron ante la invasión, bombardeo y genocidio
perpetrado por el bloque imperialista liderado por EEUU contra Irak y Libia,
seguramente por tratarse de países en los cuales la consolidación de sus
capitales no había permitido aún mayores articulaciones políticas y económicas,
o que negociaron el reparto, o ambas. Cuando algún imperialismo “defiende” a
algún país víctima de agresiones de otro imperialismo, no está motivado por la defensa
de los intereses de las áreas o de los países penetrados por sus capitales,
sino de sus propios intereses imperialistas. El teatro de la guerra, por lo
pronto, son las áreas en disputa. Preparan el terreno a un nuevo reparto del
mundo.
La tendencia
guerrerista no se realiza en torno únicamente de áreas ricas en materias primas
o mercados que permitan la expansión del comercio para colocar sus productos.
Es así como puede darse el caso de conflictos en torno de áreas cuya
importancia económica es subalterna pero, con tal de reducir los espacios del
rival, se crean conflictos cuya resolución puede apuntar a la confrontación
bélica. O bien, la “ayuda” que prestan a sectores adversos desde la perspectiva
ideológica, religiosa, entre otras, con tal de crearle conflictos a un
imperialismo u otro. Esta es una tendencia dominante en el imperialismo.
Pero la
conflictividad guerrerista no es el comportamiento exclusivo de los imperialismos
en este proceso. La lucha por espacios, el desarrollo de la pugnacidad permanente
en medio de la articulación de capitales y la realización de negocios, supone
el uso de otras formas de confrontación que incluyen la amenaza, la respuesta
eufemística mediante la diplomacia, la infiltración de movimientos subversivos
que siembran la inestabilidad, entre otras. De todo ello ciertamente no escapa
Venezuela atizados estos desarrollos por el Departamento de Estado de EEUU,
como tampoco escapan de esas políticas espacios “propios” de los yanquis, pero
atizados por imperialismos rivales.
Este proceso
alcanza dimensiones significativas en el caso que nos ocupa, toda vez que la
articulación de capitales chinos y estadounidenses ha alcanzado tal dimensión
que resultaba complejo ubicar claramente su desarrollo. La articulación de
capitales conduce a que se compartan intereses. Capitales estadounidenses
interesados en el mayor beneficio. Lo chinos también sacan su tajada. Esto es,
la explotación de los obreros chinos brinda una plusvalía que permite ganancias
a los inversores vengan de donde vengan y van dejando una cuota que los chinos
van invirtiendo en desarrollos propios. Aprovechan el asiento nacional donde se
produce la acumulación de capitales que ha conducido a la formación de la clase
obrera más numerosa del mundo; asimismo, la burguesía alcanza la misma escala
en comparación con las del resto de naciones imperialistas. Solo que en estos
nuevos tiempos, dado el desarrollo alcanzado por China, la consolidación del
bloque Brics (Brasil, Rusia,
India, China y Sudáfrica) es tal que sus decisiones económicas ya fuerzan a la
asunción de decisiones políticas en terrenos que ponen en claro su ambición de
convertirse en factor hegemónico del planeta, empujado principalmente por la
supremacía mundial alcanzada por China en varios aspectos, principalmente en
manufacturas, importación de materias primas y finanzas.
Para
Venezuela este episodio puede convertirse en un hito de nuestra historia toda
vez que nos coloca en el centro de las disputas interimperialistas sin haber
alcanzado niveles de desarrollo en correspondencia con las riquezas con las que
cuenta el país y los ingresos obtenidos mediante ganancias extraordinarias en
el negocio petrolero.
