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lunes, 18 de abril de 2016
GOBERNAR PARA SIEMPRE
Rafael Olbinski
GOBERNAR PARA SIEMPRE
Miguel Aponte
Los marxistas, en todas partes, se proponen
“siempre” gobernar “siempre”; perdone la redundancia, pero así es. Está en su
lógica y su ADN. Absurdo dondequiera que se le mire, idiotez, locura; y,
atención, se lo creen en serio. Pero, pregúntese, ¿a cuenta de qué una idea
fija de la sociedad iba a estar vigente para siempre? ¿Y dónde iba a estar
escrita esa idea? ¿Y quiénes iban a ser sus “intérpretes” verdaderos? ¿Cómo no
terminar matando toda posibilidad de disenso?
¿No estará esto en el origen del totalitarismo
soviético, chino, cubano y chavista? ¿No tenía esto que degenerar
necesariamente hasta ser sólo argumento vacío de unos vivos para secuestrar el
poder? ¿Por qué dondequiera que aparece el marxismo muere la democracia? ¿Por
qué arruina todo lo que toca, cual Midas al revés?
¿Se ha preguntado usted por el origen de tanto
sinsentido? Las razones son complejas y para nada exclusivas del marxismo.
Este, desde su origen, creyó encontrar nada menos que la “ley de la historia”.
Tenía que ser así, la época lo exigía: era de necesidad que hubiese una versión
sociológica de una ciencia natural que creía que desentrañaría el universo.
Si, como afirmaba Descartes, el hombre vino al mundo
para dominar la naturaleza, ¿cómo no esperar que tal dominio abarcara la
historia, la sociedad y al hombre mismo? Así que de ese núcleo “cientificista”
le viene a la izquierda la manía totalitaria. Marx es también hijo de Descartes
y el positivismo moderno, guste o no.
Así, el marxista, que cree poseer la “verdad
absoluta”, nunca estimará otras “opiniones”. ¿Para qué? Su razonamiento es: si
yo poseo la razón absoluta, tú tienes que adherirla o estar equivocado; si es
así, debes ser reeducado o destruido pues vas contra las fuerzas de la historia
y la razón. Punto. De aquí a matar la democracia, a usted o a mí, sólo hay un
paso o ninguno.
En el siglo XXI el comunismo, reconociendo de hecho su
fracaso histórico en lo económico, le propuso matrimonio al capitalismo y entre
ambos tramaron, sin ningún escrúpulo, la peor opción para la sociedad: el
mercantilismo autoritario o capitalismo despótico, mezcla hasta ahora
impensable de capitalismo y comunismo: China es el mejor ejemplo y el vil
proyecto venecubano también. En esta transacción entre autoritarismo y mercado,
siempre la democracia será sacrificada.
Así pues, el reto es lograr que la sociedad asuma la
democracia o caer en el neoautoritarismo del siglo XXI: comunismo político y
capitalismo económico, con una clase privada servil a la burocracia política.
El positivismo economicista se habría impuesto por fin. Entonces, la pregunta
para nosotros, ciudadanos, y, sobre todo, para el liderazgo político
democrático es, ¿hay que conformarse o seremos capaces de ahorrarle esta
esclavitud a nuestros hijos?
17 de abril 2016
lunes, 21 de septiembre de 2015
INDEX SOCIALISTA
INDEX SOCIALISTA
Luis Marín
Juan Carlos Sosa Azpúrua asumió el reto clásico de fiat veritas et pereat mundus, que conlleva al ostracismo garantizado por la hostilidad combinada del gobierno cubano y sus colaboradores criollos y la única ventaja de que cada vez son más los que advierten que el ámbito público se ha convertido en un teatro, por cierto, de muy mala factura.
El guión es archiconocido y mil veces repetido, lo que más que escepticismo lo que produce es aborrecimiento en el público; los actores son mediocres y su terca insistencia en acaparar la escena, a pesar de los abucheos, comienza a generar la sospecha de que la ganancia no viene de la menguada taquilla sino de otras fuentes menos confesables.
La verdad es la primera víctima en la guerra y el gobierno guerrerista de Cubazuela la proscribió como el primero y quizás más grave delito político, precisamente porque su propósito esencial es edificar un mundo de mentiras, que se derrumba con sólo decir lo que es cierto; de allí que esté explícitamente prohibido tocar ciertos temas y mencionar a ciertas personas que van conformando un index prohibitorum socialista.
Derribado el muro de Berlín se conocieron listas de autores, comentaristas, creadores de opinión que tenían prohibido aparecer en cualquier canal de televisión, radio o medio impreso, que a la sazón eran todos del Estado, censurados por la Stasi y controlados por el Partido Socialista Unificado (la semejanza de nombres no es casualidad).
Ahora bien, a diario se repite que el socialismo fracasó, no obstante esos controles y quizás precisamente por ellos el imperio soviético fue desmantelado; pero entonces la pregunta que se impone es ¿cómo es posible que haya tanta gente empeñada en poner en práctica algo que se sabe que no funciona? Este es el punto a dilucidar, porque tal vez se está ignorando la masa del Iceberg.
Es una tontería sino un error deliberado pensar que millones de personas estrictamente disciplinadas y adoctrinadas en una ideología impermeable iban a abandonar el comunismo y dedicarse a actividades liberales solamente porque el comunismo soviético hubiera colapsado.
Cuando la realidad demuestra lo contrario: la URSS desapareció, pero no Rusia, que emerge otra vez con el afán de reconstruir su imperio sin las cargas que le dificultaban la marcha en el pasado. Vladimir Putin, antiguo jefe del KGB puso a otros kagitas en la gobernación de los estados de la Gran Federación Rusa y creo nuevos satélites con la Confederación de Estados Independientes.
Otro ejemplo ilustrativo es el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, evento típicamente soviético auspiciado por la así llamada Federación Mundial de la Juventud Democrática, reconocida incluso por la ONU. El último festival antes del colapso del imperio soviético se realizó en Corea del Norte en 1989 y luego entró en crisis, con la salida de su columna vertebral, la organización juvenil comunista, Komsomol, disuelta en 1991 junto con el aparato de estado soviético del que formaba parte.
No puede ser casual que fuera relanzado en Cuba en 1997, en período especial y le siguiera otro en Venezuela en 2005, al que Chávez dirigió dos larguísimos discursos de apertura y despedida. El orador de orden, Heinz Dieterich. La más reciente edición fue el 2013 en Ecuador.
Los grandes partidos comunistas europeos como el francés y el italiano se disolvieron y mutaron en irreconocibles movimientos antimundialistas y ecologistas, furiosos, que protestan desde la corrupción, el desempleo, hasta la falta de viviendas, sin olvidar algunas facciones extremistas armadas enrevesadas con el radicalismo islámico.
El comunismo retrocedió sólo para coger impulso.
DESDE CHILE, CON AMOR
Es absolutamente imposible hacer comprender la situación de Cubazuela en el exterior primero porque las agencias noticiosas transmiten la información reproduciendo textualmente los infundios del régimen y usando términos que tienen un sentido en Europa y EEUU del que carecen por completo en este expaís.
¿Cómo hacer entender que no existe un poder judicial independiente, ni jueces, porque ni siquiera tienen nombramiento; ni sentencias, sino órdenes ejecutivas; ni condenas, porque suponen un delito previo; ni el menor atisbo de algo que pueda llamarse justicia?
No ayuda que la destrucción de esta ex república sea consecuencia de una conspiración internacional, originada en el Foro de Sao Paulo pero que aprovechan redes del crimen organizado, del narcotráfico y otros tráficos, el terrorismo islámico y otros terrorismos, donde sobresale la intervención de la Internacional Socialista y la Socialcristiana, muy anteriores a la revolución.
Un ejemplo ilustrativo podría ser el de una juez accidental que ocupa el cargo de la todavía titular María Lourdes Afiuni, cuyo nombre no importa porque sólo lo presta para firmar una orden ejecutiva, que acapara titulares de la prensa mundial y es objeto de toda clase de diatribas e improperios como aquellos proverbiales chivos expiatorios que luego son echados del pueblo cargando con todas las culpas.
Sería más fácil convencer a unos cuervos de que el espantapájaros no es el granjero que a cierto público de que estos muñecos de paja, siempre mujeres civiles, no tienen nada que ver con los crímenes que se les imputan para desviar la atención de los verdaderos perpetradores, siempre hombres militares, a veces cubanos.
El interés en este caso no es por lo que oculta sino por lo que revela. Parte del escándalo es que enviarían a la “juez” a vivir su exilio dorado en Chile, lo que da protagonismo a la presidente Michelle Bachelet, a quien no le exoneran la deuda que tendrían los demócratas chilenos con sus pares venezolanos que los auxiliaron en los tiempos sombríos de la dictadura militar.
Pero ¿por qué no habría de servir Chile como refugio a alguien con estas características si ha sido el asilo de los dolientes del muro de Berlín? Comenzando por el dictador comunista Erich Honecker, la que ahora es su viuda, Margot y su hija Sonja, casada con un ciudadano chileno.
Una justa retribución al hecho de que la presidente Bachelet y su madre, Angela Jeria, estuvieron exiliadas en la RDA entre 1974 y 1979, antes de volver a Chile en medio de lo que ellas califican como una dictadura implacable, en cambio, en la RDA nunca advirtieron el menor rastro de represión.
La madre de Michelle Bachelet dice que “no puedo condenar lo que no vi, ni conocí gente allí que hubiera sido arrestada, torturada, detenida, desaparecida, que estuviera presa. Vi gente que le gustaría haber salido, gente que no podía salir y que le gustaría”.
Margot Honecker, que todavía vive en Santiago, escandaliza de vez en cuando a la opinión alemana como cuando le preguntan por los casi doscientos asesinados tratando de huir de la RDA: “No necesitaban saltar el muro y pagar con sus vidas esa estupidez”.
Ministra de Educación Popular desde 1963 hasta 1998, con el mismo fanatismo del primer día, no se arrepiente de nada, son los demás los que tienen que pedir perdón, dice desafiante: “La semilla que sembramos allí, fructificará”. Presumiblemente en Chile.
La presidente Bachelet a veces incurre en infidencias como en su reciente visita a El Salvador en que recordó: “mi primer hijo nació estando yo en el exilio, en la RDA, y por tanto tuve ahí todas las condiciones tanto de salud, de nutrición, de apoyo, que me permitieron estudiar y tener un hijo en Sala Cuna” (Sebastián Dávalos, mismo que está siendo procesado por corrupción inmobiliaria, lo que da fe de su sólida formación).
El anfitrión, presidente Salvador Sánchez, fundador del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional y de su ala militar, el Frente Popular de Liberación, alias comandante Leonel, siendo Vicepresidente asumió ad honorem el Ministerio de Educación del gobierno de Mauricio Funes, el hombre de la transición, porque no era miembro del FMLN-FPL, sino una suerte de agente encubierto.
Un inconveniente de evocar los Kinderkrippe es que recuerdan las adopciones forzadas en casos de mujeres arrestadas, procesadas y despojadas de la patria potestad de sus menores hijos, luego entregados a familias leales al régimen, sólo por incurrir en la estupidez de intentar cruzar el muro, casos por los que Margot Honecker fue acusada aunque nunca condenada por los tribunales alemanes. También recuerdan los centros de reclusión de menores, antros de adoctrinamiento y lavado de cerebros.
Margot Honecker promueve como líder del futuro a Camila Vallejo, una comunista de cuna a la que el capitalismo le sienta muy bien, porque más que una aguerrida líder estudiantil parece una modelo, personificación del socialismo con rostro humano.
Esta joven lideró la rebelión estudiantil en Chile en 2011 en demanda de una reforma educativa a la que con la otra mano accedió gustosamente la Bachelet. Hoy, convertida en flamante diputado, por esos vicios de la democracia burguesa, es Presidente de la Comisión de Educación del Congreso.
No se necesita ser ningún conspirativista para adivinar que una asesora experimentada de la tal reforma educativa es la eterna ministra de educación popular Margot Honecker.
La educación es la clave del futuro comunista, hasta en eso son jesuitas conversos.
LAS FRONTERAS DEL MAL
Es inevitable hacer un paralelismo entre la crisis de la frontera colombo-cubazolana y la de refugiados en Europa por coincidencia no solo temporal sino política y militar, pues evidentemente han sido provocadas por conflictos internos que gravitan en los vecinos.
Ni siquiera Juan Manuel Santos ni el Departamento de Estado serían capaces de ignorar que aquí la crisis es un mecanismo de presión sobre Colombia para conseguir mayores concesiones a favor de las FARC, rompiendo el estancamiento de las “negociaciones de paz” en La Habana.
De inmediato se advierte que la crisis en Europa también ha sido provocada, esta vez por el terrorismo desenfrenado de ISIS, la respuesta no menos desaforada de Bashar al Assad, en un ámbito de vacío generado por el retiro de las fuerzas aliadas de Irak.
Si la corrección de una política se mide por sus resultados ya podrían evaluarse los de la Administración Obama en Medioriente, en particular sus pactos para la destrucción de las armas químicas “declaradas” del régimen sirio y el del programa nuclear iraní, mucho más inquietante en vista de las consecuencias del primero.
En relación a Cubazuela los resultados no pueden ser más desalentadores, considerando que el plan de normalización de las relaciones con Castro continúa a contrapelo de toda evidencia de que la corriente va en dirección contraria, como en la frontera.
La doctrina de “la guerra de todo el pueblo” iniciada por Mao y llevada a sus últimas consecuencias por Vo Nguyen Giap en Vietnam, es la que se enseña en las academias militares de Cuba, especialmente en las de “solidaridad con los pueblos” donde se entrenan guerrilleros de la Tricontinental, esto es, Asia, África y Américalatina.
La primera frontera que se rompe en este nuevo tipo de confrontación política de masas contra los ejércitos tecnológicamente insuperables del “imperialismo” es el tradicional límite de separación entre combatientes y no-combatientes.
La población civil que para la doctrina militar clásica estaba fuera del campo de batalla, ahora está en el mero centro, mejor dicho, es el campo de batalla.
Probablemente la incorporación del pueblo al esfuerzo bélico comenzó en la Segunda Guerra Mundial, no sólo por el énfasis en la construcción (y destrucción) del complejo industrial militar, los medios de transporte como el ferrocarril, etcétera; sino por la instrumentalización de la población civil misma.
Una anécdota atribuida a Winston Churchill lo presenta recibiendo un informe según el cual miles de refugiados por los bombardeos de ciudades alemanas estaban atestando las carreteras, quizás para llamar su atención sobre una posible crisis humanitaria (si eso hubiera sido importante entonces). La sorprendente respuesta de Churchill habría sido: “¡Estupendo! Esa gente dificultará el desplazamiento de las tropas de Hitler”.
Al margen del cinismo que proverbialmente se le atribuye a Churchill, una frase como esta abre una nueva época en la concepción de la guerra y del papel de la población civil en ella, no solo como afectada pasiva, sino como instrumento agresivo.
Los aviones cargados de pasajeros estrellados por los extremistas islámicos contra las torres gemelas de Nueva York apuntan hacia esa absoluta indiferencia por la suerte de personas inocentes en esta contienda global, más bien a su negación, que rezaría así: “Nadie es inocente. El pueblo es un arma y la vamos a utilizar, sin miramientos”.
La nueva alianza de comunistas, nazis y fundamentalistas islámicos no tiene límites en su política de poder. Los nuevos califas no son menos crueles que los antiguos y su objetivo final sigue siendo el mismo, la supremacía mundial.
El mal absoluto no conoce fronteras.
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martes, 20 de mayo de 2014
HUMBERTO GARCÍA LARRALDE - RAZONES PARA UN NO AL SOCIALISMO (I)
RAZONES
PARA UN NO AL SOCIALISMO (I)
La palabra “socialismo”, más allá de los
avatares de la guerra fría y de la crueldad y fracaso de los experimentos
comunistas, sigue impregnada de un indescriptible vaho de justicia social en la
mente de muchos. Porque su pertinencia no es un asunto dirimible en la
contrastación con los hechos reales, históricos de estos regímenes, sino uno de
fe en que tiene que existir –o debe
existir- un arreglo social, inasible en sus detalles y maneras concretas, que supere
las inaceptables desigualdades en el disfrute de la riqueza generadas por la prosecución
del lucro como motor de la economía capitalista.
La existencia de gobiernos europeos que se proclaman
socialistas, aun siendo democráticos y respetuosos del orden jurídico liberal, es
una medida de la simpatía que evoca el término en el imaginario colectivo. Estos
países, además, están entre los de mayor nivel de equidad e ingreso en el mundo
de hoy. De ahí que cualquier intento por discutir seriamente la naturaleza del
socialismo, más allá de consideraciones pseudo-religiosas, propias de sectas,
debe comenzar por aclarar a qué se refiere uno cuando habla de él.
Para ahorrar espacio, acoto que el presente
escrito se refiere a la visión marxista de socialismo o, más precisamente, a
aquella que evocan hoy sus epígonos alegando interpretar a Marx. No me
referiré, por tanto, al “socialismo” europeo aludido arriba con el cual, de
paso, simpatizo. Abusando de la síntesis, diríamos que la motivación de la revolución socialista –según
el alemán- estaba en las contradicciones insalvables del capitalismo que, si bien lo reconoció como una
formidable maquinaría productiva, conducía a la pauperización de los trabajadores mientras acumulaba riquezas en manos de los
dueños del capital.
A la vez, ello creaba las condiciones
para crisis periódicas que destruían medios de vida. El socialismo debía
liberar las fuerzas productivas de las
férulas que le imponían estas relaciones capitalistas y proveer a los trabajadores de niveles
crecientes de bienestar material. La abundancia resultante
permitiría, eventualmente, prescindir de la relación mercantil como medio de
intercambio de bienes y servicios, incluyendo la remuneración laboral, y “la
sociedad inscribiría en su estandarte ‘de cada quién según su
capacidad, a cada quién según su necesidad[1]”. Según este imaginario, la humanidad saltaría “del reino de la necesidad, al reino de la libertad”. ¿Quién no se
embriagó en sus años mozos con tan hermosos augurios?
Marx creyó haber dado fundamentación
científica a su propuesta con su teoría
de valor-trabajo. Pero al demostrarse la inconsistencia de ésta, quedaba
sin sustento su tesis de la explotación capitalista y caía también la pretendida
inexorabilidad del socialismo. Por razones de espacio, ello no será examinado
aquí, pero sí dos aspectos relacionados. El primero se refiere al
reconocimiento del propio Marx de que su teoría no era aplicable a la tierra o
a objetos que no pueden reproducirse mediante el trabajo. Menciona como ejemplo
a las creaciones artísticas[2]. Al
dejar afuera las obras de creación –“no reproducibles
mediante el trabajo”- quedó sin explicación un elemento central, el más
portentoso, de la economía capitalista: la innovación.
En su teoría, el cambio tecnológico
sólo intensificaba la explotación pero, en sí, no creaba valor. De manera que
el lanzamiento de nuevos productos y/o procesos al mercado, que tanto han
contribuido con mejorar el bienestar material de la sociedad, no originaba valores,
a pesar de que no existiesen previamente. Conforme a tal dogma, llegamos a la
absurda conclusión de que, a medida que el progreso proveía formas superiores
de satisfacer las necesidades, el valor de la fuerza de trabajo se reducía ya que,
de esta forma, sus medios de vida se abarataban. Es decir, el nivel de vida del
obrero de hoy en los países industrializados, muy superior al de sus
antepasados del siglo XIX, reúne, en realidad, ¡menos valor!
Pero es que si el ideario marxiano
reconociese que la innovación origina
valor, dejaría de ser antagónica la confrontación entre trabajo y capital por
repartirse los frutos del proceso productivo. El juego suma-cero de la explotación capitalista devendría en un juego suma-positivo en dónde ambos podían
beneficiarse a través de la introducción de un producto o proceso nuevo o
mejorado, dejando sin sentido la idea misma de explotación.
De hecho, las empresas exitosas
incorporan hoy incentivos para estimular el aporte innovativo de sus
trabajadores, ligados muchas veces con formas de participación en los proventos
generados o en la propiedad. En estas condiciones, lejos de ser
irreconciliables los intereses de los trabajadores y de los capitalistas, supuesta
justificación de la revolución socialista, serían –con una gerencia y una
dirigencia sindical inteligente- compatibles.
Lo anterior conecta con la inquietud
de un
importante exponente de la Escuela de Frankfurt, Herbert Marcuse, respecto a
las nuevas modalidades de “alienación” que emergían de la sociedad de consumo
en las economías opulentas, pletóricas en bienes materiales y
cultural-comerciales, las cuales alimentaban una sensación de bienestar en la
masa trabajadora que, como un poderoso velo, ocultaría la naturaleza
explotadora de la sociedad capitalista.
Curiosamente, criticaba una conquista –la
mejora en el bienestar material de los trabajadores- cuya inexistencia en el
pasado servía precisamente de fundamento a la denuncia marxista del
capitalismo. Ahora que la mejora en los niveles de vida de la sociedad de
consumo había desmentido el supuesto de la depauperación de las masas, había que
desarrollar la crítica con base en criterios ajenos a los de las condiciones
materiales de vida. Marcuse apuntó entonces a la “esencia” del ser humano, a
sus potencialidades como ser multidimensional
una vez superadas las deformaciones a que se veía sometido por la sociedad
capitalista. Abandonaba así las pretensiones “científicas” del Marx
positivista, el de El Capital, por
una visión mucho más ideológica que exaltaba un deber ser propio de un estadio civilizatorio en el cual, superada
la división y los antagonismos de clase, el ser humano volvería a encontrarse
con su “esencia multidimensional” y la posibilidad de realizarse plenamente[3].
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sábado, 1 de marzo de 2014
AGUSTÍN BLANCO MUÑOZ - EL SOCIALISMO MUERTO
EL SOCIALISMO MUERTO
Agustín Blanco Muñoz
El trágico 27F-89, entendido como reclamo, desesperanza, temor e
incertidumbre social, sigue vigente. Y nadie puede negar hoy que estamos ante una realidad que recuerda
la de entonces. Es la inflación-escasez al lado del hambre, el desempleo y la inseguridad. La suma de
miserias persiste.
Hace 25 años comienza un período definido por el vacío que hace acto de
presencia en la propia manifestación de inconformidad de un colectivo-pueblo,
que en medio de su desesperación, se lanza a la calle en plan de saqueo para
suplir las carencias de una política que se había limitado al ofrecimiento, la
manipulación, el engaño.
Es un desbordamiento social que no atiende a límites ni pautas. A un
lado quedan las instituciones del orden. La gente pierde credibilidad en eso
que se ha nombrado como democracia, partidos, dirigentes, doctrinas
político-ideológicas. Pero tampoco se exhibe otra proposición concreta para
implantar una nueva realidad.
De ese vacío nace la conspiración que dirige Chávez, secundado por los
notables encabezados por Rafael Caldera (RC) y parte del “chiripero”. El 04F-92
fracasa el intento de golpe. Pero en mayo del 93 es defenestrado C.A.Pérez con el
voto de su partido.
El gran triunfador RC es presidente
desde 1994. Lo apoyan Chiripas,
notables, golpistas y muchos otros que veían hundirse al puntofijismo.
RC profundiza el vacío. Y Chávez, como presidente desde el 02F-99, trata
de taparlo con la constituyente y una proposición de revolución. A su muerte el 05Mar-13 no deja un poder consolidado.
Y su hijo político, impuesto como presidente, en 10 meses no ha podido
descifrar hacia donde lo lleva este expaís.
Y en la búsqueda de un camino salvador, junta su vacío a un socialismo
decretado y financiado con y por la renta petrolera. Nada que ver con
proletariado, lucha de clases o violencia revolucionaria. Un reparto petrolero para
controlar la pobreza a partir de la tarifa.
Un modelo inviable que parte y
concluye en la renta petrolera. Por ello Maduro tiene sólo dos posibilidades: o
se termina de hundir en el vacío o se distancia del socialismo muerto y busca
una salida que tenga en el colectivo-pueblo, un actor que produzca elementos
para la vida material e implantación de una auténtica democracia.
Sancho, nadie puede construir socialismo con vacío, renta y muertos! @ablancomunoz abm333@gmail.com
Últimas Noticias, 01 de marzo del 2014
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Venezuela febrero 2014
lunes, 11 de julio de 2011
JORGE RIVADENEYRA
EL SOCIALISMO CHINO
Jorge Rivadeneyra A.
De acuerdo a su concepción evolucionista de la historia, Marx estableció sucesivas etapas del desarrollo social, determinadas por el modo de producción. La primera fue el comunismo primitivo, a continuación el esclavismo, luego el feudalismo, y el capitalismo. Ninguna de ellas fue pensada previamente como un proyecto; es decir que esos modos de producción se fueron dando espontáneamente. “El hombre hace la historia, dedujo Marx, pero de espaldas a ella”.
La siguiente etapa sería el comunismo, pero eso sería posible cuando las fuerzas productivas del capitalismo llegan a contradicciones insolubles entre sus fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. A esta transformación la llamó revolución. Pero el requisito indispensable para que ocurra es la plenitud del capitalismo, lo cual incluye el desarrollo global de la ciencia, de la técnica y de la conciencia humana. En este caso, a diferencia de las etapas anteriores, se necesita planificar y coadyuvar al parto inevitable de la nueva forma de organización social.
De lo anotado se desprende que el comunismo es imposible en una sociedad que no haya alcanzado los más altos niveles capitalistas. Por esto, Lenin y los bolcheviques de principios del siglo XX, malinterpretando a Marx, dividieron el proceso revolucionario en dos etapas, a saber, el socialismo y el comunismo. En el socialismo, como etapa previa, el Estado propiciaría la eliminación de todos los rezagos del feudalismo, impulsando planificadamente el desarrollo capitalista, la superación de la pobreza, el atraso tanto de la estructura como de la superestructura de la sociedad.
Esto se debía, según Lenin, a que el capitalismo, y todas las etapas históricas de la sociedad, tienen un desarrollo desigual. Para superar el problema, Stalin inventó la tesis del socialismo en un solo país, y Trotsky propuso la revolución permanente, es decir la lucha para lograr el desarrollo global del capitalismo y del proletariado. Es decir que Lenin, Stalin y Trotsky tergiversaron a Marx. Además, todos los socialismos del siglo XX fueron variables del capitalismo de Estado, y sus teóricos, incluyendo a los marxistas críticos, como Gramsci, los pensadores de la “Escuela de Frankfurt”, o el euro-socialismo, discutieron y propusieron modificaciones tomando como punto de referencia la experiencia de la URSS , como si hubiese sido la única válida y posible.
Y en Rusia, el país más atrasado de la Europa de ese entonces, se llamó socialismo a una dictadura que impuso el capitalismo por decreto, reprimiendo la disidencia y asesinando a millones de personas acusadas de traidores porque fallaban los planes quinquenales, porque disentían o por supuestos agentes del imperialismo.
También China compartía esta estrategia revolucionaria. Pero a raíz del fracaso de la Revolución Cultural y del Gran Salto Adelante, propiciado y dirigido por Mao Zedong, la dirección del partido comunista chino inició un proceso de evaluación y autocrítica de la revolución. Llegaron a la conclusión de que la economía planificada no conduce a la riqueza, es decir al desarrollo integral del capitalismo, y Deng Xiaoping propuso y logró que se adopte la producción y la legalidad de acuerdo a la economía del mercado. Y a finales del siglo XX se re-estableció legalmente la propiedad privada. Todo esto sin la eliminación del Partido Comunista, ni la supresión de una dictadura a la que no llaman del proletariado.
La permanencia del partido comunista permite suponer que sus líderes evaluaron el papel del capitalismo de Estado de la antigua URSS, su estancamiento después de 70 años en el poder, hasta el punto de que Kruschev, acorralado por la guerra fría, tuvo que proclamar la coexistencia pacífica entre el capitalismo occidental y el soviético. También cabe suponer que los chinos, trataron o tratan de llegar al comunismo de acuerdo a las tesis iniciales de Marx, es decir permitiendo el superdesarrollo del capitalismo, así sea con el capital transnacional.
Hay poco información acerca de estos supuestos. Los marxismos sobrevivientes, es decir el de Corea del Norte, Cuba y Venezuela, nada dicen del actual proceso marxista-capitalista de China. Sus gobiernos actúan como si no existiera ese proceso, acaso pensando, con el dogmatismo de antaño, que los chinos son traidores, por lo cual dieron el paso que los sobrevivientes no se atreven, aun cuando les tengan envidia.
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