lunes, 18 de abril de 2016

GOBERNAR PARA SIEMPRE



Rafael Olbinski


GOBERNAR PARA SIEMPRE
Miguel Aponte

Los marxistas, en todas partes, se proponen “siempre” gobernar “siempre”; perdone la redundancia, pero así es. Está en su lógica y su ADN. Absurdo dondequiera que se le mire, idiotez, locura; y, atención, se lo creen en serio. Pero, pregúntese, ¿a cuenta de qué una idea fija de la sociedad iba a estar vigente para siempre? ¿Y dónde iba a estar escrita esa idea? ¿Y quiénes iban a ser sus “intérpretes” verdaderos? ¿Cómo no terminar matando toda posibilidad de disenso?

¿No estará esto en el origen del totalitarismo soviético, chino, cubano y chavista? ¿No tenía esto que degenerar necesariamente hasta ser sólo argumento vacío de unos vivos para secuestrar el poder? ¿Por qué dondequiera que aparece el marxismo muere la democracia? ¿Por qué arruina todo lo que toca, cual Midas al revés?

¿Se ha preguntado usted por el origen de tanto sinsentido? Las razones son complejas y para nada exclusivas del marxismo. Este, desde su origen, creyó encontrar nada menos que la “ley de la historia”. Tenía que ser así, la época lo exigía: era de necesidad que hubiese una versión sociológica de una ciencia natural que creía que desentrañaría el universo.

Si, como afirmaba Descartes, el hombre vino al mundo para dominar la naturaleza, ¿cómo no esperar que tal dominio abarcara la historia, la sociedad y al hombre mismo? Así que de ese núcleo “cientificista” le viene a la izquierda la manía totalitaria. Marx es también hijo de Descartes y el positivismo moderno, guste o no.

Así, el marxista, que cree poseer la “verdad absoluta”, nunca estimará otras “opiniones”. ¿Para qué? Su razonamiento es: si yo poseo la razón absoluta, tú tienes que adherirla o estar equivocado; si es así, debes ser reeducado o destruido pues vas contra las fuerzas de la historia y la razón. Punto. De aquí a matar la democracia, a usted o a mí, sólo hay un paso o ninguno.


En el siglo XXI el comunismo, reconociendo de hecho su fracaso histórico en lo económico, le propuso matrimonio al capitalismo y entre ambos tramaron, sin ningún escrúpulo, la peor opción para la sociedad: el mercantilismo autoritario o capitalismo despótico, mezcla hasta ahora impensable de capitalismo y comunismo: China es el mejor ejemplo y el vil proyecto venecubano también. En esta transacción entre autoritarismo y mercado, siempre la democracia será sacrificada.

Así pues, el reto es lograr que la sociedad asuma la democracia o caer en el neoautoritarismo del siglo XXI: comunismo político y capitalismo económico, con una clase privada servil a la burocracia política. El positivismo economicista se habría impuesto por fin. Entonces, la pregunta para nosotros, ciudadanos, y, sobre todo, para el liderazgo político democrático es, ¿hay que conformarse o seremos capaces de ahorrarle esta esclavitud a nuestros hijos?

17 de abril 2016

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¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?





¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?
Agustín Blanco Muñoz

No me lo contaron. El grito se escuchó a lo largo de esa barriada: ¡Vamos a lincharlo carajo! El tropel fue inmediato. La cara del muchacho fue tan indescriptible como inolvidable. No llegamos a saber cómo fue apresado ni de dónde salió tan rápido el combustible para convertir una vida en llamas.

Fuimos testigos de  excepción de un supuesto ajusticiamiento que otra voz defendió por ser aplicación de una medida revolucionaria para limpiar la sociedad de malandros, secuestradores, asesinos. Porque nada hacemos con que lo pongan preso y a los días lo suelten para que siga en el robo y el crimen.

Pero de pronto surge la expresión de un disidente: ¿Y por qué no  queman  los delincuentes de arriba que roban como nunca antes y que son   culpables de esta miseria que  padecemos y que, como en Cuba, llaman revolución?  Como respuesta sólo se escuchó un débil “¡por alguna parte había que empezar!”

Este testimonio da la medida de un expaís  en pleno proceso de destrucción. No hay plano que se salve del destrozo. Y por ello,  la desesperación de nuestra suma de individuos es cada vez más intensa. Cada quien juega a la  sobrevivencia.

¿Pero es ésta una revolución a la cubana? Son dos revoluciones que nacen con el sello made in USA y que luego son enfrentadas, vía linchamiento, cuando tratan de ocultar su origen con las banderas del tal antiimperialismo. Ya para el 11A-02 está establecida la relación y los Castro y su G2 intervienen abiertamente en nuestra política.

En 2005 se crea formal y públicamente Venecuba, dos revoluciones en una. Ya en los 60’ linchar a Cuba (con Bahía de los Cochinos y Playa Girón) sirvió para enseñarle a Latinoamérica lo que no se debía hacer y hoy para que se sepa que hay recompensa para quienes rectifican y vuelven al imperio.

Y esta revolución, amenazada de linchamiento, trata a la vez de linchar “por inconstitucionales” a nivel del Tribunal Supremo de Justicia,  leyes, como la Amnistía,  aprobadas por la mayoría opositora  de la Asamblea Nacional.

Sin embargo,  las oposiciones siguen  una labor   cuya finalidad no es clara. ¿Se levanta acaso un expediente para ir en procura de una salida tradicional? ¿Se considera al fin que en un régimen militar-policial-civil no hay salida democrática?

¿Se espera entonces que la Carta Democrática-USA pueda linchar este expaís? Sancho es hora de dar paso al Movimiento de Movimientos para la democracia sin linchamientos. @ablancomuñoz / abm333@gmail.com



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16 de abril del 2016
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sábado, 16 de abril de 2016

QUÉ SUCEDERÍA SI…?



QUÉ SUCEDERÍA SI…?
Miguel Aponte


El país habló con firmeza diciéndole NO a la oferta chavista o, mejor dicho, a sus desechos. El pueblo es sabio a su modo. ¿Qué oferta era esa? ¿Cuál es su valor actualizado, como propuesta filosófica, política, ética y económica? ¿O es que no hace falta llenar unos requisitos mínimos para salir a transformar un país entero? ¿Qué fue esa cosa que llamaron pomposamente “socialismo del siglo XXI”? ¿Es verdad que alguna vez fue algo distinto a la vergüenza actual: puro discurso corrupto? ¿Cómo es que esa mezcla informe y bastarda que es el chavismo “calzó” los puntos para ser abrazada como una “esperanza” de la izquierda latinoamericana y europea?

¿Qué dirá el PCV, Syriza, Podemos y tantos otros “políticos” e “intelectuales” que nos hablaron del futuro rosa de Venezuela bajo Chávez, su reelección indefinida y más? ¿El destino de aquel Paraíso era el Infierno y nadie hablará para que eso que se llama aprendizaje se dé? ¿Nadie se sorprende allí de la incoherencia y el vulgar irrespeto por la experiencia y la historia? ¿Se equivocó alguien? ¿Es que sólo saben cobrar?

Lo que entendemos, intentando rescatar viejas teorías y antiguas discusiones, es que toda aquella reflexión acerca del valor, la distinción entre riqueza y capital, buen vivir, producción, productividad y distribución, fueron sustituidas por el vil populismo, criterios de reparto insostenible, insolente y anacrónico, sin enlace con ninguna de las tradiciones teóricas que supuestamente sustentarían el modelo. Ideológicamente hablando, todo el SSXXI es un argumento de valor nulo: cero, una nada teórica.

Que un “modelo” así -sin filosofía, sin teoría política y, obviamente, sin la más mínima idea de economía- necesariamente tuviera que fracasar era obligatorio; y, sin embargo, que no se escape a las fuerzas democráticas la variable que lo hizo posible por casi 18 años: el ingreso petrolero. La economía no determina, pero apuntala, condiciona.

Si desechamos -por inservible, por insostenible- toda la supuesta “teoría” socialista del siglo XXI, lo que queda es lo que se hizo: más de lo mismo que antes se hizo mal, pero empeorado, llevado hasta sus últimas consecuencias: pragmatismo, populismo, caudillismo, militarismo, ausencia de proyecto nacional, mediocridad y vulgaridad.

Esta verdad como una montaña pesa tanto sobre la izquierda como sobre la derecha venezolana y pone de bulto lo que debería todo mundo reconocer: que ninguna tiene propuesta o que, en la práctica, ambas tienen la misma: administrar el petróleo para dominar al país, es todo. Entonces, pregunte usted al liderazgo democrático, ¿qué sucedería si, de repente, la renta petrolera hiciera posible, nuevamente, financiar el proyecto autoritario chavista por veinte años más? ¿Qué estamos haciendo para evitarlo y no repetir?


Miguel Aponte
10 de abril 2016

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¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?





¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?
Agustín Blanco Muñoz

No me lo contaron. El grito se escuchó a lo largo de esa barriada: ¡Vamos a lincharlo carajo! El tropel fue inmediato. La cara del muchacho fue tan indescriptible como inolvidable. No llegamos a saber cómo fue apresado ni de dónde salió tan rápido el combustible para convertir una vida en llamas.

Fuimos testigos de  excepción de un supuesto ajusticiamiento que otra voz defendió por ser aplicación de una medida revolucionaria para limpiar la sociedad de malandros, secuestradores, asesinos. Porque nada hacemos con que lo pongan preso y a los días lo suelten para que siga en el robo y el crimen.

Pero de pronto surge la expresión de un disidente: ¿Y por qué no  queman  los delincuentes de arriba que roban como nunca antes y que son   culpables de esta miseria que  padecemos y que, como en Cuba, llaman revolución?  Como respuesta sólo se escuchó un débil “¡por alguna parte había que empezar!”

Este testimonio da la medida de un expaís  en pleno proceso de destrucción. No hay plano que se salve del destrozo. Y por ello,  la desesperación de nuestra suma de individuos es cada vez más intensa. Cada quien juega a la  sobrevivencia.

¿Pero es ésta una revolución a la cubana? Son dos revoluciones que nacen con el sello made in USA y que luego son enfrentadas, vía linchamiento, cuando tratan de ocultar su origen con las banderas del tal antiimperialismo. Ya para el 11A-02 está establecida la relación y los Castro y su G2 intervienen abiertamente en nuestra política.

En 2005 se crea formal y públicamente Venecuba, dos revoluciones en una. Ya en los 60’ linchar a Cuba (con Bahía de los Cochinos y Playa Girón) sirvió para enseñarle a Latinoamérica lo que no se debía hacer y hoy para que se sepa que hay recompensa para quienes rectifican y vuelven al imperio.

Y esta revolución, amenazada de linchamiento, trata a la vez de linchar “por inconstitucionales” a nivel del Tribunal Supremo de Justicia,  leyes, como la Amnistía,  aprobadas por la mayoría opositora  de la Asamblea Nacional.

Sin embargo,  las oposiciones siguen  una labor   cuya finalidad no es clara. ¿Se levanta acaso un expediente para ir en procura de una salida tradicional? ¿Se considera al fin que en un régimen militar-policial-civil no hay salida democrática?

¿Se espera entonces que la Carta Democrática-USA pueda linchar este expaís? Sancho es hora de dar paso al Movimiento de Movimientos para la democracia sin linchamientos. @ablancomuñoz / abm333@gmail.com



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16 de abril del 2016
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viernes, 15 de abril de 2016

LA CONTRAOFENSIVA FASCISTA

 

 
LA CONTRAOFENSIVA FASCISTA
Humberto García Larralde

La mayoría de los analistas observan los procesos políticos desde una perspectiva racional. Para ello está la teoría y los procesos históricos e institucionales a partir de los cuales sistematizar sus metodologías de análisis.  Pero la política, cuando se conduce por medios personalistas en medio de un vacío de contrapesos institucionales al poder central, no siempre se atiene a lo que podemos considerar racional.

Ello es más cierto aun cuando se está en presencia de la monopolización del poder por parte de fuerzas fascistas. El caso venezolano es muy ilustrativo al respecto.  

Habiéndose entrampado en un proyecto exageradamente dependiente del ingreso petrolero, el régimen agotó rápidamente las oportunidades que le deparaban los altísimos precios del crudo en el mercado internacional y se quedó a la intemperie, sin cobijo alguno, cuando éstos se desplomaron. Además de haber puesto todos sus huevos en la misma canasta, la “revolución”  había quemado sus naves frente a la economía privada, al destruirla progresivamente.

Nunca tuvo un plan “B” y el terrible costo de su tozudez se manifiesta trágicamente hoy en una angustiosa situación de hambre, desesperación y hasta de fallecidos por no conseguir medicamentos u obtener los tratamientos médicos requeridos. La desidia criminal de tan tamaña irresponsabilidad les valió un repudio masivo de la población, expresado en la contundente derrota que sufrieron en las elecciones legislativas del 6 de diciembre pasado.

Todo indicaría que, en aras de la sobrevivencia del chavismo y de la preservación de sus posiciones de poder, habría interés en controlar los daños, enmendar los errores, reducir vulnerabilidades y reordenar sus fuerzas. Pero aquí es donde se presenta la irracionalidad intrínseca en la naturaleza fascista de este movimiento.

El fascismo no es sustenta en la razón, sino en la pasión. Se legitima invocando epopeyas de un pasado glorioso en el que supuestamente fueron forjadas las virtudes del pueblo. Tales virtudes, mitificadas por el tamiz de reminiscencias selectivas, fundamentan el triunfo de la Nación frente a sus enemigos, por lo que deben recuperarse. Para ello nutre su imaginario de representaciones maniqueas que enfrentan el “bien” con el “mal”, con base en símbolos de esa contienda fundacional. Se forjan construcciones ideológicas que ensalzan el liderazgo resoluto del hombre fuerte y de las ideas que predica.

Éstas expresan, por antonomasia, el interés colectivo superior en torno al cual se amalgama al pueblo en su lucha por rescatar las virtudes anheladas. La lealtad para con ese liderazgo debe sobreponerse, por tanto, a la prosecución del interés individual y los sacrificios involucrados marcarán la formación del Hombre Nuevo. La política se entiende, en este contexto, como una guerra contra quienes encarnan el mal –los enemigos del pueblo, traidores de la patria-, con los cuales no debe haber trato ni negociación posible.

El pueblo, bajo el liderazgo supremo que encarna sus intereses, abdica de su ciudadanía y se subsume en una masa informe que sólo cobra vida en ordenaciones regimentadas para librar batallas contra los enemigos. En éstas, la violencia se justifica, pues se trata de defender los intereses supremos de la patria.

Lo anterior explica por qué, al sufrir una derrota o un tropiezo significativo, lejos de buscar acuerdos que permitan recomponer sus fuerzas y preservar sus avances, el fascismo suele atrincherarse en posiciones extremas que buscan “profundizar la lucha”. La épica termina siendo lo que le da sentido a su política y entrar en acuerdos con el “enemigo” simplemente la desinfla de toda su vitalidad.

Desde luego, detrás de esta intransigencia se cobijan los intereses creados en torno al usufructo ilimitado del poder y que significan oportunidades prácticamente irrestrictas para expoliar la riqueza social. Pero en vez de proyectarse como una élite que explota a un pueblo, la retórica de la “revolución” se camufla en un ideario que permite movilizar a éste en su defensa, porque, por definición encarna una lucha justiciera.

La retórica comunistoide representa hoy la manera más efectiva de esta postura. El control de los medios y una propaganda incesante que falsifica la realidad con base en embustes y medias verdades, construye ante los suyos una única referencia a su proceder. Se genera así un escenario que legitima y refuerza la confrontación intransigente.

Luego de la contundente derrota en las elecciones parlamentarias, Maduro y los suyos cerraron toda posibilidad de entendimiento con la nueva mayoría de la Asamblea Nacional y se propusieron simplemente anular sus potestades -seguramente bajo recomendación cubana-, como hicieron con el triunfo de Ledezma en la Alcaldía Metropolitana. En este empeño urdieron tramposamente una composición aún más sectaria y partidista del tribunal supremo de justicia, violando los procedimientos y criterios establecidos en la constitución para ello, para “invalidar” todo lo que aprobase la nueva representación de la voluntad popular.

Leyes para otorgar títulos de propiedad a los asignatarios de viviendas por la Misión Vivienda, la reforma de la Ley del Banco Central que busca circunscribir sus funciones a la constitución y, ahora, la Ley de Amnistía y Reconciliación, son torpedeadas por un TSJ que, como señala el Chigüire Bipolar, prácticamente declara inconstitucional a la constitución, en defensa de los intereses de sus jefes políticos.

Con un cinismo vomitivo e inhumano, el fascismo achaca a los que ejercían su legítimo derecho a la protesta, la responsabilidad de las 43 muertes del 2014, producidas casi todas por la Guardia Nacional, malandros “colectivizados” y el Sebin. Y declara el general López Padrino que la Ley de Amnistía recién aprobada es "un adefesio jurídico, ético y moral (que) legaliza la violación de los derechos humanos", violando el artículo 328 de la constitución y absolviendo las prácticas represivas del régimen. 


Algunos consideran que reflexiones de este tenor son exageradas y que la caracterización fascista del chavismo en el poder sólo busca descalificarlo. Que no es “político”, que no contribuye al diálogo, que aborta todo entendimiento con el chavismo para salir de esta tragedia. Y la MUD, creyéndose inmersa en un juego de ajedrez con un contrincante racional, se queda sin jugada cuando este riposta con artes marciales mixtas, en las que cualquier golpe es válido. Creo que no se termina de entender contra quien se lucha.

Es menester dejar las ilusiones y llamar las cosas por su nombre. Hay una claque fascista, militar-civil, enquistada en el poder que necesita insuflar la pasión de sus seguidores a través de la confrontación irracional, so pena de perder sus posiciones de privilegio. Decir así las cosas podrá ser más constructivo para forjar entendimientos con sectores chavistas democráticos, asqueados de tanta corrupción pero cautivos de una lealtad manipulada por una ideológica “revolucionaria”.

Humberto García Larralde
economista, profesor de la UCV
15 de abril del 2016


[1] “La guerra  es la paz; / La libertad es la esclavitud; / La ignorancia es la fuerza”. Orwell, George, 1984, editorial Alfa y Omega, República Dominicana, 1984, Pág. 10
[2] Müller, Ingo (2006), Los juristas del horror. La “justicia de Hitler: el pasado que Alemania no puede dejar atrás, Editorial Actum, Caracas.

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¿QUÉ SON LAS COMISIONES DE LA VERDAD?



 ¿QUÉ SON LAS COMISIONES DE LA VERDAD?
Editorial de Analítica
15 de abril del 2016



Son organismos oficiales, no judiciales y con lapsos de vigencia limitados, que se establecen para esclarecer los hechos y causas que se refieren a violaciones de los Derechos Humanos (DDHH). Uno de sus funciones principales es la de escuchar a las víctimas del conflicto de los bandos que estuvieron implicados, por lo cual es fundamental que las personas seleccionadas para integrar dichas comisiones no tengan o hayan tenido vínculo alguno con las partes en conflicto, porque de tenerlo viciarían el proceso al carecer de la objetividad necesaria para cumplir sus funciones.

Un ejemplo importante y exitoso de una Comisión de la Verdad fue el establecido para poner fin a la guerra civil en El Salvador, que estuvo integrada por el ex Presidente de Colombia, Belisario Betancur, el ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Thomas Buerghental  y Reinaldo Figueredo, ex canciller de Venezuela;  la dirección ejecutiva de esa comisión estuvo a cargo de la argentina Tatiana Tappatá de Valdéz, reconocida activista de DDHH. La labor de esa comisión fue tan apreciada que incluso llegó a ser candidata a recibir un Premio Nobel de la Paz.

Otras importantes comisiones de la verdad fueron las de Argentina y de Chile después de la caída de sus dictaduras militares. Destacó también la Comisión Investigadora de la muerte de los periodistas en Uchuraccay: (Enero 1983) integrada por Mario Vargas Llosa, Mario Castro Arenas y Abraham Guzmán Figueroa. En todas estas comisiones prevaleció el criterio de independencia y objetividad entre sus miembros, lo cual ayudó a resolver los conflictos.

Por eso no luce bien la propuesta del actual Gobierno venezolano cuando pretende ahora, después de haber bloqueado a través del Tribunal Supremo de Justicia la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional aprobada por la Asamblea Nacional, sacarse de la manga una Comisión de la Verdad integrada por personalidades afines al régimen, no para resolver la situación actual, sino más bien para justificar su muy criticada, a nivel mundial, decisión de boicotear ese muy necesario instrumento legal, que marca una etapa necesaria para abrir caminos de paz en nuestro país. Lo de invitar a “cuatro representantes de la oposición”,  no es más que un intento cínico de enmascarar el asunto.

Enviado por Emilio Figueredo
15 de abril del 2016
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miércoles, 13 de abril de 2016

LA CONFRONTACIÓN



LA CONFRONTACIÓN
Héctor Espinoza T.

Lamentablemente, el camino escogido por los dirigentes políticos venezolanos para resolver la grave crisis que afecta al País, no ha sido la del entendimiento para concertar un acuerdo que permita conformar un gobierno de emergencia nacional. Han preferido el camino de la confrontación, el que conduce a un enfrentamiento de consecuencias impredecibles.

Nicolás Maduro no ha entendido el mensaje que le envió el País con el resultado de las elecciones del 6 de Diciembre, ese mensaje indica que la mayoría de los venezolanos rechazan las políticas de su gobierno especialmente las de la economía y la seguridad; las cuales junto a la corrupción, han sido factores fundamentales para sumir al País en la grave crisis que ahora se encuentra.

Nicolás Maduro tiene la responsabilidad histórica de evitar que el País siga transitando el camino que lleva al caos y a la destrucción, para ello debe rectificar las políticas antes mencionadas y conformar un gobierno de emergencia nacional en el cual estén representados todos los sectores fundamentales del País.

Este gobierno de emergencia nacional deberá poner en práctica de manera inmediata un plan de emergencia para atender el grave problema del desabastecimiento de alimentos y medicinas, así como de otros rublos indispensables para el buen funcionamiento de las actividades de la sociedad. Al mismo tiempo, la inseguridad y la corrupción son dos males que el gobierno de emergencia nacional deberá atacar de manera prioritaria y contundente.

Un acuerdo nacional que permita la conformación de un gobierno de emergencia nacional es la única alternativa real para sacar al País de su grave crisis.

La pretensión del gobierno de seguir adelante con sus equivocadas políticas, y las de la oposición al pedir la renuncia de Maduro, o de convocar un referéndum revocatorio o una enmienda constitucional para acortar el periodo de mandato, no son opciones que se puedan poner en practica sin que el País pague el costo de la confrontación, un costo que la mayoría de los venezolanos no está dispuesto a pagar.

No deben los dirigentes dejar de lado el tema del costo social, político, económico y moral. Nadie alerta de lo que significa una guerra civil y hacia ella conducen al País; pero esta conducta no es nueva, más bien la historia de la humanidad nos enseña que los hombres siempre repiten el error de primero hacer la guerra para después buscar el entendimiento.

Los hombres de bien, los que creemos en la paz, tenemos la obligación moral de alertar del peligro que significa que el País siga transitando el camino de la confrontación y debemos contribuir al entendimiento entre todos los sectores para sacar al país de su grave crisis.

Miércoles, 9 de Marzo de 2016.

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ESPERANDO EL APAGÓN


El Guri


ESPERANDO EL APAGÓN
Luis Marín

Se está apagando Venezuela y la revolución socialista es el tema que pone en discusión la Cátedra Pío Tamayo de la Universidad Central de Venezuela en su foro realizado el pasado lunes 11, catorce aniversario de los llamados sucesos de abril de 2002.

El contexto es el esperado colapso del sistema hidroeléctrico del Guri que, según todos los pronósticos técnicos, debe alcanzar su cota mínima en apenas dos semanas, lo que traería como consecuencia la interrupción del suministro eléctrico en todo el país.

Para el profesor Víctor Poleo la crisis eléctrica es intencional, un pretexto para capturar renta petrolera mediante el montaje de la estafa eléctrica, que va desde la sobrefacturación en la adquisición de plantas de segunda mano, traídas hasta de Tanzania, los bombillos ahorradores, la entrega del proyecto Tocoma a la empresa Odebrech, concluyendo en la sobreexplotación del complejo hidroeléctrico del Caroní, hasta llevarlo a la extenuación.

Para el chavismo esta es otra consecuencia de la “guerra económica”, que ha devenido en una potencia metafísica que permite explicar desde la escasez de medicinas hasta el nivel de agua de las represas,  pasando por las colas para adquirir alimentos.

Nos toca exponer el apagón institucional cuya expresión más visible es la confrontación cotidiana entre el llamado tribunal supremo de justicia, en su sala constitucional, contra la asamblea nacional, síntoma de causas más profundas, en particular, lo que hemos bautizado como “Justicia Partisana”, otro oxímoron.

El desplazamiento de la controversia política a los tribunales trajo como consecuencia la judicialización de la persecución política; el hecho de que la fiscalía general de la república se convirtiera en un ariete político contra la oposición, de manera que su monopolio de la acción penal no sólo impide que se intenten acciones contra los autores de la estafa eléctrica sino que terminan siendo procesados quienes los denuncien.

En Venezuela es vox populi que primero se encarcela a quien quiera el régimen y luego se busca qué imputarles con resultados a veces francamente estrambóticos.

La máxima según la cual el primer requisito para ser juez es la imparcialidad ha sido invertida a favor de la figura de jueces partisanos, con lo que quien ha salido perdiendo es la justicia.

La justicia revolucionaria es la justicia de partido.

EL ESTADO DEL PARTIDO

Tradicionalmente los Presidentes al asumir el cargo se liberaban de disciplina partidista en beneficio de la idea de que lo eran de toda la Nación y no de una parte de ella, a despecho de que el partido siguiera siendo el soporte político del gobierno y su principal proveedor de personal. Chávez al contrario se mantuvo formalmente como jefe de su movimiento político, actitud cuyas consecuencias no se han valorado suficientemente.

Como en casi toda cuestión esencial, su desenvolvimiento es contradictorio: Insurgió contra el Estado de Partidos siguiendo la letanía bolivariana “si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. La unidad que predicaba Bolívar es bajo su mando, por lo que termina como dictador de Colombia.

Su reticencia hacia los partidos continúa y prefiere hablar de “movimientos” como el Bolivariano 200 y el subsiguiente V República, de hecho, en la Constitución de 1999 al garantizar los derechos políticos de los ciudadanos se habla de asociaciones y organizaciones con fines políticos, pero no de partidos.

No es sino diez años después de haber tomado el poder, cuando ya se ha materializado la ocupación cubana, que se plantea la creación del partido que no por casualidad tiene un nombre semejante al Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, creado por Fidel Castro con la fusión de su Movimiento 26 de julio, el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular; hasta que el Partido Comunista histórico le cede sus banderas para transformarse en Partido Comunista de Cuba, en 1965.

Redacta el artículo 5º de la Constitución en estos términos: “El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la Nación, es la fuerza dirigente superior de la Sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.”

Chávez también fracasó en este punto: los partidos del Polo Patriótico no se disolvieron ni se fusionaron en un partido único, ni siquiera el PCV, que tampoco hubiera tenido sentido que cediera sus banderas y su nombre porque ya la URSS había desaparecido, como los mayores partidos de occidente, el PCI y el PCF.

Tampoco logró proscribir a los demás partidos, como hizo Castro, para establecer un sistema unipartidista, por lo que muy a su pesar el sistema pluralista conservó cierta vigencia, aunque la intención hegemónica ha permanecido en el ambiente.

El núcleo militar originario del movimiento bolivariano y del V república se trasladó íntegramente al nuevo partido, designándose como ideólogo al general de división activo Alberto Müller Rojas, entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA. Para variar, también contradictorio, porque a la vez se quejaba de la politización de las FFAA y decía que eso de militares apolíticos y no deliberantes era la mayor mentira de la democracia representativa.

No debe subestimarse que el vicepresidente del PSUV, segundo después de Maduro, el capitán Diosdado Cabello, califique de “infiltrados” en los organismos públicos a quienes no se identifiquen con su revolución, a manera de rechazo a los valores clásicos de objetividad e imparcialidad en la función pública.

La poca institucionalidad que se había construido en casi un siglo, se destruyó en menos de veinte años.

La mezcolanza de militares, partido, gobierno y Estado es explosiva y venenosa, lo que ocurra primero.

CRIMEN Y REVOLUCIÓN

La revolución, como transgresión radical del orden legal establecido, tiene una relación  originaria con las actividades criminales y así como los revolucionarios son calificados frecuentemente de bandidos, se tiene a los delincuentes como revolucionarios naturales.

Esta relación puede ilustrarse con Lenin antes de la URSS y Putin después de la URSS. El primero nunca ocultó sus simpatías por los bajos fondos, de hecho, se mofaba de los jefes del partido socialdemócrata ruso que manifestaban escrúpulos por sus tratos con el hampa. Veía más potencial revolucionario en la desfachatez de estos marginales que en la hipócrita beatitud de los miembros del comité central imbuidos, según él, de prejuicios pequeño burgueses.

De modo semejante Vladimir Putin le ha concedido patente de corso a las mafias post soviéticas, que aprecia como el potencial creativo de la nueva Rusia. Es licito a estas alturas preguntarse, ¿cuál es la ideología de Vladimir Putin? Más allá de esa suerte de realismo cínico que lo caracteriza.

Sin duda es la mentalidad del crimen organizado transnacional, esa mezcla de escepticismo moral, sentido práctico y absoluta falta de escrúpulos que hace tan eficaces y eficientes a las mafias a nivel global.

Así se pasa del Estado del Partido al Estado de la Mafia, sin solución de continuidad.

La simpatía por el crimen en Venezuela alcanzó nivel académico con Elio Gómez Grillo y sus seguidores, tuvo su administrador en Manuel Quijada, reformador del sistema judicial y su mejor ejecutor en Iris Varela, la ministro de prisiones.

La teoría de la sociedad criminógena es de una sencillez rampante. No hay delincuentes en cuanto tales. Es la sociedad quien se crea sus propios delincuentes, estigmatizando ciertas conductas como criminales, mientras santifica otras quizás peores como, por ejemplo, el comercio y la banca.

En consecuencia, la relación víctima-victimario se invierte; gracias a la revolución, ahora los delincuentes resultan ser las víctimas de la sociedad y más que ser pasibles de sanción son más bien acreedores de protección.

Así como Rafael Caldera en sus tratados de Derecho del Trabajo acuño el concepto del trabajador como débil jurídico digno de protección especial del Estado, Elio Gómez Grillo convirtió al delincuente en débil jurídico igualmente demandante de apoyo.

El resultado es un sistema penal no punitivo (otro contrasentido), se pretende superar la cárcel en una institución protectora del delincuente, se repudia la idea de castigo a favor de la “reinserción”. De aquí al empoderamiento de los Pranes no hay ni un paso.

Si la revolución en sí misma es una larga sucesión de crímenes, asesinatos, robos, secuestros, es comprensible que sus beneficiarios sean ellos mismos criminales.

Un problema, no el único ni el más grave, es que quien pierde es la gente decente.

 Luis Marín
13-04-16

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viernes, 8 de abril de 2016

NO AL CHANTAJE IDEOLÓGICO

César Rengifo




NO AL CHANTAJE IDEOLÓGICO

Humberto García Larralde


Los venezolanos se enfrentan a un gobierno sumamente cruel e inhumano, que da reiteradas muestras de que le importa en absoluto sus penurias. El hambre que se extiende a sectores cada vez más numerosos, las muertes y angustias atribuibles a la ausencia de medicamentos y/o de equipamiento de hospitales, el altísimo índice de criminalidad que sesga vidas inocentes y los padecimientos ocasionados a la población por la escasez generalizada, les resbala.

No es con ellos, señalan, volteando de un lado para otro en busca de culpables, pues por (auto) definición, son “abnegados revolucionarios” defendiendo las conquistas del pueblo ante la arremetida de fuerzas oscuras de la “derecha”. Y así, con el mayor cinismo los más, creyéndose sus embustes los menos, siguen impertérritos con sus políticas empobrecedoras y de progresivo exterminio de la población.

Esta insensibilidad se transforma en burla abierta del sufrimiento de sus coterráneos cuando repiten una y otra vez, como excusa, la suprema estupidez de que el gobierno enfrenta una “guerra económica”.  El último desalmado en mofarse así del pueblo es el embajador ante la OEA, Bernardo Álvarez, al negarse ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a aceptar la ayuda de gobiernos y organismos extranjeros, aduciendo que es irresponsable hablar de una crisis humanitaria en el país, porque lo que existe es ¡la guerra económica!

No hay emergencia sanitaria, no hay desabastecimiento, no hay presos políticos encarcelados de manera fraudulenta, no existe violación de los derechos humanos y no se acepta ninguna ayuda foránea porque, por antonomasia, tales padecimientos no existen en una revolución.

No se despilfarraron los mayores ingresos que registra la historia del país, no se hipotecó el futuro de los venezolanos con deudas gigantescas y subastando recursos del subsuelo a cambio de unos churupos para estirar la arruga, no se quebraron las empresas públicas por robo y negligencia, ni se dejó deteriorar los servicios públicos por desidia (y robo). Así que, en nombre de la única “verdad” admisible, a seguir arruinando al país, “la Historia nos absolverá” y ¡”pa’atrás ni pa’ coger impulso”!

Causa suma indignación tanto cinismo e indolencia para con el sufrimiento de la gente. Y aunque ya casi nadie cree en la idiotez de la guerra económica, ello no es consuelo. Preocupa que no emerja una opción clara, contundente, que haga saber a los venezolanos que esta situación no es una fatalidad, que puede mejorar significativamente y en un plazo menos distante de lo que muchos creen, con unas políticas coherentes y un equipo calificado de gobierno.

Es menester proponer de manera decidida las tres condiciones básicas, ineludibles, para atajar de inmediato la caída del nivel de vida de los venezolanos y abrirle posibilidades de recuperar su futuro que, por fuerza, implicarían un gobierno de transición. Estas tres condiciones son:

1)   la concertación, lo más pronto posible de un generoso financiamiento internacional, en el orden de los $30 a 40 millardos;

2)   la privatización de empresas públicas que son un desaguadero de dinero y sin la cual no es posible sanear las cuentas fiscales; y

3)   el desmontaje de los controles y regulaciones que aplastan a las   actividades económicas.  

Las primeras dos son imprescindibles para unificar el tipo de cambio y liberar el acceso a la divisa. Sin ello, no podrá superarse el estrangulamiento externo que impide importar insumos, repuestos y equipos para la actividad productiva, base para lograr el abastecimiento interno y la generación de empleos bien remunerados.

La tercera es imprescindible para liberar las fuerzas productivas, y promover la competencia y la racionalización de las actividades económicas. Las tres, junto a un programa de estabilización macroeconómica, son pilares de un programa para abatir la inflación.

Sabemos que la oligarquía en el poder se opondrá con uña y dientes a desmontar los controles, privatizar empresas que vacían las arcas públicas y negociar empréstitos internacionales que exigen poner orden en la casa, porque con ello se desmontarían las bases de sus muy lucrativas actividades corruptas, de expoliación de la riqueza social. Pero si bien se les ha caído la máscara de redentores para justificar esta postura, siguen contando con el chantaje ideológico enraizado en la cultura política nacional, que les permite estigmatizar estas medidas. Así, todo asomo de negociación con el FMI, único ente en capacidad de otorgar el financiamiento requerido, y la privatización de empresas públicas que desangran las finanzas del Estado, son repudiadas por Maduro por “neoliberales”.

Apela, con ello, a toda una carga valorativa que hemos cultivado los venezolanos bajo gobiernos populistas adecos y copeyanos, y bajo el actual régimen fascista de Chávez-Maduro, en la que ambas medidas se asocian a un deterioro de las condiciones de vida de la población a causa de la "entrega del país a intereses privados, nacionales y foráneos". A papá Estado, por más corrupto e ineficaz que sea, se le tiene que permitir que intervenga en todo y gaste a mano suelta porque, por antonomasia, es el único que representa los intereses del pueblo.


Por supuesto que tal financiamiento se condiciona a que el país haga los ajustes macroeconómicos que aseguren su reembolso en el tiempo. Y ello se centra en el saneamiento de las cuentas públicas que implica, como elemento central, que el estado se desembarace de empresas quebradas que requieren transferencias permanentes para subsistir. Así se liberarán los recursos para compensar a los sectores vulnerables que pudiesen verse afectados por un programa de transición.

¿Cómo es posible que los voceros democráticos no sean capaces de defender estas ideas de manera abierta, para lo cual sobran argumentos y datos empíricos? ¿Cómo no defender que contar con unos 30 – 35 millardos de dólares de un organismo financiero internacional en calidad de préstamo es algo que beneficia a los venezolanos con abastecimiento, producción y empleo? ¿Hasta cuándo el chantaje ideológico del populismo – fascismo?

Humberto García Larralde
Economista, profesor de la UCV
07 de abril del 2016



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