viernes, 19 de mayo de 2017

PROPUESTA PARA LA SOLUCIÓN




PROPUESTA PARA LA SOLUCIÓN
Juan Carlos Sosa Azpúrua

Más de cuarenta días tienen los venezolanos en las calles, demostrando una gallardía y convicción libertaria admirables. Es milagroso que una nación con tantos padecimientos y frustraciones esté dispuesta a luchar y manifestar su hastío, a pesar de los riesgos mortales.  Estos dieciocho años de tiranía, su desangre migratorio y las tragedias sufridas, no han amilanado el corazón criollo.

Son decenas de compatriotas asesinados y miles apresados arbitrariamente.  Cada día que pasa, es un día que muere un joven y sus ilusiones de amanecer en Libertad. Es heroica la gesta de nuestros muchachos de Caracas, Táchira, Mérida, Carabobo, Zulia, y demás rincones de esta tierra de gracia, que hoy llora lágrimas de sangre.  También son heroicos todos y cada uno de los que abandonan sus burbujas cotidianas y asumen la calle con todos sus costos.

Pero estas páginas históricas corren el peligro de terminar empastadas en un libro cuyo título es “La frustración de un pueblo desmoralizado”. Ya son casi dos décadas de experiencia que nos deben abrir los ojos para captar las lecciones que nos dicta el pasado, tan rico en marchas y luchas que se desvanecieron.

Padecemos un régimen inescrupuloso, cuyo objetivo es la dominación total. Para lograrlo, solo tiene que destruir lo que tenga valor: la decencia, la educación, el trabajo, los sueños y la Libertad.  Por eso las marchas son un arma de doble filo. Si no se articulan dentro de una estrategia política, cónsona con la belleza juvenil que sacrifican, estas concentraciones de calle son vitaminas para un régimen que se nutre del cansancio, la sangre y la miseria. 

El tiempo de marchas es tiempo de anarquía, que se desborda. Comercios quiebran, universidades cierran, estudiantes se distraen, profesionales se extravían en nieblas paralizantes, el exilio se dispara, la economía se hunde más, el hampa saca músculos, los hogares tiemblan y lloran las tragedias; los huesos rotos de la nación se hacen polvo. 

Para amortiguar o al menos intentar sanar las heridas infligidas por las marchas, y que las páginas se inmortalicen en el libro de la Libertad, la calle debe encuadrarse dentro de una estrategia que, lógicamente, debería accionarla la Asamblea Nacional. No existe razón alguna para no hacerlo y sí todas para abrazar con ahínco la oportunidad de oro que nos brinda el destino, para resolver esta crisis con la limpieza que proporciona la institucionalidad de una Asamblea que representa la voz del pueblo. 

La Asamblea Nacional es el único poder público autónomo y legítimo que existe en Venezuela.  Su legitimidad cuenta con el respaldo de cerca del noventa por ciento del país. Es momento de asumir esa inmensa responsabilidad y abrazar la historia con fuerza y determinación.

¿Qué debe hacer la AN?: 

Es evidente, que los puntos que a continuación se enumerarán, el régimen forajido no los acatará en un primer momento. Al contrario, se burlará y profundizará su represión. Pero en la medida que la nación se pronuncie en favor del nuevo gobierno y así mismo lo hagan las entidades y personalidades internacionales, la realidad irá mutando y lo que luce fantástico se volverá tangible y lo que hoy es real dejará de serlo.  

1) Decretar la ilegitimidad del régimen, por estar incurso en crímenes de Lesa Humanidad, públicos y notorios. En este sentido, los funcionarios principales del régimen forajido deben ser desconocidos por la AN.  No está de más reiterar, en acto formal, que Venezuela no tiene presidente de la República desde que la misma Asamblea Nacional decretó su falta absoluta (por abandono del cargo -deberes constitucionales-) en enero de este año. 

2) Nombrar magistrados del TSJ; Fiscal y nuevos rectores para el CNE.

3) Designar un gobierno de transición (presidente, vicepresidente, ministro de la Defensa y demás funcionarios necesarios para acciones inmediatas). Este gobierno transitorio contará con el aval del nuevo TSJ y será celebrado por los venezolanos en las calles del mundo entero, que se organizarán para que el apoyo sea contundente e innegable.

4) Hacer un llamado formal a las Fuerzas Armadas, para que sepan que obedecer a un régimen forajido implica penas graves, al ser cómplices de criminales de Lesa Humanidad. 

5) Organizar a las Fuerzas Armadas institucionales, para que formalmente desconozcan las órdenes del alto mando militar que pretenda serle leal al régimen forajido.

6) Comunicar a todas las cancillerías que Venezuela tiene un régimen forajido, que ha sido desconocido por el pueblo; y que la AN ha nombrado un gobierno transitorio, para poner orden y convocar elecciones libres, tan pronto como lo permitan las circunstancias.

7) Hacer una convocatoria a los funcionarios del régimen forajido, incluyendo militares, para que desconozcan a los criminales usurpadores y apoyen al gobierno legítimo de transición. 

8) Decretar el desarme de los colectivos, milicias y demás cuerpos delictivos que han sido equipados por el régimen forajido. Enumerar, en un decreto, todas las penas aplicables a todos aquellos que no cumplan con el decreto de desarme.

9) Convocar a los hogares venezolanos a manifestar continuamente su apoyo al gobierno legítimo de transición, a través de acciones puntuales que deben planificarse dentro de una estrategia coherente, y que aminore los riesgos a la vida.

10) El gobierno de transición debe actuar como si el poder del régimen forajido no existiera, emitiendo órdenes a todos los organismos públicos para que actúen en conformidad con la nueva realidad. 

11) Solicitar el apoyo de los gobiernos americanos, europeos, asiáticos y africanos, así como de sus organismos de inteligencia y combate antidrogas, para que neutralicen las rutas del narcotráfico y petroleras, que usa el régimen forajido para abastecerse de recursos. 

12) Crear una coalición internacional de jefes de Estado en apoyo al gobierno legítimo de transición. 

13) Crear una coalición de escritores, periodistas, artistas, y demás personalidades influyentes del planeta para que se pronuncien en favor del gobierno legítimo de transición y condenen al régimen forajido.

14) Emitir comunicados a la INTERPOL y demás organismos pertinentes para que colaboren con las acciones del gobierno legítimo de transición.

15) Emitir comunicados al sistema financiero internacional para que tome las medidas necesarias que bloqueen las acciones del régimen forajido.

16) Nombrar una comisión especial para negociar empréstitos, para que el gobierno legítimo de transición pueda operar sin depender del situado constitucional, mientras éste siga secuestrado por el régimen forajido.  Estos préstamos también deberían abarcar las necesidades operativas esenciales de las gobernaciones y alcaldías que decidieren desconocer al régimen forajido. 

17) Decretar un estado de emergencia nacional, y solicitar el apoyo militar de las fuerzas nacionales e internacionales que decidan apoyar al gobierno legítimo de transición. 

18) Emitir ordenes de libertad a todos los presos políticos y exigir a los organismos pertinentes que cumplan con dichas ordenes, so pena de incurrir en graves delitos, que deberán consagrarse a través de una ley especial, promulgada por la AN.  

19) Anunciar al país un cronograma de acciones, que culminen en elecciones presidenciales en un tiempo perentorio.

20) Nombrar una comisión negociadora, que defina los términos de rendición del régimen forajido. 

No tiene sentido continuar marchando si no se obtiene una respuesta de este tenor por parte del universo político, representado en la Asamblea Nacional. 

El país ha sufrido demasiado y no puede seguir a la deriva, desgastándose indefinidamente en acciones que no cuajan en respuestas definitivas.

Basta de improvisaciones, de esperar que la suerte sonría caprichosamente. Sin menoscabar la lucha que han dado los diputados en las calles, es hora de una política que supere efectismos y consolide finales trascendentes. 

La AN tiene el poder constitucional y el apoyo de la sociedad que representa.

“La fortuna favorece al audaz”, dijo el poeta Virgilio.  Entonces, que la audacia se demuestre con una respuesta política que esté a la altura de nuestro hermoso y gallardo pueblo de Venezuela.

En Caracas, a los dieciocho días de mayo, 2017.


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LLEGÓ LA HORA DE NEGOCIAR TU SALIDA



NICOLÁS:
LLEGÓ LA HORA DE NEGOCIAR TU SALIDA
Humberto García Larralde


Nicolás Maduro, debes saber que esto se acabó. La “revolución bolivariana”, si alguna vez existió, murió. Ese menjurje que ustedes llamaron “Socialismo del Siglo XXI” no tiene viabilidad económica, política ni social. Dependía de la renta petrolera que hoy se ha encogido irreversiblemente y no volverá a los niveles astronómicos de antes. Con las nuevas tecnologías de producción (fracking), no es previsible que el barril de crudo supere los $60. Y, con la destrucción del tejido económico de la nación, no hay cómo suplir las demandas de la población ni generar empleo bien remunerado.

Pero sobre todo, tu permanencia en la Presidencia de la República ha demostrado ser incompatible:

1)      Con el bienestar de los venezolanos porque tus políticas lo que producen es miseria y hambre, y te niegas a rectificarlas a pesar de los reiterados señalamientos de valiosos economistas y de otros profesionales sobre las medidas que deberían implementarse;

2)      Con la soberanía popular, consagrada en el artículo 5° de la Constitución, pues cerraste la vía electoral para que ella se expresase, cancelando el referendo revocatorio (art. 72) y las elecciones regionales que debieron haberse realizado en diciembre del año pasado;

3)      Con la democracia, porque has violentado sistemáticamente los derechos civiles y políticos que la sustentan, además de abolir las elecciones;

4)      Con la República, pues tu mandato se ampara en la destrucción de la autonomía y el equilibrio de poderes, base del ordenamiento republicano;

5)      Con la soberanía nacional, porque entregaste a los déspotas cubanos responsabilidades sensibles a la seguridad del país, y hipotecaste recursos de la nación a China y a otros intereses foráneos;

6)      Con la decencia y probidad en la conducción de los asuntos públicos, pues has amparado las corruptelas más grandes que recuerda la historia del país y deliberadamente proteges a quienes han sido señalados de narcotráfico por la DEA;

7)      Con la dignidad que debe tener el ejercicio de tan alta magistratura, por tu ignorancia, tus improvisaciones y tus disparates, minando irremediablemente el respeto que deberían tener los venezolanos por quien ocupe esa investidura, así como tu ascendencia ante los tuyos;

8)      Con la venezolanidad, porque has pisoteado sus valores más sentidos: el amor por la vida, la libertad y la justicia, su convicción democrática y de respeto por los demás, y su vocación humanitaria;

9)      Con la paz, porque le has declarado la guerra al país, desatando la violencia militar y paramilitar contra la inmensa mayoría de venezolanos, quienes salen a protestar porque están hartos de ti;

10)   Con la vida y con los derechos inalienables del ser humano, aupando el asesinato de decenas de manifestantes desarmados, metiendo presos a opositores con expedientes falsificados, permitiendo la tortura a muchos detenidos, violentando los derechos de su defensa y condenando al grueso de la población a la indefensión ante el hampa, el hambre y el deterioro de los servicios públicos;

11)   Con el futuro, porque tu proyecto es reaccionario, primitivo y retrógrado. Le robaste toda esperanza a las nuevas generaciones, razón por la cual la juventud en pleno se ha alzado en tu contra.

Nicolás Maduro, hoy representas muerte y desolación. Llegó la hora de que negocies tu salida. Infelizmente, lo anterior constituye tu mejor carta, pues Venezuela está demasiado apesadumbrada con tanta matanza de inocentes y con tanta miseria por tu causa, y está dispuesta a encontrar vías expeditas para que te vayas de inmediato. ¡Ni un muerto más! Esto no significa impunidad. Lamentablemente, los juicios en tu contra por crímenes de lesa humanidad tomarán tiempo activarlos. Con suerte, podrás disfrutar de la fortuna que habrás amasado a expensas nuestras en Cuba o Zimbabue -mientras sigan vivos los ancianos déspotas que ahí controlan el poder- o cobijarte bajo el ala de regímenes corruptos como el de Bielorrusia o el de Putin.

No tienes salida. El 85% o más de la población venezolana te repudia y no descansará hasta verte ir. Nadie cree ya en tus discursos y tus promesas. Sabes que tu proyecto “socialista” no obedece a ningún fin redentor -con lo que tanto te gustaba llenar la boca-, pero se sirve de tal impostura para esquilmar al país. El problema para ti y tus cómplices, es que también el pueblo se ha dado cuenta de ello. Y se convenció de que no habrá paz, seguridad, alegría y amor hasta tanto te vayas, porque es imposible convivir con quien ha demostrado, en el ejercicio de tan importante magistratura, que no le interesa ni sus vidas ni su bienestar, y que no está dispuesto a concertar con otras fuerzas las soluciones para superar los graves problemas en que los has metido. No hay vuelta atrás. Tienes al país paralizado.

No sigas engañándote huyendo hacia adelante. Es de necios pensar que una minoría que no pasa del 10% le impondrá reglas al resto del país a través de tu asamblea constituyente fascista. No nos lo calaremos. Prorrogar tu decreto írrito de Emergencia tampoco te ayuda, pues profundiza los mismos errores que llevaron a esta tragedia. Si quieres salir de un hueco, ¡no sigas cavando!

Sabes, de primera mano, del descontento de los militares. ¿Hasta cuándo crees que podrás contar con su anuencia o pasividad sembrando complicidades entre la alta oficialidad? ¿Hasta dónde confiar en que el G2 los tendrá controlados? ¿Hasta cuándo tolerarán los desmanes de tus colectivos fascistas? Tienen familia y amigos y no pueden ser indiferentes a lo que está pasando. Y saben que los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Los países del hemisferio te condenan y ni siquiera tus antiguos compinches de Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Cuba se les oye salir en tu defensa. Has convertido a Venezuela en un país cercado internacionalmente. Esto representa un problema de seguridad nacional, pues agrava su vulnerabilidad externa, tema al que no son ajenos los militares.

¿Hasta cuándo crees que podrás aplacar a tus facciosos comprando voluntades? Nadie te ofrecerá financiamiento externo mientras no conciertes con la Asamblea Nacional la autorización para ello y generes las condiciones y garantías económicas que lo hagan factible. Desgraciadamente, ni la inflación, ni el desabastecimiento, ni el empobrecimiento de la población, tendrán pausa mientras continúen tus políticas. Los CLAPs, tampoco alcanzarán. Por demás, son insostenibles si la renta no crece. Pero la producción petrolera está diezmada y sus precios no volverán a subir. Más allá de los estamentos corruptos de la fuerza armada y los malandros que has armado para matar estudiantes, no tienes apoyo.

Nicolás, se te está cerrando la ventana para tu salida. Tu apoyo se resquebraja. La jauría de mafiosos con quienes compartes el poder sólo te requieren como pararrayos, pero ahora que los reales no alcanzan, cada quien buscará salvar su pellejo. ¿Cuánto más crees que podrás mantenerte? ¿En qué condiciones? ¿Cuántas muertes más cobrarás en ese intento? ¿No te das cuenta que no puedes triunfar en tu guerra contra un país entero, que tientas un final como el de Mussolini y Clara Petacci, o Kadaffi?

Es tiempo que abras negociaciones con la directiva de la Asamblea Nacional.


Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV


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PATRIA, SOCIALISMO Y MUERTE


PATRIA, SOCIALISMO Y MUERTE,
MUERTE, MUERTE
Luis Marín

El más de medio centenar de muertos acumulados en la más reciente ola de protestas escenificadas en Venezuela se produce sobre el trasfondo de los más de setenta asesinatos por día, que lleva varios años, y nos acerca a la más alta tasa de homicidios por habitante del planeta, sin excluir países en guerra como Afganistán e incluso Siria.

Esta industria del asesinato a gran escala impone una reflexión política considerando que el 99% quedan impunes, lo que implica responsabilidad del Estado tanto por su acción directa porque la mayoría de ellos son perpetrados por las policías, fuerzas armadas y grupos paramilitares, como por omisión de los organismos que se supone deberían perseguir el crimen.

La respuesta más inmediata es que se trata de una política de terrorismo de Estado, que tiene como finalidad el sometimiento de la población, pero también expulsarla del territorio. La cifra de venezolanos desplazado supera ampliamente los dos millones, que si algunos se han ido buscando perspectivas económicas que les han sido arrebatadas aquí, la mayoría lo hace en primer lugar por razones de seguridad.

Esta explicación es consistente con la teoría y práctica del socialismo porque, por ejemplo, Lenin repudiaba el terrorismo de los anarquistas al que descalificaba como acciones individualistas, aisladas; pero en cambio lo justificaba plenamente como parte de las tareas de un ejército en operaciones.

En verdad esta es la política que siempre han aplicado los ejércitos de ocupación sobre la población nativa desde que existe la conquista territorial, el nacionalsocialismo la usó en la Europa ocupada, así como el ejército rojo, los socialistas serbios en los Balcanes, los comunistas cubanos y sus aliados en África.

La segunda reflexión que se impone es filosófica y ya se planteó con motivo del Holocausto (Shoá): ¿Cómo es posible? La barrera que impide la aniquilación de seres de la misma especie, instintiva en cualquier animal porque atiende a su supervivencia, parece dejar de funcionar y en el caso particular de la especie humana, los escrúpulos de conciencia pierden su eficacia.

Nuestro problema es la falta de conexión de los perpetradores con su acción criminal. Por ejemplo, unos sujetos que están en un bar secuestran a los de la mesa de al lado, los llevan a casa, saquean, ruletean, asesinan y echan los cuerpos en un botadero de basura; luego vuelven y se sientan en la misma mesa como si nada hubiera pasado, convencidos de que nada les ocurrirá y dispuestos a hacerlo de nuevo.

La convicción de los autores materiales es que conservarán el anonimato y nadie podrá conectarlos jamás con sus propios actos. Causa perplejidad lo fácil que resulta matar y como algunos sujetos incluso encuentran cierto placer morboso al hacerlo, dejando a un lado la repugnante cobardía de ocultarse para eludir su responsabilidad.

Pero hay autores intelectuales, pongamos por ejemplo el célebre tweet del mayor Francisco Ameliach, ordenando a las “Unidades de Batalla Bolívar-Chávez, a prepararse para el contra ataque fulminante. Diosdado dará la orden. Gringos y fascistas, respeten”. Pero quien resultó abatida fue la reina de belleza Génesis Carmona, además de una docena de escolares abaleados; más tantos otros asesinados en aquellos acontecimientos de febrero de 2014.

Si alguien preguntara: ¿Y dónde están los gringos y fascistas? Habría que responderle: En ninguna parte, salvo en la cabeza de FA, que esa es la fantasía encubridora que les permite creer que están librando otra Batalla de Carabobo contra un imperio formidable, mientras en el mundo real están atropellando unas amas de casa desesperadas y matando a sus hijos indefensos.

Los autores materiales se equivocan, porque siempre es posible reconstruir la secuencia de los crímenes y nadie tiene la impunidad garantizada, siempre hay testigos, desde ellos mismos hasta sus secuaces que pueden traicionarse mutuamente.

Los autores intelectuales también se equivocan, porque los hechos siempre terminan imponiéndose por encima de las mamparas ideológicas.

Y no hay nada más convincente que montones de cadáveres apilados.



EL ESTADO COMUNAL

“Últimamente las palabras dictadura del proletariado han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!” Escribía F. Engels el 18 de marzo de 1891, en el vigésimo aniversario de la Comuna.

La llamada Constituyente Comunal convocada recientemente en Venezuela es un experimento en sentido estricto, político, jurídico, social y desde cualquier otro punto de vista, porque no existe ni ha existido nunca ningún “Estado Comunal”, ni siquiera en Cuba o Corea del Norte; su único referente es teórico, lo que Carlos Marx quiso ver en el episodio de la Comuna de 1871 y que describió a su manera pintoresca como una puesta en escena de su concepción clasista de la historia universal.

Desgraciada o felizmente Marx no desarrolló ninguna teoría de la dictadura, de hecho, después de su Guerra Civil en Francia no se ocupó de la política sino que dirigió todos sus esfuerzos a lo que le parecía más importante, su crítica a la economía política puesto que para él la economía determinaba todo lo demás en cada sociedad histórico concreta.

Los que se vieron obligados a abordar esta tarea fueron sus seguidores, como Lenin con El Estado y la Revolución y Stalin con la edificación del socialismo en un solo país, a contrapelo de sus padres fundadores del marxismo clásico que predicaban la extinción del Estado y el socialismo internacional.

Sólo existen dos tipos de Estado: Federal y Centralista, con las diversas combinaciones que puedan hacerse con ellos, sean repúblicas o monarquías, que era la división tradicional hasta que todos se hicieron constitucionales.

El Estado soviético pretendió ser comunal al principio, de allí la consigna leninista “¡Todo el poder para los soviets!” Pero eso duro menos que la vida de Lenin, la consigna de Stalin es “todo el poder para el partido” y es la que prevalece hasta el día de hoy, incluso en Cuba y Corea del Norte, que son los únicos regímenes estalinistas que sobreviven después del derribo del muro de Berlín.

Así que el llamado Estado Comunal es un recurso de prestidigitador a exhibir hacia el exterior para aparentar que aquí se está haciendo una verdadera revolución y concitar el apoyo de los nostálgicos del comunismo dispersos no sólo por Latinoamérica sino sobre todo en Estados Unidos y Europa.

La situación puede describirse así: un régimen inviable política, económica y socialmente, pero con la firme determinación de impedir que surja cualquier fuerza capaz de sustituirlo en el poder. Por el otro, una oposición con todas las alternativas posibles, pero impotente para desplazar al régimen por vías pacíficas, constitucionales, democráticas, electorales, etcétera, según la camisa de fuerza que se ha autoimpuesto.

Y ese no es su único problema. Frente al desafío de la Constituyente Comunal saltan a decir que esa es una propuesta de “Estado Fascista”, es decir, exactamente lo que no es. El Fascista es un Estado Corporativo, integrado por estamentos profesionales donde los empresarios, terratenientes, comerciantes, gremios, sindicatos, tienen un rol esencial; de hecho, la palabra “comuna” ni siquiera aparece en el discurso político de Mussolini.

Pero esto es apenas un síntoma de la enfermedad ideológica de la oposición oficial, que es tolerada precisamente porque adopta la misma “visión del mundo” del régimen y todos sus prejuicios, así que comparten idéntico lenguaje, se autodefinen “de izquierda” y decir que alguien es “de derecha” es una descalificación cuando no un insulto.

Un alcalde opositor que ha sido secuestrado, citado numerosas veces a organismos de seguridad, sufrido pintas amenazantes en su propia casa, víctima de acoso, persecución e intentos de intimidación acusa al régimen de comportarse ¡como el general Pinochet!

Sería demasiado arduo y repetitivo insistir en las coincidencias que exhibe la oposición oficial con un régimen del que en realidad es complementaria y que limita la lucha a ampliar su zona de influencia, tratando de convencerlo de las virtudes de la alternatividad frente al continuismo, punto en que los comunistas nunca transigirán so pena de dejar de ser marxista-leninistas.

Así se retorna a la contienda entre el absolutismo bolchevique y el oportunismo menchevique: reforma o revolución.

El partido de la libertad está completamente afuera de este juego.



ALMAGRO, AL PAREDÓN

“La justicia militar es a la Justicia lo que la música militar es a la Música”, se dice con frecuencia en Venezuela; con el agravante de que jueces y fiscales siguen atados con sus votos de obediencia y disciplina por lo que la justicia militar es, sin que haya nada peyorativo en ello, una justicia subordinada.

Un principio generalmente aceptado reza que los jueces deben ser imparciales, objetivos y no deben estar sometidos a más constricción que la de su conciencia.

El problema es que los comunistas no creen en ninguno de estos valores: son partisanos por excelencia, su concepción de buena conducta se reduce a seguir la línea del partido. La objetividad es un prejuicio pequeño burgués, porque toda acción supone una toma de posición, a favor o en contra. Si se apela a la conciencia responden que “el ser social determina a la conciencia”, así que solo hay “conciencia de clase”.

No es extraño que el epicentro del conflicto de Almagro sea su vocación por la Justicia por un lado y su fidelidad a la revolución por el otro. Su propuesta es fácil de formular e imposible de cumplir: ser crítico del régimen títere de Maduro y no obstante seguir formando parte del submundo de la izquierda.

Tomemos como ejemplo su más reciente discurso sobre el pase a la justicia militar de manifestantes civiles para observar algunas dificultades de esta posición tan incómoda.

Dice que “los colectivos armados (son) una suerte de camisas negras del fascismo”, asimismo, las acusaciones del gobierno “forman parte de un discurso reaccionario”. Pero lo que uno ve en la realidad es que esos colectivos visten unas franelas rojas estampadas con la imagen del Che Guevara, la misma que exhibe Almagro en su oficina en Washington. Llamar “fascista” a este régimen es mentir deliberadamente.

Almagro no nos dispensa de llamar “bolivariana” a la República, además de a otras organizaciones delictivas a las que denuncia por cometer crímenes atroces, aunque no nos facilita ninguna explicación medianamente jurídica de cómo puede ser una República “bolivariana”, o “islámica” por mencionar otro caso que conoce muy bien.

El itinerario de Almagro arranca del Movimiento de Participación Popular integrante, junto al Partido Comunista, al Socialista y otra veintena de organizaciones, del Frente Amplio del Uruguay, organización fachada del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro, de Raúl Sendic (padre), Pepe Mujica, Tabaré Vázquez y Elbio Rosselli, presidente pro tempore del Consejo de Seguridad de la ONU, quien declaró recién que “el caso de Venezuela no está en la agenda, ni debe estarlo”. ¿Es necesario agregar que son miembros del Foro de Sao Paulo?

Fue embajador en Irán de 1991 a 1996, en la UNESCO en 1998, China de 2007 a 2010 y canciller de Pepe Mujica durante todo su período de 2010 al 2015. Sus actos más destacados son haber gestionado el traslado de prisioneros de Guantánamo al Uruguay, así como un puente para traer refugiados sirios. Fue facilitador del diálogo USA-Cuba que condujo a la apertura de Obama. Pero lo que nos atañe más directamente es que fraguó el ingreso de Chávez al Mercosur.

Le tendió una alfombra roja a Castro para que reingresara a la OEA, oferta que éste rechazó, a pesar de su curiosa declaración de que “la OEA debe entonar un mea culpa por haber excluido a Cuba”. Castro no tiene que pedir perdón por nada, al contrario, si para él la OEA es “el ministerio de colonias de los EEUU”, entonces fatalmente Almagro es su ministro de colonias.

Es de los políticos y diplomáticos capaces de hablar durante horas y escribir cientos de páginas haciendo la radiografía más detallada de la tiranía que devasta a Venezuela sin mencionar ni una vez a Cuba, ni la palabra “comunismo”, siquiera por equivocación, lo cual no deja de ser una especie de proeza aunque no tenga nada de admirable.

La ruptura del MPP, PC y PS con Almagro viene de sus tiempos de canciller en 2012, por  no acompañar una declaración contra el “genocidio” de Israel en Gaza, entonces dijo que no fue consultado, ni debía la cancillería pronunciarse sobre asuntos de partido, sin contar que la declaración no se corresponde con el concepto que el abogado judío y diplomático honorario Rafael Lemkin logró que adoptara la ONU, que equivale a banalizar el término e Israel responde al ataque de miles de cohetes que dispara Hamas desde la franja contra su población civil, por lo que sus actos son en legítima defensa, como se dice, “conforme a Derecho”.

Este tipo de cuestiones pero sobre todo su actuación en la OEA frente al régimen títere de Venezuela son las que llevaron a Pepe Mujica a definirlo como “un abogado, esclavo del Derecho”, como si no entendiera los apremios políticos, por lo que le escribió una carta que concluye diciendo: “Por eso formalmente te digo adiós y me despido”.

El frente interno de Almagro se desintegra y sus aspiraciones que quizás fueran a la Presidencia de Uruguay naufragaron, como en su momento las del también socialista José Miguel Insulza a la de Chile y por razones diametralmente opuestas.

Sigue siendo cierto que no se puede servir sino a un solo Dios y entre la Justicia y la Revolución, pues, hay que elegir.


Luis Marín
19-05-17

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miércoles, 17 de mayo de 2017

LA SECTA



LA SECTA
Humberto García Larralde

Si los que ocupan actualmente el poder exhibiesen la cordura de un ser “normal”, hace rato que se hubieran marchado ante un repudio tan persistente y abrumador como el manifestado por la población venezolana en su contra. En fin de cuentas, lo que se les exige no tiene vuelta atrás: elecciones, libertad para los presos políticos, respeto al ordenamiento legal de la Constitución y canales para la ayuda humanitaria. Pero, como se ha evidenciado tan trágicamente desde el 19 de abril, su respuesta ha sido la represión más brutal y desproporcionada de manifestaciones desarmadas y pacíficas, con más de cuarenta muertos, la casi totalidad de ellos jóvenes que apenas iniciaban sus vidas de adulto.

Tanto salvajismo y crueldad es propio de una secta perversa, que es en lo que ha devenido el chavo-madurismo. Es la forma que asume el fascismo en su fase de implosión. Vaciado ya de contenido popular, ahíto de entusiasmo, incapaz de insuflarle ilusiones a nadie, languidece como un cascarón de clichés y diatribas al vacío. Trata de revivir su época dorada, cuando Chávez insultaba a todo el mundo, prometía el oro y el moro, y la masa ensimismada le aplaudía. Hoy, ese cascarón cobija, dentro de una burbuja construida a base de falsedades repetidas hasta el cansancio, a demagogos populistas insensibles que asesinan para mantenerse en el poder. Los recluye de un país real que airadamente increpa sus fantasías y les exime de tener que enfrentar la dimensión de sus ultrajes.

El constructo ideológico del neofascismo chavo-madurista se apoderó hace años de la mitología comunista. Con ello pretendió arrogarse una supuesta “supremacía moral” que, según el imaginario de izquierda, acompaña a quienes se proyectan como “luchadores contra la opresión” y “campeones del pueblo”. Y Chávez respondió en buena medida a las expectativas a que ello dio lugar mientras la bonanza petrolera le proveyó de abundantes recursos para repartirlos entre la población, a la par que destruía la capacidad productiva interna y desmantelaba las instituciones del Estado de Derecho.

Ahora, cuando los terribles padecimientos de quienes se profesaban ser el objeto de sus luchas desnudan la impostura de tales pretensiones, causa estupor la insistencia con que la dirigencia chavo-madurista se aferra al mismo discurso. Pero no tienen de otra. El dispositivo expoliador que lograron armar a espaldas de la constitución y las leyes no tiene cómo justificarse en un debate democrático abierto. Por tanto, se refugian en sus disparates “redentores” para escamotear la realidad con su propaganda. Pero en un retruque paradójico de las prácticas Goebbelianas que tanto se esmeraron en dominar, ahora que todo está perdido nadie se deja embaucar por sus falsedades. Solo ellos se aferran a éstas.

Y no es que realmente crean sus imposturas: es que constituyen el único refugio que les queda para evadir el implacable juicio que de ellos han hecho los venezolanos. Evocando grandes épicas anti-imperialistas, masajean su propio ego y el de una cúpula militar gorila que los resguarda de la ira popular, para así poder continuar depredando al país sin remordimientos, a pesar de sus terribles consecuencias.

Pero se les hace cada vez más cuesta arriba sostener su teatro. Ante las masivas manifestaciones exigiendo la restitución del hilo constitucional, el cese a la represión y el cambio de gobierno, el chavo-madurismo se ve obligado a malversar dineros públicos para que centenares de autobuses acarreen suficiente gente desde distintos rincones del país, con el fin de montar una ficción de “pueblo” en sus actos. Y ese “pueblo-a-juro”, traído a la fuerza como nos lo hizo patente la directora del Seguro Social, lo anteponen al mayoritario repudio de la población que, por contraste, no es pueblo sino un hatajo de terroristas y desadaptados.

Para remachar esta aberración, se exhiben bailando para pretender que todo está normal, obviando cruelmente que la “normalidad” que defienden se construye sobre el asesinato de venezolanos que claman por sus derechos. En su torpeza más reciente -no aprendieron nada de las sentencias 155 y 156 del tsj espurio-, buscan legitimar una Asamblea Constituyente corporativa, al mejor estilo fascista, con esa ficción de “pueblo”. Los delegados a ésta sólo serán designados de organismos bajo su control, desconociendo así la soberanía popular consagrada en el artículo 5 de la Constitución y la voluntad que ésta depositó en la Asamblea Nacional. Si lo del tsj enardeció a la población, hoy existe la convicción de que Venezuela no tiene vuelta atrás hasta sacar a estos usurpadores sanguinarios.

Se nos ha encaramado una oligarquía sumamente cruel e insensible, dispuesta a mantenerse en el poder a toda costa. Su razón de existir -la expoliación de la riqueza social del país- los lleva a enfrentar irremediablemente a los venezolanos y a condenarlos a niveles crecientes de miseria y desamparo. Se trata de una dictadura de nuevo cuño, refractaria a toda pretensión de actuar en apremio a situaciones de emergencia como excusa para sus desmanes y atropellos.

Se despojan de todo talante de racionalidad política para alardear que el país es de ellos, de la secta, y que de ahí no los saca nadie. Le declaran la guerra al país. Y están claros de que sus perspectivas de éxito penden de la cohesión que pueda brindarles la ideología fascio-comunista y de la complicidad de estamentos corruptos de la cúpula militar. De lo contrario, perderán la manguangua que tanto han disfrutado.

De ahí que, en la medida en que se ven acorralados, huyen hacia adelante. Cuando ya nadie duda del carácter fascista del régimen, se desgañitan acusando a las fuerzas democráticas de “fascistas”. La cabeza del gorilismo, el Gral. Padrino López, invoca a Zamora para proyectar a la fuerza castrense pro-chavista de “anti-oligárquica”, cuando ésta constituye el pilar principal de la nueva oligarquía expoliadora. Someten a civiles demócratas a tribunales militares, montándoles un expediente falso para acusarlos de “traición a la patria”, cuando la vil entrega que han hecho de Venezuela a la dictadura castrista de Cuba está a la vista de todos.

El reposero que hoy ocupa la primera magistratura se la pasa alardeando de ser un “presidente obrero”, la canciller pendenciera anuncia que Venezuela saldrá de la OEA “en defensa del pueblo” y personeros tan conspicuos del fascismo criollo, como Diosdado y El Aissami, aparecen denunciando a una “ultraderecha terrorista” que busca derrocar a la “revolución” (¡¡!!). Desesperados, buscan proyectar en la oposición las lacras que los distinguen, en la vana ilusión de que los referentes de “izquierda” le darán el amparo de la Historia (con mayúscula) que absolvería sus crímenes.

En octubre de 1968, bajo la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, las fuerzas represivas del Estado Mexicano (granaderos) abrieron fuego a mansalva contra estudiantes agolpados en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en demanda pacífica de mayores libertades, la democratización del país y la reforma de las universidades. Masacraron a unos 267 jóvenes y dejaron 1.200 heridos. Tan bárbara y salvaje acción quedó grabada en la memoria latinoamericana como una de las acciones más oprobiosas y criminales de represión que haya visto la región. Particularmente, quedó como condena desde la izquierda a la “dictadura perfecta” del PRI. Recogida en una canción del cantautor chileno, Ángel Parra (México 68https://www.youtube.com/watch?v=yRT7QCzNcLc), dice en uno de sus versos:

“¿Cómo harán los granaderos, cuando llegan a sus casas?
¿Amarán a sus mujeres, con manos ensangrentadas?

Pero esas manchas no salen, ni con jabón, ni con agua.
Te pregunto, granadero: ¿con qué has pensado lavarlas?”

Pues, la secta enferma que hoy mata a jóvenes venezolanos -ya van más de 40 durante el último mes, otros 40 y tantos en 2014- pretende lavar las suyas ¡invocando cínicamente el historial de luchas, tan caras a la izquierda, por la cual dieron su vida los estudiantes mexicanos!  En esta hora tan menguada para su malhadado proyecto, busca resistir la ofensiva popular escamoteando sus crímenes tras una mampara moral “revolucionaria”. No le demos el gusto a la oligarquía milico-civil de evadir el juicio de la historia con tales imposturas y llamémosla, junto al despotismo de la gerontocracia cubana de la que ha sido tan servil, por el nombre con que la humanidad ha maldecido para siempre crímenes de esta naturaleza: ¡¡fascistas!!


Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
15 mayo 2017



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