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miércoles, 22 de agosto de 2012

ANDRÉS SIMON MORENO ARRECHE - LOS MERCENARIOS DEL PRESIDENTE SALIENTE





Nunca se sabrá a ciencia cierta cuántos magnicidios, reales o imaginarios, habrán acaecido en la atormentada psique de un teniente coronel avenido en presidente saliente de una ex-república, la misma que antes fue respetada y reconocida en el concierto de las naciones libres como República de Venezuela, sin necesidad de fallidos apodos, ni de innecesarias estrellas adicionales en su bandera, tampoco de caballos devueltos sobre sus huellas en el escudo nacional.

De lo que no cabe duda es que magnicidio y mercenario son elementos relacionados para la ejecución del asesinato de una figura pública y eso lo han descubierto, aunque tardíamente, los asesores cubanos del teniente coronel.  Por eso aparece recientemente Eduardo Acosta, ciudadano dominicano y tránsfuga de la justicia colombiana, un fugado de la cárcel de La Ceja en Colombia, a donde fue recluido tras ser capturado transportando dediles de droga en su estómago con destino a Nueva York, pero que misteriosamente es capturado en suelo venezolano, y es “reposicionado” bajo la figura de El hombre más buscado, en el primero y por ahora el único mercenario del que tenemos noticias, con nombre y apellido y hasta fotografía.

Aparece precedido por una descripción cinematográfica del presidente saliente y ahora, luego de varias decenas de magnicidios fallidos anteriores, con una épica tragicómica de asuntos peliagudos e inextricables (escritos en clave en una libretita que pretendió tragarse al ser descubierto) se le exhibe como el tal mercenario, y con un récord de entradas y salidas a países donde las fuerzas estadounidenses han operado militarmente, con la extraña ¿casualidad? de ser, entre muchos otros, los de sus Amigos absolutos Saddam Husein y Muamar el Gadafi. 

EL CHICO DEL TAMBOR

Hace años que los asesores cubanos intuían que algo faltaba en la ecuación persuasiva de los anteriores magnicidios, y por fin dieron con ese algo, el mercenario, y lo han presentado públicamente, aunque el sujeto ha resultado ser un narcotraficante caribeño de tercera línea. El templete propagandístico que se ha montado con El peregrino secreto tiene los mismos acordes de aquel otro, el que se orquestó con Geovanny Vázquez, El espía que surgió del frío colombiano, el tristemente célebre testigo-estrella con el que El honorable colegial Isaías Rodríguez , entonces Fiscal General de la República, adelantó encauzamiento judicial a una veintena de figuras públicas venezolanas, todas vinculadas al ejercicio crítico de la gestión pública del teniente coronel, acusados fallidamente de ser instigadores y autores intelectuales del asesinato del Fiscal Danilo Anderson, el mismo que adelantaba investigaciones sobre corruptelas y tráfico de influencias que vinculaban hasta los tuétanos a relevantes jerarcas del chavecismo robo-lucionario. 

La verdad salió a flote como los... (ya sabe a qué me refiero) y meses después, El espía que surgió del frío colombiano se estrelló contra la pared de sus contradicciones y confesó lo inimaginable a tambor batiente: que todo lo dicho bajo juramento fue una gran mentira acordada con la Fiscalía, y que esas mentiras fueron convenientemente canceladas. Aquella revelación lo convirtió, por antigüedad y por concepto, en el primer mercenario del presidente saliente, o al menos en el más notorio.

EL ESPEJO DE LOS MERCENARIOS

¡Un mercenario! ¿Y eso se come con qué? sería la pregunta del inefable Luis Miquilena, el primer asesor político del teniente coronel en 1998, hoy defenestrado de sus afectos pero volcado hacia las oposiciones que respaldan la candidatura presidencial del venezolano Henrique Capriles Radonski.  Y para saber dónde estamos parados cabe la necesaria definición: Se asume como mercenario, un vocablo que proviene del latín merces, - edis, que significa  salario, paga, recompensa, al que ejecuta una acción, usualmente militar aunque no exclusivamente, sin ser parte del conflicto y por el solo hecho de que se le cancela por sus habilidades y experticias.

Tal concepto se refiere a los milite mercede arcessere, soldados reclutados mercenarios por el ejército Romano, pero también a los mercennárium que son los combatientes asalariados, comprados o sobornados de otras naciones en conflicto con el Imperio Romano, cuya participación interesada en las luchas internas o en los conflictos externos tienen, ayer como hoy, un beneficio económico y personal, con abstracción de la ideología, la nacionalidad o las preferencias políticas del bando de quien le contrata.  

El término latino también involucra a los testis tribuit se mercennarium comitem regi (testigos puestos a sueldo por un Rey) y por extensión a todo aquel que realiza cualquier testificación, cierta o falsa, a favor de otro por una recompensa, o merced, sustituyendo la testificación verdadera de otra persona por el salario que se le da.

En el mundo militar se les identifica como asesinos a sueldo y apátridas, y en las organizaciones criminales (también en las que no lo son, pero que les contratan) los llaman por su otro nombre: sicarios, que se refiere a una persona que mata por encargo a cambio de un precio, nada nuevo ni de origen colombiano,  porque sicario es una figura conocidísima en el Derecho Romano originario que reguló su condena penal por la particular crueldad con que se conducían estos asesinos. Tal definición y regulación de las penas imputables generaron jurisprudencia con la lex Cornelia de sicariis et veneficis (ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores) del año 81 antes de la Era cristiana.

UN MERCENARIO PERFECTO

Los primeros datos sobre la existencia de agrupaciones militarizadas con el rango de mercenarios provienen del antiguo Egipto y se remontan a los conflictos armados emprendidos por el faraón Ramsés II, unos mil quinientos años antes de la Era cristiana. En esos entonces, eln faraón reclutó a 18.000 de soldados mercenarios, a quienes pagó con un décimo de lo que saqueaban, más la comida, sal y agua. Tres mil quinientos años después, el 8 de junio de 1977, las naciones occidentales suscriben un protocolo adicional a la Convención de Ginebra del 12 de agosto de 1949 (protocolo I, de APGC77), relativa a la protección de las víctimas de conflictos armados internacionales.

Allí se establece que un mercenario perfecto es cualquier persona que ha sido reclutada o embarcada específicamente con el fin de luchar en un conflicto, (sea militar o de cualquier otra índole), que toma parte activa en esas hostilidades y que su motivación para tomar parte es el beneficio personal, pues de hecho se le promete una recompensa material que excede de forma sustancial al pago que los partidarios originarios reciben con similares responsabilidades o funciones dentro del mismo teatro de operaciones conflictivas.

Este concepto de mercenario perfecto también incluye por extensión a todo aquel que no es parte en conflicto, así sea residente del territorio controlado por el contratante, miembro o no-miembro de las fuerzas organizacionales (políticas, militares, etc.) en conflicto y que no ha sido enviado por ningún tercero, ajeno a las partes en conflicto, en cumplimiento de un deber institucional como miembro de un equipo de paz o de intermediación en el conflicto. Como podemos evidenciar, el concepto de mercenario perfecto se le aplica in extensis  a Geovanny Vásquez,  el chico del tambor, mas no al dominicano con ciudadanía estadounidense Eduardo Acosta, El peregrino secreto, a quien –de ser ciertas las acusaciones de evasión y tráfico de estupefacientes-  debe tratársele como lo que es: un delincuente común evadido.

UN TRAIDOR COMO LOS NUESTROS

Ni Vásquez ni Acosta se comparan, en peligrosidad y astucia, con los verdaderos mercenarios del presidente saliente. Me refiero a los traidores a la Ética del Periodista, los comunicadores sociales  que amparados en carnet que les ha expedido el Colegio Nacional de Periodistas de Venezuela y en las canonjías y prebendas que les permite el desgobierno chavista, laboran en la extensa red de medios de comunicación del Estado venezolano, que en teoría son medios públicos, pero que en la práctica se han transformado en empresas de mercenarios persuasivos, organizaciones delincuenciales que utilizan sus sólidas experticias en los medios públicos o comunales para la manipulación de los hechos y para la mentira sistemática, las únicas herramientas persuasivas que pueden esgrimir  para captarle adeptos al presidente saliente en las batallas de una guerra comunicacional que desarrollan en apoyo a la reelección infinita del teniente coronel.

Esa acción persuasiva es un Asesinato de calidad no solo a la fe y la confianza de las audiencias en los medios de comunicación públicos, sino también al más importante bien intangible de cualquier República: La honestidad del funcionario público y la transparencia de sus acciones.  Esos periodistas son los verdaderos mercenarios del presidente saliente. Cada uno de ellos es El infiltrado que miente y manipula los hechos para la desinformación de los electores, en cuyos hogares no existe otra opción que sintonizar los medios oficiales y las señales abiertas que constantemente “encadena” el teniente coronel. 

ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE andresmorenoarreche@gmail.com




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miércoles, 27 de junio de 2012

ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE - ODIO Y MIEDO COMO POLÍTICAS DE ESTADO

 Andrés Simón Moreno Arreche

ODIO Y MIEDO COMO POLÍTICAS DE ESTADO

El terror social, característica identificadora de los regímenes totalitarios, se planifica desde el des-gobierno de Hugo Chávez casi desde el momento en que asumió las riendas de la conducción política de Venezuela en el ahora lejanísimo 1998. Lamentablemente es así. Se trata da un Estado forajido que se ha construido sobre dos pilares: el odio y el miedo.

El odio es la paranoia del rencor que genera la propaganda del Estado y que se dispersa fácilmente entre la población cuando el Poder Ejecutivo de ese Estado controla y subsume a los otros Poderes, y con la anuencia de aquéllos vuelve dócil a la población. En ese escenario, el odio avanza ‘a-paso-de-vencedores’ (como gusta decir de sus ejecutorias, el dictador Chávez) porque esa es la forma y el método de los poderosos para mantener vigente el proceso controlentrópico en las sociedades.

Las explicaciones socioeconómicas para significar el uso de la miseria, de la pobreza y del analfabetismo, son fruto de una tesis ideológica que todo lo explica señalando a otro por sus errores. En tal contra-lógica el pedófilo deja de ser el agresor de menores para transmutarse en otra víctima de una infancia desgraciada. Se exime al asesino de ancianas arguyendo una presunta necesidad de dinero para alimentar a unos hijos que en la realidad tiene pero que abandonó hace años. Los violadores de barriada se consideran los hijos de la tasa de desempleo nacional.

Mentiras mil veces repetidas son utilizadas como coartada para condenar al “sistema”, según la vulgata marxista, capitalista y, como alienación sistemática. Contrario a ese pensamiento único del odio mesiánico, que bajo la apariencia de insurrección contra la miseria y la globalización esconde un catecismo revolucionario, lo que en verdad se busca es derrocar al sistema democrático que le dio vida inicial a ese totalitarismo,  movilizando ideológicamente a las masas en nombre de la raza, la nacionalidad, la clase social e incluso a nombre de pasados y casi olvidados héroes patrios, a quienes se les violenta su discursos y sus apologías para adecuarlos a la ‘nomenklatura’ del neo-régimen.

Así es como se cultiva el odio social original, generando y exacerbando el apartheid socio-político como fórmula del racismo estatal, insólitamente similar en toda su estructura al odio racial que mantuvo su vigencia hasta muy entrada la modernidad, representado en el terrorífico apartheid surafricano, iniciado en la Guerra de los Boers y finalizado con la elección del Nelson Mandela a la Primera Magistratura de Suráfrica.

Chávez y sus adláteres han promocionado en Venezuela el chauvinismo social, la más reciente y permanentemente actualizada construcción de los odios sociales, que se sustenta en el odio como estrategia política de dominación y control, una estrategia que no se contiene exclusivamente dentro de los límites de la legalidad de una sociedad estructurada sino que va más allá pues la integración mediática de la aldea global (internet) y el impulso sostenido a las singularidades han generado una amenaza muy particular, la identidad colectiva, que dispara los procesos entrópicos que amenazan el paradigma cultural del ‘estado-nación’ y provocan que éste pierda eficacia orientadora en el conjunto social. En esos momentos, subsumidos a una deliberada política de Estado, cuando el mecanismo de control psico-social se vuelve incongruente, entre lo que se cree y lo que se siente.

El miedo controlentrópico, ese “producto pasional inducido”, es utilizado por las estructuras institucionales de los gobiernos para reprimir y reconducir a los conglomerados sociales y para disipar las entropías que puedan conducir en un momento dado al desarrollo de los vórtices caóticos en la sociedad. Aunque parezca un contrasentido, el miedo es paradójicamente uno de los sentimientos esenciales para promover el caos, y existen al menos tres escenarios en los que el odio se transforma en disparador caótico:

ü      1.- Cuando los individuos jerarquizan la identidad colectiva por encima de la identidad particular.
ü      2.- Cuando los individuos, rechazados o no por su entorno, asumen el rol de vengadores anónimos.
ü      3.- Cuando las estructuras sociales colapsan y surgen la anarquía, la desobediencia civil y el colapso institucional, cuyas manifestaciones más conocidas son el golpe de estado y la rebelión popular.

Cuando la controlentropía se ejecuta en ambientes sociales ‘cerrados’, dirigidos por un líder que controla a su vez el conjunto de subsistemas sociales y éstos responden a una visión única, mesiánica y revolucionaria, se cierra el crecimiento social (o lo condiciona), induce y dirige unilateralmente la economía, genera grandes insatisfacciones en la población y desestabiliza el inconsciente colectivo, provocando un cambio artificioso del carácter social que introduce profundas desviaciones en el contrato social previamente convenido y consensuado que llamamos proyecto país.

Para reafirmarse y prologar lo más posible una situación de control y de entropía, el líder mesiánico (a través de las instituciones gubernamentales, o de los entes formadores y forjadores del carácter social) utiliza al miedo como generador del escenario sobre el cual va a ejecutar, sin oposición ni controles, la segunda fase del proceso: el sometimiento de las multitudes, previamente divididas en clases, castas o categorías a partir del miedo precedente.

Sea cual fuere su origen o su sistema político de gobierno, el líder mesiánico utiliza la amenaza y el miedo como instrumento de dominación política y arma de control social. El miedo, instrumentado y generalizado de esa forma, impulsa a los ciudadanos a obrar de modos y maneras previstas por el régimen del líder, y asumen los ciudadanos esas conductas para librarse de la amenaza y de la ansiedad que produce el miedo, pues quien suscita miedo se apropia de la voluntad del otro para imponer su voluntad en la otra persona y que aquélla ponga en práctica una de las conductas ancestrales para disolver la angustia que produce el miedo: esta conducta no es otra que la sumisión.

Cuando el miedo impone la sumisión le resta autonomía decisoria al ciudadano, e incluso puede convertirle esa sumisión en un eximente de responsabilidad, pues cuando el poder está estrechamente relacionado con la capacidad de atemorizar, el miedo es utilizado en las sociedades sometidas como sustituto de sus responsabilidades.

El poder no es otra cosa que la capacidad del poderoso para conseguir que alguien se someta a su voluntad. Tal facultad se sustenta en tres capacidades dominantes: la posibilidad de conceder premios, la potestad para infligir castigos y la influencia para cambiar las creencias y sentimientos de la víctima por las suyas. Pero el miedo que sentimos los venezolanos no se circunscribe a un ‘miedo – presente’ como el que sienten los niños ante la rubiera cometida; No, lo nuestro es un miedo más ancestral, un miedo que se remonta a la época en que en este país vivía una población de blancos criollos militaristas que, en los 86 años transcurridos desde la Guerra de Independencia a la primera Gran Dictadura del Siglo XX -la del Generalísimo Benemérito- , incrementó su presencia y su poder político de forma desmedida, y que hoy, luego de 45 años de ejercicio democrático, regresa como el fantasma olvidado en nuestra niñez republicana, cargado con las mismas turbaciones y fobias, las mismas angustias y los mismos vandalismos, avasallando como otrora, con promesas de pasado.

Se trata de un miedo institucionalizado desde el Estado, que provoca y patrocina el desgobierno de Hugo Chávez y que funciona desde los medios de comunicación públicos que ha secuestrado y también desde otros, privados y comunitarios, que ha incautado, pero que instrumentaliza con un lenguaje agresivo y una puesta en escena provocadora de cierta violencia simulada, dentro de una representación del poder (el término es del antropólogo George Baladier) “que no demanda disparar los fusiles, pues mostrarlos resulta suficiente para sembrar el miedo en el colectivo que le adversa”.

Pero como todos los fenómenos sociales, incluso aquellos que nacen desde la controlentropía de un Estado con gobierno totalitario, cada miedo, cada odio tiene su ‘contra’ y su agente liberador. En los miedos sociales, el agente liberador no es otro que el enfrentamiento. En los odios sociales el agente liberador es el diálogo. Ambos nacen del desplante desinhibido de los ciudadanos, que paraliza y descoloca al autócrata, porque cuando los odios se dialogan y los miedos se enfrentan se les despoja de la doble savia que nutre al dominador: la división y la sumisión.

Andrés Simón Moreno Arreche

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jueves, 24 de mayo de 2012

ANDRES SIMÓN MORENO ARRECHE - ¡PAREJERO Y RESPONDÓN!


 
¡Por fin! Luego de algunos desplantes y de tanta viajadera (necesaria para ese face-to-face electoral) mi gallo Jiro le respondió al colorado, el mismo que desde febrero me lo correteaba en el palenque de esta gallera proselitista en que se ha convertido Venezuela, un ex-país, conocido hace 13 años como República sin apellidos.

La Juez de Valla[i] (que también es apostadora del gallo colorado) ha permitido que el malatobo rojo, previamente aperado desde antes con botanas[ii] de cuero y espuelas de plata, persiga al nuestro sin cotejo oficial[iii] ni blasones[iv] y lo acose sin citar a combate[v]. Eso provocó que nuestro Jiro, un gallo cortador y afanado[vi], diera unas cuantas corridas al redondel, alarmando a los suyos al punto que le cantaron correlón nomás dio la primera vuelta.

Y parece que su estilo es comportarse remolón pero buchero[vii] antes de que lo blasonen, pero como que ayer le probaron las cabo e’plata[viii] y se sintió armado porque se le plantó al colorado y le largó un picotazo en la cresta y un espuelazo choco[ix] directo a los ojos, que sí llega a tener las navajas[x], ahí mismito le asestaba un ‘cinco chorros’[xi]. Desde entonces se ha animado el palenque y han comenzado a cruzarse las apuestas para el tope que se dará a partir de julio.    

Mi gallo Jiro no le hizo mucho daño al colorado, apenas lo pataleó, pero nos enseñó a sus apostadores cómo se da un buen revuelo[xii] y mostró que cuando quiere, se planta fino, se porta parejero y respondón y que puede pegar bien con ambas espuelas.  El palenque se llenó con la algarabía popular y sin mediar oferta comenzaron las apuestas al gallo Jiro sin que el Juez de Asiento las incitara. Unos apostaron ‘topo a todo’, otros 3 a 1 y hasta mi compadre Julián, gallero relancino que habla más con sus silencios que con sus palabras, metió mano en la faltriquera de cuero y le vi sacar todo su capital apretado en aquella mano callosa.

·                                 .- “¿Qué fue, compadre? ¿Se va a lanzar con las primeras?”  -le dije al momento que le agarraba el brazo para retenerle.
·                                 .- “No se preocupe, compadre” -me respondió mostrándome su perfecta dentadura postiza- “ya vi lo suficiente en ese Jiro como pa’ jugarme hasta el destino.
·                                  
Y así, sin más ni más, mi compadre Julián fue a jugarse su capital. Llevaba aprisionado en su mano encallecida todo el caudal de la fortuna familiar: las fotos de sus hijos y nietos ‘juidos pa’ los niuyores’ desde que el gallo colorado cantó por primera vez en la gallera Venezuela.



[i] JUEZ DE VALLA: Socio acreditado y calificado por la comisión nacional de jueces de valla (el CNE) para ejercer la función de máxima autoridad dentro de la valla y responsable de cumplir y hacer cumplir el reglamento de casteo autorizado.
[ii] BOTANA: Artefacto usualmente en baqueta y piel en forma rectangular, con dos lengüetas que sirven para sujetar a la pata del gallo y que contiene una perforación circular para empotrar en el espolón del gallo y sobre la cual se monta el blasón de acero, sujetándose con hilo especial plano y muy resistente.
[iii] COTEJO: Es el registro de gallos donde se estipulan sus condiciones de combate, mismas que se cotejan con otras aves de otro criadero y en las mismas condiciones como son: peso, raza, blasón etc.
[iv] BLASÓN: Arma con la que combate el gallo y que podrá ser de acero, de plata o de origen animal.
[v] CITAR A COMBATE: Orden que da el Juez de Valla o los auxiliares para que levante as jaulas y liberen los gallos para el combate.
[vi] CORTADOR: el gallo corta rápido y fuerte a su rival.
[vii] BUCHERO: busca solo picar el buche del contrincante.
[viii] CABO E’PLATA: Espuelas de 15 grs. hechas de plata Ley 999
[ix] ESPUELAZO CHOCO: tiro directo a los ojos que deja mortalmente herido al contrincante
[x] LAS NAVAJAS: Las espuelas. Ver BLASÓN.
[xi] CINCO CHORROS: tiro en el cuello con bastante hemorragia externa.
[xii] REVUELO: vuelo hacia adelante, con lanzadas de espuelazos simultáneos.

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sábado, 12 de mayo de 2012

ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE - LAS 7 CATEGORÍAS CHAVISTAS


Así como se considera al Socialismo del Siglo XXI un concepto inextricable, hay otro concepto robo-lucionario que sí está claro, entendido y aceptado por propios y extraños. Esa conceptualización es el Chavismo.

El Chavismo, como cualquier ‘ismo’ asociado a un liderazgo personal significa, para la Real Academia de la Lengua Española, una doctrina que se desprende del ejemplo, un sistema o método para implantar el régimen de una idea o conjunto de estas, un modo de actuación apegado a las maneras y cualidades del líder cuyo talante reproduce el colectivo como condición para pertenecer a ese ismo, e incluso se reconoce como partido político pero en su acepción bárbara: Partido para obtener provechos personales, ventajas, beneficios y lucro.

Como doctrina que se desprende del ejemplo un buen chavista debe ser, ante cualquier circunstancia y situación, un falsario capacitado para esconder su castro-comunismo desde el inicio de cualquier relación. Ese sofismo le es útil para falsificar la realidad y la historia, para engañar con imposturas, para simular una presunta convicción revolucionaria mientras disimuladamente exagera los eventos con artificiosos argumentos y prepara el golpe artero a todo aquello que le oponga argumentos en contra.

Como sistema o método para implantar un régimen, el chavista debe estar preparado para dividir y romper con todo aquello que obture la instauración del régimen. Para dividir a un país en dos bandos antagónicos (patriotas y escuálidos... chavistas y majunches...) apelando a los más bajos instintos sociales: el apartheid, el racismo, y las clasificaciones. Para romper con las tradiciones y la cultura, al aceptar al líder máximo como alfa y omega de la historia.

Como un modo de actuación apegado a las maneras y cualidades del líder, el buen chavista debe poseer un verbo incendiario, sin medida ni recato; debe agredir en vez de dialogar; tiene que utilizar los giros verbales del líder aun cuando estos sean un galimatías incomprensible, y además de todo lo anterior, debe estar convenientemente entrenado para desdecirse (de lo mismo que se desdiga su líder), para derramar profusas lágrimas falsas. Y para ejecutar con excelencia estos modos, deberá portar siempre y en todo momento, una camisa roja, un librito de la Constitución, un rosario con crucifijo, el CD de la Lista Tascón y una banderita de Venezuela con el escudo del ‘caballito volteao’ y las 8 estrellas.

Aún con esta doctrina, sistema y modos en correcta ejecución, no es posible comprender al chavismo sí no se conocen sus 7 categorías. Son 7 clases, cada una con sus propias condiciones y cualidades de chavistas que determinan sutiles aunque profundas distinciones y los agrupan en siete géneros, cada uno de ellos con similares calañas, pelajes y castas, como suele suceder en las jaurías salvajes.

1.- Los chavistas que no saben.

Integran una facción numerosa y constituyen la base electoral de Chávez, una base tan importante como los millones de votantes fantasmas que tiene el líder oculto en los intersticios virtuales de la inextricable e inauditable data del Registro Electoral Permanente del ministerio para las elecciones, que es en lo que se ha convertido el Poder Moral en este ex-país a través de las felonías y obsecuencias de los mal llamados Rectores de su Consejo Nacional Electoral. Esta categoría de chavistas ‘no saben’ ni eso ni nada. Ni siquiera saben que son chavistas aun cuando pertenecen a la categoría. Se trata de ex- ciudadanos que dejaron de serlo al subsumirse voluntariamente al oprobioso canje de las limosnas misioneras. Ex-ciudadanos avenidos en habitantes de un territorio arrasado por el castro comunismo y en el que el Estado, omnipotente y tetra millonario, reparte migajas que los de esta categoría de chavista ‘no saben’ que son eso, migajas, pero que las aceptan por aquel decir castizo que retrata su profunda mediocridad: “Algo es algo, porque peor es nada”

2.- Los chavistas que no quieren saber.

Este clúster de chavistas está todavía muy alejado del epicentro donde se bate el chocolate espeso y recaliente de los grandes negociados con el poder, pero están un paso más cerca del líder y del proceso que los de la categoría anterior. Son los llamados chavistas de a pie que poco a poco caen en cuenta de las atrocidades y del latrocinio que se produce dentro del proceso mesmo, pero cierran ojos y oídos (la boca también) como aquellos tres monitos y en silencio se dicen a sí mismos: “Esto es mentira... Chávez no sabe nada... Esto no está ocurriendo”. En estos chavistas que no quieren saber se observan los mayores índices de agresividad contra los ciudadanos. Un ejemplo de esta categoría de chavistas la encontramos en los inicios del chavismo ( Los ‘círculos bolivarianos’) y más recientemente en ‘colectivos’ armados y violentos, como el ‘Colectivo La Piedrita’ del Comandante Valentín, que hace vida política y militar en la Parroquia 23 de Enero de Caracas. (Hay otros colectivos más violentos y peligrosos, como el Fuerzas Revolucionarias Bolivarianas, pero este es el más popular). Es en este segmento donde también está la mayor fuente de votantes que se pliegan al abstencionismo, pues aun cuando una gran cantidad de estos miembros alcanzan altas cotas de decepción con el proceso robo-lucionario, siguen fieles a Chávez, es decir siguen siendo chavistas ‘que no quieren saber’ de elecciones, bien por decepción, bien por desconfianza en que el CNE (el mismo del Poder Moral) a última hora le ‘robe’ votos a ‘micomandantepresidentemesmo’. Es increíble que piensen así, pero sí existen... Son los que no quieren saber de votos pero siguen creyendo en Chávez.
Here is the beginning of my post. 

3.- Los chavistas que odian saber.


Los chavistas que odian saber están literalmente ‘adentro’ aunque convenientemente próximos a la periferia; Son aquellos que no piden nada específico a Chávez; tan solo que los ponga ‘donde-hay’ pero no muy lejos de las puertas de escape.  Ellos provienen del ‘saber’ que obtuvieron en los centros de enseñanza y Universidades antes de que Chávez insurgiera con su golpe fallido al Gobierno constitucional y democrático de Venezuela, allá en el lejanísimo pero muy próximo 1992. Este segmento lo integran profesionales universitarios, técnicos y empresarios de distinto cuño y valencia política que acompañaron a Chávez desde su re-inicio público por la vía democrática, mismos personajes que se han lucrado a más no poder con las facilidades y el pragmatismo que encontraron en el proceso robo-lucionario. Odian saber, pero saben que ese odio es el precio ético a pagar por los favores recibidos. Usted puede identificarlos fácilmente cuando les ve, de hace unos meses a estas fechas, de aquí para allá buscando cómo zafarse de las ligazones económicas, financieras y personales con todo aquello que los ate al régimen y sus burócratas. Son muy fácil de identificar porque se les ve cazando testaferros en las elegantes barras de los no menos elegantes restaurantes de Venezuela. Lo más reciente que odian saber está relacionado con la salud y los pronósticos de vida del ‘coma-andante’. Odian eso tanto como el saber que muchos saben que ellos, elegantísimos chavistas de cuello blanco, odian saber lo que saben pero ¡Como les da provecho!

4.- Los chavistas que sufren por no saber

A diferencia del primer clúster (los chavistas que no saben que son chavistas), estos sí lo saben. Lo aceptan. Es más, saben que saben pero no saben por qué ni para qué, entonces sufren los rigores que impone la ignorancia del pragmatismo chavista. Es como una relación amor-sufrimiento. Una relación masoquista que necesita de un sádico para que los flagele inmisericordemente. Con interminables cadenas de televisión y radio. Un enfermo que los someta a la participación obligada en giras, caminatas, concentraciones humanas, aun a costa de sus trabajos y de su salud. Son los chavistas que sufren por no saber cuándo les darán su casa asignada y malviven en la letrina de un campamento, a la espera de una dádiva de Chávez. Sufren por no saber sí habrá energía eléctrica en el campamento de refugiados. Sufren por no saber sí aquel soldado que les vigila de día es o no es el mismo que vestido de civil, les viola de noche a sus hijas. Sufren por no saber micomandantepresidentemesmo está o no enfermo de cáncer, pues en la vorágine de su ignorancia, instigada y acrecentada por las campañas de desinformación que urden los pillines del G2, han llegado a aceptar que el cáncer de Chávez es zodiacal y que sí muere de cáncer no importa: Como Jesús, también Chávez resucitará al tercer día.  Y por no saber nada de nada, son los chavistas que más sufren.  

5.- Los chavistas que aparentan que saben:

En esta categoría de chavistas se manifiestan dos subgrupos: Los que desde adentro del chavismo aparentan que saben parcialmente qué sucede, pero sucede que lo saben todo y están conscientes de lo que pasa, y aún así aparentan que saben poco o casi nada, y los que no liban las mieles del proceso, los chavistas que por variadas razones y circunstancias están del ‘lao-de-afuera’ pero que algo saben (mucho o poco) y que se consideran afectos a Chávez.  Como aquellos otros, aparentan que saben aunque desconocen lo que sucede en sus detalles.  Ambos grupos hacen de la apariencia del saber una fórmula para captar incautos, hacer ‘negociados’ y servir de ‘enlace’ entre los regentes titulares del poder chavista y los que desean ‘bañarse en ese charquito’ pero no encuentran la oportunidad ni el contacto. Cada uno de estos subgrupos tiene una razón de ser y de existir dentro de un Chavismo entendido como estructura de poder. Cada uno cumple una función específica en el aparataje persuasivo de la desinformación y fungen de guías para el tránsito de lisonjas y coimas dentro de los recovecos burocráticos para que los de afuera puedan acceder al contacto y los jerarcas de las diferentes vertientes del chavismo l negociado de licencias, favores y prebendas, exquisitamente rociadas con escocés de 18 años con las que se riegan sólidas y convenientes transacciones bancarias electrónicas.

6.- Los chavistas que triunfan sin saber:

A este grupo pertenecen los ‘enchufados’, y como el anterior, también se divide en dos subgrupos: Los burócratas venezolanos de comprobada y ratificada fidelidad perruna a Chávez, que rotan groseramente de Ministerio en Ministerio, sin saber  ni conocer de qué se trata ni para qué existe esa cartera ministerial, y los burócratas cubanos, de ratificada y perruna fidelidad a Fidel, que están colocados ahí, donde Fidel los necesita para ‘marcar’ muy de cerca a Chávez y sus burócratas, y que como aquellos triunfan sin saber;  nomás por el simple acto físico de salir de Cuba, para encontrarse acá como pequeños capos di tutti capi, viviendo el sueño de todo cubano castrista que se precie de tal, y que no es otro sueño que el de mandar a otro sin saber de ‘ná ni ná’ ¡Cosa más grande, hermano!

El primer subgrupo (los burócratas venezolanos de comprobada y ratificada fidelidad perruna a Chávez,) es un club exclusivo, casi una cofradía sacramental, pero notoria, muy notoria. Casi cualquier habitante en Venezuela conoce sus nombres porque son los mismos que se manosean, de aquí para allá, como Ministros, Directores Generales, Presidentes de Institutos autónomos, Gobernadores, Alcaldes, Diputados, otra vez Ministro, nombres que se repiten porque han completado ‘la ronda’ de cargos unas tres veces cada uno. También se les conoce sus rostros, aunque con el tiempo (y la buena comida, y los trajes, y las joyas) se hayan modificado con implantes, liftings, ceras, colágenos, ampollas, peluquines y dos decenas más de artilugios y potingues. También se les conocen sus gustos y hasta sus más íntimas debilidades. No son más de 50 chavistas privilegiados pero todos, sin excepción alguna, triunfan sin saber que esos triunfos serán, tarde o temprano el más pesado fardo con el que cargarán el día que enfrenten a la verdadera señora ciega de la balanza justa.

7.­ Los chavistas que viven gracias a que los demás no saben:

Más que una categoría, vivir gracias a que los demás no saben es una condición esencial para cualquier chavista; sin embargo, como clúster se trata de una categoría supremamente elitista. Un petit comité de notabilísimos integrantes, entre los que se encuentra -encabezándolo- el mismísimo teniente coronel. Ellos comprendieron, desde el fallido y sangriento golpe al Estado de 1992, que para tomar el poder era y sigue siendo imprescindible que los demás no sepamos, ni sus planes ni sus objetivos. Esa y no otra es la razón para que hayan desarrollado una mitología política falsaria y estrambótica (el árbol de las tres raíces... El delirio del teniente coronel en su Chimborazo carcelario), una mitología pretendidamente fantástica y única en la que han combinado en una mescolanza rimbombante, a Simón Bolívar con Marx y Jesús... A Ezequiel Zamora con Simón Rodríguez... A la ‘Tercera Vía’ de Blair con el bolivarianismo avenido en Socialismo del Siglo XXI... Y todos esos ingredientes incompatibles entre sí, fueron sazonados con el más rancio populismo y el fuego atizado con inimaginadas cantidades de petrodólares, y ofrecieron ese brebaje a sus conciudadanos votantes como sopa macabra cocida en el oscuro caldero de la ignorancia colectiva.  

Ahora ya sabes, estimado lector, que el chavismo SÍ existe y solo te resta ubicar a los chavistas que conozcas en cualquiera de estas siete categorías. Pero ten presente que de acuerdo a la experiencia, más de un chavista puede ser ubicado en más de una categoría, lo cual hará más amena e interesante tu pesquisa, una indagación que también te puede conducir a la sorprendente 8ª categoría: Los conchupantes, también conocidos como ‘demo-chavistas’. Se trata de oposicionistas ultrosos (de la boca para afuera) y algunos militares que medran en el amniótico gel de los que se oponen a Chávez pero sin convicción. Son aquellos que se disfrazan de demócratas, pero que le hacen el juego al totalitarismo, proponiendo como solución las mismas misiones castro-chavistas. Son quienes te invitan a votar sin las debidas garantías del secreto de tu voto... ¡A votar! gritan, sin mediar una auditoría confiable de la data del CNE... ¡Al 7 de Octubre!, incitan... pero lo hacen prometiendo las mismas ofertas engañosas y populistas ‘Esteban’ en sus buenos tiempos. Como sí se tratara del Octavo Infierno de Dante, esta categoría también está full... ¡Y ya tú sabes quiénes son!


POR: ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE
And here is the rest of it.
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domingo, 1 de abril de 2012

ANDRÉS SIMÓN ARRECHE MORENO - CHÁVEZ GANA (POR AHORA) LA GUERRA COMUNICACIONAL

Chávez, ‘el innombrable’... ‘el autócrata bolivariano’... ‘el coma-andante’ o como usted lo quiera llamar, nos está ganando a los demócratas en este río revuelto que aún llamamos opinión pública en Venezuela. No caben dudas, pero tampoco es como para tirar la toalla y abandonar la lucha por la democracia, la igualdad y la legalidad. No lo afirmo sin referentes, lo digo con todas las encuestas y pulsos opináticos electorales en mano publicados a la fecha de este reporte, desde los que emite mi amigo Luis Vicente en Datanálisis y los de otras empresas de calibre profesional y probidad como la suya, hasta los numeritos de las encuestas ‘pret-â-porter’ y de dudosa transparencia, que salen de las manipuladas pulsiones que ordenan y pagan, con nuestro dinero, los capitostes de la nomenklatura rojita por instrucciones expeditas del G2 cubano, instalado hace sopotocientos años en el hotel Alba-Caracas, el añorado Caracas Hilton. Sea en aquellas mediciones serias o en estas otras encuestas manipuladas, Chávez lidera, por ahora, la intención de voto de los electores, aún cuando el margen de ahora no sea el holgadísimo 40% que mantuvo con el socialdemócrata Rosales (hoy exilado en el Perú) a comienzos de la carrera electoral del año 2006.

¿Por qué lidera la intención de votos un Chávez que, luego de 13 años en el poder, ha fracasado estruendosamente en todos los indicadores sociales y económicos de Venezuela? ¿Cómo es posible este desaguisado? ¿Enloquecimos como país, y como manada de Ñus enfebrecidos nos lanzamos por el barranco del Massai-Mara, para caer a las fauces de los bellacos depredadores del inextricable Socialismo del Siglo XXI?  Mientras sociólogos, politólogos y comunicadores sociales se devanan los sesos para hallarle explicación a lo que definen unos como ‘fenómeno social’ y otros como ‘incongruencia sociopolítica’, la realidad es tan simple como cruel: Chávez nos está ganando a los demócratas de todas las oposiciones - y con un margen aún grande- las batallas persuasivas sobre el electorado. Para resumirlo: Chávez nos gana en la guerra comunicacional.

¿Guerra comunicacional? ¿Y con qué se come eso?

La guerra comunicacional es uno de los tres emprendimientos sugestivos en la actual Era de la Persuasión, una era que la humanidad inicia con la invención del lenguaje (y que la separa de la precedente Era de la Contemplación), pero que antecede a una futura Era de la Iluminación, esa misma que todas las religiones y filosofías anuncian como de adviento o parusía del espíritu por sobre la terrenalidad. La guerra comunicacional es una de las tantas variantes de los enfrentamientos del cuarto período en la cuarta generación de los conflictos post modernos.  Incluye desinformación, comunicación borrosa y cibernética aplicada a los medios de comunicación y es, en esencia, una guerra que desarrolla estrategias de marketing, manipulación de contenidos y hasta terror psicológico, con el único propósito de influir deliberadamente en el comportamiento de los conglomerados humanos híper informados, pero paradójicamente descontextualizados, para alcanzar objetivos políticos, sociales, económicos que benefician directa o indirectamente a un pequeño grupo, sea éste una corporación, un partido político, una ONG o una religión.


Para delimitar el escenario de la guerra comunicacional hay que asumir como contexto marco el paradigma de la persuasión, un ambiente de información de múltiples vías en el que la guerra comunicacional comparte espacios con las otras dos modalidades de la comunicación persuasiva: la educación en valores y la identidad corporativa. La seducción de las masas en esta Era de las Persuasión, ha tenido y de hecho tiene, diferentes modalidades, diferentes formas de incidir en la voluntad de las audiencias y cada una de ella es la expresión táctica de eso que damos por llamar guerra comunicacional, una guerra dirigida a manipular la actitud y la conducta de los conglomerados sociales con voz y voto en la sociedad.


El paradigma persuasivo de la guerra comunicacional

En el actual paradigma comunicacional mediático, Chávez logró modificar el eje de rotación del proceso comunicativo. El contenido, como vector de identidad de los medios, lo hizo pasar a un segundo plano frente a lo percibido, porque se apoyó en la universalización del lenguaje de su imagen multimedia y así desplazó a la palabra-lenguaje en un escenario comunicacional donde no se confrontan ideas sino que se prometen soluciones inmediatas a las necesidades de los clústeres de votantes, casi mágicas, expeditas aún cuando sean mediocres o incompletas, así existan contradicciones entre ellas.

Este nuevo paradigma de la guerra comunicacional aborda la globalidad de las modernas interrelaciones sociales (redes sociales, telefonía celular 3G, etc.) que estructuran en la mente de los electores nuevas realidades. Es un paradigma que desdibuja fronteras entre grupos sociales anteriormente separados por territorios, clases sociales o formas y estilos de vida porque amplía la comunicación entre ideologías y votantes y demarca una nueva realidad: Los votantes se transforman en mercados de consumidores de promesas, que no ocupan un territorio ni están cogestionados ideológicamente en un partido ni se encuentran en los llamados Grupos de Opinión, sino que se caracterizan de acuerdo a la permeabilidad de su nivel perceptivo y sugestivo frente a la persuasión.

Es en esta guerra de las percepciones donde Chávez nos está ganando la batalla, por ahora, porque su estrategia comunicacional pivota sobre los 5 ejes que transversan el proceso persuasivo (medios, espacio, tiempo, libertad de acción y vulnerabilidad del adversario) y aplica, en directa relación con los distintos escenarios de la opinión pública, los cinco modelos estratégicos de la guerra comunicacional que son una síntesis de comprensión de las diferentes alternativas que se pueden utilizar en campañas comunicacionales persuasivas:

El modelo estratégico de la amenaza directa que opera con su poderosa hegemonía comunicacional, integrada por decenas de televisoras y periódicos y cientos de emisoras radiales. Utiliza este modelo aún cuando el objetivo sea modesto y goce de libertad de acción. El modelo estratégico de la presión indirecta que aplica cuando sus medios no le alcanzan para construir artificiosamente una matriz de opinión decisiva. Sucede cuando su objetivo ha sido inicialmente ignorado por el público-objetivo y su capacidad de convencimiento reducida. El modelo estratégico de las acciones sucesivas, es el ideal cuando su objetivo es importante y la libertad de acción en la Opinión Pública ha sido reducida, bien como reacción de aquélla, bien como resultado de las maniobras defensivas de las oposiciones. Con este modelo Chávez ha conseguido modificar una percepción existente mediante acciones sucesivas que combinan la amenaza directa y la presión indirecta con acciones de fuerza limitada. El modelo estratégico de la lucha total prolongada es el enfrentamiento asimétrico en cuya táctica de guerrilla comunicacional utiliza la movilidad de los jóvenes estudiantes de colegios y liceos públicos, incorporándolos a una conflagración opinática de esfuerzo considerable que tiene un objetivo final que sobrepasa lo meramente persuasivo: Esos muchachos, integrados en brigadas, pelotones y compañías, se transforman en instrumentos de inteligencia y contrainteligencia comunicacional. Finalmente, aunque no menos importante, Chávez ha utilizado en pasadas guerras comunicacionales el modelo estratégico de la lucha frontal, un modelo solo posible cuando los medios son grandes y poderosos, el objetivo es importante y la libertad de acción reducida. Este ha sido su modelo persuasivo preferido, con él ha buscado la decisión favorable de las audiencias votantes mediante un conflicto violento y de corta duración. 

Los principios doctrinarios de la guerra comunicacional son fundamento y razón de cualquier batalla persuasiva. La estrategia es una acción derivada de la política que debe cimentarse en las 3 constantes del accionar humano: Querer, que es un acto de voluntad. Poder, que es un acto de libertad y Saber, que es un acto de capacidad. El primer principio doctrinario es la voluntad de vencer, que implica fe en el triunfo y tenacidad para alcanzar el objetivo. El segundo principio es lalibertad de acción concebida como la facultad de elegir libremente la maniobra estratégica, los medios, las misiones y la decisión de orientar la ejecución de la estrategia comunicacional persuasiva. El tercer principio es la capacidad de ejecución que es la adecuación de los medios disponibles a las diversas misiones persuasivas, coordinándolas en el espacio y en el tiempo para el uso adecuado de los recursos en economía de esfuerzos. De estos tres principios doctrinarios se deduce la regla general de la estrategia comunicacional.

Para que todo lo anterior tenga sentido y utilidad, es obligante reconocer que estamos inmersos en una guerra comunicacional, una variante de los enfrentamientos de cuarta generación en los conflictos post modernos. Una guerra que incluye desinformación a las estrategias de marketing, comunicación borrosa en la publicidad y Ciber-comuniación para un contacto personalizado con audiencias perfiladas. La guerra comunicacional desarrolla 4 tipos de estrategias: estrategias para el ataque, estrategias para la defensa de nichos conquistados, estrategias para la aproximación por los flancos opináticos y estrategias de guerrilla comunicacional. Se trata, nada más ni nada menos de un novedoso enfrentamiento persuasivo que responde al análisis situacional de los escenarios y desarrolla tácticas persuasivas con la propaganda como rectora comunicacional de la información, la publicidad y las relaciones públicas, no para informar sino para captar adeptos; con la desinformación para minar territorios de adeptos fieles al contrario y con la inteligencia y la contrainteligencia para impactar sectores clave dentro del segmento más duro de los seguidores adversos.

¿Cómo enfrentar con éxito estas modalidades del emprendimiento persuasivo? ¿Qué nos hace falta conocer –y dominar- en los comandos electorales de las oposiciones? Para contrarrestar las maniobras persuasivas de Chávez es imperativo que los estrategas comunicacionales de las oposiciones conozcan, dominen y pongan en práctica los 10 Mandamientos de la persuasión de las masas, las 10 Leyes Inexorables que rigen los emprendimientos persuasivos y los 13 Principios Estratégicos de la guerra comunicacional. Sin esas herramientas esenciales, el ‘por ahora’ de Chávez se puede convertir en un ‘por siempre’. Quienes sientan el vacío de esta necesidad o simple curiosidad por asomarse al bizarro mundo de la guerra comunicacional pueden contactar al licenciado Jesús Zerpa en Caracas. Él está organizando conversatorios y talleres (presenciales y vídeo-conferencias) sobre este tema en la sede de ‘Espacios en blanco’ ubicado en Chacao, Centro Comercial Bello Campo, local 3. Para más información contáctenle por el telefax 212-261.9925 o por el correo electrónicocontacto@espaciosenblanco.com .
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sábado, 28 de enero de 2012

ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE - ¡UNIDAD, UNIDAD, UNIDAD, HASTA LA DERROTA SIEMPRE!

En la Venezuela demócrata está sucediendo algo políticamente ‘curioso’ que marcha a contrapelo de la verdadera democracia, entendida y aceptada como un proceso de consenso que existe en las sociedades civilizadas para dirimir las controversias que surgen de las normales diferencias de criterio. En Venezuela ha surgido el concepto de Unidad como dispositivo ultroso, irreflexivo y excluyente. Como condición excepcional y única para revertir el mega desastre político, social y económico que han desatado, con todas sus culpas incólumes, el desgobierno del señor Chávez y sus obsecuentes seguidores durante estos 13 años.

La unidad, que como principio electoral-proselitista es tan puntualmente necesaria para ayuntar el esfuerzo político que se requiere para vencer -sin margen de duda y contundentemente- al señor Chávez y sus secuaces el venidero 7 de octubre, se ha convertido en un concepto... En una marca-fashion... En una diva postmoderna que se promueve entre nosotros, los opositores del régimen castro-comunista de Caracas, como el único gran remedio social, político (electoralmente ¡Lo es!) económico, moral, agropecuario, científico, intelectual, y pare usted de atribuirle más curas milagrosas al potingue de la ‘unidad’, que para lo único que sirve, democráticamente hablando, es para la selección de un candidato único para enfrentar solidariamente a otro, a Chávez, el candidato del partido único, del sistema totalitario, el candidato vengativo y violador de la Constitución y que de paso es Presidente de la Nación, de su Partido y conculcador de los demás poderes del Estado. Contra ‘eso’, y nada más que ‘eso’ es para lo que se necesita ayuntar esfuerzos con una mano, mientras que con la otra nos tapamos la nariz ideológica... Todo en aras de los ‘altos intereses’ de la Nación y nuestra supervivencia como República.

Pero entre gallos y media noche, desde los partidos políticos que hacen vida oposicionista en la Mesa de la Unidad Democrática (¿Con qué se come ‘eso’? preguntaría, si pudiese don Luis Miquilena) se ha vendido a la opinión pública venezolana que cualquier disenso frente a la Mesa de la Unidad y su ‘marca’, por más sutil que sea, debe ser pugnazmente condenado -sea el que fuere, no importa. Afirman que hay que hacerlo en aras de los intereses nacionales representados en la tal marquilla de presunción ideológico-democrática que mientan ‘unidad’, y además de la condena irreflexiva, al que ventile pública o privadamente cualquier desacuerdo con las decisiones de la Mesa de la Unidad Democrática, o de sus candidatos, o por ejercer su derecho a decir ‘no estoy de acuerdo’, a esa persona (usted, por ejemplo... O yo, a partir de estas líneas que lee) debe señalársele con el dedo acusatorio. De proto-chavista, de quinta columna, de anti demócrata. Hasta se le inventarán viajes (ficticios, claro) a la Habana y se le señalará de peligroso ‘cabeza-caliente’ que anda gestionando un ‘resuelve’ con alguna ‘misión chavista’ mientras, como decimos en Maracaibo, ‘le echa vaporub en el ojo’ a los verdaderos demócratas, haciéndose pasar por quien no es. En fin... por ahí van los tiros.



Y no importa que su argumento sea reflexivo y sostenible con la realidad y comprobable con los hechos. Si usted es un demócrata y se atreve a disentir en Venezuela frente a las decisiones (y las indecisiones) de la MUD, o por las acciones (y las omisiones) de sus únicos precandidatos, usted será señalado y condenado...”porque atenta contra la unidad”. Vista así, la ‘unidad’ deja de ser una cualidad del consenso para convertirse en la excusa de un curioso y desconocido totalitarismo: el totalitarismo de quienes desde la unidad desean imponer sus ideas, sus conceptos, aún cuando ellos sean honestamente beneficiosos para el colectivo. Decir ‘unidad’ en Venezuela es señalar a un totalitarismo colegiado de origen consensual, pero nada democrático.

La unidad, concebida como estructura incriticable, única y presuntamente sólida, nos coloca frente a un insólito neo- fascismo de conciencia que para colmo de curiosidad, es de origen democrático. Una ‘unidad’ que atenta contra sí misma y su origen semiológico. Porque se impone desde una cúpula. Porque esquiva críticas y niega el raciocinio, el contraste de las ideas, el disenso y la polémica, elementos consustanciales con un sistema de gobierno democrático y su resultante: el Estado de Derecho. En nombre de una inasible, tránsfuga y etérea unidad, (que para ser ‘tal’ debe surgir del contraste de las opiniones para alcanzarla, y por el consenso de las acciones para ejecutarla) se pretende imponer un silencio, una mordaza ‘a hierro y fuego’... ¡Porque sí!... Y el que no está silenciosamente cuadrado con la fulana unidad, entonces está contra ella, aún cuando lo que diga u opine sea en su beneficio.

Tal despropósito es el sexo contra-natura de la democracia. Una unidad así esgrimida por los círculos democráticos en Venezuela (la unidad como concepto y marca incuestionable, pétrea e intachable) es una forma totalitarismo muy similar a la del Teniente-Coronel Chávez, a quien enervan las observaciones y trastornan las críticas. Los reproches que se han esgrimido pública y abiertamente a la MUD tienen fecha muy anterior a su consolidación como ente aglutinador de las distintas oposiciones democráticas venezolanas.

La Mesa de la Unidad Democrática, que tiene sus logros y aciertos, es verdad, está vinculando el concepto de unidad proselitista (candidato único... programa de acción de gobierno) con una obediencia ciega y silente. Afirma que está abierta al diálogo y a la crítica pero desde sus inicios, quienes crearon el concepto de ‘unidad’ secuestraron a la institución. Solo algunos partidos la integraron desde un principio, aunque más luego -presionados por la opinión pública- extendieron un plácet de participación a otras organizaciones, que resultaron ser ¡Otros partidos!

A pesar de ello, siempre ha sido un club de partidos políticos, en el que no participan ni deliberan en igualdad de condiciones otras estructuras de ‘eso’ que dan por llamar las instituciones de la sociedad: Colegios de profesionistas, Asociaciones civiles, Clubes, ONG, Asociaciones vecinales, minorías de cualquier tipo, etc. Señalar la exclusión y la imposibilidad de deliberación ha sido el ‘pecado original’ de quienes siendo demócratas por procedimiento, también somos contestatarios e inconformes. La inclusión sigue siendo una falla estructural en la Mesa. Una pata faltante que se remienda, como en las ‘mesas cojas’ con cualquier cosa que sirva para llenar ese vacío.

La historia de la exclusión de la sociedad civil en la MUD es ‘de origen’. El 23 de enero de 2008, en conmemoración del 50 aniversario del retorno de la democracia a Venezuela, los principales partidos políticos opositores se reunieron en el Ateneo de Caracas con el fin de suscribir un documento con el cual se comprometían a cumplir una serie de objetivos nacionales y su visión de país. El acuerdo fue propuesto por el entonces Secretario General Nacional de COPEI Luis Ignacio Planas en el marco del aniversario de esa organización política a comienzos del mes de enero del 2008. El acuerdo que dio origen a la Unidad Democrática fue firmado por los partidos Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática, Primero Justicia, Proyecto Venezuela, Copei, La Causa Radical, Alianza Bravo Pueblo, Movimiento al Socialismo y Vanguardia Popular; los políticos que suscribieron el nacimiento de La Mesa fueron Omar Barboza (UNT), Víctor Bolívar (AD), Carlos Ocariz (PJ), Antonio Ledezma (ABP), Luis Ignacio Planas (Copei), Alfredo Catalán Shick (PV), Alfredo Ramos (LCR), José Antonio España y Nicolás Sosa (MAS) y Rafael Venegas (VP) El 27 de febrero de ese año se sumaron al acuerdo más partidos políticos: El Movimiento Republicano, Solidaridad Independiente, Unión Republicana Democrática, Movimiento Laborista, Democracia Renovadora, Fuerza Liberal y Visión Emergente.

El 8 de junio de 2009 se reestructura el Acuerdo de Unidad Nacional dando forma a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la cual está organizada en 11 unidades de trabajo: corrupción, relaciones con la sociedad civil, estrategia, programas, derechos humanos, descentralización, asuntos sociales, asuntos internacionales, organización, movilización y temas electorales. ¿Se fijó? No aparecen otras organizaciones sociales distintas a los partidos. No hay sino una ‘unidad de trabajo’ para contactar con la sociedad civil, como si la sociedad civil fuera ‘algo’ ajeno y distante de la Mesa, de la Unidad y de la Democracia. Esto es así, desde antes y aún en estos tiempos, porque para los partidos políticos, la democracia NO ES la sociedad civil, sino un coto de caza de votos para los partidos políticos, exclusivamente.

Pero no solo de exclusión vive la Mesa. Todos los ciudadanos en Venezuela hemos sido testigos y sujetos del más oprobioso, permanente y sostenido de los fraudes electorales jamás observados en otro país de nuestro continente. Desde la grosera transformación, en el 2003, del Referendum Revocatorio en un evento plebiscitario, hasta la oprobiosa publicación de listas de electores, con la anuencia del CNE con la que los obsecuentes adulantes del régimen han creado un apartheid político y social. La sola existencia de la tristemente célebre ‘Lista Tascón’ y la no menos vergonzosa ‘Lista Maisanta’ (cuyo autor-ejecutor es el ahora oposicionista Ismael García) ha sido posible porque han contado con la silenciosa anuencia de las autoridades del Poder Electoral y del Poder Ejecutivo. Tal fraude electoral requiere, para validarse en la sociedad, de una estructura aparentemente opositora, de una ‘oposición oficiosa’ que solape, que convalide la felonía, bien con la anuencia tácita, bien con el silencio. Esa estructura social son los partidos políticos que le dieron origen a la MUD, y que con el silencio y anuencia han celestineado las fechorías electorales del régimen, convirtiéndose por acción y por omisión en sus corresponsables.

Aunque usted no lo crea, los partidos políticos en Venezuela no actúan como contrapeso institucional sino como blandas oposiciones a Chávez. Hasta utilizan, durante sus gestiones proselitistas electorales, sus mismas promesas, pero las re envuelven con un papel pseudo democrático y las ofertan como si el país y sus ciudadanos fuéramos los personajes de la novela El Gatopardo de Giuseppe Tomassi de Lampedusa, adormecidos súbditos del Principado de Salina y ellos, los partidos, los representantes de don Fabrizio Corbera, que entre bastidores y en ‘conchupancia’ con los emisarios del señor Chávez afirman... "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi" (Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie).

El concepto de ‘la unidad’ ha operado como las marcas comerciales, que poseen ‘valores intangibles’ aunque inexistentes, colocados en la mente de los consumidores por los hábiles publicistas que ‘posicionan’ marcas, desagregan o crean ‘clústeres’ de consumidores y como la mampara de tela que se utiliza para encauzar a las ovejas hacia el redil, obturan la visión del paisaje político y con ello la acción individual. Para ’eso’ es que se satanizan las críticas como ésta. Por ‘eso’ es que quienes opinamos a contrapelo de la nomenklatura de la MUD somos inmediatamente embolsados con el descrédito personal. Entonces surgen las descalificaciones (¿Tú eres un chavista o qué?... ¿Te volviste loco? ¡Unidad pa’ to el mundo! ... ¡El que no está con ‘la unidad’ está contra la democracia!).

Pero mientras descalifican a quienes, por derecho constitucional, podemos y debemos opinar y criticar, nada dicen del ‘juego político’ que le ha permitido al régimen más aliento político del que jamás pensó. Nada dicen del llamado a la abstención, que le entregó la Asamblea Nacional a Chávez y con ello la conculcación posterior de todos los otros Poderes del Estado. Nada dicen sobre ‘la entrega al Consejo Nacional Electoral’ de la selección del candidato opositor, permitiéndole a un desacreditado CNE la organización y el patrocinio de una selección de candidato que bien podemos hacer los ciudadanos sin las maquinitas del CNE, más rápido y con mayor transparencia. ¿Por qué la Srta. Machado no dice algo acerca de los 2 millones de ‘votos fantasmas’ que según sus múltiples denuncias pasadas, existen en la data del CNE? ¿Por qué López ni Capriles nada dicen ni se pronuncian públicamente acerca del inauditable Registro Electoral Permanente? ¿Por qué Pablo Pérez se olvidó de insistir en aquellas ‘condiciones mínimas’ de las que tanto hablaba antes de ser precandidato? ¿Y dónde están guardadas las múltiples y sustanciadas denuncias contra el Poder Electoral que hiciera, hasta no hace poco, el precandidato Pablo Medina?

Conceptualmente, la unidad no es en sí misma ‘mala’, todo lo contrario, pero vista así, con la óptica maniquea de las oposiciones venezolanas, la unidad se transforma en una patente pro-fraude. Con ella se silencia la verdadera oposición, la de la gente de la calle, la voz de los que no tienen acceso a los medios. Si llegara a la Presidencia cualquiera de los candidatos de MUD (a excepción honorable de Diego Arria, el único de ellos que está bien centrado: Gobierno de transición + Juicio a Chávez y sus secuaces) el que llegue a Miraflores lo haría, no por la voluntad de los electores, sino porque ante la avalancha de votos ‘en contra’, Chávez lo permitirá, siempre que se le consienta ‘morir como Presidente’ y garantizarle a sus secuaces un ‘retiro dorado’.

No me queda ninguna duda de ello, como tampoco dudo que para que ese supuesto negado ocurra, la ‘unidad’ debe convalidar otro fraude, el de la posterior ‘unidad nacional’, sostenido en la promesa del perdón a todos los chavistas (populismo ‘ex -ante’), como la gran mentira con la que todos cantaremos, como lo hiciera el inolvidable conjunto musical argentino ‘Les Luthiers’ en su tercer LP, el estribillo final de aquella canción marcial titulada “Ya el sol asomaba en el poniente”:

“¡Perdiiiii - mos... perdiiii - mos... Perdimos oooooo ...tra vez!”

POR: ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE
andresmorenoarreche@gmail.com



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