jueves, 3 de noviembre de 2016

NAUFRAGIO

 NAUFRAGIO
Juan Guerrero

Viendo los acontecimientos que ocurren en Venezuela, -y no sabría exactamente por qué, me vuelven a la memoria varios sucesos. Uno de ellos hacia 1527, año cuando Álvar Núñez Cabeza de Vaca inicia su largo periplo de 8 años, perdido, junto con sus otros 3 compañeros, por el suroeste del actual México y Estados Unidos de Norteamérica. Fueron cerca de 8 mil kilómetros recorridos, casi todos a pie entre pueblos indígenas, unas veces como prisionero, esclavo, mercader y finalmente, como un dios salvador. Buscando una identidad perdida, concluiría yo.

Después, en los sucesos de 2014. Cierta tarde presencié, en la famosa esquina de Los Leones con la avenida Lara, en Barquisimeto, unos jóvenes que comenzaban a preparar unas barricadas para sus guarimbas. Apenas me vieron con la cámara de fotografía, se pusieron en posición de combate mientras las chicas se arreglaban el cabello y los demás chicos buscaban cómo encender los fuegos. 

-No te olvides de mencionar que estamos en lucha contra el gobierno. Me declaraban todos eufóricos y risueños.

Finalmente, he vuelto hace una semana al centro de la ciudad para ver las últimas concentraciones opositoras. En la plaza de la Justicia, en pleno centro de Barquisimeto, escuché al alcalde de Palavecino. Su discurso se centró, de lo más iracundo y salido de sus cabales, en la proximidad del Juicio Final contra el Mal. De su boca salían menciones a salmos, versículos bíblicos, junto con santos y mártires cristianos. Mientras lindas jóvenes no paraban de tomarse fotografías en grupo, ajustándose sus gorras, franelas y banderitas partidistas.

Todos estos días mi cabeza no para de rebobinar imágenes, lecturas, escenas, situaciones. Todas ellas aparentemente desvinculadas pero que de repente encuentran cierta cercanía. Y son quizás, en las manifestaciones del espectáculo y la falta de identidad lo que permite comprender esta sinrazón.

Pienso que al venezolano, así en su generalidad y aunque me salten los criticones de oficio, le falta tener más comprensión de su cultura y su historia para dimensionar la crisis por la que atraviesa.

Porque, tristemente, está asistiendo a este momento de su historia como si fuera a ver una función de circo. Quizá sea por tanto mensaje trivial, banal de los medios oficialistas o por el contrario, los pocos medios de comunicación opositores, mostrando una realidad peligrosamente rozando plegarias y aleluyas religiosos.

Total, que estamos siendo arrastrados por el torbellino del fanatismo ideológico-religioso, junto con millones de seres humanos que no tienen idea de su responsabilidad ciudadana frente a tan delicada situación.

Miles, diría que millones de venezolanos están siendo llevados al matadero, tanto por el fanatismo oficialista como por la ortodoxia opositora. Y uno está quedando en el medio viendo cómo se descuartiza una sociedad, se mutila una república. 

Es posible que esta llamada república de orientación bolivariana, usando los principios expresados en las obras de Luis Castro Leiva, sea mejor dejar que perezca, junto con el héroe. Y esto lo digo con la seriedad que merece su nombre y su pensamiento.

Mientras se continúe actuando, más para captar fans (fanáticos) de un espectáculo político-religioso. Mientras los políticos continúen acelerando la puesta en marcha de la publicidad partidista, los ciudadanos estaremos más lejos de encontrarnos para recapacitar sobre el sentido de la vida y su responsabilidad ética y moral, como individualidad.

Es cierto que se atraviesa por una emergencia humanitaria. Lo he escrito y lo comento casi a diario. También es cierto que ya no hay tiempo para pensar, reflexionar y opinar sobre el sentido de lo que somos como pueblo y nación, hacia dónde nos lleva este torbellino.

Pero en la vida algunos solo servimos para leer, escribir, hablar y escuchar. Y tanto mejor así. Esto es lo que somos los docentes universitarios. Para eso nos mal pagan. Y se debe encontrar la manera de incidir. Hablar en voz alta. Escribir. Buscar la forma para que el grueso de la población lea de manera comprensiva y crítica y no se siga dedicando a leer titulares de prensa o responder sin haber leído un documento.

El problema de las falsas identidades es, dolorosamente, el peligro mayor que tiene la sociedad venezolana. Y peor aún, porque no lo saben. Y no lo saben porque el liderazgo político nacional no hace nada para despertar la consciencia social y transformar esas mentalidades en individuos que se agrupen para reclamar sus intereses y los de otros.

Ya en el pasado reciente pensadores, como Briceño Guerrero, Ángel Rosenblat, Rafael Cadenas, Juan Nuño, han advertido del riesgo que trae una sociedad banalizada. Donde sus individuos presencian las atrocidades del Poder como actos circenses que son sustituidos por otros de mayor intensidad, y que al final vuelven a caer en el aburrimiento y la inacción.

Rescatar el derecho a la opinión, a través del acto electoral del voto, pasa por rescatar nuestra identidad como ciudadanos éticos, de pensamiento y actos coherentes, con virtudes y principios que se fortalecen en la práctica de la tradición de lo que hemos sido y seremos como pueblo y nación.

Es cierto que Venezuela no desaparecerá. Es verdad que nuestra sociedad despertará y superará esta tragedia. Pero también es verdad que es necesario asumir, desde la individualidad de nuestros actos cotidianos, las responsabilidades, el sentido del respeto al Otro-diferente y los principios que nos vinculan a una tierra, a un espacio territorial que nos define como Pueblo, Estado y República.

Juan Guerrero 
Twitter: @camilodeasis

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