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domingo, 11 de septiembre de 2016
LA PAX SANTOS
LA PAX
SANTOS
Luis
Marín
La Paz es uno de esos términos
absolutos que no admiten oposición, como la Justicia, porque, ¿quién va a
decir “yo estoy de acuerdo con la injusticia”? Por eso es un hecho
extraordinario que en Colombia se haga un “Plebiscito por la Paz” para
determinar cuántos están de acuerdo con una paz estable y duradera y cuántos
no.
A pesar de algunas precisiones de la
Corte Constitucional según la cual lo que se votaría no es “la paz” sino los
acuerdos del gobierno de JMS con las FARC celebrados en La Habana; pero
mientras ella habla de plebiscito por la paz el gobierno promueve y las Cámaras
aprobaron un referendo y la diferencia no es baladí.
El plebiscito consiste en aprobar o
no una decisión política o legislativa que el pueblo (la plebe) estime favorable
o no a sus intereses; el referendo podría implicar una modificación de la
estructura constitucional del Estado, lo que parece estar en juego si se
aprueban estos pactos, sin embargo ambos términos se utilizan indistintamente y
con cierto desenfado en el debate.
La propaganda oficial pretende
dividir a los colombianos entre quienes quieren la paz y otros que, según
ella, preferirían la guerra, lo que se advierte como la primera aunque no la
peor manipulación que enturbia el proceso, porque de entrada coloca a los
adversarios políticos como “enemigos de la paz”, lo cual es, por decir lo
menos, acomodaticio.
Esta instrumentalización de la paz
tiene una larguísima tradición en la propaganda comunista, de hecho, los
bolcheviques insurgen ante el mundo, en 1917, con la consigna “paz, pan y
tierra”, síntesis magistral de los intereses de sectores sociales a los que
supuestamente estaría orientada una revolución de “soldados, obreros y
campesinos”.
En ruso la palabra “MIR” que
significa “paz” se traduce también como “mundo”, lo que da una idea del impacto
emocional que tiene en la mentalidad de los pueblos eslavos. Esta pax soviética
fue el mascarón de proa de la guerra fría y bajo su cobertura se desarrolló la
carrera armamentista, el programa nuclear, la fabricación y emplazamiento de
proyectiles balísticos intercontinentales, con plataformas de lanzamiento
móviles por tierra, mar y aire, las intervenciones militares en los cinco
continentes, en fin, como se sabe, “la paz es la guerra”.
Un dato curioso es que durante la
crisis de octubre de 1962, el aparato propagandístico comunista denunció la
política guerrerista de los imperialistas contra su política de paz; pero jamás
mencionó que hubieran instalado cohetes nucleares en Cuba, de manera que los rusos
no han sido oficialmente informados de que hubo misiles suyos situados a 90
millas de las costas de EEUU.
Decir que los críticos del pacto de
JMS con las FARC son enemigos de la paz es poco menos que una calumnia, además
de que les atribuye a una organización armada y a sus anfitriones de La Habana
una representación de “la paz” incompatible con la teoría y práctica que
profesan, cual es imponer el comunismo mediante la “lucha armada”.
El quid de la cuestión es que
los comunistas no distinguen entre guerra y política las que conciben como un
continuo que depende del énfasis que pongan en el uso de la violencia, como
diría Mao: “La política es guerra sin derramamiento de sangre y la guerra es
política con derramamiento de sangre”.
Lo que pretende JMS es que las FARC
abandonen la violencia y alcancen sus objetivos civilizadamente. Su mayor error
es creer que el problema no son las metas sino los métodos, que se trata de una
cuestión adjetiva, de procedimiento, del cómo y no de una cuestión sustancial,
relativa a los fines.
Si las FARC abandonaran las
prácticas de terrorismo, narcotráfico, secuestro, extorsión, etcétera, todavía
habría que enfrentarlas porque es igualmente inaceptable su propósito de
imponer el comunismo aun con otros medios, provisionalmente pacíficos.
Por cierto que ese aditivo “EP”,
ejército del pueblo, que se acepta de forma tan risueña, implica que el otro,
el ejército de Colombia, no es del pueblo sino de la oligarquía o la
burguesía según la doctrina oficial comunista cubana.
Como los Castro, las FARC no han
sido destruidas, sólo se transforman.
LA PREGUNTA DEL MILLÓN
La pregunta de Santos exige análisis
aparte y detenido: “¿Apoya usted el acuerdo final para la
terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”
Lo primero que salta a la vista es
que dice “apoya” y no “aprueba” como sería lo lógico y jurídico. “Apoyar” y
“aprobar” son conceptos harto diferentes: ¿Se pide la aprobación de unos
acuerdos o el apoyo a una política?
Apoyar implica dar soporte,
sostener, como quien dice en Venezuela, “meter el hombro”. Aprobar es valorar
positivamente, calificar o dar por bueno o suficiente algo y lo que interesa,
que es “asentir”, decir que sí. Lo importante es que ambas cosas se pueden dar
juntas o separadas, el apoyo no implica asentimiento, ni viceversa.
Hablando políticamente, la
burocracia, el ejército, la policía “apoyan” al gobierno aunque algunos
individuos o el conjunto no esté de acuerdo con sus decisiones, porque son
cuerpos obedientes y disciplinados; no así los ciudadanos que no tienen que
obedecer porque no son subordinados de nadie y se limitan a asentir incluso
tácitamente mientras no se rebelen contra las decisiones ni contra las
instituciones del Estado.
De manera que así como se puede
apoyar una política sin aprobarla también se puede aprobar una política sin
apoyarla, porque no se está dispuesto a poner ningún esfuerzo, talento o
recurso para que esa política se materialice, se lleve a cabo. Allí donde el
funcionario apoya, el ciudadano asiente.
El caso es que pedir apoyo para una
política del Presidente es una extralimitación evidente, convoca a la sociedad
a que se incorpore como un todo a la implementación de unos acuerdos, aunque no
los comparta, tanto más exorbitante cuanto, según la Corte Constitucional, los
resultados del plebiscito sólo son vinculantes para él, pero no para los demás
órganos del Estado, lo que le da un toque personalista a la solicitud de apoyo.
“El acuerdo final” impacta por su
prolijidad y extensión, no sólo por la letra pequeña sino porque
contiene demasiados lineamientos que sólo podrán apreciarse en su
desenvolvimiento. Instituciones como la Comisión de Implementación, Seguimiento
y Verificación del Acuerdo Final de Paz y de Resolución de Diferencias o la
Jurisdicción Especial para la Paz que implican la designación de magistrados,
la promulgación de reglamentos, designación de cargos, asignación de recursos,
es decir, todo un Estado paralelo: ¿Cómo puede llamarse “final” si es sólo el
principio de una nueva institucionalidad?
Es importante que no se estime
cuánto va a costar eso, quién lo va a pagar y de dónde provendrán los fondos.
Un dato curioso es que se ofrezcan sueldos y pensiones a los guerrilleros, así
que las actividades criminales que realizan se considerarán como un servicio
público, lo cual es, por lo menos, desconcertante.
“Para la terminación del conflicto”
prejuzga el resultado. Si hubieran agregado “con las FARC” serían más
específicos pero no más realistas. Es otra manifestación de deseos, una
aspiración sobre la que no deben abrigarse mayores esperanzas, porque los
negociadores de La Habana no pueden garantizar que la visión que ellos tienen
de los acuerdos es la misma que tienen los innumerables frentes de las FARC que
están en el terreno completamente fuera de su control e ignorando lo que se
habla allá; por no mencionar otros grupos como el ELN, MPL, las bacrim, los
paracos y dejemos de contar para no ser tan pesimistas. El conflicto no va a
terminar sino que va a complicar.
Sobre “la construcción de una paz
estable y duradera” ni siquiera vale la pregunta, ¿quién puede estar en
desacuerdo? Lo inadmisible es la insistencia en que si esto no se aprueba, si
no se dice que SI, entonces lo que sigue es la guerra. Al margen de lo que
tiene de chantaje, es otra falsedad.
“Mejor un acuerdo imperfecto que la
guerra” es el cuento con que Obama quiere vender su negociación con Irán, que
si no se aprueba lo que él dice la alternativa es la guerra; pero bien
respondió Benjamín Netanyahu: “La alternativa a un mal acuerdo no es la guerra
sino un buen acuerdo”.
Quién sabe si algún día será posible
llegar a un acuerdo razonable con todos y cada uno de los grupos insurrectos,
pero por ahora lo único que luce plausible es derrotarlos o reducirlos a un
mínimo de perniciosidad, como ocurre con el delito común, que parece imposible
de erradicar pero que no se puede renunciar a combatirlo.
La política de JMS se revela cada
vez más inspirada por la de Obama y quién sabe si en algún modelo de
negociación de Harvard que proponga convertir al enemigo en socio; pero incluso
Harvard tiene sus límites y es que hay enemigos con quien no se quiere, puede,
ni debe nadie asociarse, so pena de perder a sus amigos.
Y no se trata de un giro retórico:
los acuerdos prevén “la persecución de las conductas criminales que amenacen la
implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”, represión que
uniría a las FFAA, de policía y las FARC contra el nuevo enemigo.
Cuando JMS proclamó que Chávez era
su nuevo mejor amigo, seguro que no ponderó los nuevos enemigos que creaba;
como Obama, cuando se retrató con Castro.
LAS FARC VOTARAN “SÍ”
Con el polo patriótico, partido
comunista, ONGs y otras organizaciones de fachada, el gobierno de JMS en pleno
y hasta ¡el partido conservador! Pero lo extraordinario no es que enemigos
hasta ahora irreconciliables estén tomados de las manos votando juntos, sino
que las organizaciones armadas insurgentes sean los artífices y
portaestandartes de “la paz” ¡patrocinados por los Castro! Porque si algo es
imposible de negar es que todo este tinglado fue armado en Cuba con el visto
bueno de Castro.
Aunque bien vistas las cosas esto
tampoco es inédito. Volviendo a los bolcheviques, su política de paz no los
hizo renunciar a la tesis de Lenin de “convertir la guerra imperialista en
guerra civil revolucionaria”, que devastó Rusia y diezmó su población.
En Latinoamérica es ilustrativo que
durante la visita del Papa Juan Pablo II a Nicaragua el 4 de abril de 1983,
siendo ya dictador Daniel Ortega, sus huestes profanaron la misa coreando:
“¡Queremos la paz!” El Papa visiblemente incomodo respondió: “¡La primera que
quiere la Paz es la Iglesia!”
Es irónico que el FSLN, una
organización armada que tomó el poder mediante una cruenta guerra de guerrillas
siguiendo el modelo guevarista desarrollado en Cuba, increpe nada menos
que al Papa Juan Pablo II con “la paz”. El punto es: ¿Cómo puede hacerse compatible
esta insistencia obsesiva por la paz con doctrinas como “la guerra popular
prolongada” o “la guerra de todo el pueblo”?
Aparentemente se trata de un manejo
dialéctico de términos contradictorios de los que en Venezuela podría fundarse
toda una Escuela. Aquí, bajo una repugnante y repetitiva campaña por “la paz”
se organizan y arman milicias populares, los llamados colectivos, bandas de
motorizados que aterrorizan al público, mientras se desarma a los civiles, a
las empresas de seguridad e incluso a las policías municipales para dejar a la
población inerme frente al hampa oficialista.
Se encumbra a jefes militares a las
posiciones decisivas del Estado en las que han impuesto su lenguaje de guerra,
la más ilustrativa es “la guerra económica”, pero no pueden ignorarse todos los
estados mayores que asumen hasta la distribución de papel toalet como un
problema logístico.
De manera que la política de paz se
traduce en un camuflaje discursivo para distraer la atención del verdadero
desarrollo armamentístico y guerrerista de la revolución comunista, tal cual
como la pax soviética encubrió el desenvolvimiento de la guerra fría.
La única esperanza es que al fin y
al cabo la URSS perdió la guerra fría y es previsible que los neocomunistas
también pierdan la suya; sin olvidar que aquella tenía enfrente a líderes como
Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que no se ven en estos días.
Un liderazgo firme y sin complejos
como el de Rómulo Betancourt en el pasado o Álvaro Uribe en el presente,
vencieron el mito de que es imposible derrotar política y militarmente a las
guerrillas una vez que se han inoculado en el tejido social.
Paradójicamente lo primero que
tienen que vencer es el manejo ideológico de “la paz”.
Luis
Marín
11 septiembre 2016
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Plebiscito por la Paz
domingo, 11 de octubre de 2015
SAN JOHN KERRY, PROFETA Y MÁRTIR
SAN JOHN KERRY, PROFETA Y MÁRTIR
Luis Marín
Vuelve el Secretario de Estado a
referirse a Venezuela, esta vez para mostrarla como “un ejemplo de democracia
imperfecta”, una manera muy jesuítica de pasar la idea de que un Estado
fallido, que se precipita en el caos económico, político y social, donde bandas
armadas aterrorizan impunemente a la población, todavía puede calificar como
“democracia”.
En cuanto al adjetivo, no se necesita
haber sido monaguillo, ir a misa cada domingo y comulgar como JK para saber que
la Iglesia predica que todo ser humano es imperfecto por naturaleza aunque
“perfectible”, luego, toda obra humana también es imperfecta y lo único que
puede aspirarse es a mejorarla constantemente: sólo Dios es perfecto.
Sin embargo, una declaración tan anodina
sirve de pretexto para el rechazo automático de los voceros del castrismo en
Caracas lo que, por cierto, no cambia ni un ápice la convicción de JK de que
éste no es un régimen hostil sino incomprendido. Acompañará a Cuba hasta que
alcance una “democracia completa” (no digamos “perfecta”).
Hace poco a la pregunta de Andrés
Oppenheimer de qué negoció con Castro respecto a Venezuela, JK asintió
confusamente, mascullando que “queremos que Cuba, perdonen, Venezuela, obviamente,
cumpla las normas y estándares de la OEA, requerimientos interamericanos de
DDHH, elecciones libres con responsabilidad, rendición de cuentas a la
comunidad internacional, transparentes, accesibles para cada sector de la
sociedad”, es decir, todo aquello que no cumple el mismo régimen cubano.
Pero esto ha generado el hilo con que se
tejen audaces especulaciones acerca de qué fue realmente lo que se discutió y a
qué acuerdos llegaron, prefigurándose escenarios de la futura Asamblea Nacional
que van desde los realistas que auguran una proporción 90/60, es decir, un 3 a
2 a favor del gobierno, hasta los optimistas que creen posible que permitan un
triunfo por escaso margen de la oposición para defenestrar al jefe de la
Asamblea, como ya hicieron con el tercer miembro de la troika que sucedió a
Chávez.
JK salió de su visita al Vaticano
iluminado por la idea de que la pobreza “es la causa principal del terrorismo”,
lo que debe haber causado cierta perplejidad al menos en Arabia Saudita donde
la familia Bin Laden sigue siendo de las más ricas del reino o en Caracas que,
según ese criterio, debería ser menos violenta que La Habana.
Sería arduo determinar en qué momento la
Iglesia abandonó la alabanza de la pobreza como una virtud para convertirla en
el mal por antonomasia, la raíz de todos los otros males que nos atormentan,
como la delincuencia, la violencia y el terrorismo; sobre todo cuando es
evidente que no son las personas ni los países más pobres los que causan más
daño, como cualquiera puede advertir sin el menor esfuerzo.
El meollo está en la hegemonía de ideas
socialistas, que explican todos los problemas como consecuencia de lo que ellos
adversan por sobre todas las cosas, la desigualdad, estrictamente la
desigualdad económica, porque ninguna otra les preocupa ni luchan por eliminar
como, por ejemplo, la desigualdad de poder político.
Cuando organizaciones jerárquicas y
disciplinadas como la Iglesia, FFAA, partidos, burocracia, son colonizadas por
ideas comunistas, ocurre que toda cuestión comienza a ser interpretada con un
lente economicista y clasista, sus respuestas y acciones se vuelven
asquerosamente estereotipadas y uniformes, como no puede ser de otra manera,
pues todos los problemas tienen una causa única y esta es económica.
Si se combate la pobreza todo nos será
dado por añadidura, aunque de hace miles de años se sepa que “no sólo de pan
vive el hombre”.
Pero el Poder sigue agazapado en las
sombras, camuflado detrás de los pobres.
CUBA, QUE LINDA ES
CUBA
El país que tiene más partidos inscritos
en la Internacional Democratacristiana: Partido Demócrata Cristiano, Movimiento
Cristiano Liberación, Directorio Democrático Cubano, Proyecto Demócrata Cubano
y una plataforma común de seis puntos básicos: democrática, participativa,
pluralista, incluyente, humanista, orientada al Bien Común.
Es imposible determinar cuan involucrada
pueda estar la Iglesia en estos movimientos políticos, pero es evidente que no
pueden serle del todo ajenos. Su actitud parece ser expandirse no
enfrentando al régimen comunista sino bajo el régimen comunista, recuperando
iglesias, casas parroquiales y otros bienes robados por los Castro y hoy en
ruinas, para ser rehabilitados con fondos del Vaticano.
Abriendo seminarios (Cuba es el único
país latinoamericano con vocaciones sacerdotales superavitarias), escuelas,
liceos y quién sabe si alguna universidad católica, a nivel de pregrado, porque
ya se han abierto dos sedes de postgrado a cargo de la Universidad Católica San
Antonio de Murcia.
Al contrario, la actitud de la
Internacional Socialista ha sucumbido a su oportunismo político, de hecho, no
ha aceptado la inscripción de ningún partido socialdemócrata cubano. Desde hace
casi veinte años que el partido de Vladimiro Roca ha solicitado su inclusión en
la IS y no lo han admitido alegando que ¡no es legal en Cuba!
El pobre Vladimiro, al que le perdonan
la vida porque es hijo de Blas Roca, uno de los líderes del histórico Partido
Comunista Cubano, anterior al actual de los Castro, ha pretendido registrarse
en Cuba sin que le hayan dado ninguna constancia ni siquiera de asociación
civil porque, como se sabe, el régimen político cubano es de partido único.
Pero la IS ha invitado a Fidel Castro a
sus asambleas cuando ostentaba la presidencia de la organización de países no
alineados, mucho más interesada en tratar con el régimen comunista que con la
oposición socialista. Han inscrito movimientos guerrilleros como el FSLN de
Nicaragua y Al Fatah, de Mahmud Abbas, alias Abu Mazen.
¿Cómo olvidar el firme apoyo que prestó
Rodríguez Zapatero y su canciller Moratinos a la tiranía de los Castro y las
ventajas que esta alianza facilitó a la industria hotelera y de
telecomunicaciones españolas?
En cambio, el país que tiene más
partidos inscritos en la IS es Venezuela: Acción Democrática, Movimiento Al
Socialismo, Voluntad Popular de Leopoldo López y Un Nuevo Tiempo de Manuel
Rosales, también calificaría Alianza Bravo Pueblo de Antonio Ledezma,
inequívocamente socialdemócrata.
Pero el único partido inscrito en la
Internacional Democratacristiana es COPEI. Primero Justicia no ha solicitado
inscripción, que se sepa, aunque también tiene sus vínculos internacionales con
el PP de España y el PAN de México.
Para cerrar el incordio de la cárcel de
Guantánamo JK ha implorado los buenos oficios del Vaticano para conseguir algún
alojamiento para sus huéspedes, inútilmente porque nadie los quiera recibir,
aunque sean menos de los que se hacinan en un pabellón en el resto de Cuba o de
los que asesinan en una sola requisa en Venezuela.
Si hubiera un barómetro para medir el
índice de los DDHH en el mundo se podría constatar que el cierre de esa cárcel
no movería el fiel ni un milímetro hacia arriba ni hacia abajo, lo que
evidencia la hipocresía de las autodenominadas organizaciones defensoras de
derechos humanos que usufructúa la ultraizquierda, como Amnistía Internacional,
movidas menos por el buen corazón que por un feroz antiamericanismo.
Como JK habrá constatado, la Iglesia
acompaña a sus devotos hasta el cementerio, pero no se entierra con ellos.
VOLVER AL FUTURO
La prédica del perdón y la
reconciliación conduce a la paradójica equiparación entre víctima y victimario,
olvida que aquella sufre una injuria que merece una reparación satisfactoria y
éste no tiene nada que perdonar y si una deuda que pagar ejemplarmente.
Esta injusticia esencial se pretende
esconder tras un falso desprendimiento que si se tomara en serio daría al
traste con todo el Derecho Penal porque, ciertamente, ¿para qué juzgar y
condenar crímenes que necesariamente siempre están en el pasado en lugar de
mirar hacia el futuro y construir un mundo mejor, etcétera?
Es un hecho curioso pero no sorprendente
que esta sea la bandera que enarbolan los espías cubanos recientemente
liberados por la Administración Obama, entre ellos los asesinos de los Hermanos
al Rescate, que quieren “pasar la página y pensar sólo en el futuro”, lo que
aparenta altruismo pero en realidad es repugnantemente conveniente para ellos y
el régimen que siguen apoyando sin el menor arrepentimiento.
Asimismo pretenden las FARC que se haga
“borrón y cuenta nueva” con sus tropelías del pasado y las actuales que
perpetran mientras negocian, a través de lo que llaman “justicia transicional”,
esto es, la que operaría mientras acceden al poder en Colombia, como lo han
hecho otros movimientos guerrilleros en Venezuela, Brasil, Uruguay, Argentina,
Chile, Nicaragua, El Salvador, etcétera.
Lo más sorprendente es que estos mismos
guerrilleros no renuncian a juzgar ellos a los soldados y policías que los han
combatido y en Colombia se dice explícitamente que la indulgencia de esta
“justicia” no le es aplicable a los funcionarios militares y policiales que
hubieran incurrido en violaciones de DDHH, lo que luce muy plausible pero
grotescamente desproporcionado.
A quien estuvo décadas secuestrado por
las FARC o perdió las piernas por una mina “quiebra patas” se le ofrece la
oportunidad, desde su silla de ruedas en el hospital, de ver en televisión a
sus torturadores optando a cargos en el Congreso y, por qué no, a la
presidencia de Colombia, con el magro consuelo del perdón y la reconciliación.
Así, los hermanos Castro quieren juzgar
y condenar a Álvaro Uribe por el crimen de haber desafiado con éxito su
liderazgo político en Latinoamérica, olvidando de un modo sorprendente que Juan
Manuel Santos era su Ministro de Defensa, por lo que no se ve cómo aquel es
imputable y éste no por los golpes propinados a las FARC, ni apelando al burdo
truco de decir que podía hacer más como gobernador que como presidente.
Lo mismo ocurre en los demás países,
porque esta es una posición consistente del socialismo internacional. No debe
olvidarse que el juez prevaricador socialista Baltasar Garzón quiso desenterrar
los huesos de Francisco Franco para juzgarlo; pero ni siquiera admitió las
querellas contra los todavía vivos dirigentes comunistas como Santiago
Carrillo, ni hablar de dictadores como Fidel Castro, aunque deba su fama mal
habida al arresto de Pinochet.
En este punto coinciden unánimemente los
socialcristianos cubanos que predican: “El pasado no lo podemos cambiar,
miremos hacia el futuro”. Para ellos, el embargo es una entelequia de la
guerra fría que debe ser superada. Paradójicamente sostienen que el embargo
sirve sólo a los Castro, no obstante, “favorece tanto a EEUU como al gobierno
cubano eliminarlo”, o sea, con el embargo los Castro están bien y sin él,
mejor.
El oráculo de la izquierda americana, el New
York Times, más pragmático, dice que el embargo “no ha funcionado”. En un
famoso editorial, el primero que publica en español, define al de Cuba como un
“gobierno autoritario”, no dice “comunista”, de hecho, esa palabra no aparece
ni una vez en el editorial.
“Cuba fue incluida en la lista (de
países patrocinadores del terrorismo) en 1982 por su apoyo a movimientos
rebeldes en América Latina, aunque ese tipo de vínculos ya no
existe”. ¿Y cuándo sería que según elNYT Castro rompió
sus vínculos con los movimientos insurgentes en Latinoamérica, ni mencionar los
de África y Asia?
Ni siquiera al NYT le
viene bien mentir para sostener lo insostenible, ni tergiversar como cuando
afirma que “la mayoría quiere suspender el embargo y establecer relaciones”,
claro, hasta la Ley Helms-Burton lo dice, aunque con las condiciones que ella
misma establece, no consolidando al castrismo.
El NYT aplaude la
acogida al régimen castrista “rompiendo así la tradición de excluir a la isla por
exigencia de Washington”, aunque es un hecho histórico bastante
conocido que la exclusión de la OEA se hizo a solicitud de Venezuela por muy
fundadas razones que ni siquiera el NYT puede desvirtuar,
como la invasión de Machurucuto, entre otras. Concluye utilizando, como al
pasar, el término “desbloqueo”.
La Resolución de la OEA del 31 de enero
de 1962 declara: “el actual gobierno de Cuba, que se ha calificado a
sí mismo de marxista-leninista, no responde a los principios ni a los objetivos
del sistema interamericano”. ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿El
gobierno de Cuba ya no se autocalifica de marxista-leninista? ¿El
marxismo-leninismo ahora es compatible con los objetivos del sistema
interamericano?
Esto no lo puede cambiar el NYT,
ni siquiera el Papa, que para otros efectos sigue siendo infalible.
11 de octubre del 2015
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