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domingo, 11 de septiembre de 2016
EL FRACASO CHAVISTA
René Magritte
EL FRACASO CHAVISTA
Miguel Aponte
El chavismo expresa la experiencia máxima del populismo que
inevitablemente enferma de poder y se corrompe, corrompiendo todo lo que toca.
En toda sociedad y todo individuo existen dos ámbitos en tensión permanente que
no pueden eliminarse: lo público y lo privado; y, por tanto, conviven valores
distintos que no siempre están en armonía, pueden oponerse, no solo entre sí,
sino, eventualmente, cada uno de ellos incluso consigo mismo. Es por esto que
la vida humana es compleja e interesante.
El chavista reduce a nada toda esta complejidad y con ella las
exigencias de la diversidad propia de la sociedad; crea un mundo falso donde
deliberar, reflexionar, cuestionar e incluso dudar es imposible, dado que solo
le importa él y su discurso. El chavista revisa y reconstruye los valores de la
comunidad, del país y, eventualmente, los valores universales, a imagen de sus
propios delirios ordenadores y enfermos. Piensa, ridículamente, que si él se va
a ocupar de todos, un ciudadano autónomo, con criterio propio, es un estorbo.
La racionalidad reductiva del chavista fuerza la realidad y se coloca
fuera del mundo humano para divinizarse, encimarse sobre todos los demás y
parecer moralmente superior. Entonces, todo mundo debe someterse o deja de ser
“sensato” a los ojos del chavista. Se pierde así el derecho a ser “particular”
y a pensar con “argumentos individuales” sobre los “asuntos universales” que
aquel impone. Para el chavista quien discrepa está desviado o enfermo, debe ser
corregido o curado; y, si esto no resulta, debe expulsarse o eliminarse.
Por eso su lenguaje se fanatiza e identifica perversamente conceptos
diferentes como, por ejemplo, que él “es” el Gobierno, el Estado, la Patria y
el mismísimo futuro. Quiere convencer a todos de que es “indispensable” y que quien
lo cuestione, viola valores sagrados y, por tanto, es indigno, antipatriota y
enemigo. Gracias a esta ceguera gobernarían muy bien en el desierto, pero jamás
en una sociedad real y concreta. Son unos fracasados.
11 septiembre 2016.
domingo, 28 de agosto de 2016
TODO TIENE SU FINAL
TODO TIENE SU FINAL
Miguel Aponte
El gran Héctor Lavoe lo grabó para siempre en el
corazón latinoamericano: “Todo tiene su final”. ¿Entonces? ¿Menos el chavismo?
¿Sí? ¿Qué vinieron a creerse Maduro y el grupito que vociferan haberse
propuesto el ridículo y evidentemente imposible proyecto de dominar a Venezuela
para siempre? ¿Están acaso por encima de los millones de venezolanos,
posiblemente el 100% si se atrevieran los sometidos y enchufados a hablar en
público lo que gritan en privado? ¿No saben que todas las noches, mientras
ustedes burócratas tiemblan de miedo, los venezolanos rezan, cada uno a su
modo, para que la pesadilla chavista cese de una buena vez?
¿Es que ustedes no salen ya a la calle? ¿No hablan con
nadie? ¿No les quedan amigos modestos y decentes? ¿Creen de verdad que el
basural en que han convertido a Venezuela les funcionará a su antojo para
siempre? ¿Antes hubo historia y ahora ya no? ¿En qué clase de libros leyeron
eso, si es que lo leyeron alguna vez? ¿Acaso creen que la brujería es
suficiente? ¿No caen en cuenta de que mientras engañaban a Venezuela se
engañaban a sí mismos? Pues sépanlo, el pueblo venezolano decidió no solamente
que al chavismo le llegó su final, sino que ese final será pacífico y democrático.
Hagan memoria burócratas, cada vez que el venezolano
sencillo se hartó, el gobernante de turno se fue. Punto. Así llegaron ustedes,
¿no recuerdan? Y así será como se irán, porque el colectivo anónimo, esa
“masa”, como ustedes gustan decir en su jerga mediocre, decidió una vez darles
la oportunidad, no regalarles el país para siempre como ustedes abusivamente
interpretaron; y ahora decidió que se van. Punto.
Prepárense entonces burócratas, porque así como el 6
de diciembre un verdadero tsunami democrático los sacó de la Asamblea, ahora
los sacará del gobierno, con un revocatorio democrático y pacífico y este
primero de septiembre lo demostraremos, sin que nada pueda impedirlo; millones
de venezolanos se lo diremos en la cara: ¡echa pa’lante cobarde! Porque “todo
tiene su final”.
Héctor Lavoe, Todo tiene su final:
Miguel Aponte @DoublePlusUT
Domingo, 28 de agosto del 2016
miércoles, 13 de julio de 2016
VENEZUELA, ¿CUÁL FUTURO?
VENEZUELA,
¿CUÁL FUTURO?
Un economista amigo afirmó recientemente
que la salida del atolladero que sufreVenezuela la
encontraremos en un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI),
ladolarización del precio de la gasolina y otras
menudencias helénicas. Jóvenes y viejos parecen ser los más perjudicados en
Grecia con las medidas adoptadas a raíz del llamado rescate. Algo similar
plantean quienes se asumen como “orientadores de una nueva políticaeconómica”
para Venezuela.
Hartos del chavismo, estas ideas
afianzan la incertidumbreen amplios sectores de la población sobre
un futuro de Venezuela en manos de los factores
hegemónicos de la oposición. La gran mayoría de venezolanos sin duda
alguna pugnan por la salida de Maduro. Pero buena parte no guarda
buenas opiniones sobre quienes se presentan comoalternativa. Y es
que estas ideas no crean confianza en la gente. En cualquier caso, en las
actuales condiciones resulta un reto difícil la asunción de la dirección política del
país, para cualquier opción opositora.
Ciertamente la crisis es profunda.
Afecta todos los órdenes. La economía está devastada.
Pero hay quienes apuestan a que el chavismo culmine su período, con
o sin Maduro, precisamente por tratarse de una crisis tan grave. Parten de la
consideración de que es indefectible aplicar medidas que
afectarán a la gente, por lo que se deberá aplicar larepresión. El régimen,
en ese sentido, está mejor preparado para enfrentar la cada vez más generalizada
respuesta popular ante el desastre. Se parte de la premisa de que
los ajustes, siempre, en cualquier caso, afectarán a los
más necesitados. Le temen pues a la respuesta popular. Pero,
para nada, ofrecen un camino distinto para la superación de la crisis.
Insisten, religiosamente, en que la gente deberá apretarse el cinturón, sin
percatarse que ya la correa no da más.
El fatalismo en la materia,
además, cuenta con tarifados que plantean una salida
“consensuada”. Otros plantean al Gobierno “rectificaciones” en varias
materias. Tesis que han sido propagadas por sectores aparentemente
opositores aunque en realidad son agentes gubernamentales. En el mejor
de los casos se trata de gente que ha perdido la voluntad política en favor de
los pobres y el interés nacional. Que han
sucumbido frente a la prepotencia chavista. Parece que el miedo los
hace rehuir a la confrontación social, a desoír el clamor de la
gente y su disposición a la lucha. O han aprendido a adaptarse, será.
En conjunto, estas consideraciones pudiesen
explicar la tendencia política de factores opositores que no trabajan por una
salida rápida., ni por una estrategia política que coloque en el descontento de
las masas el centro de la estrategia, que ubique que el objetivo
estratégico en las actuales circunstancias debe ser la salida de
Maduro. Es más, aún hay tiempo para que el referendo revocatorio (RR) sea
una realidad, para lo cual las masas deben ser las protagonistas del proceso. A
eso muchos factores parecen temerle. Se prefiere la negociación. Algunos
afirman que se trata de cambiar, cual moneda de libre circulación, RR por elecciones
regionales. Todos, los de arriba, claro, salen ganando.
Sumemos que —por tratarse de una crisis que
afecta las bases del sistema— los factores políticos que defienden las
imperantes relaciones de producción y de cambio jerarquizan por salvar sus
bases. Más se preocupan por impedir que la sociedad venezolana
se encamine hacia un cambio históricoque marque el inicio del desarrollo
diversificado y autónomo. Buscan, sí, preservar lo
esencial de las relaciones imperantes —las de dependencia y sumisión frente a
las grandes potencias—, así como la naturaleza de los nexos con el capital
internacional. De allí parten las tesis y dogmas que
permitirían la supervivencia, pero sobre las mismas bases que
imperan actualmente.
¿QUÉ “MODELO” FRACASÓ?
Quienes indicamos —economistas, periodistas,
políticos, entre otros, mucha gente en capacidad de difundir ideas desde
esta perspectiva— parten de que lo que está en evidencia es el fracaso
de un modelo. A renglón seguido, pasan a describir lo que a su juicio
es esencial del tal modelo. Resaltan los asuntos de la propiedad,
de las expropiaciones y la estatificación. Ideas que
nada guardan relación con lo esencial, aunque estos asuntos ciertamente juegan
un papel en el proceso erosivo que ha sufrido Venezuela. Por ejemplo, la
estatificación y las expropiaciones, evidencia empírica adelante, contribuyeron
con el proceso destructivo del aparato productivo. Pero no observan para nada
lo esencial, esto es: la erosión se afincó principalmente en la escala de las
importaciones de bienes que sustituyeron buena parte de la producción nativa.
En este proceso, expropiar empresas y tierras para hacerlas improductivas,
en diversa medida, contribuyó con el proceso destructivo.
Por eso resulta difícil ubicar un discurso
coherente sobre el cuestionamiento al “modelo” imperante. En primer lugar
porque nada tiene que ver el argumento con la realidad. Nada tiene que ver, por
ejemplo, la política económica con medidas socialistas.
Los controles aplicados en Venezuela no conducen, por ejemplo, al desarrollo. A
los países socialistas se les criticó —con razón o sin
ella— de tendencias autárquicas, no por su liberalización con el sector
externo. La determinación del tipo de cambio para nada
favorecía a los importadores, sino a la propendía a la utilización de las
divisas en función de importar medios de producción o rubros no sustituibles en
un plazo determinado, entre otros aspectos. De allí que se reduce el cuestionamiento a
ideas que parecen dogmas, mentiras e ideología anticomunista.
Por eso nada dicen los economistas acerca de
la liberalización con el sector externo de la economía. Nada
dicen de los efectos perversos de la incorporación de Venezuela al Mercosur,
de las relaciones liberales con China, entre otros ejemplos. Del
artículo 301 de la Carta Magna que iguala el trato a los capitales nacionales y
extranjeros. Nada dicen pues, acerca de la condición liberal de la política
económica que requirió —era de suponerse— de los controles garantes de la
realización de los bienes importados, sobre todo en materia de precios y del
tipo de cambio. En definitiva, de una política que garantizó, desde 1989,
destruir la economía mientras favorecía al sector importador como siempre ha
sido en nuestra historia desde los tiempos de la colonia. Solo que ahora bajo
el ropaje socialista.
Por eso, lo fundamental radica en la
orientación general de sustituir producción nativa por importaciones cada vez
más competitivas. Con ello, además de brindarles mercados a otras economías de
las cuales nos hacemos cada vez más dependientes, profundizamos la
condición monoproductora, afianzando el papel de Venezuela en la
división internacional del trabajo como proveedor de materias primas,
petróleo casi exclusivamente, al menos en esta última etapa.
EL CASO CUBANO
Desde la perspectiva de los apologetas del
orden, este caso resulta emblemático. Más allá de las consideraciones
ideológicas la historia de este país, resulta similar referido a la materia que
nos ocupa. Espinoso el asunto, si tomamos en cuenta que el anticomunismo de
estos tiempos, sobre todo en Venezuela, se escuda en el anticubanismo. Esto es,anticubanismo como antisocialismo,
identificando el fracaso de un supuesto modelo al estilo cubano con el
socialismo.
En realidad, si reducimos la teoría de
raigambre ricardiana en favor del capitalismo mundial a una división
internacional del trabajo liberalizado y a favor de las economías más
desarrolladas, decimos que es acertada la premisa. Nada que ver por cierto con
las ideas delChe Guevara sobre la necesidad de diversificar el
aparato productivo y sentar las bases de la revolucionarización del
desarrollo de las fuerzas productivas materiales. En eso se parece este
desastre con el de la economía cubana expresada en el llamado por ellos “período
especial”.
Condenaron la economía cubana durante décadas
a la especialización en cuatro rubros: azúcar, níquel, cítricos y
pescados y mariscos, mientras importaban lo demás del llamado “campo
socialista”, bajo la tesis de una tal “división socialista internacional
del trabajo”. Ello condujo a la entrada de Cuba en el Consejo
de Asistencia Económica Mutua (CAME) en 1972, instancia que condenó a
los países del campo revisionista soviético a una mera especialización
económica mientras la social imperialista Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) mantenía el monopolio
industrial.
Los cubanos van a insistir en esta tesis con
la jerarquía dada al turismo a partir del desastre que se
produce con el derrumbe de la llamada URSS. Ahora plegada a los españoles
y otros capitales, europeos principalmente, Cuba no sienta las bases de la industria sino
de la especialización en turismo. Aunque las remesas se convierten en
fuente de entrada de divisas superior a cualquier otro sector, incluyendo la “locomotora”
de la economía, como designó un economista cubano al sector turístico.
En Venezuela se hizo lo propio, nos especializamos
en la producción de petróleo, y con la renta, en buena medida, compramos lo que
requeríamos en bienes finales y medios para reproducir lo poco que queda en pie
del aparato productivo, a excepción del gran capital que entretanto ha
centralizado capitales y medios como nunca. La derivación de esta tendencia es
que, al caer los precios del crudo, caemos en desgracia. El apalancamiento de
esta política se encuentra en la política económica de raigambre librecambista.
Difícil de ser visto este asunto por gente especializada en la economía de
marras.
¿CUÁL SALIDA?
Los economistas, al anunciar su programa,
siempre hacen esa célebre declaración principista según la cual no se debe
afectar a los más pobres, por lo que hay que contar con planes focalizados
dirigidos a los más vulnerables. Cinismo que evidencia su esencia desde un
primer momento. Afectará a los pobres aún más y alertan para que la cosa no
llegue a extremos insostenibles.
Quienes deben pagar esta crisis, en el mejor
de los casos, siempre de acuerdo a esta idea, son quienes usufructuaron el
poder y destruyeron el futuro de los venezolanos. Para nada aluden a los grandes
dueños de los medios de producción y de la gran banca.
Parece ser, según esta perspectiva, que quienes administran los negocios de las
clases dominantes son quienes deben de pagar la crisis, junto a los pobres y
sectores medios, claro está. En esta oportunidad, si bien es cierto que
estos administradores han trasegado riquezas inconmensurables a la oligarquía,
se han quedado con una buena parte del botín, mayor que en etapas
anteriores. En eso también han superado a los bipartidistas quienes
también hicieron lo propio, pero —al decir de un alto dirigente de uno de los
dos partidos hegemónicos— ellos “eran unos robagallinas” en
comparación con el actual asalto a las arcas nacionales.
De manera religiosa se repite uno u otro
dogma. Entre los más reiterados están: “hay que desmontar los
controles”, “unificar el tipo de cambio”, “solicitar préstamo entre 40 y 50 mil
millones de dólares al Fondo Monetario Internacional”; “cumplir con un programa
de ajustes, exigidos por los acreedores, que será muy severo dados los
desequilibrios”, “dolarización del precio de la gasolina y de sus derivados”.
Y, sobre todo, ¡crear confianza! a los inversionistas. Claro, sin olvidar
las consabidas “muestras de misericordia” con los más vulnerables. Este
programa permitiría alcanzar los objetivos principales: superar los
desequilibrios y distorsiones macroeconómicas, bajar inflación, reducir déficit
fiscal, sincerar y unificar el tipo de cambio, entre otros. A partir de lo cual
se alcanzaría la senda del crecimiento. Catecismo que no establece
mayores diferencias entre crecimiento y desarrollo.
Junto a esto, según la receta, se deben crear
las bases para la seguridad jurídica para crear confianza, sin “percatarse” de
que ya eso existe en leyes como las del doble tributo, de protección y
promoción de inversiones extranjeras, además de los consabidos artículos
constitucionales. Los economistas que así plantean las cosas, no ubican que los
capitales se mueven con base en el comportamiento de la cuota media de
la ganancia y no por la fe.
Además de otras determinaciones como dimensión
del mercado, estabilidad política, precio de la fuerza de trabajo,
flexibilizaciones en materia laboral, entre otras y articuladas a lo anterior.
Sumemos aquello del papel de Venezuela en la orquestación internacional una de
cuyas especializaciones, si así puede llamarse, es la de ser comprador
neto de bienes finalesy no de productor. Con petróleo es
como suficiente.
Muy poco dicen estas ideas programáticas, si
así se pueden llamar, acerca del desarrollo diversificado. Menos de
independencia y soberanía económica, lo que incluye el aspecto agroalimentario.
Por eso no se establecen mayores consideraciones acerca de la política
bancaria, fiscal y monetaria, salvo que serán de orientación restrictiva. En
definitiva, se apuesta apenas a la inversión extranjera, al préstamo internacional,
más específicamente del FMI, y al consiguiente paquete de ajustes. ¡Claro, no
nos olvidemos de la atención de los menos favorecidos!
Las leyes del capitalismo
son, como en toda ciencia, inexorables. Son objetivas. Esto es, son
independientes de la voluntad de algún avisado. Por ejemplo, en la
determinación del precio de las mercancías —y en el capitalismo todo tiende a
ser mercancía—, la oferta y la demanda conducen a vaivenes temporales en torno
del valor. Pero es la determinación del trabajo objetivado en cada mercancía lo
que a la postre determinará su precio. Ello explica, en estos tiempos, la
solidez del oro y el bitcoin, principal moneda virtual, como reservas por
antonomasia de los capitales a escala mundial. Difícil ubicar su precio por
debajo del valor. De suceder el fenómeno, tiende tercamente a ubicarse en torno
de su valor. Igual sucede con las mercancías en nuestro país. Aun las
importadas tienden a colocarse en torno de su valor.
Por el problema de la escasez, la especulación coloca
el precio de muchos rubros muy por encima de su valor. Lo que explica que
muchos productos ya se ubican hasta en el triple de lo que cuestan en Estados
Unidos. Tal es el caso del azúcar que en el mercado criollo se ubica
rampantemente en 3.500 bolívares un kilogramo, es decir, 3,5 dólares
del paralelo, mientras que en el mercado yanqui se ubica en un dólar. Igual
sucede con las inversiones. Se mueven con base en tendencias objetivas. No en
la fe. Ello explica que en la época de Nixon —a propósito del famoso ping-pong
entre chinos y gringos— comenzó una afluencia de capitales hacia el gran
país asiático.
La violación de los derechos humanos,
denunciada por EEUU, parece no haber frenado para nada los capitales de todo el
mundo imperialista, atraídos en realidad por las ventajas que brindaban
los “comunistas”. Ninguna desconfianza tuvieron los capitales
hacia el “comunismo” chino, atraídos por la baratura, abundancia y
disciplina de la fuerza de trabajo de los asiáticos,
y las facilidades para la explotación de los trabajadores, así
como un gran mercado interno, materias primas baratas, entre otras determinaciones
de una cuota de ganancia superior a la propia en los países desarrollados. Sin
embargo, nuestros economistas siguen repitiendo la cantaleta de
la confianza y la desconfianza.
En cualquier caso, la superación de la crisis
supone la afectación de un sector u otro. Quienes proponen que sea el pueblo el
que siga abriendo huecos en sus correas, proponen medidas drásticas, partiendo
de una idea propia de cualquier religión. Se basan en el ejemplo de EEUU cuando
producto de la crisis de 2008: “La inyección de dólares por parte de las
autoridades financieras gubernamentales de Estados Unidos durante 2007 al 2010
fue de 5,04 billones de dólares —trillones en anglosajón—, esta inyección es
equivalente a 35% del PIB”. Deuda que por supuesto es descargada en la gente
mediante políticas tributarias e impositivas que han reflotado la banca. Hoy,
se anuncia en ese país una crisis de mayores proporciones que la de entonces.
Partimos de consideraciones generales en
relación con el origen de esta catástrofe nacional. La hemos
simplificado de manera didáctica de tal suerte que podamos distinguir las
cuestiones fundamentales, partiendo de la sentencia que acuñara Lenin según la
cual: “cuando expulsan de la ciencia las leyes, lo que en realidad hacen es
introducir de contrabando las leyes de la religión”.
El desarrollo nacional solo puede darse si
y solo si se formula y realiza una política económica que apuntale el
proceso de concentración de capitales y, a la vez, atienda las aspiraciones
nacionales y populares. De lo contrario tendremos más de lo mismo pero
bajo la conducción de nuevas figuras. Incluso alguna nueva forma de
dominación —manteniendo las cuestiones esenciales del dominio semicolonial—
conducirá a Venezuela a una situación tan o más insostenible que la que vivimos
actualmente, más cuando asumirían el Gobierno sin haber cohesionado las fuerzas
represivas del Estado. Esa es la historia del antidesarrollo venezolano como
lo denominara en su oportunidad Héctor Malavé Mata. En realidad, freno al
desarrollo de las fuerzas productivas por las condiciones de dependencia del
capital internacional.
Salir de la crisis ciertamente supone un gran
acuerdo nacional, cuya formulación e ideas centrales para superar la crisis
deben contar con la premisa insoslayable de que el costo que la meta supone no
será descargado en los más pobres de la sociedad. A cambio del cual se
garantizará una acelerada concentración de capitales con la palanca de unsistema
bancario capaz de canalizar el ahorro social hacia lainversión
productiva. Además de garantizar el mercado interno para la producción
nacional que parte de que los salarios se desarrollen en correspondencia con la
creciente oferta de bienes y servicios. Pero de igual manera, implica que
Venezuela suprima acuerdos que lesionan el interés
nacional.
El rescate del signo monetario pasa
por la recuperación del aparato productivo. De su desarrollo autónomo y
soberano. Fortalecer el bolívar supone darle respaldo con base
en la producción nacional y del abovedamiento de buena parte de las cuantiosas
riquezas auríferas, sobre todo en tiempos en los cuales la lucha mundial entre
las grandes economías imperialistas por su tenencia ha alcanzado una escala en
correspondencia con la guerra de divisas para convertirse una u otra en
referencia mundial. Asimismo, las materias primas en las que se convierten
buena parte de nuestras riquezas como coltán, bauxita, hierro, entre muchas
otras, deben servir principalmente al desarrollo diversificado de
nuestro aparato productivo. Electrificación, industrias pesadas, livianas y
ligeras desarrolladas de manera armoniosa hacia la revolución industrial con
sentido nacional y popular.
Contrario a ofertas lesivas al interés popular
y nacional, es en este camino en el que la recuperación económica y social
podrá ser tan acelerada que en un futuro cercano podremos hablar del ¡milagro
venezolano!
Doctor en Economía.
Profesor Asociado de la Faces, Universidad Central De Venezuela, Investigador y
Dirigente Político.
11
de julio del 2016
sábado, 16 de abril de 2016
QUÉ SUCEDERÍA SI…?
QUÉ SUCEDERÍA SI…?
Miguel Aponte
El país habló con
firmeza diciéndole NO a la oferta chavista o, mejor dicho, a sus desechos. El
pueblo es sabio a su modo. ¿Qué oferta era esa? ¿Cuál es su valor actualizado,
como propuesta filosófica, política, ética y económica? ¿O es que no hace falta
llenar unos requisitos mínimos para salir a transformar un país entero? ¿Qué
fue esa cosa que llamaron pomposamente “socialismo del siglo XXI”? ¿Es verdad
que alguna vez fue algo distinto a la vergüenza actual: puro discurso corrupto?
¿Cómo es que esa mezcla informe y bastarda que es el chavismo “calzó” los
puntos para ser abrazada como una “esperanza” de la izquierda latinoamericana y
europea?
¿Qué dirá el PCV,
Syriza, Podemos y tantos otros “políticos” e “intelectuales” que nos hablaron
del futuro rosa de Venezuela bajo Chávez, su reelección indefinida y más? ¿El
destino de aquel Paraíso era el Infierno y nadie hablará para que eso que se
llama aprendizaje se dé? ¿Nadie se sorprende allí de la incoherencia y el
vulgar irrespeto por la experiencia y la historia? ¿Se equivocó alguien? ¿Es
que sólo saben cobrar?
Lo que entendemos,
intentando rescatar viejas teorías y antiguas discusiones, es que toda aquella
reflexión acerca del valor, la distinción entre riqueza y capital, buen vivir,
producción, productividad y distribución, fueron sustituidas por el vil populismo,
criterios de reparto insostenible, insolente y anacrónico, sin enlace con
ninguna de las tradiciones teóricas que supuestamente sustentarían el modelo.
Ideológicamente hablando, todo el SSXXI es un argumento de valor nulo: cero,
una nada teórica.
Que un “modelo” así
-sin filosofía, sin teoría política y, obviamente, sin la más mínima idea de
economía- necesariamente tuviera que fracasar era obligatorio; y, sin embargo,
que no se escape a las fuerzas democráticas la variable que lo hizo posible por
casi 18 años: el ingreso petrolero. La economía no determina, pero apuntala,
condiciona.
Si desechamos -por
inservible, por insostenible- toda la supuesta “teoría” socialista del siglo
XXI, lo que queda es lo que se hizo: más de lo mismo que antes se hizo mal,
pero empeorado, llevado hasta sus últimas consecuencias: pragmatismo,
populismo, caudillismo, militarismo, ausencia de proyecto nacional, mediocridad
y vulgaridad.
Esta verdad como una
montaña pesa tanto sobre la izquierda como sobre la derecha venezolana y pone
de bulto lo que debería todo mundo reconocer: que ninguna tiene propuesta o
que, en la práctica, ambas tienen la misma: administrar el petróleo para
dominar al país, es todo. Entonces, pregunte usted al liderazgo democrático,
¿qué sucedería si, de repente, la renta petrolera hiciera posible, nuevamente,
financiar el proyecto autoritario chavista por veinte años más? ¿Qué estamos haciendo para evitarlo y no
repetir?
Miguel Aponte
10 de abril 2016
viernes, 15 de abril de 2016
LA CONTRAOFENSIVA FASCISTA
LA CONTRAOFENSIVA FASCISTA
Humberto García Larralde
La mayoría de los analistas observan los
procesos políticos desde una perspectiva racional. Para ello está la teoría y
los procesos históricos e institucionales a partir de los cuales sistematizar
sus metodologías de análisis. Pero la política, cuando se conduce por
medios personalistas en medio de un vacío de contrapesos institucionales al
poder central, no siempre se atiene a lo que podemos considerar racional.
Ello es más cierto aun cuando se está en
presencia de la monopolización del poder por parte de fuerzas fascistas. El
caso venezolano es muy ilustrativo al respecto.
Habiéndose entrampado en un proyecto
exageradamente dependiente del ingreso petrolero, el régimen agotó rápidamente
las oportunidades que le deparaban los altísimos precios del crudo en el
mercado internacional y se quedó a la intemperie, sin cobijo alguno, cuando
éstos se desplomaron. Además de haber puesto todos sus huevos en la misma
canasta, la “revolución” había quemado sus naves frente a la economía
privada, al destruirla progresivamente.
Nunca tuvo un plan “B” y el terrible
costo de su tozudez se manifiesta trágicamente hoy en una angustiosa situación
de hambre, desesperación y hasta de fallecidos por no conseguir medicamentos u
obtener los tratamientos médicos requeridos. La desidia criminal de tan tamaña
irresponsabilidad les valió un repudio masivo de la población, expresado en la
contundente derrota que sufrieron en las elecciones legislativas del 6 de
diciembre pasado.
Todo indicaría que, en aras de la
sobrevivencia del chavismo y de la preservación de sus posiciones de poder,
habría interés en controlar los daños, enmendar los errores, reducir
vulnerabilidades y reordenar sus fuerzas. Pero aquí es donde se presenta la
irracionalidad intrínseca en la naturaleza fascista de este movimiento.
El fascismo no es sustenta en la razón,
sino en la pasión. Se legitima invocando epopeyas de un pasado glorioso en el
que supuestamente fueron forjadas las virtudes del pueblo. Tales virtudes,
mitificadas por el tamiz de reminiscencias selectivas, fundamentan el triunfo
de la Nación frente a sus enemigos, por lo que deben recuperarse. Para ello
nutre su imaginario de representaciones maniqueas que enfrentan el “bien” con
el “mal”, con base en símbolos de esa contienda fundacional. Se forjan
construcciones ideológicas que ensalzan el liderazgo resoluto del hombre fuerte
y de las ideas que predica.
Éstas expresan, por antonomasia, el
interés colectivo superior en torno al cual se amalgama al pueblo en su lucha
por rescatar las virtudes anheladas. La lealtad para con ese liderazgo debe
sobreponerse, por tanto, a la prosecución del interés individual y los
sacrificios involucrados marcarán la formación del Hombre Nuevo. La política se
entiende, en este contexto, como una guerra contra quienes encarnan el mal –los
enemigos del pueblo, traidores de la patria-, con los cuales no debe haber
trato ni negociación posible.
El pueblo, bajo el liderazgo supremo que
encarna sus intereses, abdica de su ciudadanía y se subsume en una masa informe
que sólo cobra vida en ordenaciones regimentadas para librar batallas contra
los enemigos. En éstas, la violencia se justifica, pues se trata de defender
los intereses supremos de la patria.
Lo anterior explica por qué, al sufrir
una derrota o un tropiezo significativo, lejos de buscar acuerdos que permitan
recomponer sus fuerzas y preservar sus avances, el fascismo suele atrincherarse
en posiciones extremas que buscan “profundizar la lucha”. La épica termina
siendo lo que le da sentido a su política y entrar en acuerdos con el “enemigo”
simplemente la desinfla de toda su vitalidad.
Desde luego, detrás de esta
intransigencia se cobijan los intereses creados en torno al usufructo ilimitado
del poder y que significan oportunidades prácticamente irrestrictas para
expoliar la riqueza social. Pero en vez de proyectarse como una élite que
explota a un pueblo, la retórica de la “revolución” se camufla en un ideario
que permite movilizar a éste en su defensa, porque, por definición encarna una
lucha justiciera.
La retórica comunistoide representa hoy
la manera más efectiva de esta postura. El control de los medios y una
propaganda incesante que falsifica la realidad con base en embustes y medias
verdades, construye ante los suyos una única referencia a su proceder. Se
genera así un escenario que legitima y refuerza la confrontación intransigente.
Luego de la contundente derrota en las
elecciones parlamentarias, Maduro y los suyos cerraron toda posibilidad de
entendimiento con la nueva mayoría de la Asamblea Nacional y se propusieron
simplemente anular sus potestades -seguramente bajo recomendación cubana-, como
hicieron con el triunfo de Ledezma en la Alcaldía Metropolitana. En este empeño
urdieron tramposamente una composición aún más sectaria y partidista del
tribunal supremo de justicia, violando los procedimientos y criterios
establecidos en la constitución para ello, para “invalidar” todo lo que
aprobase la nueva representación de la voluntad popular.
Leyes para otorgar títulos de propiedad
a los asignatarios de viviendas por la Misión Vivienda, la reforma de la Ley
del Banco Central que busca circunscribir sus funciones a la constitución y,
ahora, la Ley de Amnistía y Reconciliación, son torpedeadas por un TSJ
que, como señala el Chigüire Bipolar, prácticamente declara inconstitucional a
la constitución, en defensa de los intereses de sus jefes políticos.
Con un cinismo vomitivo e inhumano, el
fascismo achaca a los que ejercían su legítimo derecho a la protesta, la
responsabilidad de las 43 muertes del 2014, producidas casi todas por la
Guardia Nacional, malandros “colectivizados” y el Sebin. Y declara el general
López Padrino que la Ley de Amnistía recién aprobada es "un
adefesio jurídico, ético y moral (que) legaliza la violación de los derechos
humanos", violando el artículo 328 de la constitución y absolviendo
las prácticas represivas del régimen.
¡Señores, la novela de Orwell, 1984, no
es fantasía y el único imaginario admisible se expresa en la “neolengua”[1] oficial! Más allá de
la criminalización de la protesta, y del asesinato de los derechos y de las
garantías constitucionales por parte de los “Juristas del Horror”[2], se incita
a turbas resentidas y envenenadas por discursos de odio, para que impidan
violentamente la entrega de la solicitud de apertura del Referendo Revocatorio
ante el CNE. Y Freddy Bernal sale declarando que la marcha convocada por la MUD
para el 19 de abril parece “estar buscando unos muertos”.
Algunos consideran que
reflexiones de este tenor son exageradas y que la caracterización fascista del
chavismo en el poder sólo busca descalificarlo. Que no es “político”, que no
contribuye al diálogo, que aborta todo entendimiento con el chavismo para salir
de esta tragedia. Y la MUD, creyéndose inmersa en un juego de ajedrez con un
contrincante racional, se queda sin jugada cuando este riposta con artes
marciales mixtas, en las que cualquier golpe es válido. Creo que no se termina
de entender contra quien se lucha.
Es menester dejar las
ilusiones y llamar las cosas por su nombre. Hay una claque fascista,
militar-civil, enquistada en el poder que necesita insuflar la pasión de sus
seguidores a través de la confrontación irracional, so pena de perder sus
posiciones de privilegio. Decir así las cosas podrá ser más constructivo para
forjar entendimientos con sectores chavistas democráticos, asqueados de tanta
corrupción pero cautivos de una lealtad manipulada por una ideológica
“revolucionaria”.
Humberto García
Larralde
economista, profesor
de la UCV
15 de abril del 2016
[1] “La
guerra es la paz; / La libertad es la esclavitud; / La ignorancia es la
fuerza”. Orwell, George, 1984, editorial Alfa y Omega,
República Dominicana, 1984, Pág. 10
[2] Müller, Ingo (2006), Los
juristas del horror. La “justicia de Hitler: el pasado que Alemania no puede
dejar atrás, Editorial Actum, Caracas.
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