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martes, 18 de marzo de 2014

RAFAEL IRIBARREN - FEBREROS





FEBREROS
Rafael Iribarren


DE FEBRERO A FEBRERO

Febrero de 2014 marca el cierre del “proceso”, el fin del chavismo como un solo movimiento. El cierre de la elipse abierta en febrero de 1989 e impulsada  en 1992;  con su posterior auge y mengua de quince años de régimen chavista desde el 98. El “4F” de 1992; más allá de su reescritura novelada; realmente fue, en la impronta  del “caracazo”, y con la destitución de Carlos Andrés Pérez; una de las claves en la crisis final del puntofijismo.  El tiempo dirá si, como parece apuntar, este último febrero resulta con aún más  carga y alcance históricos que aquel; pues si tal fue un hito en su etapa final; siendo el chavismo, en esencia, la continuidad última de los cuarenta años que duró; estando ya en el post-chavismo; estamos, mismamente, de lleno en el post-puntofijismo.   

I

LO QUE MADURO DENUNCIABA REALMENTE ERA UN GOLPE
DE ESTADO CHAVISTA CONTRA ÉL.

En este febrero se desarrollaron, uno inserto en el otro, dos procesos de gran alcance e incidencia inmediata futura en la vida nacional. Uno, el proceso de movilización popular nacional; general, aunque impulsado básicamente por los universitarios y estudiantes; y en el que se involucraron activamente  las comunidades de los sectores medios; en el marco de la crisis general nacional que vivimos; confrontando el gobierno de Maduro, Y, dos, el de la confrontación entre chavismos; interna; aguda; tanto que lo que le dio las características de tensión y violencia máxima que se vivieron, retroalimentadas día a día; fue el impulso e intento de desarrollo del golpe de estado de un sector del chavismo; de “la derecha endógena”, contra Maduro.

Quienes montaron e intentaron el golpe chavista contra Maduro, con su propia agenda; lo insertaron,  aprovechándolas, en la movilizaciones universitarias; haciéndolas reprimir, más allá de las líneas oficiales;  brutalmente y con saña sin predecentes, por la GNB y paramilitares mercenarios motorizados; bajo su dirección propia; matando a decenas e hiriendo a centenares de manifestantes desarmados; en la idea de  provocar el desencadenamiento de una violencia generalizada, armada; y presentarla como “un golpe de derecha en marcha”; que justificara un pretendido “contrataque fulminante  antifascista”; realmente, un golpe “cívico-militar”; desde afuera, un “autogolpe”, contra Maduro. Sin que esté claro su alcance concreto; si era para sacarlo inmediatamente; o si, “por ahora” solo para imponérsele fáctica y políticamente.  

En cadena nacional, (ND/ 10.03), Maduro declaró: “Hemos enfrentado el golpe de Estado, lo hemos neutralizado y está derrotado”; y, un “golpe de Estado que se activó con violentas protestas”. Declaraciones dadas en forma deliberadamente ambigua y sin detalles; y sin nombres de  golpistas indiciados o presos; aparte señalamientos y acusaciones generales; sin ni siquiera molestarse en mostrar nada creíble que indicara la posible existencia de plan alguno, real, ni montaje golpista alguno, concreto; que creíblemente, al menos, siquiera pareciera vinculado a las movilizaciones universitarias y las guarimbas. A pesar de que en dichas declaraciones, afirmó que el “golpe de Estado”, “enfrentado”, “se activó con violentas protestas”; obviamente, refiriéndose a aquellas.

Ni civil ni militar retirado da golpe. Un “golpe de Estado”, por definición, insoslayablemente, es dado  por  militares activos; con mando de tropa, con poder de fuego, etcétera; y/o, en tal caso, en alianza cívico-militar; pero, con civiles, con  poder concreto. Sin embargo de lo qué, en las declaraciones de Maduro y demás voceros chavistas;  no se menciona que haya presos ni indiciados huyendo; ni militares ni civiles. De lo que hay que concluir; uno, que realmente, sí hubo un golpe; obviamente, contra Maduro; dos, que fue activado enmarcado en las movilizaciones universitarias y comunales; aunque no vinculado operativamente a ellas; tres, que, por definición, fue militar o cívico-militar; cuatro, que  fue “neutralizado” y “derrotado”; y, cinco, que los militares y civiles involucrados en el golpe, siguen activos en la FANB y/o en las estructuras de Poder en las que están.  Conclusiones a las que vale agregar, que en las declaraciones referidas de Maduro; en contra de su estilo y práctica públicos; ni señaló ni acusó a nadie, ni concreto ni genérico; a nadie de la oposición ni siquiera. Y que no fue claro a quién está destinado el mensaje.

DE LOS MUERTOS DE LA CANDELARIA A LA TOMA DE SAN CRISTÓBAL A LA CONFERENCIA DE PAZ

En otro escrito sobre el 12F, analizo la secuencia de hechos y acciones que pautaron la confrontación en este  febrero entre  golpistas y el contragolpistas  chavistas. De ella  vale referir, los dos eventos clave de su desarrollo y final. El primero, es de los muertos el 12F hechos por comandos cívico-militares, SEBIN y paramilitares motorizados; identificados, según, no con total propiedad, como “colectivos”; actuando evidentemente con objetivos y propósitos concretos propios; fuera de la agenda oficial; desconociendo, “desobedeciendo,” según Maduro, sus mismas órdenes de “acuartelamiento”; y las del general Bernal, entonces jefe del cuerpo. Es claro que tal acción tenía como su objetivo principal, preciso, el de hacer el  “muerto”; emboscarlo; igual preciso con nombre y apellido; el muerto exacto; que “alguien”, que, “matando dos pájaros de un tiro”, buscaba para producir el desencadenamiento de la violencia que llevara al “otro 11 de abril”; y al que se justificara responder “como el 13”; según, con el “contrataque fulminante antifascista”. Los muertos de La Candelaria, marcaron la puesta “en marcha” del golpe de la “derecha endógena”, chavista, contra Maduro.

El otro evento clave, una semana después, fue la toma militar, bélica, de San Cristóbal, el 19 de febrero, comandada directamente por el MIJP, Miguel Rodríguez Torres; con Sukhoi, helicópteros artillados, brigadas de paracaidistas y blindados ligeros. Tal toma, militar, bélica; desproporcionada; sin, ni cualitativa ni cuantitativamente, nada que ver con las características y dimensiones reales de la situación en el Táchira; dura e intensa, ciertamente; pero civil, desarmada. No fue otra cosa que una demostración de fuerza; un despliegue de poder de fuego, real concreto; de apoyo concreto al gobierno de Maduro. La muestra de la capacidad y disposición resteada del sector chavista identificado con él; a activarlo como  contragolpe, al golpe, que ciertamente estaba “en marcha”; montado y arrancado  cívico-militar mismo desde  un chavismo.    

El despliegue militar, bélico, en San Cristóbal comandado por Rodríguez Torres identificado con Maduro y su política de diálogo; o frenó, o coincidió con que fuera frenado “el contrataque fulminante antifascista”, según,  inminente, al que abiertamente Ameliach llamó a preparase a las UBCH el 18; víspera de la toma militar  de la capital tachirense. Luego de la cual  y sobre la marcha, Maduro; hasta con un requiebre conciliador en su discurso; reactivó sus internamente  cuestionadas y saboteadas, llamadas e iniciativas al diálogo con la oposición y los sectores empresariales. Sobre la marcha hizo convocar e invitar a Miraflores, primero, el lunes 24, al diálogo con alcaldes y gobernadores de oposición en el Consejo Federal de Gobierno.

Y cuarenta y ocho horas después, el miércoles 26; instaló la “Conferencia para la paz”; con asistencia mayormente chavista; pero con la participación activa de los más  destacados representantes empresariales; además de dirigentes políticos no alineados. Activado el contragolpe, con los evidentes efectos disuasivos, del poder de fuego desplegado en el Táchira el 19; Maduro, contra la confrontación y el saboteo internos a su política del diálogo en función de lograr alguna gobernabilidad; remató políticamente con las reuniones del 24 y el 26 en Miraflores.
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miércoles, 27 de febrero de 2013

RAFAEL IRIBARREN - "CUANDO BAJARON LOS CERROS"





Cuando “bajaron los cerros”

Durante 20 años de impunidad; gracias a COFAVIC el Caracazo no se ha olvidado. Y sigue siendo prohibido olvidarlo desde que, como ahora, la manipulación mediática chavista trata de torcer la historia para invocarlo como el origen socio-histórico del militarismo actual.

No se olvida que mundialmente fue el primer rechazo popular de masas al “Consenso de Washington”, a la implementación imperialista de los Programas de Ajuste Macroeconómicos impuestos a los gobiernos de la periferia del capitalismo a través del FMI y el BM

Tampoco se olvida que fue un rechazo masivo popular, “bajaron los cerros”, contra un puntofijismo ya en quiebra, agotado; contra el hambre la exclusión y precarización crecientes a que desde los setenta empujó a cada vez mas millones de venezolanos.

Y no puede olvidarse que aunque formalmente fue solo “un estallido social”, una gran “arrechera nacional” sin orientación ni  metas, cierto; un impulso sin propósito; tuvo sin embargo el profundo contenido político de ser la primera gran confrontación nacional de la gente, de los excluidos contra el Poder; que marcó el inicio del fin del régimen puntofijista y del partidismo; y dividió en antes y después la historia política nacional iniciando el tiempo actual en que la gente es el protagonista político principal.

El primer PLAN AVILA de CAP

Igualmente tampoco se olvida, que siendo la primera vez que se implementó el PLAN AVLIA decretado por Carlos Andrés Pérez;  presidente civil, cierto; fue ejecutado sin insubordinación ni disidencias conocidas; con saña sin precedentes por las FFAA, hoy FANB, bajo el comando directo del ministro de la defensa y del Alto Mando militar de entonces.

Ni que aquella ejecución, por los militares, del PLAN AVILA, resultó en la mayor masacre de nuestra historia y quizás del continente; documentada  en 341 expedientes instruidos por COFAVIC y paralizados en la FGR sobre 437 victimas identificadas de un estimado de 600; víctimas y expedientes objetos de una impunidad continuada de 20 años de seis gobiernos civiles y militares.
Y menos ahora, puede olvidarse el Carachazo, cuando el chavismo manipula la pretensión de reducir todo a que siendo Pérez quién decretó el PLAN AVILA  fue el responsable único de aquella masacre; soslayando la actuación en su ejecución  de decenas de miles de efectivos de tropa bajo el mando operacional de centenares de oficiales medios y altos que los comandaron. O sea que, aquel ensañamiento sin límites habría sido obra solo de un civil; de Pérez, su responsable y autor intelectual y material; sin responsabilidad de ningún militar, ni siquiera de la oficialidad media ni siquiera del ministro y el Alto Mando de entonces que lo comandaron; que ejecutaron el decreto presidencial con saña sin que le temblara el pulso.

Oficiales medios que luego fueron altos.

Aunque tiene que haberlo, no se conoce el mapa de distribución y escenarios de actuación de los miles de efectivos movilizados y de la identificación y ubicación de los oficiales medios que comandaron la masacre; mayores capitanes y tenientes de entonces que luego ascendieron y que hoy, luego de 20 años, han sido y algunos aún son altos oficiales activos; algunos, incluso reincorporados luego de haber sido dados de baja.

¿Dónde estuvieron los COMACATES en El Caracazo?

Y en el desconocimiento que se tiene del mapa de ubicación y de los listados de los oficiales que comandaron los soldados que entonces masacraron al pueblo venezolano, se desconoce también, obviamente no se ha permitido conocer, la ubicación y actuación, entonces, de quienes luego fueron los COMACATES del 4F; en cuyas consignas y programas golpistas, no hubo referencia alguna al 2F, al Carachazo, de tan solo cuatro años atrás y en el cual ellos, oficiales medios como eran, inevitablemente estuvieron involucrados como actores concretos.       
     
Así como tampoco, con la paradoja que significa la pretensión de legitimar el  militarismo chavista, con la insurrección masacrada que fue El Caracazo; por parte de la FANB, ya diez años Chávez en el Poder y al Mando, como institución oficialmente no ha habido la menos expresión de reconocimiento de su responsabilidad y culpabilidad en la masacre  ni ha tenido actitud alguna de constricción ni disposición a determinar culpabilidades y sancionarlas.

El PLAN AVILA de Chávez

Igual es prohibido olvidar que el 11 abril del 2002 también se decretó el PLAN AVILA; esa vez por Chávez, un militar; cuya implementación hubiera resultado en otra masacre igual o peor que la del  27F; de no haberse dado la insubordinación que en esa fecha sí se dio como en aquel entonces, nó; de los altos mandos militares negados a su ejecución. Siendo por cierto tal insubordinación ante la disposición chavista a otra masacre, la única señal conocida  hasta ahora  de que en las FANB había y hay alguna conciencia de lo que significó El Caracazo y la culpabilidad que  esa masacre carga en la conciencia de los militares venezolanos, de entonces y de hoy; culpabilidad activa y potenciada por 20 años de silencio cómplice e impunidad; de 10 años de silencio complicidad e impunidad de los tres gobiernos civiles de Pérez Velásquez y Caldera, sí; pero también de los 10 años de los tres gobiernos militares de Chávez.      

Rafael Iribarren
27 de febrero del 2013
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