martes, 20 de agosto de 2019

ACOTACIONES A LAS NEGOCIACIONES CON EL CHAVISMO




ACOTACIONES NECESARIAS A LAS NEGOCIACIONES CON EL CHAVISMO
Humberto García Larralde


LOS FINES DE LA NEGOCIACIÓN Y SUS IMPLICACIONES

Retornar al ordenamiento constitucional a través de la negociación con representantes del Madurismo será siempre preferible a que ello ocurra por medio de una intervención extranjera. Pero el margen con que debe manejarse tal negociación estará necesariamente constreñido por el fin buscado: la creación de condiciones para que los venezolanos superen de forma eficaz y perentoria la terrible situación en que la oligarquía militar - civil los ha sumido, y para conquistar una democracia plena, con contenido.

Las negociaciones no deben restringirse a plantear la salida del usurpador. Sea por medio de elecciones confiables (con las garantías del caso) o por otros mecanismos, el resultado debe apuntar al cambio del modelo funesto instrumentado por Chávez y Maduro en contra de la población. Significa, en primer lugar, el respeto pleno de la batería de derechos civiles, políticos y económicos consagrados en la Constitución. Como condiciones sine qua non, pueden citarse: Restablecer las potestades de la Asamblea Nacional; disolver la asamblea constituyente; renovar al CNE; liberar los presos políticos; cesar la criminalización de la protesta; respetar los derechos humanos; convocar elecciones presidenciales confiables.

En el plano económico es un sinsentido que todo el esfuerzo por sacar a Maduro termine en una gestión que no dé respuesta palpable a las expectativas de perentoria mejora en el bienestar de la población. Un nuevo gobierno que fracase en responder satisfactoriamente a ellas tendría muy corta vida.

En términos generales, existe consenso entre los economistas en torno a la necesidad de instrumentar políticas creíbles y consistentes que abaten la inflación, permitan estabilizar el tipo de cambio en un mercado libre, eliminen los controles e incentiven las inversiones productivas para generar empleo, abastecimiento y equilibrio en las cuentas externas. Ello está recogido en el Plan País y, con mayor elaboración, en las discusiones entre economistas que le sirvieron de sustento.

EL DESAFÍO ECONÓMICO

El nivel tan absoluto de destrucción y de pauperización de los venezolanos producido por Maduro y su equipo genera esperanzas de mejora inmediata entre los venezolanos, lo que plantean un serio desafío a un eventual gobierno democrático futuro. Entre los elementos de mayor impacto están:
1)      El salario mínimo se encuentra actualmente en menos de tres dólares al mes. Tengamos en cuenta, además, el aplanamiento de la escala salarial en torno a este nivel, con lo que la mayoría de los asalariados ganan menos de cinco veces esta cantidad[1].
2)      La estabilización del precio de la divisa, en un mercado sin restricciones, presupone una apreciable corrección de la paridad, actualmente sobrevaluada. Esto significa que se despreciará el bolívar, lo que reducirá aún más los salarios arriba mencionados en dólares.
3)      La recuperación de los servicios públicos, factor central al bienestar de los venezolanos, obligará a un proceso eventual de sinceración de sus precios para garantizar su prestación eficiente.


CONDICIONES PARA EL AJUSTE EXPANSIVO DEL PLAN PAÍS

El programa de estabilización económica planteado en el Plan País augura un crecimiento rápido de la producción, el empleo y de los salarios reales. Ello se fundamenta, entre otras cosas, en la altísima capacidad ociosa del aparato productivo doméstico que actualmente opera, en promedio, a menos del 30 de su capacidad. Un cambio político que restablezca las garantías legales a la propiedad y de orden procesal, elimine la inflación, levante los controles y asegure el acceso sin restricciones a la divisa, debe provocar una respuesta inmediata, fuertemente expansiva, de empresarios locales e inversionistas foráneos. No obstante, ello dependerá de las siguientes condiciones, que están interrelacionadas:

1)      Un significativo financiamiento internacional, con una reestructuración a fondo de la deuda pública.
2)      La apertura de la industria petrolera a la inversión privada.
3)      Un incremento significativo y a muy corto plazo en la productividad laboral.
4)      Un gobierno que dé confianza, dotado de un equipo económico altamente calificado.

Las magnitudes requeridas de financiamiento externo sólo las podrá proveer la banca multilateral, con el FMI a la cabeza, a la cual habrá de sumarse préstamos bilaterales, la reapertura del crédito internacional y la inversión privada. Pero tal financiamiento estará sujeto a un programa creíble, coherente y factible de recuperación de la economía, que proyecte una imagen de solvencia en el tiempo ante la banca y los inversionistas foráneos, y que permita el reembolso del financiamiento en los plazos acordados. La existencia de un gobierno serio, dotado de un buen programa y de personal directivo altamente calificado, debe transmitir la confianza necesaria para que las transformaciones requeridas se instrumenten de manera eficiente y oportuna. Esto posibilitará negociar una restructuración a fondo de la deuda pública externa, con apoyo del FMI, para que Venezuela pueda atender los compromisos internacionales que de ahí se deriven, pagar sus importaciones y aspirar a dinero fresco.

NO HABRÁ MILAGRO PETROLERO QUE VENGA AL RESCATE

La recuperación de la industria petrolera habrá de aumentar los ingresos por exportación de crudo. Pero ya no habrá milagro petrolero. En el mejor de los casos, la producción anual podrá incrementarse en el equivalente a 250.000 a 300.000 barriles diarios. De manera que el país podrá alcanzar un nivel respetable de producción (en torno a los 2,5 millones b/d) en unos seis años. En términos per cápita, la producción estará apenas por la mitad de la existente en los años ’70. Además, la atracción del capital requerido para esta expansión requiere reducir la carga impositiva a la industria, de manera que esta mayor producción, si bien generará empleo y encadenamientos con proveedores locales (los que sobrevivieron junto a los nuevos), no aumentará en proporción los ingresos del estado. Es decir, esta vez la renta petrolera no vendrá al rescate.

Más allá, las expectativas son poco favorables a un aumento abrupto en los precios internacionales del crudo, tanto por el incremento de la oferta (fracking en EE.UU., no limitado por cuotas o restricciones políticas), como por la ralentización y eventual reducción de la demanda por el desplazamiento progresivo de los combustibles fósiles ante consideraciones climáticas, junto a la disminución en los costos de fuentes alternativas de energía. Los esfuerzos por reducir el uso de los combustibles fósiles acortan la vida de Venezuela como país petrolero. Algunos calculan una ventana de apenas tres décadas, antes de que caiga aceleradamente la demanda por nuestro crudo.

LA IMPORTANCIA DECISIVA DE MEJORAR PERENTORIAMENTE
LA PRODUCTIVIDAD

La terrible pauperización de la población venezolana a manos de Maduro y los suyos obliga a concertar de inmediato la transferencia de recursos a los sectores más humildes a fondo perdido. Pero la viabilidad de que órganos multilaterales accedan a financiar tales transferencias se sustenta -más allá de consideraciones humanitarias-, en la condición de que sean progresivamente reducidas y/o en su eventual reembolso. El financiamiento externo es renuente al gasto corriente improductivo. Más allá, debe considerarse la sinceración de los precios / tasas de los servicios públicos y el efecto de la depreciación (pass-through) sobre los precios domésticos. De manera que la mejora tan ansiada en los ingresos de la población habrá de descansar, por fuerza, en el incremento en la productividad laboral.

Aumentar drásticamente la productividad cuanto antes es factible, sin mayores inversiones, si se logra aprovechar la holgada capacidad ociosa de la planta productiva del país. Pero numerosos factores entraban tal aprovechamiento. Citamos los siguientes:

a)      La ausencia (por emigración) de mano de obra calificada y de talento profesional;
b)      El colapso de los servicios públicos y de la infraestructura física;
c)       Un marco institucional –leyes, reglamentos— asfixiante y punitivo;
d)      La ausencia de servicios especializados de apoyo;
e)      La destrucción del tejido industrial (clusters): proveedores, industrias complementarias, de servicios.
f)        Una banca “enana”, que ha visto reducir sus activos en dólares en casi un 90% desde 2013;
g)      El colapso de la capacidad de respuesta administrativa del Estado en muchas áreas;
h)      La necesidad de pagar remuneraciones competitivas para atraer talentos y personal calificado, en una economía en la que el salario promedio está por debajo de los $10 mensuales. La inversión extranjera contemplaría sueldos competitivos para sus operaciones, pero sueldos atractivos que retengan el personal calificado requerido para hacer funcional al estado, recuperar y mantener los servicios públicos, es políticamente problemático cuando la remuneración general es tan miserable.

Es imprescindible articular un programa especial dirigido a resolver estas insuficiencias. La inversión extranjera podrá llenar algunos vacíos en el corto plazo, pero será mayor contando con un programa que identifique las oportunidades y la secuencia de acciones deseada para su superación.

Finalmente, la reestructuración eficaz de la deuda pública externa habrá de liberar recursos requeridos para importar los equipos e insumos que exigirá la reactivación económica, así como los bienes de consumo y servicios para complementar la demanda final. Ello es crucial, dado el enorme peso que tiene su servicio bajo las condiciones actuales. Si bien en el tiempo se prevé que las inversiones se traduzcan en un aumento sostenido en las exportaciones (petroleras como no petroleras), sin reestructurar la deuda la economía verá comprometida su crecimiento en el corto plazo.

IMPLICACIONES PARA EL ACTUAL PROCESO NEGOCIACIÓN

La criminal destrucción de las condiciones de vida de los venezolanos urdida por la oligarquía militar – civil no ofrece mayores márgenes para negociar un gobierno de transición con factores del chavismo. Estamos frente a un estado fallido que pone en entredicho la propia viabilidad de Venezuela como país si no se acometen de inmediato profundos cambios. Tal precariedad restringe las posibilidades de una transición exitosa, que abra las puertas a una recuperación sostenible, a las siguientes opciones:

1.       Gobierno nuevo, comprometido con el rescate de la institucionalidad democrática liberal, resultado de desplazar por completo al madurismo del poder, bien sea por la implosión de sus bases de sustento (renuencia militar a seguir apoyándolo) o por una intervención extranjera, que consiga piso en factores domésticos para reconstruir la democracia. Es un escenario tipo “borrón y cuenta nueva”.
2.       Gobierno de coalición con los factores más sanos del chavismo, resultado de una negociación que acuerde las condiciones sine qua non mencionadas al comienzo de este escrito y convoque de inmediato elecciones presidenciales confiables.
El primer escenario es el más favorable para el futuro de Venezuela, pero también el más complejo en términos del manejo satisfactorio de las expectativas de mejora del venezolano, pues necesariamente implica una ruptura completa con la cultura rentista. Si bien durante los primeros dos años (quizás más) tendrá que existir una combinación de servicios subsidiados con transferencias directas a los hogares más necesitados --hasta que la recuperación de la economía pueda asegurar condiciones de vida aceptables a la población--, tales medidas deben entenderse como transitorias. La ventaja de este escenario es que, al tener un programa coherente (Plan País) que de confianza y un equipo de gobierno altamente calificado, será factible concertar un generoso apoyo financiero con el FMI y el BM.

El segundo escenario posiblemente implicará continuar dependiendo de algunos programas de reparto, combinado con subsidios a servicios y controles de precio. Al no enfrentar la cultura populista / rentista, habrá de generar problemas crecientes en el tiempo por su ineficacia en proveer condiciones para sacar a la población de la miseria. Disuadirá, por tanto, la prestación de recursos más allá de la ayuda humanitaria. Quizás la lucha contra la corrupción –de permitirla el componente chavista del gobierno—provea recursos que permitan mejoras apreciables en algunos puntos (servicios públicos, importaciones)

En fin, las condiciones mínimas que justifiquen llegar a acuerdos con factores del chavismo a través de la negociación son muy exigentes. Constituyen una camisa de fuerza irrenunciable. No tiene sentido acordar una coalición que no las cumpla. Y esto va para aquellos ilusionados con un gobierno de “Unidad Nacional”, a cuenta que observan grietas en la estructura mafiosa de dominación. Seguir “muddling through” con un gobierno de transición mixto es inhumano, dadas las condiciones actuales de pobreza extrema y, además, inviable.

Para facilitar un acuerdo satisfactorio se requiere, como todos sabemos, hacer concesiones. Se ha ofrecido, levantar las sanciones a quienes renieguen de la dictadura y ayuden a restablecer el ordenamiento constitucional, la posibilidad de un régimen transicional para juzgarlos --como ocurrió en las negociaciones de paz en Colombia--, así como eventuales períodos de gracia (para que puedan esfumarse). Es de suponer, además, que la inviabilidad futura evidente del madurismo, contribuya a que algunos de quienes lo apoyen, abandonen el barco antes de que se hunda. La incógnita está en saber si esos chavistas “sanos” existen y si tienen suficiente peso en el poder como para asegurar la salida pacífica de la mafia Maduro – cúpula militar.

Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
himgarl@gmail.com


[1] el sueldo de un profesor titular a dedicación exclusiva de una universidad pública es menos de siete veces el salario mínimo, equivalente, al momento de escribir estas reflexiones, a solo diecinueve dólares al mes.

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sábado, 17 de agosto de 2019

EL BLOQUEO DE TRUMP SOBRE VENEZUELA Y EL ENTIERRO DE LA GLOBALIZACIÓN




EL BLOQUEO DE TRUMP SOBRE VENEZUELA Y EL 
ENTIERRO DE LA GLOBALIZACIÓN
Carlos Hermoso

Trump contra Venezuela. Cabe el tema de la llamada globalización. Es más, la nueva ofensiva forma parte de algo que siempre ha estado presente, aun en medio del afianzamiento de esta ideología. Solo que los momentos son diferentes. La hegemonía mundial se viene afianzando en favor del bloque liderado por China. Las contradicciones interimperialistas siempre estuvieron presentes. Ahora se hacen más evidentes en medio de la contradicción globalización/desglobalización, como la llaman algunos economistas.

Hay etapas, en la fase superior del capitalismo, en las cuales la articulación de los capitales conduce a una aparente complementariedad. Una ficticia colaboración que parece borrar la competencia. Otros son los tiempos en los cuales la articulación de capitales da paso a una confrontación más clara entre los bloques imperialistas, sin que se elimine la articulación.

Sin embargo, cuando prevalece el subjetivismo, se llega a conclusiones según las cuales los procesos que se derivan de las relaciones entre las potencias imperialistas, son para complementar sus intereses y requerimientos. O pueden serlo. O que buscan paliar las contradicciones, por lo que procuran acuerdos. Hasta se observan las contradicciones como fruto de los deseos de alguna personalidad que incide en tal o cual dirección.

Sucede, por el contrario, que las contradicciones son el resultado de procesos absolutamente objetivos. Ciertamente, a momentos, prevalece la articulación de capitales por encima de la confrontación. Pero el belicismo siempre estará presente, siempre ha estado presente, entre las potencias imperialistas.

La cuestión orgánica es vital para comprender este asunto, si queremos ser rigurosos. Puede apreciarse con claridad que la combustión interna en un motor es una potencia energética. O bien, la energía atómica para generar electricidad o para construir las armas de destrucción masiva ya experimentadas en Hiroshima y Nagasaki. Para alguna gente, sin embargo, resulta difícil apreciar lo que representa la revalorización del capital por parte del trabajo vivo. Ese fluido humano en el proceso de trabajo es lo que brinda el nuevo valor. No resulta nada científico para el empirista, cuyo concepto acerca de la ciencia se reduce a lo perceptible por los sentidos. No son capaces de observar que la sociedad es una forma de expresión de la materia. Así como el mundo vivo, los planetas, las estrellas, los distintos elementos químicos, entre otros, la sociedad y el pensamiento, también son formas de expresión de la materia. También están sujetos a leyes. También en su desarrollo encontramos poderosas fuerzas que conducen a su desarrollo, esto es, al tránsito de formas inferiores a formas superiores, mediando procesos complejos que, a momentos, parecen estancarse.

La fuerza de trabajo es una potencia que se objetiva en los objetos de trabajo provenientes, en última instancia, siempre de la naturaleza, instrumentos de trabajo y materias auxiliares mediante. De allí el perenne cambio de la sociedad que se realiza en la dialéctica entre necesidades y los bienes que las satisfacen. O bien, la fuerza poderosa de las masas que conducen a cambios políticos cuando se levantan, como resultado de situaciones revolucionarias. Esa fuerza, su reconocimiento e identificación no puede ser reconocida por el empirista, el metafísico o cualquiera de los ideólogos en favor del orden imperante.

De igual manera sucede con la fuerza que representan las contratendencias que se realizan cuando cae la cuota media de la ganancia. Es una poderosa fuerza que motiva la confrontación. Cada potencia imperialista cuenta con un mercado interno que cede a momentos. Pero que representa en todo momento su reserva estratégica para realizar la plusvalía de manera propia. Debe contar también con el mercado externo. La producción encuentra en la dimensión del mercado sus límites. Debe hacerse, cada país industrializado, sobre todo las naciones imperialistas, de crecientes mercados para realizar y para competir.

Debe hacerse, cada nación imperialista de materias primas baratas. Así deba ir a la guerra. Debe hacerse, cada nación imperialista de fuerza de trabajo barata, así deba ir a la guerra. O, en cualquier caso, la guerra es un recurso, más cuando la competencia se hace enconada.

Así, las fricciones que se producen como resultado de las tendencias al desarrollo desigual y a la nivelación, conducen a la confrontación. Es un hecho objetivo. Esas fricciones liberan una fuerza poderosa que se realiza en las guerras. Cabe una que otra personalidad. Crea el capital su propia personalidad. Emerge de esta circunstancia. Trump, por ejemplo, es supremacista, estimula el racismo, es hijo de su época. De tiempos en los que EEUU busca nivelarse a China, que lo desplazó en muchas ramas de la producción y el comercio.

GLOBALIZACIÓN

El pensamiento económico vulgar, para hacerse dominante, es dado a acuñar dogmas similares al de la Santísima Trinidad. Tal es el caso del llamado proceso de globalización. Se presentó como una etapa sin retorno. La de los tiempos en los cuales los mercados interconectados fuerzan a la integración y a la morigeración de las contradicciones y la difuminación de las fronteras nacionales. Hasta surgieron teorías sobre el Imperio que superaba la etapa y las tesis acerca del imperialismo.

Fueron décadas en las que se acuñó la idea de la morigeración de las fronteras. En las escuelas de estudios internacionales se convirtió en principio y axioma. Idea fuera de la cual no había, no podía haber disidencia. La negociación bastaba, según estas tesis, para resolver los conflictos.

Sin embargo, resulta paradójico que sean los países desde donde se fraguó teórica y prácticamente la política de la globalización y el neoliberalismo, los que ahora buscan sustituirla por la protección.

Y es que los procesos objetivos se fueron imponiendo hasta hacerse dominantes las mismas tendencias y principios que derivaron en confrontación aguda durante todo el siglo XX, con dos grandes conflagraciones y un largo período que denominaron Guerra Fría, contando con Estados Unidos y la Unión Soviética como protagonistas principales. Así, hemos llegado a tiempos en los cuales la lucha por mercados y materias primas, principalmente, tienden a derivar en guerras parciales. Lo que explica procesos como el libio, país que encuentra al revanchismo chino en relación con ese punto del planeta, pugnando por imponer un secuaz.

Sin embargo, son momentos en los cuales, frente a la cuestión política, son muchos quienes les asignan fuerzas poderosas a cuestiones ideales que supuestamente se superponen a procesos objetivos. Se fetichizan pues. Se oye, por ejemplo, que Donald Trump, va a determinar motu proprio la situación venezolana. Esa es la esperanza. Que las últimas decisiones de la Casa Blanca colocan a Maduro en condiciones tales que debe negociar su ida del país. Ciertamente es un golpe certero que crea problemas a la dictadura.

Además, Trump tiene difícil la reelección. Aunque, lo que está en juego, está por encima de esa eventualidad. Así, la especulación se impone, no queda de otra. Difícil predecir. Sin embargo, debemos ubicar que la personalidad de Trump es una determinación subalterna, lo fundamental se halla en el proyecto que lidera a favor de los intereses del imperialismo estadounidense en las actuales circunstancias.

Cuando Trump se presenta como candidato a la presidencia de Estados Unidos, independientemente de que cuenta con características que lo hacen un tanto sui géneris, no es un asunto personal lo que cuenta. Es la expresión de una política para estos tiempos. Representa el revanchismo estadounidense como fase para recuperar los espacios perdidos. En lo sucesivo, el Estado imperialista yanqui, actuará como capitalista total ideal.

Esto es, se impondrá a fracciones del capital que ven afectados sus intereses. Lo fundamental de esa política es la restitución de la protección como política. Inglaterra con el Brexit, y EEUU con Trump y su política de guerra comercial contra China, cunas genuinas de la ideología de la globalización y el nuevo liberalismo, crean las condiciones para la restauración del proteccionismo. Entierran la llamada globalización.

CUBA Y VENEZUELA, CASOS DIFERENTES

La Cuba de la revolución de 1959, se encontraba en medio de la contradicción entre el imperialismo estadounidense y el novel socialimperialismo ruso. Para la época, cuando se inicia y desarrolla el bloqueo estadounidense, la diversificación se encontraba en el aparato económico de EEUU. Los rusos centraron la lucha por la hegemonía en el desarrollo de la energía atómica y su uso para la cuestión bélica, además del impulso aeroespacial. No contaban con una diversificación que les permitiera cubrir las demandas cubanas. Con el derrumbe de la llamada Unión Soviética, se da inicio al llamado período especial. Cuba va a sufrir las más graves consecuencias que permiten, a su vez, esconder los graves errores del revisionismo cubano que hipotecaron su futuro atados a los rusos y sus intereses.

Son procesos diferentes el cubano y el venezolano y su realización se da en condiciones históricas distintas. De una parte, esta dictadura no encuentra en el pueblo el apoyo que les brindaban aquellos a su régimen. Por su parte, China es la nación imperialista más desarrollada en materia manufacturera, por ende, la más diversificada del planeta. Rusia, quien más incidencia tiene en el régimen en materia militar y de inteligencia, es la principal potencia nuclear, bélica y aeroespacial. Aliados importantes como Turquía, brindan lo suyo. Con nada de eso contaban los cubanos.

El bloque económico más importante del planeta es el conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (Brics). China está configurando un mercado interconectado con la plataforma una ruta una franja, a la cual ya se han suscrito unos 70 países. Se trata de un circuito abierto cuyos límites se hallan en la capacidad competitiva de quienes lo asumen.

China es el país de mayor diversificación del orbe. Pues bien, China es el país imperialista que encuentra en Venezuela riquezas fundamentales de la industria moderna. Es el principal acreedor de la deuda venezolana. Ideológicamente, Venezuela se encuentra alineada en el pensamiento revisionista chino.

Es por ello que las sanciones de EEUU contra el gobierno de Maduro afectan significativamente al país. Afianza los efectos perniciosos sobre la economía venezolana, ya devastada, causados por las sanciones anteriores. Pero, en ningún caso, son de la misma magnitud que tuvieron las propias de Estados Unidos contra Cuba en su oportunidad.

Con estas medidas se crea una situación controversial y riesgosa. No solamente se trata de las afectaciones al pueblo, sino también los recursos políticos que le brinda a la dictadura para unificarse y crear rechazo a quienes se ven favorables a estas medidas. Buscará la dictadura esconder la naturaleza de la política que nos llevó a la catástrofe más infame de nuestra historia. Asimismo, se afianzan los lazos de dependencia de Venezuela con el bloque imperialista que busca consolidar su hegemonía.

Debilitan a la dictadura, pero también la pueden fortalecer. Sabiduría y sentido nacional es requisito fundamental para adelantar una política que sea capaz de aprovechar las contradicciones interimperialistas. Mismas que resumen una reserva estratégica que, bien aprovechadas, pueden permitir salir de la dictadura sin que para ello tengamos que hipotecar nuestro futuro con un imperialismo u otro.


@HERMOSOCARLOSD
Economista | Doctor en Ciencias Sociales
Profesor Asociado de la FACES-UCV
Investigador | Dirigente político

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lunes, 15 de julio de 2019

MADURO APLICA EL PEOR AJUSTE IMAGINABLE


MADURO APLICA EL PEOR AJUSTE IMAGINABLE
Humberto García Larralde


Durante años el régimen de Maduro se llenó la boca con una supuesta “guerra económica” contra la “revolución” desatada por especuladores voraces y por el “imperio”. Justificó así los controles y las regulaciones, creando oportunidades para la extorsión y confiscación de productores y comerciantes privados. Sirvió también de excusa para monopolizar la importación de alimentos, medicamentos y otros bienes con sobreprecios, y embolsillarse la consecuente “tajada”. Validó, asimismo, la opacidad y la no rendición de cuentas de su manejo de la cosa pública –¡son asuntos de “seguridad de estado”!--, amparando corruptelas multimillonarias. 

En la medida en que destruía la economía privada, expoliaba a la industria petrolera, dejándola exangüe con negociados hechos a la sombra. Según cifras de fuentes independientes publicadas por la OPEP, la producción petrolera habría disminuido en casi un 70% desde que Maduro tomó el poder, 58% desde que puso al frente a un militar –Manuel Quevedo-- sin experiencia previa en el negocio.

Como consecuencia de lo anterior, los ingresos del estado colapsaron. Y como se le cerró el acceso al financiamiento internacional, el régimen ordenó al BCV emitir dinero sin respaldo para cubrir sus cuentas, disparando la hiperinflación que se comió los ingresos de la gente. Tratándose de un gobierno que se autocalificaba de “revolucionario”, Maduro decretó sucesivos aumentos del salario mínimo y dádivas diversas, financiados igualmente por la “maquinita” del BCV. Alegando defender al “pueblo”, echaba más gasolina a la candela inflacionaria. 

El caso más notorio fue el incremento salarial decretado el pasado agosto, 2018, que multiplicó el salario mínimo por 33, que tuvo que acompañarse de un incremento en el dinero inorgánico suministrado por el BCV en más de 23 veces. Al cuadruplicarse de nuevo esta remuneración en enero, 2019, el BCV aumentó en más de cinco veces el dinero sin respaldo que inyecta a la economía. 

No en balde, el incremento del 1° de mayo de este año resultó en un salario mínimo con un poder de compra de apenas el 1% del que tenía en 2013, si nos atenemos a las cifras de inflación suministradas para los años 2016-19 por la Asamblea Nacional. Y si nos atenemos al BCV, ente que al fin se dignó cumplir con su deber publicando cifras para ese lapso, el poder adquisitivo del salario mínimo habría caído “apenas” en dos tercios desde que Maduro ocupó la presidencia.

Pero ahora vemos como tan grave estropicio de los medios de vida del venezolano causado por estas políticas intervencionistas se corona con la más absoluta irresponsabilidad. Venido en cuenta de que los controles de precio y del tipo de cambio, y los aumentos de salario por decreto empobrecían aceleradamente a los venezolanos, no se le ocurrió mejor cosa que dejar los precios a la libre. Pero tan tímida dosis de mercado, con empresas acosadas por todo tipo de regulaciones, sujetas constantemente a la extorsión y confiscación de Guardias Nacionales, con una infraestructura pública y de servicios venida a menos, y ante una inseguridad jurídica, laboral y personal extendida, está lejos de ser la respuesta adecuada a la miseria “madurada” en los venezolanos. Menos aun con un sector financiero discapacitado por un encaje que constriñe su cartera de créditos y cuyos activos (en dólares) se han reducido en casi un 90% desde que Maduro llegó a la presidencia.

Si bien la hiperinflación parece estar cediendo –desde febrero no ha superado el 50% mensual--, seguimos siendo (por mucho) el campeón mundial en lo que a alza de precios se refiere. La inflación anualizada, aunque descendiendo, fue mayor al 440.000 % en junio, según cifras de la Asamblea Nacional. Pero, además, tan anémico avance sobre la inflación se ha obtenido a un costo terrible: la asfixia total de la demanda. Representa un ajuste contractivo que deja morir al paciente (de hambre) para “curar” la enfermedad de la inflación.

Durante todos estos años la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE), junto a otros economistas, ha insistido hasta la saciedad en la imperiosa necesidad de un programa de estabilización que aplaque la inflación, estabilice el precio del dólar y libere las fuerzas productivas, desmantelando la panoplia de controles y regulaciones que sofocan la actividad económica. Crucial en este programa es la concertación de un generoso financiamiento internacional acompañado de la reestructuración de la deuda pública y la instrumentación de un conjunto de reformas para reactivar de inmediato la oferta.

Las reformas deben contemplar el saneamiento de las cuentas públicas, acabando con las corruptelas y el despilfarro y aumentando la eficiencia del gasto, incluyendo transferencias compensatorias a los sectores de menores recursos. Deben redundar en un ambiente de seguridad jurídica a la propiedad y del debido proceso, y facilitar la recuperación de los servicios públicos y de la infraestructura. Mientras subsista la brecha ente ingresos y gastos, ésta será cerrada con financiamiento internacional, no con la emisión monetaria (inflacionaria) a que recurre Maduro.

Actualmente, lo que queda del aparato productivo trabaja a menos del 30% de su capacidad. La puesta en funcionamiento de este programa, recogido en el Plan País presentado por las fuerzas democráticas, desataría, por tanto, una respuesta inmediata de la economía, proveyendo bienes y servicios al país y generando empleo productivo cada vez mejor remunerado. Y, por efecto “bola de nieve”, estimularía inversiones nacionales y extranjeras que potenciarían este efecto. Como dicen los gringos, “nothing succeeds like success”. Será un ajuste expansivo, generador de mayor bienestar.

Se contraponen claramente dos formas de enfrentar la terrible situación de la economía. La del usurpador: asfixiar la demanda matando de hambre a la población, y la de las fuerzas democráticas, creando condiciones para reanimar la oferta, respaldadas por un generoso financiamiento externo. Lamentablemente para el país, controlar la oferta –los activos y fuente de ingresos que todavía existen—es vital para el usurpador y su mafia, pues es la fuente de sus inmensas fortunas. Es la base del régimen de expoliación del que se lucran. 

Pero como esta acción parasitaria va destruyendo las fuentes de ingreso, apelan a la “maquinita” del BCV para continuar lubricando el sistema. El dinero inorgánico inyectado por la subcuenta “crédito a las empresas (públicas) no financieras” se multiplicó por doce en los primeros seis meses del año. Para contrarrestar este combustible de precios, “redúzcase la capacidad de compra de la familia venezolana al mínimo, ¡pero ni de vainas se renuncia a lo nuestro!”

Tanta crueldad y malignidad puesta de manifiesto por Maduro y su mafia militar – civil tiene, en el informe sobre Venezuela que acaba de presentar la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, Michele Bachelet, una terrible confirmación. No les queda más, por ende, que refugiarse en la realidad alterna que han construido para sí, repitiendo ad nauseam sus estúpidas consignas. Acusan a la Alta Comisionada de agente del imperio y de mentirosa. Hasta inventan que “el pueblo” venezolano repudia su informe (¡¡!!) y convocan a una famélica marcha para caerse a embustes al respecto. Esta insania les libera de toda consideración ética, moral, legal o humanitaria para atender las penurias de la gente.

Que no quepa la menor duda de la imperiosa necesidad de sacar cuánto antes a estos monstruos del poder. No hay otro camino para ello que cerrar filas en torno al valiente y decidido esfuerzo liderado por Juán Guaidó y la Asamblea Nacional, para galvanizar a los venezolanos a favor del cambio y concertar el apoyo activo y decisivo de la comunidad democrática internacional a favor de este esfuerzo.

Mientras, Maduro, Cabello, Padrino y demás enfermos seguirán batiéndose el pecho en nombre del socialismo para continuar negándole el derecho más crucial a los venezolanos: el de la vida. Ya lo demostraron al impedir por la fuerza la entrada de la ayuda humanitaria el pasado 23 de febrero.


Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
14 julio 2019

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domingo, 23 de junio de 2019

FORO DE SAO PAULO EN CARACAS




FORO DE SAO PAULO 2019
EN CARACAS
Luis Marín

En medio de la mayor crisis humanitaria de la historia latinoamericana, equiparable a las peores que en el mundo han sido, ¿qué pueden hacer las delegaciones en Caracas que no sea declarar orgullosamente que sí, que esto es lo que ellos proponen para el resto de los respectivos países de dónde provienen?

Un hecho desconcertante, porque no basta toda la inversión ideológica a la que la izquierda global nos tiene acostumbrados para trocar lo negro en blanco y lo que está a la vista en quiméricas fantasías: esto no puede ser una meta para nadie en su sano juicio.

No obstante, la tradición comunista está poblada de consignas como “no pasaran”, de mitos como “el sitio de Stalingrado”, o la mentalidad de “plaza sitiada” que constituye Cuba en los últimos sesenta años.

Estas concepciones hincan sus raíces en los tiempos heroicos del comunismo, en las grandes catástrofes y conflictos que han cimbrado la historia de la humanidad para cambiar su rumbo en dirección completamente inesperada e impensable en los períodos anteriores de relativa normalidad.

Tanto es así que los revolucionarios auténticos se convierten en unos nostálgicos del futuro, añorando la llegada de esos períodos en los que “lo extraordinario se vuelve cotidiano” como sinónimo de revolución y que les permite abrigar la ilusión de que están “escribiendo la historia”.

No importa que una y otra vez se demuestre que la historia no la escribe nadie, como no sea póstumamente, después que todo haya pasado y cuyos resultados nunca son lo que se han propuesto los actores, que la historia si bien puede tener actores, ciertamente no tiene autor, ni guionista.

Todos los ensayos de ingeniería social, de edificar la nueva sociedad y al hombre nuevo, desde el experimento nacionalsocialista y fascista, hasta el comunismo soviético, han terminado en memorables cataclismos que todavía hoy nos asombran; pero extrañamente el socialismo encuentra energías renovadas para volverlo a intentar una y otra vez con idénticos resultados.

De manera que la intransigencia ideológica nos conduce a la política del atrincheramiento, no existe ninguna posibilidad de concesiones, ni retroceso, al contrario, cualquier intento en este sentido se considera como claudicación, sino francamente un acto de traición.

Frente a los revolucionarios organizados y armados, no existe ninguna otra alternativa que no sea la victoria, derrotarlos en el terreno o en cambio sucumbir a sus quiméricas ilusiones historicistas, la idea de que el futuro se puede construir según planes preconcebidos.

Decir que el régimen cubano apoya al de Venezuela para mantenerlo en el poder a cualquier costo es no ver el tema en toda su amplitud, que realmente existe un plan para expandir el comunismo en todo el continente, incluso en los EEUU, tarea en la que se han logrado grandes avances y en la que no están dispuestos a retroceder.

El FSP gobierna en al menos diez países latinoamericanos y está en coalición en España, es la principal oposición en otros tantos, conquistó a México y su próximo objetivo declarado es Colombia. La agresividad e intransigencia les ha dado buenos resultados, ¿por qué tendrían que cambiar su política? La consigna es: “Unidad, lucha, batalla, victoria.”

Son bien conocidas las líneas maestras de política implementadas por las organizaciones que se agrupan en el FSP, por lo que su par dialéctico debe seguir otras en sentido diametralmente opuesto: de derecha, liberal, pro capitalista, en estrecha alianza con EEUU e Israel.

Aunque no existe nada equivalente a la mentalidad de trincheras en el ideario liberal, que más bien tiende a la funcionalidad y al sentido práctico, es indispensable crear un anti-Foro de Sao Paulo que le haga frente en todo el continente, con innovación y creatividad.

El eje de la nueva política muy bien podría también perfilarse en Caracas.

Luis Marín


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lunes, 10 de junio de 2019

¡¡Y TODAVÍA SIGUE AHÍ!!






¡¡Y TODAVÍA SIGUE AHÍ!!
Humberto García Larralde

Por más increíble que parezca, el monstruo que tanto daño ha infligido a los venezolanos, que es repudiado por la inmensa mayoría, desconocido por los gobiernos de más de 60 países democráticos, acusado de violar sistemáticamente los derechos humanos en foros internacionales, continúa usurpando el poder después de seis meses. Seis meses, tenemos padeciendo de un enfermo sin escrúpulo alguno para proseguir, al costo que fuera, con sus políticas de destrucción y expoliación nacional. Decían que dónde pisaba el caballo de Atila no crecía la hierba, expresión de la saña con que su jinete destruía todo vestigio de civilización (romana). El régimen de Maduro lo ha superado con creces.

Al verlo en la entrevista con el periodista Jorge Ramos, sorprende su empeño en eludir preguntas embarazosas repitiendo sandeces aprendidas de manuales comunistas de los años sesenta. Se presenta al entrevistador como presidente “obrero” (¡!), como si tal farsa confiriera a sus opiniones alguna autoridad. Sumido en la más absoluta estulticia, repite clichés acartonados para despachar a Ramos como de “derecha”, “militante político de la oposición” “agente del imperialismo”. En fin, un personaje de lo más patético, incapaz de abordar el mundo real sin muletillas ideológicas obsoletas, cayéndose repetidamente a embustes en un intento por obviar el juicio demoledor de sus compatriotas. Por si las dudas, se hizo patente que estamos en manos de un energúmeno totalmente ajeno a cualquier posibilidad de compartir salidas a la terrible situación del país..

Pero peor todavía son los militares que lo mantienen en el poder. Sorprende que, durante todos estos años, ninguno haya hecho nada para librar a los venezolanos de tanto sufrimiento. Son resultado de un proceso de “selección adversa” aplicado deliberadamente durante años para promover a los más viles y ruines como encargados de su custodia y para ocupar los cargos de mando de la Fuerza Armada y, en particular, de los cuerpos de seguridad de estado.

Proporcionan una medida de las labores de limpieza y desintoxicación que habrá que emprender una vez desalojemos a las mafias del poder. Aun así, asombra que ninguno haya sentido siquiera la más mínima angustia ante los crímenes de Maduro y los suyos como para tomar la determinación de ponerles fin. Parece que estamos ante un núcleo duro y curtido de desalmados, que erradicaron toda sensibilidad o criterio moral ante tanto padecimiento.

Para los investigadores Yates y Farah, constituyen la Empresa Criminal Conjunta Bolivariana[1] que ha esquilmado centenares de miles de millones de dólares del país, extendiendo sus tentáculos a cuentas bancarias y negocios turbios a nivel internacional. El agravante es que, además de la solidaridad intermafiosa para depredar a sus anchas un coto de caza tan lucrativo como ha sido Venezuela, se inviste de una farsa “revolucionaria” para encubrir sus desmanes y legitimarse ante el pensamiento “progre” mundial.

Este ardid tiene gran efectividad, no porque la mafia se crea realmente su impostura, sino porque está obligada a hacer de ella una realidad alternativa, inexpugnable, como refugio ante sus crímenes.. Busca aislarse en una burbuja autocomplaciente cargada de epítetos con los cuales auto-absolverse y revertir la carga en contra de sus acusadores, como se evidenció con la patética actuación de Maduro con Jorge Ramos. Al haber traspasado todo límite moral, ético y humano en su trato con los venezolanos, los mafiosos se han trasladado a un limbo sin contacto con la realidad, cuyos únicos referentes son aquellos que los eximen de todo cargo de conciencia, Así pueden proseguir, sin remilgos, sus negocios. Representa una necesidad existencial, un asunto de sobrevivencia.

La gran pregunta es, ¿Con estos señores se puede negociar un acuerdo para que se vayan?

Por supuesto, cualquier posibilidad de resolver la grave situación actual sin derramamiento de sangre, es preferible.  Pero hay que tener claro con quién se negocia y para qué. De tratarse de una dictadura militar habría un piso de racionalidad y de intereses definidos, con base en el cual una adecuada combinación de amenazas, concesiones y ofertas de perdón podría generar eventualmente una solución consensuada que abriese las puertas a la recuperación del país.

Pero no es una dictadura militar porque los militares dejaron hace tiempo de ser una institución. No existe unidad de mando, respeto por las jerarquías, un cuerpo de valores y/o de directrices que los unifiquen en torno a objetivos compartidos, ni la confianza requerida para coordinar esfuerzos ni el apresto, los repuestos y servicios de apoyo requeridos para ser operativos. La mentida columna vertical del régimen fascista de Maduro está carcomida por la anomia que resulta de apetencias y prácticas mafiosas que se imponen a todo lo demás. Se trata de una mafia militarizada, no de una institución. Con Pinochet se pudo negociar porque detrás de él había una institución capaz de ponderar la gravedad de la situación a que se enfrentaban de desconocer los resultados del plebiscito de 1988.

Y, si se examina el resto de la oligarquía expoliadora, tampoco se consigue piso sólido como para sostener una negociación seria. A pesar de las expectativas creadas ante la imperiosidad de encontrarle salidas a la terrible crisis que está acabando con el país, los venezolanos nos enteramos de que el matrimonio reciente de la hija de Cabello dilapidó la bicoca de 16 millones euros, que el susodicho se fue para la Habana para organizar el Foro de Sao Paulo en nuestro país el próximo mes, que la fraudulenta asamblea constituyente se auto extendió su “vigencia” hasta finales de 2020, y que Maduro quiere elecciones, ¡pero de la Asamblea Nacional!

Mientras, unos 33 parlamentarios son perseguidos o presos, habiéndoles allanado arbitrariamente su inmunidad. La vida de los mafiosos sigue como si nada. ¿En qué planeta habitan? Estamos frente a un estado fallido que no respeta a Maduro pero lo mantiene ahí como ”pararrayo” que los ampara ante toda crítica a sus negocitos particulares. ¿Quiénes serán los negociadores, qué garantías ofrecen?

Es erróneo plantearse la negociación como alternativa a una solución de fuerza. Es, más bien, el último paso para evitar una solución de fuerza que, de otra manera, parece inexorable. El apaciguamiento no funcionó con Hitler. Tampoco lo va a hacer con los fascistas venezolanos y sus mentores cubanos. Para eso el blindaje ideológico. Pero la solución de fuerza no parece depender de nosotros, a menos que aparezca el mítico militar institucionalista venezolano dispuesto, como Larrazábal hace 50 años, a liderar el desplazamiento de Maduro.

De no ser así, estamos a merced de nuestros aliados internacionales, la mayoría de los cuales son renuentes a una intervención militar.. Un desafío de la diplomacia democrática es saber explicar las complejidades del problema que enfrentamos. Y, ante el reproche de que corresponde a los venezolanos resolver nuestros problemas, me remito a los alemanes bajo Hitler.

Dos grandes problemas acotan las posibilidades de una solución negociada factible. Una, que el gobierno de transición que surja sea económicamente viable. Dada la devastación sufrida, ello será imposible sin un generoso financiamiento internacional. Ahora bien, ningún ente va a prestar ingentes cantidades de dinero a un gobierno en que participen representantes de la mafia. ¿Es posible que las mafias accedan a una coalición en la que no estén?

El segundo problema es la necesidad de contar con un estamento militar confiable que sirva, en última instancia, como sostén de un principio de autoridad en torno al orden constitucional. ¿Un contrasentido? Muy posible, pero estamos frente a un país que puede dejar definitivamente de ser ante el arrase que han hecho de sus instituciones, normas y valores de convivencia, las mafias y los contingentes de malandros “revolucionarios” empoderados. El demonio de la anomia y la anarquía. ¿Estaremos a la altura de este desafío?

Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
humgarl@gmail.com

[1] https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/05/30/asi-opera-la-empresa-criminal-conjunta-bolivariana-que-mantiene-al-dictador-nicolas-maduro-en-el-poder/


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