viernes, 5 de septiembre de 2014

HUMBERTO GARCÍA LARRALDE - EL “SACUDÓN” QUE NO FUE




EL “SACUDÓN” QUE NO FUE

Humberto García Larralde


Antes que nada, dos impresiones generales sobre la presentación del presidente Maduro la noche del martes, 2 de septiembre. En primer lugar, lo patético de ver a un hombre padeciendo frente a las cámaras, dando vueltas durante más de una hora y extendiéndose en naderías para no concretar nada.

¿Es que no le han advertido que lo peor que puede hacer para intentar cimentar su liderazgo es imitar a su predecesor cuando en absoluto tiene “ángel” para ello? ¿No resultaba mejor proyectar la imagen de un mandatario decidido, claro y preciso en lo que se propone hacer en tan solo media hora, en vez de tantear en el estilo coloquial, lleno de digresiones, con que el carismático Chávez divertía a sus fans horas seguidas?

En fin, lo que traslució fue un individuo carente de personalidad y de carácter, sin más recurso que asirse de la tabla de salvación del icono al que le tocó suceder.

Segundo, y conectado con lo anterior, sorprende la imperiosa necesidad de ampararse en muletillas ideológicas para conferirle “autoridad” (¿?) a sus afirmaciones. Pues pasó todo lo contrario, como fue el caso de la idiotez de sugerir –y el chavismo viene repitiendo esto sin rubor alguno- que en la “cuarta” los pobres tenían que comer “perrarina”.

Todo el mundo sabe, salvo quizás los menores que no conocieron ese pasado, que la harina “Pan”, alimento enriquecido con vitaminas y hierro, ¡SIEMPRE fue más barato que la “perrarina”! Ah, pero resulta alegórico de las bondades de la “revolución” y de las maldades de la democracia representativa, proyectar la imagen de un capitalismo cruel e insensible degradando a seres desasistidos a la categoría de perros. De seguidas mencionó los teteros preparados con el agua que quedaba de hervir los espaguetis.

Muy probablemente ello haya sido cierto en distintos momentos para muchas familias. Pero, ¿qué cree el Presidente que están teniendo que hacer ahorita muchísimas familias a diario porque la leche simplemente no se consigue? Se critica la astilla en el ojo ajeno cuando se carga una viga en el propio. Pero, en fin, así es el fascismo. Requiere caerse a embustes construyendo falsas realidades para amparar sus maniqueísmos moralistas y “legitimar” su afán por amasar poder, erigiéndose como salvadores de la Patria. Y de ahí viene la razón de por qué el “sacudón” no fue ni será.

Ya Maduro nos había alertado de su indisposición a enfrentar los ajustes necesarios al afirmar hace algunos días que sus políticas habían mostrado ser “buenas” (¡!) y que no iba a eliminar los controles de precios ni del mercado cambiario. Ello quedó confirmado el martes cuando repitió, ¡a estas alturas del juego y sin el menor empacho!, que todo era culpa de la “guerra económica” de la burguesía contra el pueblo.

Que en este estado de descomposición económica se siga argumentando semejante imbecilidad demuestra dos cosas: 1°, que el gobierno no tiene el más mínimo interés en entender cómo funciona una economía; y 2°, que las consecuencias adversas de este desconocimiento lo tienen sin cuidado. El problema, para ellos, es obviamente otro.

Una inevitable digresión, con el perdón de la inmensa mayoría que lo ha entendido siempre. Cuando se “controla” el precio de un bien o servicio por debajo de su costo, ¡no se produce! Y, obviamente, las penurias producto del acoso al sector privado, las trabas, amenazas arbitrarias y prohibiciones, forman parte de ese costo.

Si el gobierno pretende subsidiar el bien importándolo para evitar su desaparición de los anaqueles, en la ilusa creencia de que la plata y los dólares del petróleo alcanzarán para suplantar el esfuerzo productivo, la situación se agrava, pues introduce distorsiones en los precios que estimulan actividades especulativas. Comprar barato, a precios artificialmente bajos, para vender caro, es un tiro al piso cuando hay una demanda represada por la escasez (y el desbordamiento monetario).

Y si ello ocurre en un ámbito carente de transparencia, en el que no hay rendición de cuentas, en donde los recursos se asignan a discreción por los jerarcas y en el que la Asamblea Nacional y el poder judicial “taparean” toda investigación de chanchullos en atención a una vergonzosa e incondicional lealtad política, sin duda el fenómeno especulativo se dispara aun más. ¿Cómo no entender que los incentivos perversos del sistema de controles, regulaciones y permisos hace mucho más rentable la especulación que ser un empresario honesto que se somete a las reglas de juego disparatadas que impone este régimen?

Es la razón del fracaso, reconocido ampliamente, de la guerra contra las drogas. A mayor represión, mayor es la prima de riesgo del negocio, mayor es la ganancia y más real hay para comprar complicidades. En el fondo, hasta Maduro tiene que saber que los controles de precios son la razón del contrabando y la especulación, y que la verdadera “guerra económica” –contra productores y consumidores- consiste en mantenerlos. Pero el problema, para él, es otro.

Regresando al “sacudón”, ¿Cómo esperar una “revolución productiva” si el gobierno no levanta los controles ni libera el tipo de cambio, con todo lo que implica en términos de los ajustes, fiscal, monetario y financiero que deben acompañarlo? ¿Cómo impulsar las exportaciones y la producción doméstica con un bolívar tan sobrevaluado y con tantas prohibiciones y trabas? Y la “revolución del conocimiento” propuesta, ¿Cómo se va a impulsar con el acoso presupuestario a que se somete a las universidades y con los sueldos tan miserables de los profesores? ¿Cómo cubrir estas carencias y fortalecer la “revolución asistencial” –de las misiones- si se despalillaron los ingresos petroleros?  

Algunas amalgamaciones de ministerios y nuevas vicepresidencias pudieran parecer favorables si se poblasen de profesionales altamente calificados, conocedores de su área, pero con el enroque de las mismas figuras mediocres que han demostrado hasta la saciedad su incompetencia, lo que queda es en realidad más burocracia, con mayores prebendas y emolumentos. Si no hay estrategia alguna de corrección, ¿Cómo esperar que algo bueno salga de tal reacomodo?  

El país se hunde ¡y el Presidente jugando “sillas musicales”! Pero quizás cumpla el propósito de diluir responsabilidades en una masa amorfa de dependencias, “salvando” la responsabilidad (¡!) de quien no se atreve a tomar decisiones.

Porque, como se mencionó antes, el problema –para el gobierno- es otro. No es remediar la tragedia que el mismo urdió, pues esto implica inevitablemente ceder poder y quedar expuesto como su causante. Levantar los controles para desatar la iniciativa privada y empoderar a los ciudadanos –consumidores, trabajadores, comerciantes- para buscarle la mejor solución a los problemas que confrontan, en el marco de un Estado Social de Derecho, enterraría la “revolución”.

Recordemos que a todo régimen fascista le urge inventar “enemigos” para echarle la culpa de sus desafueros y “legitimar” la concentración ilimitada de poder. Y la “guerra económica” y los controles cumplen ese papel. No es que la “revolución” no haya hecho lo necesario para mejorar las condiciones del pueblo; ahí están los bienes y servicios controlados a precios accesibles hasta para los más humildes. ¡Pero salen los apátridas a sabotear este arreglo justo, promoviendo la especulación y el contrabando para desestabilizar el régimen con miras a recuperar sus antiguos privilegios!

En tal estado de indefensión en que colocan al pueblo, se erige el Estado como instrumento justiciero, único garante de los intereses de los pobres. Por tanto, debemos aplaudir que el Estado paternalista instrumente más controles. ¡Captahuellas con todo para asegurar una vida austera, noble y digna para los venezolanos, en consonancia con la elevada ética del “hombre nuevo” socialista, ajeno al consumismo corruptor del capitalismo! Y la Fiscal General anuncia que ha sido apresado un puñado de militares incursos en el contrabando, expresión de la “mano dura” de la revolución contra los ilícitos, obviando que, con los diferenciales de precio, ello es indetenible.

Visto así, Giordani tenía razón: la “revolución” necesita de los pobres para poder mantenerse. Más si se tiene a mano la excusa para achacarle la culpa a las fuerzas opositoras, “agentes de la burguesía y el imperio”, del empobrecimiento que habrá de profundizarse. Y para recordarnos del interés verdadero de todo régimen fascista, sale el más emblemático de todos, Diosdado Cabello, para amenazar que “ni por las malas, ni por las buenas”, entregarán el poder.

Ninguno de los muchos países que disfrutan de estabilidad de precios y de economías boyantes que ofrecen niveles crecientes de empleo productivo, han llegado donde están librando una supuesta “guerra económica” a través de controles y regulaciones. Esta es más bien una fórmula para acaparar poder por parte de una oligarquía expoliadora de la renta petrolera. ¿Se va a “sacudir” esta manguangua?

¿Hasta cuándo vamos a calarnos cuentos de hadas narrados por mafias fascistas personificando ser campeones de los pobres?

Economista
Profesor de la UCV




 


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