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domingo, 13 de diciembre de 2015
¿QUÉ ES EL CHAVISMO?
¿QUÉ ES EL CHAVISMO?
Miguel Aponte
Pasó el 6D y todos
sacamos lecciones, o deberíamos. Una cosa es segura: Maduro no. Al menos no si
juzgamos por sus primeras actuaciones. Pero, más allá de la anécdota
trasnochada, ¿qué ver en el chavismo oficial? Todos esos “jefes” sabían de
antemano lo que ocurriría y, sin sorprender a nadie, repitieron sin variaciones
el guion del político mediocre.
Esta revolución se ha
vuelto demasiado predecible, repetitiva, necia y aburrida. Hicieron lo que
habría hecho cualquiera, de derecha o izquierda; pero con menos imaginación y
con mucha más violencia y brutalidad: amenazar, mentir, manipular, disimular la
realidad, ¿ante quién? Pues ante sus propios cada vez más escasos seguidores,
sin el más mínimo respeto por la inteligencia de ese pueblo que dicen
representar.
Y, ¿para qué? Para
quedar desnudos al final, en medio de la desbandada.
¿De qué signo es este régimen? ¿De izquierda o de derecha? Respuesta: es
populista. La fórmula que adoptó la izquierda una vez que no ha sido capaz de
repensarse a sí misma y mucho menos reconstruir el edificio ahuecado del
marxismo.
No saben pensarse de
izquierda sin ser marxistas, mientras a la vez tampoco saben ser marxistas,
que, para colmo, ¿qué es hoy? Son populistas, sólo eso: invento que, de paso,
tampoco es suyo.
Así, la izquierda de
hoy -a nivel mundial- es apenas el reflejo de un espejo que replica todo lo que
critica, sin filosofía, sin teoría económica y sin teoría de la historia.
¿A dónde pues podría
llevarlos semejante indigencia? ¿Es que de verdad creen que la lucha de clases
es el motor de la historia y hará el trabajo por ellos?
Pero la izquierda
contemporánea no tiene solamente estos problemas existenciales, que no enfrenta
atrapada como está en su propia pulsión de muerte, sino que ahora el chavismo
viene, como macabro regalo, a sumarse a sus desgracias: ¿Qué es el chavismo en
el ámbito de la izquierda?
¿Cómo es que tantos
“sabios” lo señalaron como el camino a seguir, sin notar la estafa evidente que
significaba? ¿Tanta es la desesperación por alcanzar el poder? ¿Y para qué si
no saben gobernar? ¿Dónde estuvo la falla, no de Chávez, que realmente no tuvo
nunca nada sustancial que ofrecer, sino de ese “pensamiento” de izquierda que
se arrojó a sus botas de militar sin la más mínima vergüenza?
Esa falla, amigos, no
es sólo teórica y política, sino que es también ética y aún estética; y si no
lo creen así, los retamos a escuchar cinco minutos cualquier discurso, pasado o
presente, de los “líderes” del chavismo.
Quien no vea allí que
la revolución nunca pudo ser eso y estos tipos jamás su encarnación, tendría
que ir de nuevo a la escuela o al terapeuta antes de responder. Así sería, si
hubiera gente de izquierda con algo de seriedad y vergüenza; pero no se afanen
que, de esos, ¡ya no hay!
sábado, 5 de diciembre de 2015
DESBANDADA
DESBANDADA
Miguel Aponte
Haga esta prueba: pregunte a su chavista
más cercano si recomendaría a otro país un gobierno como el que tenemos en
Venezuela y con qué argumentos. Mírele a los ojos mientras responde, los gestos
hablan más que las palabras.
Con chequera
petrolera el chavismo ya era inviable; sin ella, desastre y desbandada. ¿Qué
otra cosa decir? El chavismo es un desastre de la A a la Z. ¿Qué puede mostrar
más allá de argumentos fabricados por sus jefes indolentes y los lugares
comunes que repiten sin pensar los pocos partidarios honestos que le quedan?
Veamos: primero, que superaron la pobreza; segundo, que reivindicaron la
política; y, tercero, que el régimen es paladín de la lucha antiimperialista.
Pero, en realidad, luego de 17 años, ¿qué resultados tenemos en cada uno de
estos campos? Veamos.
Hoy hay más y peor
pobreza, la política es con el mazo dando y cada día, desesperados y con total
sinvergüenzura, entregan el país al imperialismo ruso, chino, iraní y, claro, a
los Castro. ¿Estos imperialismos sí son buenos y vale que Venezuela se postre
ante ellos? ¿Por qué? Para colmo, pagan puntualmente sus compromisos
internacionales con el capitalismo que dicen odiar, entonces, pregunte a su
amigo chavista, ¿dónde está la coherencia mínima requerida en todo esto? ¿Dónde
está la independencia prometida; y el legado de Bolívar, dónde?
La verdad es que el
chavismo arrasó con todo, sin poner nada en su lugar, mientras de paso liquidó
la mayor bonanza económica que ningún otro gobierno disfrutó jamás antes y
quizá tampoco podrá contar ningún otro después. Si quedara algo de seriedad en
la izquierda venezolana, respondería estas interrogantes antes de intentar
cualquier defensa; y, en realidad, tendría que oponerse firmemente a una gente
que cada vez se parece más a Videla y Pinochet.
Entonces, ¿qué es el chavismo? ¿Cuál es la verdad que va quedando tras la estafa? Veamos.
De la izquierda, lo
peor: la falsa idea de la lucha de clases, la guerra irracional a la propiedad,
la absoluta incomprensión del mercado y sus efectos, la ausencia total de
pensamiento económico, el irrespeto por la independencia de poderes y
contrapoderes de la gestión pública y ese estúpido afán por gobernar para
siempre sin importar las realizaciones y los resultados.
De la derecha, lo peor: el
gerrymandering, la politiquería barata, el chantaje negociado y amenazado de
conciencias y votos, la degradación total del sistema representativo. De ambos,
lo peor: el populismo, el caudillismo, el desprecio por la democracia y la
participación ciudadana.
Entonces, concluyamos:
este régimen resume lo peor de todos los mundos y nada que apuntale un futuro
para nadie, ¡tampoco para ellos! Por todo esto, amigos, lo que viene para el
chavismo tiene un sólo nombre: la desbandada.
29 de noviembre del 2015
Etiquetas:
06D,
Chavismo,
Miguel Aponte - La desbandada,
Socialismo Siglo XXI,
Venezuela 2015
jueves, 3 de diciembre de 2015
LA REVOLUCIÓN DE LOS MUERTOS
LA REVOLUCIÓN DE LOS MUERTOS
Humberto
García Larralde
Anoche, miércoles 2 de diciembre,
como expresión de la locura extrema que se ha apoderado de Maduro, se aireó en
cadena nacional a Chávez -luego de tres años muerto-, en un video en el que
regañaba a sus partidarios por la derrota sufrida en el referendo sobre el
cambio de la constitución, celebrado ocho años atrás. Quizás este intento
desesperado por despertar lealtades que se han ido apagando ante el desastre
urdido entre ambos retrata mejor que muchos sesudos análisis la esencia de esta
mal apodada “revolución”.
Desde sus comienzos, los referentes
de la Revolución Bolivariana fueron siempre los muertos, en este caso, los
grandes muertos, elevados a condición de héroes por haber triunfado ante un
ejército español que se oponía a la emancipación de Venezuela y de América
Latina 200 años atrás. Luego, cuando quiso adornarse de socialista, los
resentidos de la insurgencia guerrillera de los ’60 desempolvaron a los caídos
en esta gesta inútil –que sacrificó a tanto joven idealista- para aportar
mártires de izquierda a su pretendida supremacía moral.
Y ahora, una vez dilapidada la
cornucopia petrolera, la inopia de ideas para enfrentar los problemas del país
no encontró mejor respuesta como antídoto a la inevitable erosión de su apoyo,
que revivir en televisión al ídolo desaparecido, garante supremo de las
“verdades” eternas que resguardarían para siempre a Venezuela. Solo falta algo
como la elegía con que el antiguo seminarista, Joseph Vissarionovich
Djugashvili (Stalin), quiso apropiarse en exclusividad del legado de Lenin –en
ocasión de sus exequias-, para liquidar a sus rivales en el Estado Soviético.
El culto a la personalidad, más si se
trata de un muerto, ha servido siempre para congelar en el tiempo toda
posibilidad de cambio, para reemplazar los soplos frescos de renovación por el
aire estancado de ideas y conceptos que hace mucho dejaron de tener
pertinencia, en aras de consolidar un poder despótico.
Con la difusión del Difunto Eterno
–todos los muertos lo son- en cadena nacional como pieza de propaganda
política, el régimen confiesa su carácter retrógrado, su apego a dogmas
fosilizados, su incapacidad por ofrecerle nada positivo, de avance y de
progreso, a Venezuela. Lamentablemente, la preeminencia de la muerte en esta
“revolución” no se reduce solo al imaginario que transmite.
Son también los cuantiosos muertos
que cada semana ingresan a la morgue a consecuencia del hampa desbordada, los
asesinados por “colectivos” y Guardias Nacionales por ejercer su legítimo
derecho a la protesta y, ahora, el creciente número de decesos por no conseguir
los medicamentos con los cuales combatir enfermedades graves o que impiden una
operación salvadora.
¿A alguien puede sorprenderle que en
la Venezuela “revolucionaria” de hoy puedan estarse muriendo personas que no
tienen cómo comer por la carestía de los alimentos y la carencia de ingresos?
Mientras Maduro amenaza con arrebatos
de violencia y muerte para intimidar al país ante su probable derrota en las
elecciones parlamentarias del próximo domingo, corresponde a las fuerzas
democráticas invocar la vida, la esperanza, la confianza en nosotros mismos,
para abrir las puertas a un futuro mejor a los venezolanos.
“…in Ur-Fascist ideology, heroism is the norm.
This cult of heroism is strictly linked with the cult of death. It is not by
chance that a motto of the Falangists was ‘Viva la Muerte’ (…) …the
Ur-Fascist hero craves heroic death, advertised as the best reward for a heroic
life. The Ur-Fascist hero is impatient to die. In his impatience, he more
frequently sends other people to death.” (Umberto Eco, Ur fascism, The
New York Review of Books, junio 22, 1995, pp. 12-15.
Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
domingo, 29 de noviembre de 2015
VENEZUELA EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL
VENEZUELA EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL
Luis Marín
La Cátedra Pío Tamayo y el Centro de
Estudios de Historia Actual de la Universidad Central de Venezuela han
convocado a un foro para debatir el tema que acapara la mayor atención en los
titulares de todo el mundo: si estamos o no inmersos en lo que se ha dado en
llamar III GM, pero en particular interesa ubicar a Venezuela en este nuevo
contexto internacional.
Lo primero que salta a la vista es la
poca beligerancia que tuvo Venezuela en las guerras mundiales anteriores. En la
I GM fue exactamente igual a cero, porque el General Juan Vicente Gómez se
declaró neutral y no tuvo la menor participación en las hostilidades.
Su sucesor, Eleazar López Contreras,
mantuvo esa línea de conducta en la II GM, pero ya electo su Ministro de Guerra
y Marina, Isaías Medina Angarita, como Presidente y visto el ataque japonés a
la base naval de Pearl Harbor, éste no tuvo más remedio que declarar su
solidaridad con EEUU y romper relaciones con las potencias del Eje, el
31-12-41, pero no llegó a una declaración de guerra.
Muy a pesar de que Venezuela fue víctima
de hostilidades de la marina alemana, sufrió el hundimiento y la avería de
buques tanqueros, como el caso del Monagas, torpedeado el 16-02-42, en el
intento de interrumpir el flujo de petróleo a las refinerías de las Antillas
Neerlandesas.
Esta vez Venezuela tuvo un papel
estratégico en el suministro de combustible para mover la maquinaria aliada;
pero no declaró la guerra sino ya casi al final, el 15-02-45. Hitler se suicidó
en abril, Alemania capituló en mayo, Japón se rindió en septiembre y Medina fue
derrocado en octubre del mismo año.
Esta rápida secuencia de eventos muestra
que el derrocamiento de Medina pudo inscribirse dentro de la ola
democratizadora dominante a partir de la derrota del militarismo en la II GM.
Algunos datos ciertos podrían ser que a Rómulo Betancourt se le permitió
retornar de su exilio en Chile en aquel año de 1941 y para entonces ya había
arriado las banderas del antiimperialismo, declarado al fascismo como el
enemigo principal y deslindado inequívocamente del comunismo soviético.
De manera que el rasgo más sobresaliente
de Venezuela en la III GM es que por primera vez se encuentra en una posición
beligerante, inesperadamente hostil a los EEUU y sus aliados, como Israel y el
Reino Unido de la Gran Bretaña, sin dejar de ser su proveedor seguro de
combustible.
El régimen venezolano se ha alineado con
el Eje formado por Cuba, Irán, Siria, Rusia, China y, en verdad, con todo el
que comparta su visión de confrontación contra el “imperialismo” americano, el
sionismo israelí y, en fin, todo lo que huela a liberalismo, capitalismo, libre
mercado y globalización.
La suerte está echada.
LA GUERRA ECONÓMICA
Según la doctrina tradicional que, por
cierto, es de origen anglo-americana, la guerra económica es la que concierne a
la población civil no-combatiente en el contexto de una guerra en sentido
general.
Desde este punto de vista, sería una
consecuencia de la distinción entre combatientes y no-combatientes. Siendo que
las acciones militares propiamente dichas sólo pueden ejecutarse lícitamente
contra los combatientes y contra objetivos militares, queda por resolver qué
hacer respecto de la población civil no-combatiente que, no obstante, sigue
siendo parte fundamental del campo enemigo.
Es respecto de ellos que procede la
guerra económica, entendiendo que la actividad económica es el rasgo definidor
de la sociedad civil, sea que estos no-combatientes se encuentren en el propio
territorio, en territorio neutral o en territorio enemigo. Acciones
no-militares, como confinamiento, deportación de población; embargos,
restricciones aduaneras, racionamiento de productos y otras medidas punitivas,
son parte de la GE.
Si esto es en teoría, ¿qué puede
significar en Venezuela? ¿Cómo puede explicarse una GE en un país que se
encuentra formalmente en paz? Habría que desentrañarlo, porque el régimen
oculta sus motivos tanto como sus objetivos. Quizás hallaría explicación en el
contexto más general de la guerra global contra “el imperialismo”, una
consecuencia de la adscripción a la doctrina militar cubana de guerra
permanente contra EEUU que guía la conducta estratégica de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias.
Algunos componentes de la Fuerza Armada
se declaran “antiimperialistas” sin que se sepa el contenido y alcance de esta
expresión, que no se encuentra en la Constitución ni en la Ley Orgánica
respectiva, por lo que cabe preguntar: ¿Qué significa para ellos ser
“antiimperialista”? ¿No ser aliado de EEUU? ¿Tenerlos como enemigo en las
hipótesis de conflicto?
Subrepticiamente y sin ninguna
declaración formal, el régimen venezolano se ha inscrito en una guerra global
contra el imperialismo americano, el sionismo, etcétera, con graves
consecuencias para el país, que no ha sido advertido de esta nueva situación. Sólo
en este contexto general de guerra puede entenderse un tópico de otra manera
traído por los cabellos como la GE que, si no fuera así, ¿cómo se explicaría?
La pregunta es, ¿cuán serio es esto?
¿Esta guerra global es ya o puede considerarse como la III GM? Sobre todo
considerando las nuevas alianzas y enroques que impiden ver con claridad cuáles
serían los bloques en conflicto. ¿Es el yihadismo un pretexto para implementar
la desconcertante política de Obama de convertir a los enemigos en amigos? ¿Su guerra
es contra el islamismo radical, contra Irán o contra Rusia?
¿Cómo quedaría Venezuela y su
antiimperialismo demodé en estos escenarios?
Volvamos a echar la suerte.
¿QUÉ ES LA GUERRA?
El Derecho Internacional Público solía
definir la guerra como una relación entre Estados caracterizada por la
intervención de la fuerza y la suspensión de las relaciones pacíficas.
Antiguamente se concebía como una forma lícita de resolver conflictos
internacionales.
Con la decadencia de la entelequia
medieval de la “guerra justa” (no por casualidad equivalente a la noción
también medieval de los “precios justos”), se intentó proscribir la guerra como
forma de solución de controversias, sobreviviendo apenas la noción de legítima
defensa que es irrenunciable para los Estados. De aquí la importancia de
definir en cada caso quién es el agresor para determinar en consecuencia quién
tiene el derecho legítimo de defenderse.
Después de la devastación de la II GM
incluso la Iglesia concluyó que ninguna guerra puede ser “justa” y se optó por
las formas pacíficas de resolución de controversias, tal como establece
la ONU y convenios internacionales entre las “naciones civilizadas”.
Los principios del Derecho de Guerra son
bastante simples, pero pueden ser útiles para comprender las perplejidades de
la situación actual; todos se inspiran en la distinción esencial entre
combatientes y no-combatientes.
Por ejemplo, la prohibición de la
acción directa contra civiles no-combatientes; porque, como ya vimos, la acción
directa solo procede contra combatientes y objetivos militares, ejecutados por
personas autorizadas, identificadas, con uniforme y bajo un estandarte. No es
que la declaración de guerra habilite a cualquier ciudadano de un Estado para
agredir a cualquier ciudadano del otro estado declarado enemigo.
La prohibición de infligir sufrimientos
y daños superfluos, o sea, inútiles para la derrota del enemigo. Por último, la
prohibición de medios de lucha pérfidos, contrarios al honor militar. Por
ejemplo, el uso de veneno, gases tóxicos, armas químicas y bacteriológicas,
como la suplantación de uniformes e insignias, se consideran medios pérfidos de
lucha.
Ahora bien, de todo esto: ¿Qué es lo que
queda en pié en la lucha contra el terrorismo? Si para empezar estos elementos
prescinden de la distinción entre combatiente y no-combatiente. Centran sus
objetivos no en los militares sino precisamente en los civiles, preferiblemente
transeúntes desprevenidos e indiferenciados. Si el sufrimiento y el daño
mientras más superfluos, mejor. Si el yihadismo es esencialmente pérfido y se
solaza en la perfidia. Si se declara que el DAESH ni es un Estado ni es
islámico. ¿Puede aplicarse el concepto de “naciones civilizadas” a una realidad
tribal? ¿Cuál es la doctrina, cuáles son los principios de esta nueva guerra,
si se trata de la III GM?
Históricamente, la doctrina siempre ha
estado rezagada respecto de la realidad; dicen los poetas que primero ocurren
los hechos y luego llega la filosofía arrastrando los pies.
Vale entonces preguntar: ¿Qué viene?
¿Cuál es el novus ordo seclorum?
EL ESTADO POLICIAL
UNIVERSAL
Lo que muestra la evidencia es que un
sujeto como Vladimir Putin, que quiere ser el modelo de gobernante del siglo
XXI, ha aumentado proporcionalmente su poder con cada acto de terrorismo
ocurrido en su territorio y mientras más dramático y trágico haya sido el acto,
más poder asume, tanto, que estos resultan contraproducentes.
Curiosamente, desde 1998, la hegemonía
de Putin en Rusia corre paralela al proceso chavista en Venezuela, siguiendo el
guión que conocemos en carne propia: se ha elegido y reelegido indefinidamente
burlando la constitución que impusieron a la caída de la URSS, ha designado a
sus secuaces gobernadores de la federación, monopolizado y amordazado los
medios de comunicación, manipulado al poder judicial para encarcelar rivales
políticos, perpetrado el asesinato de opositores a la vista del público,
violado todos los derechos humanos, pero esto no es lo más grave.
Putin está librando al menos cinco
guerras abiertamente: en Chechenia, Georgia, Moldavia, Ucrania y últimamente en
Siria; por no contar las guerras encubiertas en que se ha involucrado en todo
el globo, incluyendo Latinoamérica, donde ha implantado bases de operaciones en
Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Ahora, con motivo de la guerra contra el
yihadismo, parece que todos los agravios se olvidaron y es recibido
clamorosamente en una alianza morganática que sin rubor incluye a Irán, Irak y
la Siria de Bashar Al-Assad, o sea, a los creadores del problema. ¿Quién
recuerda hoy que estaba sometido a sanciones por la invasión y desmembración de
Ucrania, lo que antes había hecho con Georgia y Moldavia?
Putin no sólo ha reivindicado al Zar y
al zarismo como religión de Estado, restablecido los fastos del imperio, sino
que se ha coronado como el nuevo Zar de Rusia. Hay que reconocer que en 15 años
ha conseguido más que todos los anteriores en 500: la anexión de Crimea sin una
guerra de Crimea, no uno acaso dos puertos en el Mediterráneo como no soñaría
ni el mismo Pedro El Grande y la exaltación del orgullo nacional ruso.
Así, no sorprende que un socialista
decadente como Francois Hollande también tenga sus días de gloria, que
aproveche la coyuntura para tomar medidas extraordinarias que le dan más poder
del que jamás tuvo ningún monarca francés desde la era Bonaparte y mande sus
tropas al África y Asia, como en los buenos tiempos imperiales.
La III GM es la mayor derrota para la
libertad desde la catástrofe de la II GM. Su sino más visible es la
transformación del ciudadano en sospechoso, vigilado y auscultado por un Estado
todopoderoso con la coartada de que lo hace para protegerlo de un enemigo invisible,
ubicuo e implacable, que puede actuar en cualquier momento, en cualquier lugar
y de un modo completamente impredecible.
Por lo tanto, la humillación que antes
se restringía a los aeropuertos ahora se traslada a todos los escenarios de la
vida civil, del baño hasta la alcoba, a cualquier comunicación o actividad,
porque nunca se sabe lo suficiente y no hay forma de que este aparataje de
vigilancia y prevención no se use contra los adversarios o enemigos políticos
internos, como es tan caro a los socialistas y a toda institución de mentalidad
totalitaria.
La contrapartida es el
beneplácito de los siervos, el cándido agradecimiento profesado a
quienes los voltean de revés para ver qué cargan en las entrañas y hasta en sus
más íntimos pensamientos, porque nadie puede confiar ni siquiera en sí mismo,
ni estar libre de convertirse en victimario o víctima potencial.
El problema como siempre ha sido seguirá
siendo: ¿Cuáles son los límites de este EPU? ¿Quién vigila al vigilante? ¿Qué
defensa hay contra él? ¿Dónde quedan la privacidad, la libertad, el derecho a
disentir? En resumen: ¿Cómo se combate al terrorismo y se limita al Estado al
mismo tiempo?
La visión de un gobierno mundial
omnipotente que elucubraron los conspirativistas del siglo XIX parece hoy
posible gracias a una tecnología alucinante, desafortunadamente en manos de
políticos tan inescrupulosos y corruptos que ni siquiera aquellos soñadores del
absoluto hubieran podido conjurar.
Parte del problema es que no existe una
respuesta liberal a la amenaza del EPU que instrumentaliza el terror para
imponer a sangre y fuego su agenda totalitaria.
De un lado, todos contra el
imperialismo; del otro, no está claro si el enemigo es Rusia, Irán, el
islamismo radical o todos juntos.
En todo caso, con este bando es que el
régimen de Venezuela está alineado.
Luis Marín
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Venezuela 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
LA REVOLUCIÓN QUE MADURO DICE “NO VA A ENTREGAR”
LA REVOLUCIÓN QUE MADURO DICE
“NO VA A ENTREGAR”
Humberto García Larralde
¿En qué consiste esa “revolución” que
Maduro y Cabello defienden con tanta vehemencia, hasta llegar a decir que de
ganar las fuerzas democráticas una mayoría en la Asamblea Nacional, “no la van
a entregar”? ¿Qué significa eso? ¿Pasarán a sabotear las potestades del órgano
legislativo, impidiendo sus labores de aprobación de leyes y de vigilancia y
control del poder Ejecutivo? ¿No “entregar la revolución” significa,
definitivamente, darle un palo a la lámpara?
Para entender la naturaleza de la
revolución chavista, es menester separar el discurso de la realidad. La
retórica oficial alega que es una “revolución socialista”, inspirada en Bolívar
(¿?), Marx y las comunidades indoamericanas, que busca defender la Patria
contra las acechanzas del Imperio y acabar con los agentes de éste en el país;
la burguesía explotadora. Para ello debe destruir el “Estado burgués” y
derrotar su expresión en los partidos políticos democráticos y en las vocerías
de la sociedad civil; la “derecha”. Así “el pueblo” -en la figura de Chávez y
ahora, de Maduro- podrá asumir todo el poder, sin restricciones leguleyas que
impiden su justo provecho de la riqueza social.
Pero la construcción del dominio
“revolucionario”, al desmantelar las instituciones del Estado de Derecho, deja
como único criterio de mando a la fuerza con que se cuenta en la estructura del
poder político, incluyendo lo militar. Sin frenos ni cortapisas legales y
habiendo sometido a los medios de comunicación, no hay límite al ejercicio del
poder que no se derive de la fuerza. Desaparece el equilibrio de poderes
autónomos, la rendición de cuentas, la irreductibilidad e inviolabilidad de los
derechos humanos y el resguardo de los derechos de propiedad.
Los “revolucionarios” alegarán que,
gracias a sus convicciones ideológicas, ese poder irrestricto se convierte en
instrumento de redención por excelencia del “pueblo”. Pero lo que se ha
conformado es una institucionalidad sujeta al arbitrio de quien manda, sin otra
acotación que no sea su capacidad de imponerse, aunque fuese legitimando sus
ejecutorias como acciones que prosiguen –supuestamente- el “bien común”. De ahí
la importancia crucial de la ideología para encubrir el ejercicio desnudo,
despótico y arbitrario del poder.
Al borrarse las fronteras entre lo que
es permisible y lo que no lo es y al no tener que rendirle cuentas a ninguna
instancia autónoma, el manejo de los recursos públicos pasa a efectuarse con
base en criterios personales. En un país en el que el Estado administra la
prodigiosa riqueza petrolera, tal arreglo es funesto. Al identificarse “el
pueblo” con la “revolución”, y ambos con el Estado y con quienes lo conducen,
el disfrute de las “mieles del poder” deja de ser objeto de crítica –como
sí lo era en los “oprobiosos y corruptos gobiernos puntofijistas”-, y tiene
aprobación moral por ser asunto de “revolucionarios”. Se instala así el patrimonialismo,
entendido como el usufructo de los bienes públicos como si fueran propios.
Es la camionetota con guardaespaldas y
chófer, los viajes al extranjero para acompañar al presidente o a un ministro,
el acceso a dólares preferenciales sin miramientos respecto a sus usos, los
generosos “gastos de representación”, viáticos, etc. Pero son también las
colitas en las avionetas del Estado, el pasaporte diplomático sin ocupar cargo
alguno de representación en el extranjero y, como es el caso de los familiares
de Cilia Flores aguardando juicio en Nueva York por presuntamente traficar
droga, poder contar con uno de los bufetes de abogados más costosos como
defensa[1].
Desde luego, la campaña electoral de
candidatos oficialistas particulares, financiada con dineros públicos y
realizada con autobuses, avionetas, espacios televisivos, etc. del Estado, es
patrimonialismo. Porque el “Estado revolucionario” es del “pueblo” y, por
antonomasia, los “revolucionarios” SON el “pueblo”. De ahí que sus recursos les
pertenecen, son de ellos, y luchan para no entregar -“como sea”- tal
“instrumento de la revolución”. De manera que bajo la prédica socialista, de
privilegiar lo colectivo sobre lo individual, son privatizados los bienes
públicos para su usufructo excluyente y discrecional por parte de quienes
detentan el poder. Al resto de la sociedad –usted y yo, querido lector- se nos
discrimina de lo público.
“Тhе new class instinctively feels that national goods
are, in fact, its property, and tћat even the terms "socialist,"
"social," and "state" property denote а general legal
fiction. The new class also thinks that any breach of its totalitarian аuthority
might imperil its ownership. Consequently, the new class opposes any
type of freedom, ostensibly for the purpose of preserving "socialist"
ownership. Criticism of the new class's monopolistic
administratioп of рrореrtу geпerates the fеаr of а possible loss
of роwеr”. Djilas, M., The New
Class, Thames and Hudson, 1957, Pág. 65
Pero la retórica de un mundo mejor, que
cautivó a tantos en su momento, no solo encubre al patrimonialismo.
El usufructo discrecional de los recursos del Estado permite también apoyar, al
margen de la ley, una vasta panoplia de “negocios”, desde el narcotráfico, los
sobreprecios en las compras y contrataciones, las comisiones para la entrega de
dólares, el lavado de dineros ilícitos y mucho más. Tampoco esto agota lo que se
defiende como “revolución”.
El abatimiento de toda norma de
convivencia y de respeto a lo ajeno –la anomia- en aras de imponer la lealtad
como único criterio de conducta a premiar, se ha traducido en el
“apoderamiento” de malandros de toda laya, bien en la forma de “colectivos” con
patente de corso por autodenominarse “revolucionarios”, pasando por las “zonas
de paz” negociadas por “papi-papi” con bandas criminales, hasta el emporio
hamponil que manejan con impunidad los pranes desde las principales cárceles
del país, con la anuencia de las autoridades “competentes” (¿?). Todos ellos
son dolientes de la “revolución”.
Finalmente, la impunidad con que mucho
enfermo en posiciones de poder se ensaña contra figuras prominentes de la
oposición, como es el caso del coronel nazi dedicado a atormentar a Leopoldo
López y a su familia -Homero Miranda al mando de la cárcel de Ramo Verde-,
también es parte de esa “revolución”. Es el cariz propiamente fascista del
poder desembozado, sin respeto alguno por los derechos humanos, que tanto ha
caracterizado a las ejecutorias desde el poder.
En fin, invocando el sueño redentor de
los humildes que logró la identificación de muchos ante el deterioro de la
partidocracia adeco-copeyana -y que todavía tiene adeptos-, se cuela una
corporación mafiosa que es lo que, verdaderamente, Maduro, Cabello y los suyos
juran “no entregar”. Y mientras no corramos el velo del discurso idealizado
para exponer la podredumbre que se esconde detrás, seguirá obrando, como toda
ideología, como poderoso bálsamo que lava las conciencias de quienes han
envilecido las condiciones de vida de los venezolanos, y para habilitarlos
“moralmente” a seguir con sus desmanes.
Este seis de diciembre comenzaremos a
desmontar la estructura de complicidades que amalgama esa corporación que se ha
enseñoreado en el poder. Con un voto masivo, contundente, a favor del cambio,
la “revolución” como coartada comenzará a ser desplazada por un proyecto
democrático, libertario y de justicia social que aglutine las esperanzas de la
sociedad venezolana. El futuro pertenece a la democracia y “¡no lo vamos a
entregar!”
Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
[1] Squire Patton
Boggs, frecuentemente contratado por PdVSA.
lunes, 16 de noviembre de 2015
¿MERECE SER REELECTO?
UCV
¿MERECE SER REELECTO?
Miguel Aponte
Estimado lector,
contenga la respiración y escuche esta historia: en la Escuela de Matemáticas
de la UCV las pizarras son montañas rusas y es casi imposible escribir con la
tiza, en muchos salones faltan bombillos, los pupitres están rotos y algunos
estudiantes deben sentarse en el piso. Los bebederos no funcionan y los baños,
como describiremos, son impresentables. En menos de un año hubo 3 robos a mano
armada en los mismísimos salones y otros espacios de la Facultad.
La tiza, borradores y marcadores son comprados por los
profesores. En los últimos semestres toda la papelería se ha conseguido por
ayuda de terceros y, otra vez, ha sido puesta por docentes y personal administrativo.
Las dos resmas que asigna la Coordinación Académica no cubren ni la realización
del primer parcial de Matemáticas I. El ingenio ha sorteado la crisis: se
implementó la ejecución de dos exámenes por hoja en primera instancia, sobre
papel reciclado, pero el semestre pasado se llegó hasta cuatro exámenes por
hoja.
Las condiciones sanitarias son insolentes y ofenden la
dignidad: baños en mal estado, filtraciones, puertas caídas, sin urinarios, sin
luz, solo funcionan 3 pocetas de 9, solo 2 lavamanos de 6. Hay malos olores
producto de problemas en los desagües. No hay productos de limpieza, el papel
higiénico no dura jamás una semana y no es repuesto sino en un mes; las toallas
secantes de papel desaparecieron. Se convive con zamuros y palomas que hacen
sus nidos en el techo raso, atrayendo malos olores y enfermedades.
El techo raso está casi todo en el piso, hay oficinas
sin luz y otras con luces intermitentes, buena parte del pasillo está a
oscuras. No hay aire acondicionado en las oficinas y el calor es insoportable.
Existe una invasión permanente de zancudos, difícil de combatir, pues las
puertas y ventanas deben mantenerse abiertas por el calor. El Laboratorio de
Docencia lleva aproximadamente tres años sin prestar servicios producto de las
inundaciones que sufre cada vez que llueve, pues no tiene techo raso y una de
sus paredes está prácticamente en el suelo. Solo un bebedero funciona y el
filtro del mismo tiene tantos años que el agua sale marrón, con olor y bichos
incluidos.
Ahora respire y pregúntese usted mismo: ¿por qué un
régimen que se gasta el dinero en aviones de guerra Sukhoi permite esto? ¿Por
qué a la vez que niega los recursos, obliga a la UCV a ingresar 6000 nuevos
inscritos haciendo estallar su aforo e imposible la educación de calidad? ¿Por
qué obligarla a incluir en la nómina 300 trabajadores de otras empresas ajenas
a la universidad? ¿Por qué aprueba un plan para su intervención final? ¿Por qué
acabar la universidad? ¿Un país sin verdaderas universidades sigue siendo un
país? ¿Usted aprueba esto? ¿Un régimen así merece ser reelecto?
Miguel
Aponte
15
de noviembre del 2015
SISTEMA POLÍTICO VENEZOLANO
La Asamblea Nacional después de las elecciones
parlamentarias del 2010
SISTEMA POLÍTICO VENEZOLANO
Luis Marín
La oposición solamente obtendrá sesenta
y cuatro (64) escaños en la Asamblea Nacional y si este pronóstico lo hace
Jorge Rodríguez probablemente será lo que terminará ocurriendo, que por algo es
el único caso en el mundo de un presidente del Poder Electoral que asciende a
jefe de campaña vitalicio del gobierno.
La brevísima controversia generada por
sus declaraciones y que apenas ha involucrado a los directamente señalados
merece mayor atención, sobre todo por lo ilustrativa que es del modus
operandi del régimen y su contraparte de la oposición oficial, que
ignoró olímpicamente el asunto.
Dice JR: “Ya han aparecido en algunos
medios que son profundamente antichavistas, manipuladores, mentirosos de la
realidad venezolana (sic), pero incluso esos medios, incluso un fundador de
SUMATE, sino pregúntenle a él, llamado Guillermo Salas, que tiene una supuesta
empresa encuestadora, llamada ESDATA, dice que por los vientos que soplan la
oposición solamente obtendría 64 de los 167 escaños, eso no lo estoy diciendo
yo, eso salió publicado en el Nuevo Herald y hoy lo repican como siempre La
Patilla, otros periódicos, el diario El Tiempo de Anzoátegui”, (bis).
Al oír esto puede pensarse que o bien JR
está escandalosamente desinformado, es contradictorio y cínico, ya no le
importa la forma ni el tamaño de la mentira o todas las anteriores; pero eso
desviaría la atención a cuestiones adjetivas como que SUMATE no tiene nada que
ver con Guillermo Salas, que éste no tiene empresa encuestadora alguna, que
ESDATA es una ONG, no una empresa y menos encuestadora, ni que ninguno ha dicho
nada de lo que les atribuye agregando “esto no lo digo yo”, cuando es evidente
que él es el único que lo está diciendo, basándose en quienes define
previamente como mentirosos y manipuladores.
Lo sustantivo de la declaración es que
ésta puede ser la oferta máxima del gobierno para la oposición oficial,
solamente 64 escaños y lo más desalentador es que aun si les dieran menos, lo
tomarían igual y casi con agradecimiento, siempre que estuviera asegurada la
presencia de sus líderes principales, porque “no hay otra alternativa”.
Y esta es el núcleo del nuevo sistema
político venezolano, la creación de un mundo sin alternativas, donde no existen
opciones, nada que elegir, sino aceptar aquello que disponga el poder. Esto es
tan cierto en la economía con la eliminación del mercado a favor de un sistema
de asignación de raciones arbitrarias; como en política, con la eliminación del
sistema de elecciones a favor de un mecanismo de designación autoritaria de
cargos no representativos.
De hecho, se hace énfasis en que ésta ya
no es una democracia representativa sino “participativa y protagónica”, de
manera que se exalta la “participación” de diversos sectores como indígenas,
mujeres, jóvenes, que son nombrados, no electos. Es mucho menos claro qué pueda
significar lo de protagónico, pero debe tener algo que ver con el teatro en que
han convertido a la política.
Gobierno y oposición parecen estar
también de acuerdo en que la única opción a esta opera bufa es la violencia, de
manera que ambos se presentan como alternativas de paz; pero hay algo
tramposo e incluso delictivo en este planteamiento que no por casualidad se
asemeja a la alternativa que plantea el asaltante que grita: “¡La bolsa o la
vida!”
O se consiente a las pretensiones
socialistas o habrá violencia; pero esta opción ya es en sí terriblemente
violenta. El baile de máscaras solo puede mantenerse bajo amenazas.
Con razón Juan Pablo II resumió la
salida en tres palabras: “No tengáis miedo”.
EL FANTASMA DE LA
ABSTENCIÓN
En un sistema electoral inescrutable da
casi lo mismo que se vote o no, porque al fin y al cabo el CNE administrará la
abstención de la misma manera que los votos, pudiendo llevarla a límites que
considere satisfactorios, como ya lo ha hecho en el pasado en que la redujo a
conveniencia aproximadamente a un tercio del electorado.
En algunos centros electorales, los más
remotos y dudosos, la abstención se redujo increíblemente a cero lo que resulta
imposible porque, independientemente de toda preferencia o intención, hay un
cierto porcentaje de abstención “natural”, simplemente hay quien no vota por
muy diversas razones no necesariamente políticas como enfermar o morirse antes
de llegar a la mesa, por ejemplo. En algunos de estos centros el chavismo sacó
el 100% de los votos, lo que tampoco luce muy normal.
Por otra parte, aunque votara solo la
mitad o un tercio del electorado no ya el número, ni siquiera la distribución
de los cargos se alteraría si hubiera un sistema de elecciones auténticas,
porque es un principio estadístico que la parte siempre se comportará
representativamente igual que el todo.
De manera que uno de los misterios más
interesantes de desentrañar en el nuevo sistema político venezolano es el
porqué de la lucha a brazo partido de la oposición oficial contra el espectro
de la abstención a la que considera, con mucho más que al gobierno, como su
peor y más despreciable enemigo. Incluso ESDATA se defiende de lo que nadie la
está acusando al declarar que “jamás ha promovido la abstención”.
Es un hecho cierto e incontrovertible
que siempre, tras cada una de sus clamorosas derrotas frente al chavismo, la
oposición ha salido a celebrar su victoria sobre la abstención como lo más
importante, lo que hace sospechar sobre cuál es su verdadero rol en las, así
llamadas, “elecciones”: su enemigo no es el gobierno sino la abstención.
El papel de la oposición es promover la
participación del electorado, demostrar su capacidad de movilización política y
sobre todo su dominio sobre la opinión pública, de manera de darle realidad al
mito de que el país se divide en dos, gobierno y oposición oficial y, por ende,
que nadie más existe.
La oposición lidera sin liderazgo,
obliga a votar por quienes nadie votaría consciente y voluntariamente con el
argumento espurio de que si no se favorece al gobierno.
El mundo feliz del totalitarismo
socialista y bolivariano percibe a la abstención como la Nada que amenaza con
devorar su fantasía de unidad perfecta.
Quizás ese sea el único punto en que
tengan razón, la abstención es incompatible con su ficción de armonía.
FALACIAS COTIDIANAS
La lucha contra la abstención se ha
convertido en una lucha política y como tal no está exenta de mentiras, la más
frecuente es que ésta sólo favorece al gobierno con lo cual se da por sentado
que sólo afecta al voto potencialmente opositor, una afirmación carente por
completo de fundamento, al menos desde el punto de vista estadístico.
Más flagrante es la mentira de que “el
gobierno promueve la abstención”, sin que pueda mostrarse ni una sola
propaganda oficial con ese contenido, es más, todo lo contrario, sería
diametralmente opuesta a la abrumadora propaganda oficial del CNE promoviendo
al sistema electoral venezolano como el mejor del mundo.
Es algo patético tropezar con la oferta
de Tibisay Lucena de ayudar a mejorar al sistema electoral norteamericano, para
hacerlo tan transparente y confiable como el de aquí; pero en una segunda
lectura revela esa manía comunista cubana de estar todo el tiempo
contrapunteando con los EEUU, como si todo lo que pasa aquí encontrara una
justificación en algo que pasa allá.
Otra mentira toma la forma de reto: si
no es electoral, ¿qué propones tú? ¿Cuál es tu opción? En el entendido de que
cualquier respuesta tiene que ser inconstitucional, ilegal o conducir a la
temida y proscrita violencia; cuando bastaría decir la verdad y que cada quien asumiera
su responsabilidad correspondiente, en lugar de engañar a la gente con
espejitos, como que van a ganar la Asamblea y luego el CNE va a revocar a
Maduro.
Si en Venezuela los jueces fueran
jueces, los militares militares, los políticos políticos, los ciudadanos
ciudadanos y así respectivamente, nada de esto estaría pasando; pero el hecho
es que nadie está en su sitio y es inevitable un giro radical, que si no
nace desde adentro nos será impuesto desde afuera, como suele ocurrir en la
historia.
Y aquí surge la última pero no menos
importante mentira, que bien podríamos bautizar como “la falacia de Luis
Vicente”, pero que últimamente han asumido intelectuales y hacedores de opinión
opositores: ¿Con qué lideres, con qué militares? O vulgarmente: ¿Dónde están
tus cañones, tus tanques?
Esta es una variante poco original de la
falacia socialista de la realidad que se construye a sí misma: si medio
despunta un líder, lo encarcelan o mandan al exilio; si se sospecha de un
militar que como que no está muy de acuerdo, lo largan para su casa, sin mando
ni cargo; si la gente sale a protestar, la masacran y así sucesivamente, luego
preguntan con la arrogancia de Luis Vicente: ¿Con qué culo se sienta la
cucaracha?
La falacia es ingeniosa y sugestiva, de
hecho, hay quien dice que en Cuba no hay líder capaz de suceder a Fidel Castro,
quizás como tampoco lo había en Irak para suceder a Saddam, en Libia para
Gadafi, ni para Al-Asad en Siria y así por el estilo, incluyendo sus partidos y
fuerzas armadas.
Los socialistas se fabrican una realidad
a la medida y luego la usan como argumento. Por ejemplo, el panegirista de
Castro Ignacio Ramonet, primero se empeña en ignorar los innumerables
alzamientos que han sido sofocados a sangre y fuego en la isla, los millares de
fusilamientos, los millones de cubanos aventados al exilio; acto seguido, toma
esto como premisa para decir que en Cuba nadie se opone al régimen y ésta es la
fuente de su legitimidad. ¡No hacen falta elecciones!
La MUD se trae una supuesta delegación
del Parlamento Europeo y lo primero que hace al llegar el español Ramón
Jáuregui, del Partido Socialista Obrero Español, es decir que cree que en este
país “no hay fraude electoral pero el oficialismo tiene muchas más ventajas que
la oposición”.
¿Y para decir esa pendejada cruzó el
Océano Atlántico? Trajeron a un loro que repite la cartilla de la oposición
igualito que los otros repiten la cartilla del gobierno; pero en este punto se
entiende la enorme responsabilidad que tiene la Internacional Socialista en la
tragedia de este país, en particular su sección española.
Visto en perspectiva: si España se está
desmembrando, ya destruyeron Grecia y antes a Yugoslavia y Serbia, hoy vemos
como se pierde la República francesa en manos del socialista Francois Hollande
y pare de contar: ¿Qué puede esperarse de los socialistas?
La IS se propone destruir al mundo
libre de un modo deliberado y consciente, porque pretende construir una “Nueva
Sociedad”. El resultado será siempre el mismo: no habrá tal nueva sociedad como
nunca ha existido el hombre nuevo y lo que dejarán como resultado será la pura
destrucción.
Es imposible predecir cuánto tiempo y
esfuerzo tomará hacer surgir la consciencia de que el socialismo no es la
solución sino el problema.
Luis Marín
15 de noviembre del 2015
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