domingo, 29 de noviembre de 2015
VENEZUELA EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL
VENEZUELA EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL
Luis Marín
La Cátedra Pío Tamayo y el Centro de
Estudios de Historia Actual de la Universidad Central de Venezuela han
convocado a un foro para debatir el tema que acapara la mayor atención en los
titulares de todo el mundo: si estamos o no inmersos en lo que se ha dado en
llamar III GM, pero en particular interesa ubicar a Venezuela en este nuevo
contexto internacional.
Lo primero que salta a la vista es la
poca beligerancia que tuvo Venezuela en las guerras mundiales anteriores. En la
I GM fue exactamente igual a cero, porque el General Juan Vicente Gómez se
declaró neutral y no tuvo la menor participación en las hostilidades.
Su sucesor, Eleazar López Contreras,
mantuvo esa línea de conducta en la II GM, pero ya electo su Ministro de Guerra
y Marina, Isaías Medina Angarita, como Presidente y visto el ataque japonés a
la base naval de Pearl Harbor, éste no tuvo más remedio que declarar su
solidaridad con EEUU y romper relaciones con las potencias del Eje, el
31-12-41, pero no llegó a una declaración de guerra.
Muy a pesar de que Venezuela fue víctima
de hostilidades de la marina alemana, sufrió el hundimiento y la avería de
buques tanqueros, como el caso del Monagas, torpedeado el 16-02-42, en el
intento de interrumpir el flujo de petróleo a las refinerías de las Antillas
Neerlandesas.
Esta vez Venezuela tuvo un papel
estratégico en el suministro de combustible para mover la maquinaria aliada;
pero no declaró la guerra sino ya casi al final, el 15-02-45. Hitler se suicidó
en abril, Alemania capituló en mayo, Japón se rindió en septiembre y Medina fue
derrocado en octubre del mismo año.
Esta rápida secuencia de eventos muestra
que el derrocamiento de Medina pudo inscribirse dentro de la ola
democratizadora dominante a partir de la derrota del militarismo en la II GM.
Algunos datos ciertos podrían ser que a Rómulo Betancourt se le permitió
retornar de su exilio en Chile en aquel año de 1941 y para entonces ya había
arriado las banderas del antiimperialismo, declarado al fascismo como el
enemigo principal y deslindado inequívocamente del comunismo soviético.
De manera que el rasgo más sobresaliente
de Venezuela en la III GM es que por primera vez se encuentra en una posición
beligerante, inesperadamente hostil a los EEUU y sus aliados, como Israel y el
Reino Unido de la Gran Bretaña, sin dejar de ser su proveedor seguro de
combustible.
El régimen venezolano se ha alineado con
el Eje formado por Cuba, Irán, Siria, Rusia, China y, en verdad, con todo el
que comparta su visión de confrontación contra el “imperialismo” americano, el
sionismo israelí y, en fin, todo lo que huela a liberalismo, capitalismo, libre
mercado y globalización.
La suerte está echada.
LA GUERRA ECONÓMICA
Según la doctrina tradicional que, por
cierto, es de origen anglo-americana, la guerra económica es la que concierne a
la población civil no-combatiente en el contexto de una guerra en sentido
general.
Desde este punto de vista, sería una
consecuencia de la distinción entre combatientes y no-combatientes. Siendo que
las acciones militares propiamente dichas sólo pueden ejecutarse lícitamente
contra los combatientes y contra objetivos militares, queda por resolver qué
hacer respecto de la población civil no-combatiente que, no obstante, sigue
siendo parte fundamental del campo enemigo.
Es respecto de ellos que procede la
guerra económica, entendiendo que la actividad económica es el rasgo definidor
de la sociedad civil, sea que estos no-combatientes se encuentren en el propio
territorio, en territorio neutral o en territorio enemigo. Acciones
no-militares, como confinamiento, deportación de población; embargos,
restricciones aduaneras, racionamiento de productos y otras medidas punitivas,
son parte de la GE.
Si esto es en teoría, ¿qué puede
significar en Venezuela? ¿Cómo puede explicarse una GE en un país que se
encuentra formalmente en paz? Habría que desentrañarlo, porque el régimen
oculta sus motivos tanto como sus objetivos. Quizás hallaría explicación en el
contexto más general de la guerra global contra “el imperialismo”, una
consecuencia de la adscripción a la doctrina militar cubana de guerra
permanente contra EEUU que guía la conducta estratégica de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias.
Algunos componentes de la Fuerza Armada
se declaran “antiimperialistas” sin que se sepa el contenido y alcance de esta
expresión, que no se encuentra en la Constitución ni en la Ley Orgánica
respectiva, por lo que cabe preguntar: ¿Qué significa para ellos ser
“antiimperialista”? ¿No ser aliado de EEUU? ¿Tenerlos como enemigo en las
hipótesis de conflicto?
Subrepticiamente y sin ninguna
declaración formal, el régimen venezolano se ha inscrito en una guerra global
contra el imperialismo americano, el sionismo, etcétera, con graves
consecuencias para el país, que no ha sido advertido de esta nueva situación. Sólo
en este contexto general de guerra puede entenderse un tópico de otra manera
traído por los cabellos como la GE que, si no fuera así, ¿cómo se explicaría?
La pregunta es, ¿cuán serio es esto?
¿Esta guerra global es ya o puede considerarse como la III GM? Sobre todo
considerando las nuevas alianzas y enroques que impiden ver con claridad cuáles
serían los bloques en conflicto. ¿Es el yihadismo un pretexto para implementar
la desconcertante política de Obama de convertir a los enemigos en amigos? ¿Su guerra
es contra el islamismo radical, contra Irán o contra Rusia?
¿Cómo quedaría Venezuela y su
antiimperialismo demodé en estos escenarios?
Volvamos a echar la suerte.
¿QUÉ ES LA GUERRA?
El Derecho Internacional Público solía
definir la guerra como una relación entre Estados caracterizada por la
intervención de la fuerza y la suspensión de las relaciones pacíficas.
Antiguamente se concebía como una forma lícita de resolver conflictos
internacionales.
Con la decadencia de la entelequia
medieval de la “guerra justa” (no por casualidad equivalente a la noción
también medieval de los “precios justos”), se intentó proscribir la guerra como
forma de solución de controversias, sobreviviendo apenas la noción de legítima
defensa que es irrenunciable para los Estados. De aquí la importancia de
definir en cada caso quién es el agresor para determinar en consecuencia quién
tiene el derecho legítimo de defenderse.
Después de la devastación de la II GM
incluso la Iglesia concluyó que ninguna guerra puede ser “justa” y se optó por
las formas pacíficas de resolución de controversias, tal como establece
la ONU y convenios internacionales entre las “naciones civilizadas”.
Los principios del Derecho de Guerra son
bastante simples, pero pueden ser útiles para comprender las perplejidades de
la situación actual; todos se inspiran en la distinción esencial entre
combatientes y no-combatientes.
Por ejemplo, la prohibición de la
acción directa contra civiles no-combatientes; porque, como ya vimos, la acción
directa solo procede contra combatientes y objetivos militares, ejecutados por
personas autorizadas, identificadas, con uniforme y bajo un estandarte. No es
que la declaración de guerra habilite a cualquier ciudadano de un Estado para
agredir a cualquier ciudadano del otro estado declarado enemigo.
La prohibición de infligir sufrimientos
y daños superfluos, o sea, inútiles para la derrota del enemigo. Por último, la
prohibición de medios de lucha pérfidos, contrarios al honor militar. Por
ejemplo, el uso de veneno, gases tóxicos, armas químicas y bacteriológicas,
como la suplantación de uniformes e insignias, se consideran medios pérfidos de
lucha.
Ahora bien, de todo esto: ¿Qué es lo que
queda en pié en la lucha contra el terrorismo? Si para empezar estos elementos
prescinden de la distinción entre combatiente y no-combatiente. Centran sus
objetivos no en los militares sino precisamente en los civiles, preferiblemente
transeúntes desprevenidos e indiferenciados. Si el sufrimiento y el daño
mientras más superfluos, mejor. Si el yihadismo es esencialmente pérfido y se
solaza en la perfidia. Si se declara que el DAESH ni es un Estado ni es
islámico. ¿Puede aplicarse el concepto de “naciones civilizadas” a una realidad
tribal? ¿Cuál es la doctrina, cuáles son los principios de esta nueva guerra,
si se trata de la III GM?
Históricamente, la doctrina siempre ha
estado rezagada respecto de la realidad; dicen los poetas que primero ocurren
los hechos y luego llega la filosofía arrastrando los pies.
Vale entonces preguntar: ¿Qué viene?
¿Cuál es el novus ordo seclorum?
EL ESTADO POLICIAL
UNIVERSAL
Lo que muestra la evidencia es que un
sujeto como Vladimir Putin, que quiere ser el modelo de gobernante del siglo
XXI, ha aumentado proporcionalmente su poder con cada acto de terrorismo
ocurrido en su territorio y mientras más dramático y trágico haya sido el acto,
más poder asume, tanto, que estos resultan contraproducentes.
Curiosamente, desde 1998, la hegemonía
de Putin en Rusia corre paralela al proceso chavista en Venezuela, siguiendo el
guión que conocemos en carne propia: se ha elegido y reelegido indefinidamente
burlando la constitución que impusieron a la caída de la URSS, ha designado a
sus secuaces gobernadores de la federación, monopolizado y amordazado los
medios de comunicación, manipulado al poder judicial para encarcelar rivales
políticos, perpetrado el asesinato de opositores a la vista del público,
violado todos los derechos humanos, pero esto no es lo más grave.
Putin está librando al menos cinco
guerras abiertamente: en Chechenia, Georgia, Moldavia, Ucrania y últimamente en
Siria; por no contar las guerras encubiertas en que se ha involucrado en todo
el globo, incluyendo Latinoamérica, donde ha implantado bases de operaciones en
Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Ahora, con motivo de la guerra contra el
yihadismo, parece que todos los agravios se olvidaron y es recibido
clamorosamente en una alianza morganática que sin rubor incluye a Irán, Irak y
la Siria de Bashar Al-Assad, o sea, a los creadores del problema. ¿Quién
recuerda hoy que estaba sometido a sanciones por la invasión y desmembración de
Ucrania, lo que antes había hecho con Georgia y Moldavia?
Putin no sólo ha reivindicado al Zar y
al zarismo como religión de Estado, restablecido los fastos del imperio, sino
que se ha coronado como el nuevo Zar de Rusia. Hay que reconocer que en 15 años
ha conseguido más que todos los anteriores en 500: la anexión de Crimea sin una
guerra de Crimea, no uno acaso dos puertos en el Mediterráneo como no soñaría
ni el mismo Pedro El Grande y la exaltación del orgullo nacional ruso.
Así, no sorprende que un socialista
decadente como Francois Hollande también tenga sus días de gloria, que
aproveche la coyuntura para tomar medidas extraordinarias que le dan más poder
del que jamás tuvo ningún monarca francés desde la era Bonaparte y mande sus
tropas al África y Asia, como en los buenos tiempos imperiales.
La III GM es la mayor derrota para la
libertad desde la catástrofe de la II GM. Su sino más visible es la
transformación del ciudadano en sospechoso, vigilado y auscultado por un Estado
todopoderoso con la coartada de que lo hace para protegerlo de un enemigo invisible,
ubicuo e implacable, que puede actuar en cualquier momento, en cualquier lugar
y de un modo completamente impredecible.
Por lo tanto, la humillación que antes
se restringía a los aeropuertos ahora se traslada a todos los escenarios de la
vida civil, del baño hasta la alcoba, a cualquier comunicación o actividad,
porque nunca se sabe lo suficiente y no hay forma de que este aparataje de
vigilancia y prevención no se use contra los adversarios o enemigos políticos
internos, como es tan caro a los socialistas y a toda institución de mentalidad
totalitaria.
La contrapartida es el
beneplácito de los siervos, el cándido agradecimiento profesado a
quienes los voltean de revés para ver qué cargan en las entrañas y hasta en sus
más íntimos pensamientos, porque nadie puede confiar ni siquiera en sí mismo,
ni estar libre de convertirse en victimario o víctima potencial.
El problema como siempre ha sido seguirá
siendo: ¿Cuáles son los límites de este EPU? ¿Quién vigila al vigilante? ¿Qué
defensa hay contra él? ¿Dónde quedan la privacidad, la libertad, el derecho a
disentir? En resumen: ¿Cómo se combate al terrorismo y se limita al Estado al
mismo tiempo?
La visión de un gobierno mundial
omnipotente que elucubraron los conspirativistas del siglo XIX parece hoy
posible gracias a una tecnología alucinante, desafortunadamente en manos de
políticos tan inescrupulosos y corruptos que ni siquiera aquellos soñadores del
absoluto hubieran podido conjurar.
Parte del problema es que no existe una
respuesta liberal a la amenaza del EPU que instrumentaliza el terror para
imponer a sangre y fuego su agenda totalitaria.
De un lado, todos contra el
imperialismo; del otro, no está claro si el enemigo es Rusia, Irán, el
islamismo radical o todos juntos.
En todo caso, con este bando es que el
régimen de Venezuela está alineado.
Luis Marín
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