sábado, 30 de noviembre de 2013

PABLO BRITO ALTAMIRA - UN QUIJOTE GRINGO


Pablo Brito Altamira / Quixote 13



Podríamos empezar este pequeño homenaje parafraseando las célebres palabras de aquella maravillosa introducción: “ En un país de Suramérica de cuya nombre no quiero acordarme…”

 Sería pertinente, porque estamos hablando aquí de un Quijote, de un caballero andante con lanza en ristre, que enfrentó gigantes y nigromantes en nombre de una verdad que a todos, o casi todos, parecía locura.

Otros harán de él un perfil biográfico más preciso que el que yo puedo hacer y hay quienes explicarán mejor la parte técnica de sus propuestas sobre la materia electoral y el fraude, que fueron sus más recientes objetos de estudio, interés y combate.

Yo quiero hablar del ser humano, un ser humano tan auténtico que parece mentira.

Muchos pensaron que era una agente de la CIA. Otros decían que su atuendo desgarbado y su motoneta destartalada eran formas de disimular su actividad de espía. Pero se ganó la vida como actor de cine y de televisión, como locutor de voice over para documentales, como traductor y periodista free-lance y se fue sin un centavo, dejando una última demostración de que nunca necesitó de ningún poder detrás de él para defender lo que defendía y confrontar a quienes confrontaba.

Como Quijote que fue, debió enfrentarse a ese tosco y prosaico realismo sin ideas ni ideales de quienes no conocen otra política que la que denominan realpolitik, que podríamos traducir en venezolano criollo como ‘la política de los reales’.

Eric no entendía cómo los venezolanos podíamos despreciar el  hermoso país que tenemos al punto de vender  nuestra libertad por unas pocas y pasajeras prebendas.

 No entendía cómo gente que se dice decente, que se considera inteligente y culta, que se conoce como proba y respetable, podía traicionar los más sagrados principios de humanidad y entregar  su conciencia a cambio de tan poco.

 No entendía la cobardía, no entendía el fingimiento y la hipocresía, no lograba traducir a su idioma personal ese ‘guabineo’ permanente y esa impunidad total, ese desparpajo que no tiene vergüenza ni sentido del ridículo y que se ha enseñoreado de este país que amó más que a ningún otro, en el que tuvo hijos y nietos, por el que dejó, literalmente, el pellejo, en una quijotesca cruzada por la verdad y la dignidad. Y como decimos en el que sigue siendo su equipo, Por la Conciencia.

 Por eso lo escuchaban y lo respetaban, pero no lo tomaban en cuenta. Personas que hoy repiten frases que él dijo o escribió, se reían de él y consideraban sus planteamientos como argumentos de ciencia ficción.

Eric perdió la vida, ganándola para el cielo y para la historia, al arremeter contra los molinos de viento que él sabía perfectamente que eran perversos gigantes.


 Todavía hoy muchos intentan desmentir la tesis del fraude electrónico y defender la virginidad del CNE para poder justificar el llamado a elecciones controladas que sirve para legitimar al régimen y a su oposición oficial y otorga impunidad a los socios de la llamada clase política que ha convertido a Venezuela en piñata particular.

 El gigante era perverso y totalitario, aunque se disfrazara de inofensivo molino de viento. El mago Micomicón, que transforma lo imaginario en realidad no era la invención de una mente febril. Existía y se llamaba CNE: El loco no era el Quijote gringo; los locos, los idiotas, eran y siguen siendo los que insisten en ser engañados, estafados y atropellados para poder mantenerse en la zona de confort del colaboracionismo.


 Eric propuso su verdad, que era la verdad de Venezuela, pero pocos se atrevieron a oírla.

 Porque Eric destapó la olla central del gran guiso venezolano, con lo que puso en evidencia y en peligro ese pan para hoy que unos pocos comparten y que garantiza el hambre de todos en un mañana ya presente.

Primero lo tacharon de loco de las conspiraciones y luego le aplicaron la conspiración del silencio.  Nadie lo mencionaba y pocos se atrevían a publicarlo. Los que lo leían, callaban.

Eric, la persona, pasó así a convertirse en símbolo de una carencia central más importante aún que el fraude, porque es, justamente, fundamento de todos los fraudes sucesivos que han ido arruinando a la nación.

Esa carencia es la de la franqueza y la sinceridad desprovistas de cálculo.

En este país, que es de Eric tanto como de nosotros, siempre hay una excusa para no decir la verdad o no decir toda la verdad.

En Venezuela, así como hay innumerables formas de pedir el café: negro, guayoyo, corto, largo, con leche, marrón, etc. etc., hay incontables adjetivos para aplicar a la verdad y desvirtuarla.

Verdades inconvenientes, verdades impopulares, verdades que restan votos, verdades que el pueblo no entiende, verdades que a nadie interesan, verdades cuya hora no ha llegado, verdades crueles, verdades inútiles, verdades relativas, subjetivas…parece que tuviéramos un pavor infantil a la verdad tal cual es, porque como dice Serrat, la verdad, lo que no tiene es remedio.

Podríamos decir que padecemos del síndrome de Pilato, que se manifiesta por una incapacidad de conocer y reconocer la verdad y que lleva a la indiferencia y al desamor del que se lava las manos para evadir responsabilidades.

Un síndrome de hombres y mujeres irresponsables con ellos mismos y con los demás. Una irresponsabilidad epidémica con el que nuestro Don Quijote Ekvall no quería comulgar.

Y en eso, Eric representa esa otra virtud tan escasa como valiosa : la integridad.

Como colega, como amigo, como intelectual, como estratega y analista, Eric Ekvall mantuvo hasta el último minuto una consistencia y una coherencia que hicieron historia porque hacían y siguen haciendo falta.

Porque el nuevoriquismo de unos y el nuevopobrismo dizque izquierdista de otros son maneras de pretender lo que  no se es. Y no hay país, como tampoco persona , que pueda prosperar fingiendo ser otro.

Y para saber quiénes somos conviene saber quiénes no somos.

Y lo primero que no somos es inmortales.

Eric lo sabía muy bien por razones que duele recordar.

Y esa conciencia del límite, que tanto le ayudó en su última etapa y le sirvió para irse en paz después de haber perdido treinta kilos de peso  pero ni un gramo de esperanza, es otro signo de lo que podríamos llamar su incómoda disidencia. Porque recordaba a todos, con su solo ser, que la hubris, esa psicopatía del poder, no convierte a los poderosos en inmortales ni en eternos jóvenes, espejismo iluso  y pueril  de narcotraficantes y narcoestadistas.

Y volviendo al hombre, al amigo, quiero terminar esta pequeña nota con un reconocimiento especial por la maravillosa e inevitable Dulcinea de nuestro Quijote.

Elisabet Sabartés, corresponsal de La Vanguardia de Barcelona, acompañó a Eric en su última batalla y fue coautora indiscutible de la sonrisa con la que Eric se despidió de este mundo.

Gracias a ella Eric partió recibiendo amor incondicional, el mismo que otorgó a Venezuela durante más de 30 años.


PABLO BRITO ALTAMIRA
@Hermeticum
Palabras pronunciadas en la Catedra Pìo Tamayo
en el Acto Homenaje a Etc Ekvall, el
25 de noviembre del 2013, Sala E de la BCUCV

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lunes, 11 de noviembre de 2013

LUIS MARÍN - CONTROL ELECTORAL




Cambiar a Simón Bolívar por José María Vargas


El control electoral produce en el sistema político efectos semejantes a los del control de cambios en el sistema financiero, el control de precios en el sistema económico y en general, todo esquema de control sobre el sistema al que trate de someter.

Los actores políticos se comportan, mutatis mutandi, como los agentes financieros y los factores económicos frente a sus respectivos controles, adaptando sus conductas a las nuevas restricciones de manera de eludir, evadir y si es posible hasta sacar algún provecho indebido, eventualmente imprevisto por el ente controlador.

Esto hace que se implementen nuevas medidas y contramedidas, se intenten ajustes, reformas, otras reglas cada vez más enrevesadas y complejas cuando no contradictorias entre sí, que terminan convirtiendo todo el sistema en una maraña incomprensible.

EL CONTROL ELECTORAL IMPLICA UN ACUERDO TÁCITO ENTRE RÉGIMEN Y OPOSICIÓN OFICIAL

Una peculiaridad del control electoral es el acuerdo tácito que existe entre el régimen y su oposición oficial para no hacer mención de él en ninguna circunstancia. En el caso del control de cambio existen normas explicitas que prohíben, por ejemplo, hablar del dólar de libre cambio, lo que no impide que a veces se filtre entre los comentaristas que lo aluden como “innombrable”, dólar paralelo o dólar negro; pero en el control electoral no existen tales deslices.
Es notable como los comentaristas de la oposición oficial eluden escrupulosamente hacer cualquier mención, ni siquiera la más leve insinuación, de que exista algún control sobre un proceso que, de principio a fin y a todas luces, desde su convocatoria hasta el dictado de los resultados, está milimétricamente controlado por el régimen.

Esto nos lleva a la pregunta de cuál pueda ser la verdadera función de un sistema electoral bajo estas condiciones. Es evidente que una carrera de caballos en que el administrador define no solo quién va a ganar sino quien quedara de segundo, tercero, etcétera, podrá ser un modelo perfecto de control, pero ya no es una carrera de caballos.

EL SISTEMA ELECTORAL COMO MECANISMO CONVALIDATORIO DE DISTRIBUCIÓN DE CARGOS PÚBLICOS

Un sistema electoral así tampoco es con propiedad un sistema electoral, sino un mecanismo convalidatorio de distribuciones de cargos públicos que se asignan en otros escenarios, generalmente ocultos a la vista del público.

Ni al régimen ni a la oposición oficial le importa que el sistema sea un engaño, porque están convencidos de que todo sistema es engañoso. Por ejemplo, en una elección de alcaldes y concejos municipales, el régimen quiere mantener como proporción aceptable dos a uno; pero la alternativa democrática quiere fifty-fifty. Importa el pulso, no el método, si negociado o competitivo. Éste o aquel no es mejor ni peor que cualquier otro, lo que importa es el reparto. Si se consiguen los cargos, qué más da.

APOSTAR QUE LA GENTE ES ESTÚPIDA ES LA SUPREMA ESTUPIDEZ

Un pequeño problema es que a la gente común no le gusta ser engañada y por alguna extraña razón, que debe estar escrita en algún recodo de la naturaleza humana, se molesta muchísimo cuando descubre que fue engañada y utilizada.

Otro problema es que las distribuciones que se hacen alrededor de una mesa de póker no reflejan la distribución de las fuerzas políticas reales en el terreno y vienen las sorpresas cuando la realidad termina pasando su factura.

Finalmente, apostar sobre la base de que la gente es estúpida, es la suprema estupidez.

EL NEGOCIO ELECTORAL

El arcano que la gente común tendría que descifrar es qué razón puede tener cada cual para participar en simulacros electorales tan palmarios. El discurso no da ninguna pista porque es evidente que ningún candidato o comentarista político revela abiertamente sus motivos; todo lo contrario, su problema es cómo convertir sus ambiciones personales en algo que sea atractivo para el elector, esto es, en “lo que le interesa a la gente”.

Por ejemplo, llaman a votar para la Asamblea Nacional porque eso le dará un giro copernicano a la política venezolana, controlaran al poder ejecutivo, nombraran un Consejo Nacional Electoral equilibrado, otro Tribunal Supremo de Justicia, dictaran leyes para la salud, alimentación, el morral escolar, etcétera.

LA CUESTIÓN ES PERMANECER EN LA PALESTRA

Nada de esto ocurre sino todo lo contrario: el gobierno sigue haciendo lo que le da la gana, el CNE caduco, el TSJ peor que el anterior a los magistrados fugados del país, las leyes siguen saliendo tan rocambolescas y absurdas que ni siquiera merecen llamarse “leyes”, las sesiones tampoco pueden llamarse sesiones y en cuanto al parlamento, ni siquiera les conceden el derecho de palabra; pero eso sí, en la próxima elección de presidente de la república, la mitad de los parlamentarios son precandidatos.

Asimismo para cualquier otra elección. Los políticos siguen la consigna leninista del revolucionario profesional y a tiempo completo. Sirven absolutamente para todo, desde diputados a gobernadores de cualquier estado, alcaldes de cualquier ciudad, igual miembros del parlatino que concejales. La cuestión es permanecer en la palestra.

LOS PROCESOS ELECTORALES COMO FUENTE DE RECURSOS

En el otro extremo están las imprentas, la prensa escrita, la radio y lo que queda de televisión, los hacedores de jingles, los creativos y toda suerte de payasos y volatineros, los financistas, los contribuyentes internacionales, las fundaciones, observadores y veedores, que sin procesos electorales no podrían vivir, porque mientras haya elecciones fluirán los recursos, en caso contrario, se seca la fuente.

Un buen ejercicio sería preguntarles a los famosos comentaristas y hacedores de opinión el porqué están ellos en el negocio electoral. Lo más seguro es que respondan: “es que no hay otro”. Que ellos no pueden ni quieren promover una insurrección ni nada que signifique violencia. Buen punto. Hasta allí el mundo perfecto.


LAS MENTIRAS DE LA OPOSICIÓN OFICIAL YA NO SON INSULTANTES SINO PATÉTICAS

Si continúan diciendo que el voto es nuestra única arma y que mediante ese mecanismo vamos a salir de esto, comienzan a desbarrar. Es evidente que la cosa no ha sido así. Las mentiras de la oposición oficial para arrear electores a la molienda electoral han dejado de ser insultantes para volverse patéticas. Su objetivo es idéntico al del régimen: buscan legitimación formal, a costa de quedar integrados en el dispositivo totalitario.

Las preguntas que se imponen de seguida son más controversiales. Si no es por el voto, entonces: ¿Qué hacemos? ¿Cuál es el otro camino?

LA OPCIÓN MILITAR

Quizás el hecho más paradójico y desconcertante de la situación venezolana actual es que mucha gente pregunte públicamente: ¿Dónde están los militares? Y otros hasta los convocan audazmente para que restablezcan el orden constitucional. Claman por una intervención militar, pero ¿qué más van a intervenir los militares?

SE CONVOCA A LOS MILITARES Y ÉSTOS YA ESTÁN EN TODAS PARTES

Como si no fuéramos capaces de mirar alrededor y ver que todos los cargos relevantes están ocupados por militares. Si se hiciera la lista de poderes públicos, institutos autónomos, empresas del estado, bancos, fondos, fundaciones, dirigidos por militares, habría que incluirlos a todos, sin olvidar gobernaciones.

Si usted comienza a nombrar militares que están en funciones de dirección política, dando discursos y declaraciones francamente deliberantes, en completa discordancia con su condición de militares, activos o en condición de disponibilidad y retiro, no terminaría nunca, porque los muchos que desertan del país son rápidamente sustituidos por otros todavía más escandalosos.

Todo esto sin contar los que realizan actividades subterráneas, encubiertas, de inteligencia, contrainteligencia, guerra sucia, desinformación, narcotráfico y todos los tráficos, contactos con el foro de Sao Paulo, guerrillas, mafias rusa, china, árabe, terrorismo internacional y crimen organizado transnacional.

LOS MILITARES SE COMPORTAN COMO DEUDORES MAULAS

De manera que en este particular los militares se comportan como esos deudores maulas que cuando les van a reclamar los créditos vencidos contestan que el problema es que no les han prestado lo suficiente, que si les dieran más dinero ellos podrían invertir, producir y eventualmente pagar lo que deben; pero si no les prestan, todo estará perdido.

El dilema es si tirar a pérdida lo que ya se prestó o arriesgar todavía más, sin ninguna esperanza de que haya rectificación, recuperación y eventual retorno.

LOS MILITARES, CON TODO EL PODER, TIENEN AL PAÍS VUELTO UN FLEQUERO

Los militares, con todo el poder, tienen al país vuelto un flequero; pero cuando se les reclama su cuota de responsabilidad, responden que necesitan más poder. Pero así como no se puede confiar en aquel deudor maula, porque el que falló una vez, volverá a fallar; así tampoco se puede creer en estos militares, como bien decía Churchill: “La política es algo tan serio que no se le puede confiar a los militares”. Y se estaba refiriendo a los militares anglosajones, no a los del mar Caribe.

LA SOCIEDAD CIVIL TIENE SU CITA CON LA HISTORIA Y NO PUEDE FALTAR

En conclusión: la sociedad civil venezolana tiene su cita con la historia y no puede faltar por ningún motivo. Aquí no vale excusa, subterfugio, ni justificación, por sofisticados y seudo intelectuales que sean.

Los militares no pueden gobernar al país entre otras cosas porque esa no es su función, no están preparados para eso y han demostrado históricamente que no lo hacen bien; la orientación política, económica y cultural de una sociedad tiene que estar en cabezas civiles, que es lo que se llama “civilización”; lo otro es “barbarie”.

 PERO PARA ESO TIENE QUE DESPRENDERSE DE PATERNALISMOS Y TUTELAS

Pero para eso la sociedad civil tiene que emanciparse, ponerse los pantalones largos, desprenderse de paternalismos y tutelas, sostenerse y caminar sobre sus propios pies.

CAMBIAR A SIMÓN BOLÍVAR POR JOSÉ MARÍA VARGAS

Esto implica derribar estatuas de hombres a caballo a favor de próceres civiles; terminar con mitos de guerras y efemérides de batallas a favor de las creaciones del intelecto; abolir la exaltación súbita de la revolución a favor de la producción lenta y pausada que sólo se fragua en paz. Cambiar a Simón Bolívar por José María Vargas.

Decirlo no es fácil; pero lo realmente difícil es hacerlo, íntimamente, en el corazón.

Luis Marín

10-11-13
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jueves, 3 de octubre de 2013

PABLO BRITO ALTAMIRA - LA TELENOVELA FASCI-COMUNISTA EN SUS CAPÍTULOS FINALES - EPISODIO 'CONSTITUYENTE



 

LA TELENOVELA FASCI-COMUNISTA EN SUS CAPÍTULOS FINALES - EPISODIO 'CONSTITUYENTE 

 PABLO BRITO ALTAMIRA



"En aquel Imperio, el arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del Imperio, toda una provincia. Con el tiempo, esos mapas desmesurados no satisficieron y los colegios de cartógrafos levantaron un mapa del Imperio que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y los inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del mapa, habitadas por animales y mendigos ; en todo el país no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.”

Jorge Luis Borges, “El hacedor”
1.
Muchos esperan que la trama de esta telenovela que pronto cumplirá  quince años (¿habrá que hacerle una fiesta y presentarla en sociedad?) produzca una novedad  decisiva en las próximas elecciones municipales.  Unos dicen que será por la vía de un plebiscito ( que ya se produjo el 14A, pero ni los ganadores lo reconocen) y otros por la vía de un golpe de estado     (El golpe se dio ya, los golpistas gobiernan,  y siguen rompiendo lo que queda del hilo constitucional peristálticamente, como el relámpago del Catatumbo, cada vez que el régimen se tambalea) o por una insurrección civil repentina e inesperada que barrerá el país como un tsunami. También se hacen apuestas sobre una eventual renuncia a través del recurso de la doble nacionalidad del candidato que el CNE proclamó como ganador en las últimas elecciones.

Y hay también quienes hablan de la convocatoria a una asamblea constituyente en la que la sociedad se daría un nuevo mapa de ruta y un nuevo destino.

Analicemos esta última opción, que no creo sea la más probable a corto plazo pero sí que habrá que considerarla seriamente después de que pase lo que tiene que pasar.

Cuando dicen que la constituyente debe representar a la totalidad de la sociedad, pienso en el mapa de Borges, porque para ‘representar’ a un ‘universo’, como dicen los encuestadores, de 18,9 millones de adultos con derechos civiles, es preciso que cada uno de ellos exprese su opinión.

Esto es lo que se hace, o se intenta hacer, en los procesos de sufragio universal directo. Es uno de los elementos (tal vez el más importante)  de la marca de fábrica de lo que actualmente se conoce como democracia.

Es la solución que se ha encontrado hasta ahora (puede que el desarrollo tecnológico ofrezca otras próximamente) para consultar la opinión de todos y cada uno de los ciudadanos de una colectividad en un momento determinado.

Los ciudadanos, de esa manera, expresan su opinión, a través del voto, sobre una consulta determinada; en términos reales lo que hacen es una elección entre opciones que les son presentadas por quienes se ocupan de los asuntos del Estado.

Porque cada ciudadano tiene su particular actividad en las áreas productivas del país y solo un grupo de ellos se ocupa de los asuntos llamados ‘públicos’. Tal como sucede en una junta de condominio o a la asamblea de accionistas de una empresa, los socios, o accionistas, votan a favor de una moción presentada por la Junta Directiva, previamente electa por esos mismos propietarios o accionistas.

Llegan momentos, como el que actualmente vive Venezuela, en que ha dejado de ser útil, válido, auténtico y pertinente, votar de esa manera, porque el voto ya no elige ni decide.

El bombo de la rifa está trucado, los dados están cargados. No cuentan los votos, como dijo Stalin, sino aquellos que los cuentan.

Y se hace urgente un cambio radical,  una democratización o re-democratización. Aquí es donde aparece la figura, ya practicada por el régimen que hoy ejerce el poder, de ‘refundar’ la República con la fuerza ‘soberana y originaria’ de una Constituyente.

Hay discrepancias entre los juristas sobre la validez de la teoría elaborada por el Abate Sieyes, a quien se menciona como principal inspirador del proceso constituyente de la Revolución Francesa, sobre el que se basan la mayor parte de los siguientes eventos del género.  (1)

Lo cierto es que un grupo de venezolanos (un grupo es una parte, una fracción) promueve la idea de que convocar a una (nueva) asamblea constituyente como una (o la)  manera de recuperar o establecer una verdadera legitimidad a la República. Dentro de ese grupo (como en todos los grupos) hay diferentes posiciones.

Para unos, debe realizarse la consulta a través de los recursos establecidos por la actual constitución; para otros la constituyente debe omitir la participación de los poderes constituidos. También hay posiciones intermedias, mixtas y alternativas. No abundo más en detalles porque mi intención es traducir a un lenguaje llano un tema que comporta mucha jerga especializada, que lo hace espinoso y hostil para la mayoría, lo que es ya una contradicción manifiesta. ¿Cómo hacer que el ‘pueblo entero’ se ponga de acuerdo sobre un tema de esta clase si  ni siquiera un pequeño cenáculo de estudiosos y expertos del tema  lo logran? Varios autores, como Luis ‘Balo’ Farías ( ver La rebelión de las Regiones) y Luis Manuel Aguana  ( Desde el Táchira un Proyecto País para Venezuela ) han intentado explicar su visión y han desarrollado incluso borradores detallados de lo que sería esa nueva república que proponen como resultado de la constituyente.

Para simplificar mucho el asunto, y para definir de alguna manera mi posición,  diré que las etapas del desarrollo del proceso mediante el cual una ‘representación auténtica’ de la mayoría puede, sin mediación de poderes previos ( léase CNE, o MUD, o partidos, fracciones, etc. ) darse a sí misma una constitución que reemplace a todas las anteriores y sirva como documento fundacional de una nueva sociedad  ( llámese país, república, nación o como se decida) aceptada y reconocida por todos, o al menos por una mayoría de los ciudadanos ( si no lo fuera no sería válida) requiere de una organización especializada que coordine, dirija y programe las múltiples actividades relacionadas con la elecciones de los candidatos, la asignación de tareas a los electos, la redacción de la nueva carta magna, etc., etc.

Descartando la intervención de los poderes actuales (que darían resultados excesivamente predecibles de continuidad del actual régimen)  sea cual sea esa organización ad-hoc que se forme para el caso, ésta  NO será originaria pero SÍ influirá decisivamente sobre el destino, orientación y espíritu del nuevo contrato social y los nuevos poderes constituidos. Así ocurrió con la propulsada por el difunto ex golpista-presidente  y es difícil imaginar cómo no ocurriría en un intento nuevo dirigido por nuevos organizadores.

Porque ‘el que parte y reparte, lleva la mejor parte’ y porque ‘el que administra, gobierna’: ambos dichos se han cumplido siempre, con pocas excepciones.

En el fondo del asunto está un tema teórico muy abstruso y controvertido. Es el del derecho que tiene ( o no tiene) un grupo, una clase, una minoría o incluso una mayoría a imponer su visión a los demás.

Marx cortó ese nudo gordiano de una manera que se hizo muy popular porque era, en el fondo, muy populista: la dictadura del proletariado. La ‘única clase que puede ser la disolución de la sociedad de clases’ era una entelequia que se confrontó con la realidad en la revolución de Octubre cuando los bolcheviques se declararon ‘representantes’ de ese proletariado mítico que solo se usó como arma de guerra para masacrar a los proletarios de carne y hueso en Kronstad primero y en toda la Unión Soviética después. Y lo hicieron 'legalmente' porque también ellos tuvieron, como los jacobinos de Robespierre, una asamblea constituyente que les dio el derecho a decidir quiénes tenían derechos.
Quien realmente llegó a la esencia del asunto no fue un político sino un novelista. La resumida descripción de la verdad de esa caricatura de democracia que llaman abusivamente  'revolución' es, justamente, la caricatura fabulada de Georges Orwell intitulada 'Rebelión en la granja' ( 'Animal farm) en la que se sintetiza la idea de ese 'gobierno de los peores' cuyo lema central es : "Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros".

Siempre se trata de un grupo, es decir, más o menos minoritario, que siente con más apremio la necesidad de una acción y que pretende ser la expresión casi unánime de lo que la sociedad como un todo quiere o necesita. En otras palabras,  la manifestación de quienes se piensan dueños de alguna forma de ‘verdad’ que debe ser compartida por todos y por lo tanto merece ser impuesta. Cuando ese grupo obtiene el poder, se convierte inmediatamente en la única autoridad válida para interpretar la supuesta verdad y sus aplicaciones prácticas. Entre estas aplicaciones, la primera de todas es la que establece quién debe detentar el poder y por cuánto tiempo. De esa manera, tan sencilla y tan ingeniosa a la vez, la lucha por la libertad se transmuta en tiranía.(2)

2.

Sea de laboratorio, de ‘cogollo’ o ‘de calle’, una asamblea que se forme para encontrar la ‘solución definitiva’ para los problemas del país no puede evitar ser particular y parcial.

Que una parcialidad obtenga un apoyo masivo y que ese apoyo se convierta en una ‘fuerza social’ capaz de enfrentarse al poder constituido y tomar su lugar, depende de que su propuesta sea suficientemente atractiva como para que venza la inercia del statu quo, el miedo a las represalias, la indiferencia, el desconocimiento y la ignorancia, las prebendas y beneficios de la sumisión al poder y una serie casi innumerable de resistencias. Nada de eso es posible si la propuesta no es masivamente difundida y promovida, lo que implica la condición previa de medios de comunicación aptos para la tarea.

Pero la primera barrera que hay que superar es la ceguera de políticos, intelectuales y activistas sociales, que Agustín Blanco Muñoz califica como “un individualismo que no  tiene en su mira cumplir con una responsabilidad colectiva. Que no actúa como  contrario dialéctico de lo establecido sino que lo convalida.” (3)

Y no menciono a las masas, ni a las mayorías, ni a la clase media o la sociedad civil, no hablo de los ‘sectores populares’ o lo que algunos llaman “el venezolano”,  porque esas abstracciones quiméricas, muy parecidas al “proletariado” del marxismo-leninismo, solo sirven para disfrazar los criterios particulares de un grupo en criterios generales o universales.

Los que se ocupan de asuntos políticos son un sector de la sociedad y nunca la sociedad entera. No hemos llegado, en Venezuela al menos, a ese estadio superior tan deseable (tal vez) del que habla Rafael Iribarren cuando afirma que : “Pues si de alguna rebelión nos toca hablar hoy, aquí y en cualquier parte del Mundo, es  la de la consciencia universal sobre la condición humana; la de la inteligencia masificada; de la beligerancia de la gente, anónima, ”masiva” contra el Poder” (4)

Esa beligerancia masiva y anónima que ha tenido manifestaciones aisladas a lo largo de la Historia Moderna ( La Fronda, la Comuna de París ) y que tuvo momentos estelares  a mediados del siglo pasado   ( Mayo Francés, Primavera de Praga, Movimiento estudiantil mexicano, Berkeley 1967, etc. ) para renacer en movimientos internacionales en los últimos años  ( Primavera Árabe, Movimiento de los Indignados, Occupy Wall Street ) que toman calles y plazas en Europa, EEUU, Túnez, Egipto y otros países, es en algunos casos heraldo de grandes cambios en la psique colectiva y el modelo de organización social, pero no se mantiene como forma estable o alterna de sociedad o de Estado. Se vio durante el ‘gobierno’ anarquista en los “sucesos de mayo” de 1937 en Barcelona, y se ha visto cada vez que la multitud se da a sí misma como destino una consigna sumaria, generalmente violenta, sin estrategia ni programa.

Como músicos reunidos sin partitura o futbolistas sin demarcación de campos o arquerías y con varias pelotas, la cosa es divertida durante un tiempo, pero a la larga sucumbe ante la necesidad de cada uno de volver a sus asuntos.

Porque no es posible que todos los ciudadanos de un país dejen de lado familia, trabajo, estudio y todo lo demás para dedicarse de lleno a ‘salvar a la patria’. Como ocurre en la mayor parte de las asociaciones de cualquier clase, muchos prefieren endosar su voto y delegar en los demás, mientras que otros tantos se desentienden y se contentan con seguir los acontecimientos a través del noticiero. Porque es preciso, y deseable, que los cirujanos sigan en sus quirófanos, los maestros en sus escuelas y los aviadores en sus cabinas de mando, para que el país continúe. Y que Gabriela Montero, por supuesto, siga tocando el piano por el mundo entero en nombre de Venezuela.

Lo que nos lleva, de alguna manera, otra vez al comienzo. Un grupo de ciudadanos, descontento de la acción de quienes llevan las riendas, tanto del poder como de la oposición a éste, propone un nuevo orden, una nueva manera de administrar el país de todos.

Es lo que llamé una ‘constituyente de la disidencia’ (5) que pienso es más viable y más realista que la constituyente generalizada de la que hablan algunos. O, al menos, más cercana a mis propios intereses como disidente.  Que los arquitectos, como dice Iribarren en el texto ya citado, hagan su constituyente de la arquitectura y los abogados la que les plazca en los términos que les convengan,  y así los transportistas, las amas de casa y los artistas, si es que llegan a ponerse de acuerdo sobre lo que quieren como grupo y lo que buscan como individuos.  Si cada oficio, gremio o sector llega a establecer criterios precisos sobre su área y después todas las áreas se ponen de acuerdo, tendríamos (al menos en teoría) un modelo posible de ‘movimiento de movimientos’ para citar el concepto del profesor Manuel Rodríguez Mena, preconizado por el profesor Agustín Blanco Muñoz y algunos de los miembros de la Cátedra Pío Tamayo, que podría desembocar en un nuevo orden social.

Pero para ponernos de acuerdo ( ‘acordar’, del latín accordare, de a (proximidad) y cordis (corazón). Es decir, unir los corazones.) tenemos que compartir un amor, una pasión o un propósito.

Los miembros del régimen comparten un propósito: mantenerse en el poder.

La oposición oficial comparte el suyo: consolidarse , mantenerse y obtener beneficios como el contendiente ‘autorizado’ del régimen.

Los disidentes, en cambio, comparten amor y pasión por la verdad y el bien ciudadano, pero no tienen un propósito común como colectivo.

Esta es la paradoja básica del callejón sin salida en que nos encontramos: los que ponen el bien común como valor superior al poder y a los privilegios son los únicos que no se muestran capaces de entender que sin un propósito en el que todos concuerden ( y el propósito implica una estrategia y una táctica para lograrlo) nunca lograrán nada a favor de ese bien común que tanto proclaman pero al que no aportan más que posiciones particulares.

Situación parecida a la del grupo de reclusos de una prisión que decidieran cavar un túnel para evadirse pero que no lograran comenzar porque no hay dos de ellos que coincidan en la dirección del túnel, el método de excavación, la altura de las galerías y ( sobre todo) el orden en que aparecerán en la foto el día que logren escapar.

Pablo Brito Altamira
@Hermeticum



(1)  “Sieyes tenía que demostrar que para darse una constitución, la nación tenía que tomar la decisión mediante la reunión de representantes extraordinarios especialmente delegados para expresar la voluntad nacional; ello lo conduce a elaborar la teoría del Poder Constituyente, a fin de establecer a quien pertenece y cuáles son las condiciones de su ejercicio. Sieyes señala tres etapas en la formación de un estado, en la primera etapa los individuos que viven aislados en un estado de naturaleza racionalmente concebido, resuelven reunirse y por este solo hecho pasan a formar una nación; es en la nación donde el Poder Constituyente radica en forma indiscutible e inalienable. En la segunda etapa, la nación lleva adelante la decisión de actuar en común y los asociados convienen en cuáles son las necesidades públicas y los medios para proveerlas, el poder ya pertenece al conjunto y es en este momento en el que nace la constitución. En la tercera etapa, los asociados son demasiados y están dispersos en una superficie tan extensa que no les permite ejercitar por si mismos su voluntad común, nace entonces el gobierno , ejercido por representantes de la nación. Cabe señalar y esto sirve también como nexo con uno de los capítulos siguientes, la diferencia, siempre según Sieyes, entre el Poder Constituyente, no sujeto a constitución alguna, pues la nación existe ante todo y es el origen de todo sin otro limite que el que le impone el derecho natural, y el gobierno que ejerce un poder constituido, sujeto a las condiciones y límites que le impone la constitución” Carlos Duque, Ensayo sobre el Poder Constituyente.
(2)  En ‘El cero y el infinito’ ( ‘Darkness at noon’) Arthur Koestler, disidente del comunismo a partir de la Guerra Civil Española, describe con prístina lucidez el proceso ideológico que lleva a esa trasmutación de revolución en involución.
(3)  Agustín Blanco Muñoz  - ¿Un expaís de prepotentes e imbéciles? HistoriaActual
(4)    Rafael Iribarren – Sobre el Proceso Constituyente necesario – El Blog de Rafael Iribarren
(5)    Pablo Brito Altamira. La Rebelión de las Plazas. Por la Conciencia.
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