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domingo, 23 de junio de 2019
FORO DE SAO PAULO EN CARACAS
FORO DE SAO PAULO 2019
EN CARACAS
Luis Marín
En
medio de la mayor crisis humanitaria de la historia latinoamericana,
equiparable a las peores que en el mundo han sido, ¿qué pueden hacer las
delegaciones en Caracas que no sea declarar orgullosamente que sí, que esto es
lo que ellos proponen para el resto de los respectivos países de dónde
provienen?
Un
hecho desconcertante, porque no basta toda la inversión ideológica a la que la
izquierda global nos tiene acostumbrados para trocar lo negro en blanco y lo
que está a la vista en quiméricas fantasías: esto no puede ser una meta para
nadie en su sano juicio.
No
obstante, la tradición comunista está poblada de consignas como “no pasaran”,
de mitos como “el sitio de Stalingrado”, o la mentalidad de “plaza sitiada” que
constituye Cuba en los últimos sesenta años.
Estas
concepciones hincan sus raíces en los tiempos heroicos del comunismo, en las
grandes catástrofes y conflictos que han cimbrado la historia de la humanidad
para cambiar su rumbo en dirección completamente inesperada e impensable en los
períodos anteriores de relativa normalidad.
Tanto
es así que los revolucionarios auténticos se convierten en unos nostálgicos del
futuro, añorando la llegada de esos períodos en los que “lo extraordinario se
vuelve cotidiano” como sinónimo de revolución y que les permite abrigar la
ilusión de que están “escribiendo la historia”.
No
importa que una y otra vez se demuestre que la historia no la escribe nadie,
como no sea póstumamente, después que todo haya pasado y cuyos resultados nunca
son lo que se han propuesto los actores, que la historia si bien puede tener
actores, ciertamente no tiene autor, ni guionista.
Todos
los ensayos de ingeniería social, de edificar la nueva sociedad y al hombre
nuevo, desde el experimento nacionalsocialista y fascista, hasta el comunismo
soviético, han terminado en memorables cataclismos que todavía hoy nos
asombran; pero extrañamente el socialismo encuentra energías renovadas para
volverlo a intentar una y otra vez con idénticos resultados.
De
manera que la intransigencia ideológica nos conduce a la política del
atrincheramiento, no existe ninguna posibilidad de concesiones, ni retroceso,
al contrario, cualquier intento en este sentido se considera como claudicación,
sino francamente un acto de traición.
Frente
a los revolucionarios organizados y armados, no existe ninguna otra alternativa
que no sea la victoria, derrotarlos en el terreno o en cambio sucumbir a sus
quiméricas ilusiones historicistas, la idea de que el futuro se puede construir
según planes preconcebidos.
Decir
que el régimen cubano apoya al de Venezuela para mantenerlo en el poder a
cualquier costo es no ver el tema en toda su amplitud, que realmente existe un
plan para expandir el comunismo en todo el continente, incluso en los EEUU,
tarea en la que se han logrado grandes avances y en la que no están dispuestos
a retroceder.
El
FSP gobierna en al menos diez países latinoamericanos y está en coalición en
España, es la principal oposición en otros tantos, conquistó a México y su
próximo objetivo declarado es Colombia. La agresividad e intransigencia les ha
dado buenos resultados, ¿por qué tendrían que cambiar su política? La consigna
es: “Unidad, lucha, batalla, victoria.”
Son
bien conocidas las líneas maestras de política implementadas por las
organizaciones que se agrupan en el FSP, por lo que su par dialéctico debe
seguir otras en sentido diametralmente opuesto: de derecha, liberal, pro
capitalista, en estrecha alianza con EEUU e Israel.
Aunque
no existe nada equivalente a la mentalidad de trincheras en el ideario liberal,
que más bien tiende a la funcionalidad y al sentido práctico, es indispensable
crear un anti-Foro de Sao Paulo que le haga frente en todo el continente, con
innovación y creatividad.
El
eje de la nueva política muy bien podría también perfilarse en Caracas.
Luis Marín
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domingo, 12 de mayo de 2019
LA VENEZUELA DE PUTIN
LA VENEZUELA DE PUTIN
Luis Marín
“La caída de la URSS fue la mayor catástrofe geopolítica
de todo el siglo XX”, ha repetido Vladimir Putin en sus sucesivas investiduras
como presidente de Rusia, que viene de 1999 y pretende proyectarse hasta el
2024, previa reforma en 2008 que llevó el período de 4 años sin más de una
reelección inmediata a 6 años con reelección, algo familiar en estas tierras.
Y este es el error de principio porque más bien fue el
establecimiento de la URSS de las mayores catástrofes políticas del siglo XX,
que fue prolijo en ellas, un Estado que nunca debió existir y cuya desaparición
fue apenas una pequeña corrección histórica.
Por cierto que Putin es inconsecuente con su materialismo
vulgar al pretender que la URSS podía ser reformada en lugar de echarla al
traste, porque no vale la pena perder el tiempo en eso una vez que, según este
criterio, la historia ha dictado ya su veredicto; lo que hace menos plausibles
sus esfuerzos por reestablecerla.
El hilo conductor de la conducta política de Putin puede
encontrarse en su empeño por retornar a la magnificencia y poderío de la
antigua Unión Soviética, al menos como él se la imaginaba desde su oscura
posición de teniente coronel del KGB; algo también familiar en estas tierras de
tenientes coroneles bregando por recuperar glorias perdidas de un pasado
completamente idealizado.
En el orden interno la tarea está ampliamente cumplida:
cada vez son más los ciudadanos que sienten encontrarse en la repudiada era del
totalitarismo que creían haber superado, por la uniformidad de las informaciones
en los medios y la idolatría desembozada a la figura del líder, lo que antaño
se llamaba “culto a la personalidad”.
El slogan de Putin no podía ser otro que la “unidad” y su
partido “Rusia Unida”, por algo se fundó en el 2001 con los movimientos Unidad,
Patria y Toda Rusia. Su ideología es una mezcolanza de nacionalismo,
centralismo y conservadurismo ruso, que incluye reivindicar al zarismo y las
tradiciones de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
En materia económica la aspiración es convertir a Rusia
en una de las cinco economías más grandes del mundo, que justifique su
presencia en el Club de las grandes potencias del Consejo de Seguridad de la
ONU, del que no forman parte Japón ni Alemania que sería tercero y cuarto
detrás de China; pero actualmente solo alcanzaría el tamaño de Texas, uno entre
cincuenta Estados de la Unión.
El problema del capitalismo mafioso impuesto por Putin es
lo improductivo que resulta, como no puede ser de otra manera en un sistema no
competitivo ni innovador, porque ambas condiciones están reñidas con medrar a
la sombra del Estado y poner la obsecuencia política por encima de cualquier
consideración estrictamente de mercado. (Decía Gonzalo Barrios que Venezuela
era un país de prósperos empresarios con empresas arruinadas.)
Otro problema no menor es el de la inseguridad jurídica
en un país donde no existe la separación e independencia de los poderes
públicos y los jueces, si pueden llamarse así, son heraldos de la
administración central, léase, agentes de una justicia partisana y corrupta.
Este contubernio de jueces, fiscales, policías,
pseudoempresarios, operando en un ambiente donde no hay claras reglas de
mercado ni una legislación respetada por todos, constituye lo que Putin
ha dado en llamar “la dictadura de la ley”, un oxímoron con el que pretende
hacer digerible lo que en realidad no es más que su tiranía personal, como en
los pasados tiempos del comunismo y mucho más antaños del zarismo.
Teóricamente se acepta que una de las diferencias del
totalitarismo respecto de la dictadura clásica es que la médula del poder se
desplaza de las fuerzas armadas a la policía política, lo que parece muy acorde
con la mentalidad de Putin que se apoya en su Servicio Federal de Seguridad
(FSB), tan heredero del KGB que hasta tiene su sede en la famosa Lubyanka.
Aunque cuenta con otros servicios secretos para
operaciones en el exterior, a los que se señala por espectaculares atentados en
diversas partes del mundo y dirigir las numerosas guerras simultáneas en que se
encuentra envuelta su administración, desde Chechenia, Georgia, Ucrania, Siria
hasta extender sus tentáculos a Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Parece excesivo para una economía exhausta, con caída de
los precios del petróleo y el gas, elevadísimos costos operativos, sometida a
las sanciones internacionales por sus aventuras expansionistas, que nada ayudan
a la activación de un aparato productivo carcomido por la corrupción, lavado de
dinero, tráfico de materiales ilícitos peligrosos, como la chatarra nuclear
postsoviética. El parasitismo y la depredación no son buenos para la
producción.
Meter baza en Venezuela sólo tendría sentido para contar
con un peón que sacrificar en una negociación en otra parte del mundo, como el
Cáucaso o el Medio Oriente, menos que una ficha como lo fue Cuba durante la
crisis de los cohetes de los años 60, cuando si existía la URSS y el comunismo
era un proyecto con pretensiones universales. (Se cuenta que la pérdida del
territorio Esequivo se debió a la firma de un juez ruso, que debió habernos
negociado a cambio de algún interés estratégico al otro lado del mundo.)
Anna Politkovskaya fue una periodista rusa que se hizo
popular por su libro “La Rusia de Putin”, como por sus artículos sobre las
guerras en Chechenia, en los que denunciaba los abusos y criminalidad del
aparato militar, la judicatura y los oligarcas, que son los actores principales
del sistema reinante.
Cualquiera que recorra sus páginas no podrá evitar la
sensación de que le están hablando de Venezuela, cambiando apenas algunos
nombres de personas, direcciones, localidades, sitios geográficos, todo es
exactamente lo mismo: impunidad, cinismo, rapacidad, falta de escrúpulos; del
otro lado, las víctimas de siempre, la misma apatía y desesperanza.
AP fue asesinada en el edificio de su residencia por un
pistolero de cualquiera de aquellos generales, jueces, oligarcas, en un crimen
nunca esclarecido, el 06 de octubre de 2006, precisamente el día del 54
cumpleaños de Putin.
Este guiño un tanto macabro dirigido al autor en última
instancia de éste y tantos otros crímenes le dejó sin proponérselo una huella
imborrable en su carcasa blindada, que habrá de perseguirlo mientras viva e
incluso después que deje de hacerlo, para siempre.
Es una de esas ironías de la madre Rusia también familiar
en estas tierras.
Luis Marín
08-05-19
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viernes, 3 de mayo de 2019
MAFIAS CON IDEOLOGÍA
Rafael Olbinski
MAFIAS CON IDEOLOGÍA
Humberto García
Larralde
Quienes hoy ejercen el poder de facto en
Venezuela conforman una mafia dedicada a expoliar al país. No producen,
depredan lo producido por sus víctimas. Han saqueado por años las cuentas
públicas, embolsillándose las partidas para el mantenimiento de la infraestructura
y los servicios, para inversiones, y las destinadas a compras y contrataciones.
Lo mismo con empresas y fundos confiscadas, hoy totalmente desahuciadas de sus
capacidades productivas por el despojo a que fueron sometidas. Continúan
rematando las riquezas del subsuelo a cambio de jugosas comisiones, como
revelan los escándalos que se destapan en la banca mundial.
Por si fuera poco, algunos se han
convertido en garantes y cómplices del tráfico internacional de drogas a través
de territorio venezolano. Ahora, además, secuestran para sí el oro de las
bóvedas del BCV. Llevaron al país al borde de la expiración, pero siguen
pegados como sanguijuelas para extraerle sus últimos fluidos vitales.
Las mafias las cohesiona la lealtad
absoluta con sus jefes. Quienes son admitidos en el expolio cumplen sin
miramientos las órdenes impartidas: no hay escrúpulos ni moral que se
interpongan. De ahí su crueldad y recurrencia a la violencia. Observan ritos y
profesan votos de lealtad, encerrándose sobre si mismos para reforzar su
espíritu de cuerpo y asegurar la unidad de mando. Preservan, con ello, la
eficacia y contundencia de sus pillerías. La Cosa Nostra, por
encima de todo. La complicidad en las fechorías blinda a la mafia contra
deserciones y/o traiciones. Avenirse con ella para que se aparte del delito,
alegando el respeto a la ley y/u otras consideraciones referentes al bien
social, no es posible.
El hecho de que Maduro y sus cómplices
sigan atrincherados en el poder, sin admitir las ofertas para que su inevitable
e irremediable salida sea menos traumática, sólo se explica reconociéndolos
como mafia. Su comportamiento criminal se afianza aún más por disponer de una
construcción ideológica que refuerza su apego a una colectividad perversa. Los
aísla de tener que entenderse con una realidad que le es cada vez más adversa.
Cuentan, además, con esbirros cubanos como demiurgo diabólico capaz de asegurar
--hasta ahora-- que no se salgan del libreto. Con la repetición incesante de
mitos de la vieja izquierda y su imbricación con resabios patrioteros
alimentados por el culto a Bolívar, la mafia inculca a los suyos que son
“revolucionarios”, luchadores por los intereses más nobles de la humanidad.
Es irrelevante si se lo creen o no; lo
importante es alimentar su convicción de que el país les pertenece por ser los
únicos y auténticos representantes del Pueblo o de la Patria. Esta razón no se
refuta por estar reducidos a una exigua minoría: es de naturaleza cualitativa.
Si la mayoría se opone, mal por la mayoría: pierde toda legitimidad como
expresión del pueblo y, por tanto, no es “pueblo”. Todo les resbala, porque,
aun con las barbaridades que cometen, la Historia (con mayúscula) los
absolverá. Su ideología sirve de amparo, proveyéndoles de una burbuja anti
acústica como refugio. Disuelve todo criterio moral con que pueda juzgarse su
accionar, porque el fin siempre justificará los medios.
Es muy agradable, muy cómodo, poder
gastarse millones para el usufructo personal, importar lujos que hace tiempo
desaparecieron del país, contratar camiones cisterna cuando falla el agua,
tener plantas eléctricas particulares y contar con una plantilla de
guardaespaldas bien armados para resguardar tu seguridad, la de tu familia y
tus caudales. ¿Qué importan los sufrimientos causados con esta malversación si
se cuenta, cual bálsamo que alivia culpabilidades, con una narrativa que remite
la causalidad de los horrores padecidos al accionar de enemigos que conspiran
contra la “revolución” y contra los intereses de la Patria?
Por ello, este universo paralelo
discurre felizmente, hasta el punto de promover “Estudios Avanzados, Hugo
Chávez Constituyente” (¡!) y lograr manifiestos de solidaridad de cierta
“izquierda” (¿?) en otros países. Mientras puedan seguir disfrutando su jauja
particular y blindarse contra el mundo real, repitiendo incesantemente embustes
con los cuales inmunizarse contra su responsabilidad en la destrucción del
país, los mafiosos van a continuar aferrados al poder. No habrá terreno común
de entendimiento, alegando el interés y bienestar de los venezolanos.
Lo argumentado apunta a la
irracionalidad de la presente situación. Cualquiera pensaría que, ante las
muestras abrumadoras de repudio, el colapso notorio de su gestión, la presión
nacional e internacional, el efecto de las sanciones impuestas y la amenaza,
muy creíble, de que serán redobladas, los integrantes de la mafia --entre los
cuales destacan militares corruptos--, entrarían en razón sobre la necesidad de
negociar su salida, sobre todo cuando todavía tienen agarrado la sartén por el
mango. ¿Cómo es posible que alguien tan bruto, ignorante e incompetente, que
tan aviesamente ha destruido al país, no lo hayan removido sus propios
partidarios? ¡¡Cómo es que sigue todavía ahí!!
La perversidad del fascismo criollo desafía
todo intento de superación de la situación planteada con base en criterios
racionales. La imagen que viene a la mente es la de Hitler en su bunker en la
película “La Caída”, incapaz de enfrentarse con la realidad de su derrota,
invocando ante sus generales batallones fantasmas para lanzarlos contra los
rusos que están a las puertas de Berlín, para suicidarse al final,
denostando de su pueblo --los alemanes-- por no haber estado a la altura de sus
designios. ¡La ideología, en sus versiones extremas, es locura pura!
Hay una analogía entre la situación
planteada y el análisis de John Maynard Keynes sobre la gran depresión de los
’30 del siglo pasado. Como se recordará, la fuerte caída en la actividad
económica se prolongó por años, desafiando la idea prevaleciente de que la
economía poseía fuerzas correctivas que restablecerían automáticamente un
equilibrio de pleno empleo. Keynes argumentó la posibilidad de que la economía
se atascara en un equilibrio de profundo subempleo de recursos y de mano de obra,
si las expectativas de los inversionistas eran adversas. No invertirían, por lo
que se retroalimentaría las condiciones que generaban la depresión, perpetuando
las expectativas adversas. Recomendó que un agente externo, el Estado, ampliara
la demanda agregada a través de un mayor gasto público para insuflar en los
empresarios una perspectiva positiva de rentabilidad. La racionalidad implícita
en las fuerzas correctivas, autónomas, del mercado, estaban ausentes.
Al igual que la gran depresión,
Venezuela corre el peligro de estancarse en un “equilibrio malo”, uno en el
cual no se logra desalojar a los mafiosos por mecanismos racionales y en que, a
pesar del colapso visible del país en todas sus dimensiones, encuentren todavía
posible sobrevivir para continuar depredando lo poco que queda.. La idea que
recobra cierta fuerza ahora, de negociar elecciones con Maduro todavía en el
poder, empantanaría al país en un tremedal sin salida. Desmoralizaría las
fuerzas opositoras y otorgaría al usurpador, totalmente insensible a las
desgracias provocadas por su gestión, un respiro contra el implacable acoso de
“los enemigos de la revolución” (¡!), sin garantía alguna de elecciones
legítimas.
La prolongación del impasse implicaría
una tragedia aun mayor que la vivida hasta ahora. Al igual que la prescripción
keynesiana, no puede confiarse en que la racionalidad habrá de prevalecer para
arribar a la solución deseada. Hace falta el empujoncito para que, aun tras su
burbuja alienante, los delincuentes sientan irremediable su evacuación. ¿Qué
cosa logrará que una mafia ideologizada y tan perversa entre en entendimiento?
No hay fórmula sino seguir aumentando la presión. Muchas opciones están sobre
la mesa y, lamentablemente, ante la insania perversa, no puede descartarse la
aplicación de ninguna.
27 abril 2019
Humberto García Larralde
Economista, profesor
de la UCV
miércoles, 20 de febrero de 2019
TRES PARADOJAS Y UN EPÍLOGO
TRES PARADOJAS Y UN EPÍLOGO
Luis Marín
La Cátedra Pío Tamayo y el Centro de Estudios de
Historia Actual de la UCV han propuesto un foro para debatir qué pasará el
próximo 23 de febrero y si esto será el preludio de una guerra mayor. Para
tratar de despejar una situación tan confusa proponemos algunas aporías que
hacen la situación tan incomprensible e intentamos una conclusión.
Primera, la paradoja del público, que por un lado
repudia a la MUD al punto que la da por enterrada; pero por el otro, si no
venera a la Asamblea Nacional, varias veces declarada en mora legislativa, por
lo menos termina siguiendo sus lineamientos, a pesar de ser hija única y
dilecta de la MUD. Si se trata de los mismos personajes haciendo lo mismo. ¿Por
qué habría de resultar algo diferente? ¿Qué cambió en tan corto tiempo?
Esto nos lleva a la segunda, la paradoja interna. No
se ponen de acuerdo para designar a un presidente encargado, aunque invocan al
artículo 233 y hasta pretenden que toda la AN asuma el interinato; por lo que
Juan Guaidó tiene apelar a una suerte de popularis invocation para
juramentarse, se lanza temerariamente solo, para sorpresa de todos.
Luego claman que es sólo por 30 días porque sino
también él sería un usurpador, aunque el artículo que invocan dice
textualmente: “Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente se
encargará…”, lo cual puede ocurrir antes o después, no en 30 días.
Todo para naufragar en un Estatuto que rige la
transición, donde escriben que la AN “podrá ratificar” al presidente encargado
después de los 30 días si no cumple el cometido; pero se deslizan como sin
advertirlo de encargado a provisional, para regir un “Gobierno Provisional de
Unidad Nacional” con un nuevo plazo de doce meses.
A todo evento, no se sabe qué ocurrirá con el “cese de
la usurpación” en todo ese tiempo, porque es evidente que los otros dos
elementos de la hoja de ruta, gobierno de transición y elecciones libres, ya
fueron postergados en ese Estatuto.
En caso de duda, se culmina con una norma residual o
de clausura, el artículo 39, que dice que todo lo no previsto en la normativa
anterior “será resuelto por la Asamblea Nacional”, además de todas las ataduras
que le prodigan al ejercicio del presidente del gobierno provisional, que es un
gobierno de la AN.
En resumen, se opone la línea de “apaciguamiento y
contemporización” de AD, UNT, parte de PJ, AP que son chavistas opositores,
junto al chavismo light, que quieren transición con el régimen, contra parte de
VP, ABP y VV que la quieren saliendo del régimen.
La tercera es la paradoja externa: ninguno de estos
actores vota por Donald Trump, incluso hacen lobby con los demócratas,
archienemigos de DT, que quieren no solo echarlo de la Casa Blanca sino
internarlo en un hospital psiquiátrico.
Mucho menos han visitado a Jair Bolsonaro ni antes ni
después de ser electo. Con mucha más inquina odian a Álvaro Uribe e ignoran
olímpicamente que es el autor de la victoria de Iván Duque contra Juan Manuel
Santos y las FARC.
Estos actores de la MUD son devotos de Obama, como
creían en los llamados diálogos de La Habana y no quieren que se les retrate
con Bolsonaro, el modelo de Henrique Capriles es Lula Da Silva y nunca se ha
arrepentido de esa declaración, en su mayoría están inscritos en la Internacional
Socialista y militan en la “nueva izquierda”.
Irónicamente ahora quieren que “la derecha” les saque
las patas del barro, lo cual no es raro ni es la primera vez que ocurre en la
historia, pero no deja de añadirle un elemento de sarcasmo ver a políticos
taimados en una posición que nunca hubieran querido pero a la que se han visto
arrastrados por imposición de circunstancias que ellos no controlan.
Y esto no lleva al epílogo de la guerra mayor, hoy
denominada “Guerra Híbrida”, que se libra en el ciberespacio, con ejércitos de
hackers, fábricas de noticias falsas y agentes que las divulgan, propaganda,
conciertos de rock como los Rolling Stones en La Habana, información pero sobre
todo mucha desinformación, lo que no impide que al final truenen los cañones
aunque opacados por el ruido de la música.
La cuestión esencial es que siempre rondan elementos
imponderables, desde Maquiavelo que lo llamaba Fortuna al azar que Lenin quería
poner a su favor a fuerza de organización; pero todo puede irse de las manos y
prolongarse en una conflagración de proporciones bíblicas. Y Venezuela,
desafortunadamente, los tiene todos.
Ejércitos públicos y encubiertos, desde los muy
disciplinados soldados y policías cubanos, hasta los menos controlables de las
FARC y el ELN; los estrictos guardias republicanos iraníes, más fanáticos de
Hezbollah, Hamas y otros islamistas; académicos de Podemos con psicópatas de la
ETA y otros independentistas españoles, todos ansiosos de una guerra civil que
realice sus sueños revolucionarios y la ilusión de que ellos “hacen la
Historia”.
Del otro lado nadie sabe, sino ellos, cuáles podrían
ser los planes de El Pentágono para lidiar con estas contingencias.
Para mayor ironía de la Historia, la fecha límite es
el día anterior al referendo aprobatorio la constitución castrista de Cuba: De
te fabula narratur!
Quizás esa es la Constitución que va a regir nuestro
futuro.
20 de febrero del 2019
JUAN GUAIDÓ Y LA “ESPIRAL DEL SILENCIO”
Rafael Olbinski
JUAN GUAIDÓ Y LA “ESPIRAL DEL SILENCIO”
Orlando Ochoa-Terán
La “espiral del silencio” es una teoría propuesta en
1974 por la politóloga alemana Elisabeth Noell- Neumann que describe la
tendencia de un grupo o una comunidad de permanecer en silencio cuando sus
opiniones o puntos de vista están en oposición con lo que piensa la mayoría.
Según esta propuesta un grupo o una comunidad mantiene silencio por varias
razones, entre ellas miedo al aislamiento cuando la mayoría advierte alguna
opinión divergente del status quo o el temor a represalias o a un extremo
aislamiento.
La teoría se fundamenta en la idea de que todos
tenemos una forma de intuición que nos hace saber cuál es la opinión de la
mayoría. La experiencia de Noell- Neumann no tiene paralelo, muy joven trabajó
para el ministro de Propaganda del régimen nazi, Joseph Goebbels. Su trabajo de investigación; The Spiral of
Silence – Our social skin, fue publicado por la Universidad de Chicago en 1984.
¿Por qué es relevante esta teoría en la Venezuela
actual? Juan Guaidó es lo mejor que le ha ocurrido a Venezuela en estas dos
últimas décadas. Esta percepción se ha generalizado y en cierta forma, la
mayoría del país, especialmente la clase dirigente opositora, incluyendo a todo
el segmento político, empresarial, mediático e institucional del país,
pareciera embarcada en una espiral de silencio para proteger a Guaidó de todo
mal. El problema es que la democracia no funciona así o no es sostenible.
Imbuidos en la efervescencia que trae consigo Juan
Guaidó, la mayoría opositora calla el hecho, a la vista de todos, de que
algunos políticos muy cercanos a Guaidó son difíciles de distinguir de los
corruptos del gobierno. Ese segmento mayoritario, que incluye a los medios,
tampoco hace referencia alguna de la dudosa moralidad y el incierto futuro de
Donald Trump, un jefe de Estado con quien la “nueva dirigencia” de Guaidó está
amarrando el destino de Venezuela con una probable invasión que, no solo pone
en riesgo el liderazgo de Guaidó, sino sumiría al país en unos de los
escenarios más precarios e inciertos conocido por la humanidad: un conflicto
militar.
Resulta curioso advertir que ningún dirigente opositor
cercano a Guaidó se refiera a las críticas circunstancias en las que se
encuentra actualmente Donald Trump, sometido desde hace año y medio a una
investigación criminal dirigida por un fiscal especial designado por el
subsecretario de Justicia Robert Rosenstein, con carnet republicano y nombrado
por el propio presidente Trump. El
fiscal especial, Robert Mueller, continúa la investigación criminal iniciada
por el FBI, aún en curso, fundamentada en serias evidencias que conducían a
sospechar que secretamente Trump favorecía los intereses de Rusia en contra de
los de su propio país.
En cerca de dos años de investigaciones, tribunales de
EE UU han dictado autos de detención a 11 oficiales vinculados a la agencia GRU
de inteligencia militar de Rusia e igualmente le han formulado cargos a unos 19
miembros y ex asesores de la Casa Blanca o de la Campaña Electoral de Trump por
mentir al FBI o al Congreso sobre sus conexiones con Rusia.
Entre estos exfuncionarios o asesores de Trump se
encuentran: el ex Consejero Nacional de Seguridad, Michael Flyn, el abogado
personal de Trump, Michael Cohen, el ex jefe de Campaña de Trump, Paul
Manafort, el subjefe de Campaña, Rick Gates, Donald Trump Junior y Roger Stone,
amigo y asesor durante 30 años de Trump.
El ex director encargado del FBI, Andrew MacCabe,
declaró el pasado viernes que las operaciones de Trump en política le
recordaban sus tiempos de investigación de la Mafia Rusa en EE UU. Igualmente
aseguró que un grupo de altos funcionarios del Departamento de Justicia
conspiró incluso para activar la Enmienda 25 de la Constitución que describe los
supuestos de incapacidad absoluta para defenestrar del poder al presidente de
EE UU.
Nada de esto inmuta a ningún dirigente de la oposición
quienes, temerosos de ser aislados del poder que visualizan cercano, parecen
haber sido absorbidos por la “espiral del silencio”. Líderes de la Unión Europea, sin temores
parecidos y con un poder incomparable con el de Venezuela, están preocupados,
según reporta el prestigioso diario The Washington Post del pasado 4 de febrero,
que los dos próximos años puedan incluso traer más inestabilidad, con un Trump
que los llena de temor… Esta situación deja al continente enfrentando una
paradójica estrategia que nadie ha logrado descifrar’.
Hoy lunes se reunirá Trump con venezolanos en Miami,
animando aún más las expectativas por la invasión ¿Es posible que ninguno de
estos jóvenes “estrategas y diplomáticos” alrededor de Guaidó no hayan caído en
cuenta que Putin, acusado de estar en colusión con el codicioso de Donald Trump
es el más grande acreedor de Venezuela, y que está también en conflicto con el
restablecimiento de una eventual democracia en Venezuela? Recientemente la
senadora Elisabeth Warren, precandidata presidencial a la candidatura del
partido Demócrata puso en duda que Donald Trump ejerza la presidencia en la
venidera campaña electoral, incluso, añadió “de hecho tampoco estamos seguros
que para ese momento aún esté libertad”.
No es necesario ser un experto analista de
inteligencia para saber que la frustrada reacción que se esperaba de la FAN el
23 de enero fue un craso error de inteligencia de EE UU. Este fracaso pudiera
estar relacionado con hechos que son públicos y notorios en EE UU. El
presidente Trump no basa sus decisiones sobre seguridad internacional en la
información que proveen los órganos de inteligencia porque desconfía de ellos y
en ocasiones, esta extraña circunstancia, la ha explicado él mismo Trump,
provocando hilaridad en la oposición y vergüenza en el gobierno, cuando ha
afirmado que cree más en lo que le dictan sus vísceras que las de algunos
cerebros de inteligencia.
Afortunadamente la “espiral del silencio” no tiene el
mismo efecto después de la propagación de las redes sociales e internet. En
este territorio libre, irredento, reivindicativo e irreverente predominan
muchos cibernéticos guerrilleros insolentes, descomedidos e irrespetuosos para
quienes la “espiral del silencio” es solo una cobardía colectiva que hay que
desafiar y develar.
A todos aquellos venezolanos que aún no se han
enterado de cómo la corrupción opositora que ha prevalecido durante estas dos
décadas aún se desliza subrepticiamente en el imberbe gobierno de Juan Guaidó,
les recomendamos seguir a @alekboyd en Twitter. Alek Boyd es un venezolano
radicado en Londres que infunde terror entre los corruptos de Venezuela desde
hace más de 15 años con una agresiva lucha personal que también libra en su
plataforma de Internet: infodio.com. Intransigente con cualquier forma de
corrupción, Alek ha incorporado a su teatro de operaciones un agresivo
enfrentamiento contra la “espiral del silencio” que ha surgido en el novísimo
gobierno de Guaidó. Su nueva ofensiva no solo es encomiable, sino que merece un
mayor respaldo de la mayoría opositora que aspira a un gobierno decente.
Orlando Ochoa-Terán
Orlando Ochoa-Terán
jueves, 31 de enero de 2019
REPRESIÓN E IMPOSTURA DE LOS “REVOLUCIONARIOS”
REPRESIÓN E IMPOSTURA DE LOS “REVOLUCIONARIOS”
Humberto García Larralde
Dicen que Hitler, una
vez consciente de su derrota eminente al arribar las tropas soviéticas a las
puertas de Berlín, empezó a despotricar contra el pueblo germano, acusándolo de
no haber estado a la altura de sus designios. “Bien hecho, ¡ahora que se
jodan!” pudiera haber proferido en alemán. En la película, “La caída”, se
recogen estos arrebatos del Führer, desesperado en su bunker.
Traigo a colación
esta locura, porque pareciera repetirse en la feroz represión desatada por el
usurpador contra los habitantes de los barrios populares desde la semana
pasada. Van más de 30 asesinatos y 800 detenidos, entre éstos algunos menores
de edad. Evidencia, una vez más, el desprecio “revolucionario” por la vida de
la gente humilde, mientras discursea clamando ser sus defensores. Como la
gigantesca movilización nacional del 23 de enero y las protestas en barrios y
pueblos del interior no dejan dudas acerca del repudio popular en su contra,
los fascistas arremeten salvajemente en su contra. Los pobres serían unos
ingratos, culpables de la derrota de esa impostura que insiste en llamarse
“revolución”. “Bien hecho, ¡ahora los vamos a joder!”, resumiría la
desesperación de la mafia en el poder.
Desde hace años vengo
insistiendo que la “solución para los pobres” que instrumentó el Chávez
redentor a través de las misiones era, en realidad, “una pobre solución”.
Incluso una misión tan loable como Barrio Adentro, que ofrecía atención médica
primaria en barrios populares y pueblos del interior, nació, a propósito,
desconectada de la red de ambulatorios y hospitales públicos, y despreciando la
oferta de participación de las universidades nacionales que forman excelentes
médicos.
Chávez le interesaba construir una institucionalidad paralela que él
podía controlar totalmente --incluso cuando se trataba de enfrentar un problema
tan delicado como la salud--, no resolver, de verdad, los problemas de la
gente. Pues la permanencia de problemas, es decir, su no solución, es lo que lo
hacía a él y su “revolución”, imprescindibles. Que lo pobres merecen lo mismo
que los demás --convertidos, de paso, también en pobres por las políticas
destructivas cruelmente aplicadas por Maduro--, un trabajo digno, bien
remunerado y unos servicios públicos con cobertura y calidad, nunca estuvo en
su agenda.
Estudié en el Liceo
Andrés Bello en los años ’60. En esa época no había colegio privado que se le
equiparara. El Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria era centro de
referencia para el Caribe, al que acudían pacientes necesitados de naciones
cercanas. ¡El Seguro Social, aunque el lector le cueste creerlo, funcionaba!
Muchos entes públicos operaban con mística y disposición de atender al público.
Ciertamente, esa
calidad se vino abajo durante los años posteriores de la democracia
bipartidista adeco-copeyana. Una vergüenza injustificable para un país
petrolero y expresión del deterioro político y social que le abrió las puertas
a Chávez para llegar al poder. Pero, a diferencia de la desidia del bipartidismo
tardío, la “revolución bolivariana” nunca se propuso hacer lo que adecos y
copeyanos dejaron de hacer: asegurar servicios de calidad para todos. Su
intención siempre fue otra: instrumentalizar a los pobres con dádivas y
programas de reparto, para “legitimar” su consolidación en el poder. Con el
petróleo a $100 por barril, semejante estafa funcionó bastante bien. Hoy, con
las arcas desvalijadas por él y por sus compinches, Maduro pretendía que, con
los CLAPs, su legitimidad ante los humildes seguiría intacta.
Pero ahora que el
pueblo se les rebeló abiertamente --“no quiero bono, ni quiero CLAP, lo que
quiero es que Maduro se vaya”-- desata contra ellos sus brigadas de exterminio,
las FAES. Contrario a lo que dicta la mitología, a los pobres nunca se les vió
como sujetos revolucionarios; fueron siempre objetos, una utilería
indispensable para toda puesta en escena fascio-comunista. Ahora que ya no les
sirven para ese papel: ¡plomo con ellos!
Humberto García
Larralde
economista, profesor
de la UCV
30 enero 2019
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jueves, 10 de enero de 2019
TRES PREGUNTAS Y TRES RESPUESTAS INELUDIBLES
TRES PREGUNTAS Y TRES RESPUESTAS INELUDIBLES
Humberto García Larralde
1. ¿Cómo se mantiene todavía en el poder alguien tan incompetente como Maduro, deslegitimado por quebrar las normas éticas, legales y morales que debía respetar, con un entorno internacional cada vez más adverso y repudiado por la inmensa mayoría de los venezolanos?
Por complicidad del alto mando militar y gracias a la seguridad de estado instrumentada desde Cuba.
Chávez desmanteló el Estado de Derecho para reemplazarlo con un Estado Patrimonial, que confunde el patrimonio público con el de la jerarquía militar y civil en el poder. Afianzó un régimen de expoliación, es decir, un arreglo orquestado con base en relaciones de fuerza derivadas de la estructura de poder para depredar la riqueza social, en desapego a criterios de racionalidad económica. Por ende, no está sujeto a normas sino a transacciones de naturaleza política que truecan obsecuencia y lealtad por el derecho a participar en tal depredación. Favorece la formación de mafias que rivalizan entre sí en el despojo de lo que consideran “cotos de caza”. Condena al país a la mayor miseria y al hambre.
Su apoyo fundamental proviene de elementos hegemónicos de la Fuerza Armada, deliberadamente corrompidos para hacer de ellos cómplices: Vladimir Padrino López, Antonio Benavides Torres, Néstor Luis Reverol, Fabio Zavarce, Gustavo González López y otros, manchados con la sangre de los jóvenes asesinados por la represión desmedida que ordenaron y de las numerosas muertes por hambre o por no conseguir medicamentos, a consecuencia de la desidia del régimen del que se benefician.
Junto a altos funcionarios, exmilitares y amigotes, constituyen una nueva oligarquía que controla nodos decisorios sobre buena parte de la economía venezolana, en particular, sobre las oportunidades de extraer rentas. Cuentan con el monopolio de los medios de violencia del Estado que complementan armando a bandas paramilitares delincuentes. En complicidad de un poder judicial viciado, ejercen un terrorismo de Estado en contra de quienes protestan o realizan actividades que amenacen su control sobre la población.
Esta oligarquía se ampara en simbolismos maniqueos de la mitología revolucionaria para erigir una falsa realidad que culpa a otros de sus desmanes y legitima su depredación, en nombre de un “socialismo del siglo XXI”. Su régimen es populista, pero teniendo en cuenta su militarización y afición por la violencia, un término más preciso es neofascista. Un locus de decisión muy importante reside en quienes están al mando del Estado cubano, con gran experiencia en materia represiva, quienes controlan a Maduro. La aquiescencia de la oligarquía con éstos, como con acreedores chinos y rusos, es traición a la patria, pues es a expensas del saqueo de recursos del subsuelo y de renunciar a reclamos territoriales.
2. ¿Cómo un país, otrora entre los más prósperos de la región y ejemplo de democracia en América Latina, pudo llegar a esto?
Chávez capitalizó la naturaleza populista, clientelar, de la democracia venezolana para arribar al poder.
El ingreso petrolero y el sesgo ideológico-político de quienes forjaron el régimen democrático devino en una economía y una sociedad tutelada por el Estado. El manejo de la renta petrolera enraizó un contrato social mediante el cual las mayorías apoyaban al gobierno a cambio de que mejorara en forma palpable sus condiciones de vida. Un modelo proteccionista orientado al mercado interno, con una moneda fuerte para importar insumos y equipos, rentabilizó la inversión privada, generando crecimiento y empleo, sujeto a que la renta siguiese aumentando. Cuando la crisis de este modelo impidió al gobierno cumplir con su parte del contrato, los que tenían poder de negociación con el Estado pudieron defenderse, pero muchos quedaron excluidos.
En un país imbuido en el culto al héroe –Bolívar-- fueron presa fácil de alardes mesiánicas prometiendo cumplir. La renta fomentaba la ilusión de que, con voluntad, ello era posible, pero la partidocracia y la corrupción se interponían al disfrute de un mayor bienestar que, por derecho, le correspondía a cada uno. Tal demagogia encontró caldo de cultivo en la carencia de cultura ciudadana, en la cual los derechos no dependen del cumplimiento de los deberes, la tradición clientelar y porque primaba una cultura política de izquierda, estatista, donde nadie reivindicaba ser de derecha.
Los intentos de cambiar el modelo con CAP fueron incomprendidos. Sus costos iniciales, el malestar por el despelote del liderazgo político tradicional y la crisis financiera fueron capitalizados por Hugo Chávez, quien procedió a barrer con la institucionalidad democrática para acaparar de forma excluyente el poder.
3. ¿Cómo puede Venezuela superar la presente tragedia?
Cambiando de gobierno, y de modelo político y económico.
Esta verdad de Perogrullo tiene dos vertientes. El cambio de gobierno requiere de una correlación de fuerzas capaz de provocar la salida de la oligarquía depredadora. Ello implica resquebrajar sus bases de poder y fortalecer una opción democrática unida, plasmada de un proyecto alternativo libertario y de justicia capaz de entusiasmar a la población, bajo un liderazgo tenaz y consecuente. El Plan País, en sus dos versiones –La Venezuela que Viene y el Día Después—constituyen un buen comienzo. A través de su discusión entre amplios sectores de la sociedad, debe traducirse en lineamientos concretos que hagan suyos. Es necesario seguir fortaleciendo los nexos con la comunidad democrática internacional, entre ella el Grupo de Lima, para achicar las posibilidades de despojo de las mafias e impedir su disfrute. Pero sin esa gran fuerza democrática interna capaz de articularlo con otras acciones, no es suficiente.
A los militares hay que confrontarlos con la terrible tragedia de la cual son responsables por ser el sostén principal de Maduro. Los que no sean cómplices del infame crimen que se ha instalado deben pronunciarse contundentemente contra la farsa de su supuesta reelección para que las mafias entiendan que con ellos no cuentan. ¿Qué tienen que sobreponerse a la contrainteligencia cubana, poniendo en peligro su carrera, su libertad y hasta su vida?, ¡Sí! Pero ellos decidieron la carrera de las armas para defender la patria, no a la escoria que la traiciona. Que no mancillen el legado del Ejército Libertador pues, si no, ¿Qué los distingue de los asesinos fascistas que su anuencia perpetúa en el poder?
Una vez desalojados los criminales, debe instrumentarse un programa, con apoyo mayoritario, que eche las bases de una economía competitiva capaz de sostener el crecimiento con equidad. Es imprescindible un programa de estabilización con financiamiento internacional que derrote la hiperinflación y sustente un mercado cambiario único de libre concurrencia, con garantías a la propiedad y procesales para la iniciativa privada. Es menester forjar consciencia de que la defensa de conquistas laborales, de consumidores, ecológicas y de grupos vulnerables, pasa por cumplir deberes ciudadanos en resguardo de la institucionalidad democrática.
La economía social de mercado debe reemplazar al PetroEstado. La renta petrolera no será manejada por los gobiernos, si no por fondos blindados en sus reglas de asignación y gasto, que la invertirán en función de objetivos consensuados: infraestructura, servicios, educación y salud, la consolidación de un sistema de seguridad social moderno y sostenible, y en otras externalidades que faciliten la transición hacia una economía competitiva con equidad.
Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
humgarl@gmail.com
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