lunes, 18 de abril de 2016
GOBERNAR PARA SIEMPRE
Rafael Olbinski
GOBERNAR PARA SIEMPRE
Miguel Aponte
Los marxistas, en todas partes, se proponen
“siempre” gobernar “siempre”; perdone la redundancia, pero así es. Está en su
lógica y su ADN. Absurdo dondequiera que se le mire, idiotez, locura; y,
atención, se lo creen en serio. Pero, pregúntese, ¿a cuenta de qué una idea
fija de la sociedad iba a estar vigente para siempre? ¿Y dónde iba a estar
escrita esa idea? ¿Y quiénes iban a ser sus “intérpretes” verdaderos? ¿Cómo no
terminar matando toda posibilidad de disenso?
¿No estará esto en el origen del totalitarismo
soviético, chino, cubano y chavista? ¿No tenía esto que degenerar
necesariamente hasta ser sólo argumento vacío de unos vivos para secuestrar el
poder? ¿Por qué dondequiera que aparece el marxismo muere la democracia? ¿Por
qué arruina todo lo que toca, cual Midas al revés?
¿Se ha preguntado usted por el origen de tanto
sinsentido? Las razones son complejas y para nada exclusivas del marxismo.
Este, desde su origen, creyó encontrar nada menos que la “ley de la historia”.
Tenía que ser así, la época lo exigía: era de necesidad que hubiese una versión
sociológica de una ciencia natural que creía que desentrañaría el universo.
Si, como afirmaba Descartes, el hombre vino al mundo
para dominar la naturaleza, ¿cómo no esperar que tal dominio abarcara la
historia, la sociedad y al hombre mismo? Así que de ese núcleo “cientificista”
le viene a la izquierda la manía totalitaria. Marx es también hijo de Descartes
y el positivismo moderno, guste o no.
Así, el marxista, que cree poseer la “verdad
absoluta”, nunca estimará otras “opiniones”. ¿Para qué? Su razonamiento es: si
yo poseo la razón absoluta, tú tienes que adherirla o estar equivocado; si es
así, debes ser reeducado o destruido pues vas contra las fuerzas de la historia
y la razón. Punto. De aquí a matar la democracia, a usted o a mí, sólo hay un
paso o ninguno.
En el siglo XXI el comunismo, reconociendo de hecho su
fracaso histórico en lo económico, le propuso matrimonio al capitalismo y entre
ambos tramaron, sin ningún escrúpulo, la peor opción para la sociedad: el
mercantilismo autoritario o capitalismo despótico, mezcla hasta ahora
impensable de capitalismo y comunismo: China es el mejor ejemplo y el vil
proyecto venecubano también. En esta transacción entre autoritarismo y mercado,
siempre la democracia será sacrificada.
Así pues, el reto es lograr que la sociedad asuma la
democracia o caer en el neoautoritarismo del siglo XXI: comunismo político y
capitalismo económico, con una clase privada servil a la burocracia política.
El positivismo economicista se habría impuesto por fin. Entonces, la pregunta
para nosotros, ciudadanos, y, sobre todo, para el liderazgo político
democrático es, ¿hay que conformarse o seremos capaces de ahorrarle esta
esclavitud a nuestros hijos?
17 de abril 2016
¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?
¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?
Agustín Blanco Muñoz
No me lo contaron. El grito se escuchó a lo largo de esa barriada: ¡Vamos a lincharlo carajo! El tropel fue inmediato. La cara del muchacho fue tan indescriptible como inolvidable. No llegamos a saber cómo fue apresado ni de dónde salió tan rápido el combustible para convertir una vida en llamas.
Fuimos testigos de excepción de un supuesto ajusticiamiento que otra voz defendió por ser aplicación de una medida revolucionaria para limpiar la sociedad de malandros, secuestradores, asesinos. Porque nada hacemos con que lo pongan preso y a los días lo suelten para que siga en el robo y el crimen.
Pero de pronto surge la expresión de un disidente: ¿Y por qué no queman los delincuentes de arriba que roban como nunca antes y que son culpables de esta miseria que padecemos y que, como en Cuba, llaman revolución? Como respuesta sólo se escuchó un débil “¡por alguna parte había que empezar!”
Este testimonio da la medida de un expaís en pleno proceso de destrucción. No hay plano que se salve del destrozo. Y por ello, la desesperación de nuestra suma de individuos es cada vez más intensa. Cada quien juega a la sobrevivencia.
¿Pero es ésta una revolución a la cubana? Son dos revoluciones que nacen con el sello made in USA y que luego son enfrentadas, vía linchamiento, cuando tratan de ocultar su origen con las banderas del tal antiimperialismo. Ya para el 11A-02 está establecida la relación y los Castro y su G2 intervienen abiertamente en nuestra política.
En 2005 se crea formal y públicamente Venecuba, dos revoluciones en una. Ya en los 60’ linchar a Cuba (con Bahía de los Cochinos y Playa Girón) sirvió para enseñarle a Latinoamérica lo que no se debía hacer y hoy para que se sepa que hay recompensa para quienes rectifican y vuelven al imperio.
Y esta revolución, amenazada de linchamiento, trata a la vez de linchar “por inconstitucionales” a nivel del Tribunal Supremo de Justicia, leyes, como la Amnistía, aprobadas por la mayoría opositora de la Asamblea Nacional.
Sin embargo, las oposiciones siguen una labor cuya finalidad no es clara. ¿Se levanta acaso un expediente para ir en procura de una salida tradicional? ¿Se considera al fin que en un régimen militar-policial-civil no hay salida democrática?
¿Se espera entonces que la Carta Democrática-USA pueda linchar este expaís? Sancho es hora de dar paso al Movimiento de Movimientos para la democracia sin linchamientos. @ablancomuñoz / abm333@gmail.com
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16 de abril del 2016
sábado, 16 de abril de 2016
QUÉ SUCEDERÍA SI…?
QUÉ SUCEDERÍA SI…?
Miguel Aponte
El país habló con
firmeza diciéndole NO a la oferta chavista o, mejor dicho, a sus desechos. El
pueblo es sabio a su modo. ¿Qué oferta era esa? ¿Cuál es su valor actualizado,
como propuesta filosófica, política, ética y económica? ¿O es que no hace falta
llenar unos requisitos mínimos para salir a transformar un país entero? ¿Qué
fue esa cosa que llamaron pomposamente “socialismo del siglo XXI”? ¿Es verdad
que alguna vez fue algo distinto a la vergüenza actual: puro discurso corrupto?
¿Cómo es que esa mezcla informe y bastarda que es el chavismo “calzó” los
puntos para ser abrazada como una “esperanza” de la izquierda latinoamericana y
europea?
¿Qué dirá el PCV,
Syriza, Podemos y tantos otros “políticos” e “intelectuales” que nos hablaron
del futuro rosa de Venezuela bajo Chávez, su reelección indefinida y más? ¿El
destino de aquel Paraíso era el Infierno y nadie hablará para que eso que se
llama aprendizaje se dé? ¿Nadie se sorprende allí de la incoherencia y el
vulgar irrespeto por la experiencia y la historia? ¿Se equivocó alguien? ¿Es
que sólo saben cobrar?
Lo que entendemos,
intentando rescatar viejas teorías y antiguas discusiones, es que toda aquella
reflexión acerca del valor, la distinción entre riqueza y capital, buen vivir,
producción, productividad y distribución, fueron sustituidas por el vil populismo,
criterios de reparto insostenible, insolente y anacrónico, sin enlace con
ninguna de las tradiciones teóricas que supuestamente sustentarían el modelo.
Ideológicamente hablando, todo el SSXXI es un argumento de valor nulo: cero,
una nada teórica.
Que un “modelo” así
-sin filosofía, sin teoría política y, obviamente, sin la más mínima idea de
economía- necesariamente tuviera que fracasar era obligatorio; y, sin embargo,
que no se escape a las fuerzas democráticas la variable que lo hizo posible por
casi 18 años: el ingreso petrolero. La economía no determina, pero apuntala,
condiciona.
Si desechamos -por
inservible, por insostenible- toda la supuesta “teoría” socialista del siglo
XXI, lo que queda es lo que se hizo: más de lo mismo que antes se hizo mal,
pero empeorado, llevado hasta sus últimas consecuencias: pragmatismo,
populismo, caudillismo, militarismo, ausencia de proyecto nacional, mediocridad
y vulgaridad.
Esta verdad como una
montaña pesa tanto sobre la izquierda como sobre la derecha venezolana y pone
de bulto lo que debería todo mundo reconocer: que ninguna tiene propuesta o
que, en la práctica, ambas tienen la misma: administrar el petróleo para
dominar al país, es todo. Entonces, pregunte usted al liderazgo democrático,
¿qué sucedería si, de repente, la renta petrolera hiciera posible, nuevamente,
financiar el proyecto autoritario chavista por veinte años más? ¿Qué estamos haciendo para evitarlo y no
repetir?
Miguel Aponte
10 de abril 2016
¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?
¿HASTA CUÁNDO LINCHAMIENTOS?
Agustín Blanco Muñoz
No me lo contaron. El grito se escuchó a lo largo de esa barriada: ¡Vamos a lincharlo carajo! El tropel fue inmediato. La cara del muchacho fue tan indescriptible como inolvidable. No llegamos a saber cómo fue apresado ni de dónde salió tan rápido el combustible para convertir una vida en llamas.
Fuimos testigos de excepción de un supuesto ajusticiamiento que otra voz defendió por ser aplicación de una medida revolucionaria para limpiar la sociedad de malandros, secuestradores, asesinos. Porque nada hacemos con que lo pongan preso y a los días lo suelten para que siga en el robo y el crimen.
Pero de pronto surge la expresión de un disidente: ¿Y por qué no queman los delincuentes de arriba que roban como nunca antes y que son culpables de esta miseria que padecemos y que, como en Cuba, llaman revolución? Como respuesta sólo se escuchó un débil “¡por alguna parte había que empezar!”
Este testimonio da la medida de un expaís en pleno proceso de destrucción. No hay plano que se salve del destrozo. Y por ello, la desesperación de nuestra suma de individuos es cada vez más intensa. Cada quien juega a la sobrevivencia.
¿Pero es ésta una revolución a la cubana? Son dos revoluciones que nacen con el sello made in USA y que luego son enfrentadas, vía linchamiento, cuando tratan de ocultar su origen con las banderas del tal antiimperialismo. Ya para el 11A-02 está establecida la relación y los Castro y su G2 intervienen abiertamente en nuestra política.
En 2005 se crea formal y públicamente Venecuba, dos revoluciones en una. Ya en los 60’ linchar a Cuba (con Bahía de los Cochinos y Playa Girón) sirvió para enseñarle a Latinoamérica lo que no se debía hacer y hoy para que se sepa que hay recompensa para quienes rectifican y vuelven al imperio.
Y esta revolución, amenazada de linchamiento, trata a la vez de linchar “por inconstitucionales” a nivel del Tribunal Supremo de Justicia, leyes, como la Amnistía, aprobadas por la mayoría opositora de la Asamblea Nacional.
Sin embargo, las oposiciones siguen una labor cuya finalidad no es clara. ¿Se levanta acaso un expediente para ir en procura de una salida tradicional? ¿Se considera al fin que en un régimen militar-policial-civil no hay salida democrática?
¿Se espera entonces que la Carta Democrática-USA pueda linchar este expaís? Sancho es hora de dar paso al Movimiento de Movimientos para la democracia sin linchamientos. @ablancomuñoz / abm333@gmail.com
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16 de abril del 2016
viernes, 15 de abril de 2016
LA CONTRAOFENSIVA FASCISTA
LA CONTRAOFENSIVA FASCISTA
Humberto García Larralde
La mayoría de los analistas observan los
procesos políticos desde una perspectiva racional. Para ello está la teoría y
los procesos históricos e institucionales a partir de los cuales sistematizar
sus metodologías de análisis. Pero la política, cuando se conduce por
medios personalistas en medio de un vacío de contrapesos institucionales al
poder central, no siempre se atiene a lo que podemos considerar racional.
Ello es más cierto aun cuando se está en
presencia de la monopolización del poder por parte de fuerzas fascistas. El
caso venezolano es muy ilustrativo al respecto.
Habiéndose entrampado en un proyecto
exageradamente dependiente del ingreso petrolero, el régimen agotó rápidamente
las oportunidades que le deparaban los altísimos precios del crudo en el
mercado internacional y se quedó a la intemperie, sin cobijo alguno, cuando
éstos se desplomaron. Además de haber puesto todos sus huevos en la misma
canasta, la “revolución” había quemado sus naves frente a la economía
privada, al destruirla progresivamente.
Nunca tuvo un plan “B” y el terrible
costo de su tozudez se manifiesta trágicamente hoy en una angustiosa situación
de hambre, desesperación y hasta de fallecidos por no conseguir medicamentos u
obtener los tratamientos médicos requeridos. La desidia criminal de tan tamaña
irresponsabilidad les valió un repudio masivo de la población, expresado en la
contundente derrota que sufrieron en las elecciones legislativas del 6 de
diciembre pasado.
Todo indicaría que, en aras de la
sobrevivencia del chavismo y de la preservación de sus posiciones de poder,
habría interés en controlar los daños, enmendar los errores, reducir
vulnerabilidades y reordenar sus fuerzas. Pero aquí es donde se presenta la
irracionalidad intrínseca en la naturaleza fascista de este movimiento.
El fascismo no es sustenta en la razón,
sino en la pasión. Se legitima invocando epopeyas de un pasado glorioso en el
que supuestamente fueron forjadas las virtudes del pueblo. Tales virtudes,
mitificadas por el tamiz de reminiscencias selectivas, fundamentan el triunfo
de la Nación frente a sus enemigos, por lo que deben recuperarse. Para ello
nutre su imaginario de representaciones maniqueas que enfrentan el “bien” con
el “mal”, con base en símbolos de esa contienda fundacional. Se forjan
construcciones ideológicas que ensalzan el liderazgo resoluto del hombre fuerte
y de las ideas que predica.
Éstas expresan, por antonomasia, el
interés colectivo superior en torno al cual se amalgama al pueblo en su lucha
por rescatar las virtudes anheladas. La lealtad para con ese liderazgo debe
sobreponerse, por tanto, a la prosecución del interés individual y los
sacrificios involucrados marcarán la formación del Hombre Nuevo. La política se
entiende, en este contexto, como una guerra contra quienes encarnan el mal –los
enemigos del pueblo, traidores de la patria-, con los cuales no debe haber
trato ni negociación posible.
El pueblo, bajo el liderazgo supremo que
encarna sus intereses, abdica de su ciudadanía y se subsume en una masa informe
que sólo cobra vida en ordenaciones regimentadas para librar batallas contra
los enemigos. En éstas, la violencia se justifica, pues se trata de defender
los intereses supremos de la patria.
Lo anterior explica por qué, al sufrir
una derrota o un tropiezo significativo, lejos de buscar acuerdos que permitan
recomponer sus fuerzas y preservar sus avances, el fascismo suele atrincherarse
en posiciones extremas que buscan “profundizar la lucha”. La épica termina
siendo lo que le da sentido a su política y entrar en acuerdos con el “enemigo”
simplemente la desinfla de toda su vitalidad.
Desde luego, detrás de esta
intransigencia se cobijan los intereses creados en torno al usufructo ilimitado
del poder y que significan oportunidades prácticamente irrestrictas para
expoliar la riqueza social. Pero en vez de proyectarse como una élite que
explota a un pueblo, la retórica de la “revolución” se camufla en un ideario
que permite movilizar a éste en su defensa, porque, por definición encarna una
lucha justiciera.
La retórica comunistoide representa hoy
la manera más efectiva de esta postura. El control de los medios y una
propaganda incesante que falsifica la realidad con base en embustes y medias
verdades, construye ante los suyos una única referencia a su proceder. Se
genera así un escenario que legitima y refuerza la confrontación intransigente.
Luego de la contundente derrota en las
elecciones parlamentarias, Maduro y los suyos cerraron toda posibilidad de
entendimiento con la nueva mayoría de la Asamblea Nacional y se propusieron
simplemente anular sus potestades -seguramente bajo recomendación cubana-, como
hicieron con el triunfo de Ledezma en la Alcaldía Metropolitana. En este empeño
urdieron tramposamente una composición aún más sectaria y partidista del
tribunal supremo de justicia, violando los procedimientos y criterios
establecidos en la constitución para ello, para “invalidar” todo lo que
aprobase la nueva representación de la voluntad popular.
Leyes para otorgar títulos de propiedad
a los asignatarios de viviendas por la Misión Vivienda, la reforma de la Ley
del Banco Central que busca circunscribir sus funciones a la constitución y,
ahora, la Ley de Amnistía y Reconciliación, son torpedeadas por un TSJ
que, como señala el Chigüire Bipolar, prácticamente declara inconstitucional a
la constitución, en defensa de los intereses de sus jefes políticos.
Con un cinismo vomitivo e inhumano, el
fascismo achaca a los que ejercían su legítimo derecho a la protesta, la
responsabilidad de las 43 muertes del 2014, producidas casi todas por la
Guardia Nacional, malandros “colectivizados” y el Sebin. Y declara el general
López Padrino que la Ley de Amnistía recién aprobada es "un
adefesio jurídico, ético y moral (que) legaliza la violación de los derechos
humanos", violando el artículo 328 de la constitución y absolviendo
las prácticas represivas del régimen.
¡Señores, la novela de Orwell, 1984, no
es fantasía y el único imaginario admisible se expresa en la “neolengua”[1] oficial! Más allá de
la criminalización de la protesta, y del asesinato de los derechos y de las
garantías constitucionales por parte de los “Juristas del Horror”[2], se incita
a turbas resentidas y envenenadas por discursos de odio, para que impidan
violentamente la entrega de la solicitud de apertura del Referendo Revocatorio
ante el CNE. Y Freddy Bernal sale declarando que la marcha convocada por la MUD
para el 19 de abril parece “estar buscando unos muertos”.
Algunos consideran que
reflexiones de este tenor son exageradas y que la caracterización fascista del
chavismo en el poder sólo busca descalificarlo. Que no es “político”, que no
contribuye al diálogo, que aborta todo entendimiento con el chavismo para salir
de esta tragedia. Y la MUD, creyéndose inmersa en un juego de ajedrez con un
contrincante racional, se queda sin jugada cuando este riposta con artes
marciales mixtas, en las que cualquier golpe es válido. Creo que no se termina
de entender contra quien se lucha.
Es menester dejar las
ilusiones y llamar las cosas por su nombre. Hay una claque fascista,
militar-civil, enquistada en el poder que necesita insuflar la pasión de sus
seguidores a través de la confrontación irracional, so pena de perder sus
posiciones de privilegio. Decir así las cosas podrá ser más constructivo para
forjar entendimientos con sectores chavistas democráticos, asqueados de tanta
corrupción pero cautivos de una lealtad manipulada por una ideológica
“revolucionaria”.
Humberto García
Larralde
economista, profesor
de la UCV
15 de abril del 2016
[1] “La
guerra es la paz; / La libertad es la esclavitud; / La ignorancia es la
fuerza”. Orwell, George, 1984, editorial Alfa y Omega,
República Dominicana, 1984, Pág. 10
[2] Müller, Ingo (2006), Los
juristas del horror. La “justicia de Hitler: el pasado que Alemania no puede
dejar atrás, Editorial Actum, Caracas.
¿QUÉ SON LAS COMISIONES DE LA VERDAD?
¿QUÉ SON LAS COMISIONES DE LA VERDAD?
Editorial de Analítica
15 de abril del 2016
Son organismos oficiales, no judiciales y con lapsos
de vigencia limitados, que se establecen para esclarecer los hechos y causas
que se refieren a violaciones de los Derechos Humanos (DDHH). Uno de sus
funciones principales es la de escuchar a las víctimas del conflicto de los
bandos que estuvieron implicados, por lo cual es fundamental que las personas
seleccionadas para integrar dichas comisiones no tengan o hayan tenido vínculo
alguno con las partes en conflicto, porque de tenerlo viciarían el proceso al
carecer de la objetividad necesaria para cumplir sus funciones.
Un ejemplo importante y exitoso de una Comisión de la
Verdad fue el establecido para poner fin a la guerra civil en El Salvador, que
estuvo integrada por el ex Presidente de Colombia, Belisario Betancur, el ex
presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Thomas
Buerghental y Reinaldo Figueredo, ex canciller de Venezuela; la
dirección ejecutiva de esa comisión estuvo a cargo de la argentina Tatiana
Tappatá de Valdéz, reconocida activista de DDHH. La labor de esa comisión fue
tan apreciada que incluso llegó a ser candidata a recibir un Premio Nobel de la
Paz.
Otras importantes comisiones de la verdad fueron las
de Argentina y de Chile después de la caída de sus dictaduras militares.
Destacó también la Comisión Investigadora de la muerte de los periodistas en
Uchuraccay: (Enero 1983) integrada por Mario Vargas Llosa, Mario Castro Arenas
y Abraham Guzmán Figueroa. En todas estas comisiones prevaleció el criterio de
independencia y objetividad entre sus miembros, lo cual ayudó a resolver los
conflictos.
Por eso no luce bien la propuesta
del actual Gobierno venezolano cuando pretende ahora, después de haber
bloqueado a través del Tribunal Supremo de Justicia la Ley de Amnistía y
Reconciliación Nacional aprobada por la Asamblea Nacional, sacarse de la manga
una Comisión de la Verdad integrada por personalidades afines al régimen, no
para resolver la situación actual, sino más bien para justificar su muy
criticada, a nivel mundial, decisión de boicotear ese muy necesario instrumento
legal, que marca una etapa necesaria para abrir caminos de paz en nuestro país.
Lo de invitar a “cuatro representantes de la oposición”, no es más que un
intento cínico de enmascarar el asunto.
Enviado por Emilio Figueredo
15 de abril del 2016
miércoles, 13 de abril de 2016
LA CONFRONTACIÓN
LA
CONFRONTACIÓN
Héctor Espinoza
T.
Lamentablemente, el camino escogido por los dirigentes
políticos venezolanos para resolver la grave crisis que afecta al País, no ha
sido la del entendimiento para concertar un acuerdo que permita conformar un
gobierno de emergencia nacional. Han preferido el camino de la confrontación,
el que conduce a un enfrentamiento de consecuencias impredecibles.
Nicolás Maduro no ha entendido el mensaje que le envió
el País con el resultado de las elecciones del 6 de Diciembre, ese mensaje
indica que la mayoría de los venezolanos rechazan las políticas de su gobierno
especialmente las de la economía y la seguridad; las cuales junto a la
corrupción, han sido factores fundamentales para sumir al País en la grave
crisis que ahora se encuentra.
Nicolás Maduro tiene la responsabilidad histórica de
evitar que el País siga transitando el camino que lleva al caos y a la
destrucción, para ello debe rectificar las políticas antes mencionadas y
conformar un gobierno de emergencia nacional en el cual estén representados
todos los sectores fundamentales del País.
Este gobierno de emergencia nacional deberá poner en práctica
de manera inmediata un plan de emergencia para atender el grave problema del
desabastecimiento de alimentos y medicinas, así como de otros rublos
indispensables para el buen funcionamiento de las actividades de la sociedad.
Al mismo tiempo, la inseguridad y la corrupción son dos males que el gobierno
de emergencia nacional deberá atacar de manera prioritaria y contundente.
Un acuerdo nacional que permita la conformación de un
gobierno de emergencia nacional es la única alternativa real para sacar al País
de su grave crisis.
La pretensión del gobierno de seguir adelante con sus
equivocadas políticas, y las de la oposición al pedir la renuncia de Maduro, o
de convocar un referéndum revocatorio o una enmienda constitucional para
acortar el periodo de mandato, no son opciones que se puedan poner en practica
sin que el País pague el costo de la confrontación, un costo que la mayoría de
los venezolanos no está dispuesto a pagar.
No deben los dirigentes dejar de lado el tema del
costo social, político, económico y moral. Nadie alerta de lo que significa una
guerra civil y hacia ella conducen al País; pero esta conducta no es nueva, más
bien la historia de la humanidad nos enseña que los hombres siempre repiten el
error de primero hacer la guerra para después buscar el entendimiento.
Los hombres de bien, los que creemos en la paz,
tenemos la obligación moral de alertar del peligro que significa que el País
siga transitando el camino de la confrontación y debemos contribuir al
entendimiento entre todos los sectores para sacar al país de su grave crisis.
Miércoles, 9 de Marzo de 2016.
Etiquetas:
Héctor Espinoza - La confrontación,
Venezuela 2016
ESPERANDO EL APAGÓN
El Guri
ESPERANDO EL APAGÓN
Luis Marín
Se está apagando Venezuela y la revolución socialista
es el tema que pone en discusión la Cátedra Pío Tamayo de la Universidad
Central de Venezuela en su foro realizado el pasado lunes 11, catorce
aniversario de los llamados sucesos de abril de 2002.
El contexto es el esperado colapso del sistema
hidroeléctrico del Guri que, según todos los pronósticos técnicos, debe
alcanzar su cota mínima en apenas dos semanas, lo que traería como consecuencia
la interrupción del suministro eléctrico en todo el país.
Para el profesor Víctor Poleo la crisis eléctrica es
intencional, un pretexto para capturar renta petrolera mediante el montaje de la
estafa eléctrica, que va desde la sobrefacturación en la adquisición de plantas
de segunda mano, traídas hasta de Tanzania, los bombillos ahorradores, la
entrega del proyecto Tocoma a la empresa Odebrech, concluyendo en la
sobreexplotación del complejo hidroeléctrico del Caroní, hasta llevarlo a la
extenuación.
Para el chavismo esta es otra consecuencia de la
“guerra económica”, que ha devenido en una potencia metafísica que permite
explicar desde la escasez de medicinas hasta el nivel de agua de las
represas, pasando por las colas para adquirir alimentos.
Nos toca exponer el apagón institucional cuya
expresión más visible es la confrontación cotidiana entre el llamado tribunal
supremo de justicia, en su sala constitucional, contra la asamblea nacional,
síntoma de causas más profundas, en particular, lo que hemos bautizado como
“Justicia Partisana”, otro oxímoron.
El desplazamiento de la controversia política a los
tribunales trajo como consecuencia la judicialización de la persecución
política; el hecho de que la fiscalía general de la república se convirtiera en
un ariete político contra la oposición, de manera que su monopolio de la acción
penal no sólo impide que se intenten acciones contra los autores de la estafa
eléctrica sino que terminan siendo procesados quienes los denuncien.
En Venezuela es vox populi que
primero se encarcela a quien quiera el régimen y luego se busca qué imputarles
con resultados a veces francamente estrambóticos.
La máxima según la cual el primer requisito para ser
juez es la imparcialidad ha sido invertida a favor de la figura de jueces
partisanos, con lo que quien ha salido perdiendo es la justicia.
La justicia revolucionaria es la justicia de partido.
EL ESTADO DEL PARTIDO
Tradicionalmente los Presidentes al asumir el cargo se
liberaban de disciplina partidista en beneficio de la idea de que lo eran de
toda la Nación y no de una parte de ella, a despecho de que el partido siguiera
siendo el soporte político del gobierno y su principal proveedor de personal.
Chávez al contrario se mantuvo formalmente como jefe de su movimiento político,
actitud cuyas consecuencias no se han valorado suficientemente.
Como en casi toda cuestión esencial, su
desenvolvimiento es contradictorio: Insurgió contra el Estado de Partidos
siguiendo la letanía bolivariana “si mi muerte contribuye para que cesen los
partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. La unidad
que predicaba Bolívar es bajo su mando, por lo que termina como dictador de
Colombia.
Su reticencia hacia los partidos continúa y prefiere
hablar de “movimientos” como el Bolivariano 200 y el subsiguiente V República,
de hecho, en la Constitución de 1999 al garantizar los derechos políticos de
los ciudadanos se habla de asociaciones y organizaciones con fines políticos,
pero no de partidos.
No es sino diez años después de haber tomado el poder,
cuando ya se ha materializado la ocupación cubana, que se plantea la creación
del partido que no por casualidad tiene un nombre semejante al Partido Unido de
la Revolución Socialista de Cuba, creado por Fidel Castro con la fusión de su
Movimiento 26 de julio, el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista
Popular; hasta que el Partido Comunista histórico le cede sus banderas para
transformarse en Partido Comunista de Cuba, en 1965.
Redacta el artículo 5º de la Constitución en estos
términos: “El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista,
vanguardia organizada de la Nación, es la fuerza dirigente superior de la
Sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los
altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad
comunista.”
Chávez también fracasó en este punto: los partidos del
Polo Patriótico no se disolvieron ni se fusionaron en un partido único, ni
siquiera el PCV, que tampoco hubiera tenido sentido que cediera sus banderas y
su nombre porque ya la URSS había desaparecido, como los mayores partidos de
occidente, el PCI y el PCF.
Tampoco logró proscribir a los demás partidos, como
hizo Castro, para establecer un sistema unipartidista, por lo que muy a su
pesar el sistema pluralista conservó cierta vigencia, aunque la intención
hegemónica ha permanecido en el ambiente.
El núcleo militar originario del movimiento
bolivariano y del V república se trasladó íntegramente al nuevo partido,
designándose como ideólogo al general de división activo Alberto Müller Rojas,
entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA. Para variar, también
contradictorio, porque a la vez se quejaba de la politización de las FFAA y
decía que eso de militares apolíticos y no deliberantes era la mayor mentira de
la democracia representativa.
No debe subestimarse que el vicepresidente del PSUV,
segundo después de Maduro, el capitán Diosdado Cabello, califique de
“infiltrados” en los organismos públicos a quienes no se identifiquen con su
revolución, a manera de rechazo a los valores clásicos de objetividad e
imparcialidad en la función pública.
La poca institucionalidad que se había construido en
casi un siglo, se destruyó en menos de veinte años.
La mezcolanza de militares, partido, gobierno y Estado
es explosiva y venenosa, lo que ocurra primero.
CRIMEN Y REVOLUCIÓN
La revolución, como transgresión radical del orden
legal establecido, tiene una relación originaria con las actividades criminales
y así como los revolucionarios son calificados frecuentemente de bandidos, se
tiene a los delincuentes como revolucionarios naturales.
Esta relación puede ilustrarse con Lenin antes de la
URSS y Putin después de la URSS. El primero nunca ocultó sus simpatías por los
bajos fondos, de hecho, se mofaba de los jefes del partido socialdemócrata ruso
que manifestaban escrúpulos por sus tratos con el hampa. Veía más potencial
revolucionario en la desfachatez de estos marginales que en la hipócrita beatitud
de los miembros del comité central imbuidos, según él, de prejuicios pequeño
burgueses.
De modo semejante Vladimir Putin le ha concedido
patente de corso a las mafias post soviéticas, que aprecia como el potencial
creativo de la nueva Rusia. Es licito a estas alturas preguntarse, ¿cuál es la
ideología de Vladimir Putin? Más allá de esa suerte de realismo cínico que lo
caracteriza.
Sin duda es la mentalidad del crimen organizado
transnacional, esa mezcla de escepticismo moral, sentido práctico y absoluta
falta de escrúpulos que hace tan eficaces y eficientes a las mafias a nivel
global.
Así se pasa del Estado del Partido al Estado de la
Mafia, sin solución de continuidad.
La simpatía por el crimen en Venezuela alcanzó nivel
académico con Elio Gómez Grillo y sus seguidores, tuvo su administrador en
Manuel Quijada, reformador del sistema judicial y su mejor ejecutor en Iris
Varela, la ministro de prisiones.
La teoría de la sociedad criminógena es de una
sencillez rampante. No hay delincuentes en cuanto tales. Es la sociedad quien
se crea sus propios delincuentes, estigmatizando ciertas conductas como
criminales, mientras santifica otras quizás peores como, por ejemplo, el comercio
y la banca.
En consecuencia, la relación víctima-victimario se
invierte; gracias a la revolución, ahora los delincuentes resultan ser las
víctimas de la sociedad y más que ser pasibles de sanción son más bien
acreedores de protección.
Así como Rafael Caldera en sus tratados de Derecho del
Trabajo acuño el concepto del trabajador como débil jurídico digno de
protección especial del Estado, Elio Gómez Grillo convirtió al delincuente en
débil jurídico igualmente demandante de apoyo.
El resultado es un sistema penal no punitivo (otro
contrasentido), se pretende superar la cárcel en una institución protectora del
delincuente, se repudia la idea de castigo a favor de la “reinserción”. De aquí
al empoderamiento de los Pranes no hay ni un paso.
Si la revolución en sí misma es una larga sucesión de
crímenes, asesinatos, robos, secuestros, es comprensible que sus beneficiarios
sean ellos mismos criminales.
Un problema, no el único ni el más grave, es que quien
pierde es la gente decente.
Luis Marín
13-04-16
viernes, 8 de abril de 2016
NO AL CHANTAJE IDEOLÓGICO
César Rengifo
NO AL
CHANTAJE IDEOLÓGICO
Humberto
García Larralde
Los
venezolanos se enfrentan a un gobierno sumamente cruel e inhumano, que da
reiteradas muestras de que le importa en absoluto sus penurias. El hambre que
se extiende a sectores cada vez más numerosos, las muertes y angustias
atribuibles a la ausencia de medicamentos y/o de equipamiento de hospitales, el
altísimo índice de criminalidad que sesga vidas inocentes y los padecimientos
ocasionados a la población por la escasez generalizada, les resbala.
No es con
ellos, señalan, volteando de un lado para otro en busca de culpables, pues por
(auto) definición, son “abnegados revolucionarios” defendiendo las conquistas
del pueblo ante la arremetida de fuerzas oscuras de la “derecha”. Y así, con el
mayor cinismo los más, creyéndose sus embustes los menos, siguen impertérritos
con sus políticas empobrecedoras y de progresivo exterminio de la población.
Esta
insensibilidad se transforma en burla abierta del sufrimiento de sus
coterráneos cuando repiten una y otra vez, como excusa, la suprema estupidez de
que el gobierno enfrenta una “guerra económica”. El último desalmado en
mofarse así del pueblo es el embajador ante la OEA, Bernardo Álvarez, al
negarse ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a aceptar la ayuda
de gobiernos y organismos extranjeros, aduciendo que es irresponsable hablar de
una crisis humanitaria en el país, porque lo que existe es ¡la guerra
económica!
No hay
emergencia sanitaria, no hay desabastecimiento, no hay presos políticos
encarcelados de manera fraudulenta, no existe violación de los derechos humanos
y no se acepta ninguna ayuda foránea porque, por antonomasia, tales
padecimientos no existen en una revolución.
No se
despilfarraron los mayores ingresos que registra la historia del país, no se
hipotecó el futuro de los venezolanos con deudas gigantescas y subastando
recursos del subsuelo a cambio de unos churupos para estirar la arruga, no se
quebraron las empresas públicas por robo y negligencia, ni se dejó deteriorar
los servicios públicos por desidia (y robo). Así que, en nombre de la única
“verdad” admisible, a seguir arruinando al país, “la Historia nos absolverá” y
¡”pa’atrás ni pa’ coger impulso”!
Causa suma
indignación tanto cinismo e indolencia para con el sufrimiento de la gente. Y
aunque ya casi nadie cree en la idiotez de la guerra económica, ello no es
consuelo. Preocupa que no emerja una opción clara, contundente, que haga saber
a los venezolanos que esta situación no es una fatalidad, que puede mejorar
significativamente y en un plazo menos distante de lo que muchos creen, con
unas políticas coherentes y un equipo calificado de gobierno.
Es menester
proponer de manera decidida las tres condiciones básicas, ineludibles, para
atajar de inmediato la caída del nivel de vida de los venezolanos y abrirle
posibilidades de recuperar su futuro que, por fuerza, implicarían un gobierno
de transición. Estas tres condiciones son:
1) la concertación, lo más pronto
posible de un generoso financiamiento internacional, en el orden de los $30 a
40 millardos;
2) la privatización de empresas
públicas que son un desaguadero de dinero y sin la cual no es posible sanear
las cuentas fiscales; y
3) el desmontaje de los controles y
regulaciones que aplastan a las actividades
económicas.
Las primeras
dos son imprescindibles para unificar el tipo de cambio y liberar el acceso a
la divisa. Sin ello, no podrá superarse el estrangulamiento externo que impide
importar insumos, repuestos y equipos para la actividad productiva, base para
lograr el abastecimiento interno y la generación de empleos bien remunerados.
La tercera
es imprescindible para liberar las fuerzas productivas, y promover la
competencia y la racionalización de las actividades económicas. Las tres, junto
a un programa de estabilización macroeconómica, son pilares de un programa para
abatir la inflación.
Sabemos que
la oligarquía en el poder se opondrá con uña y dientes a desmontar los
controles, privatizar empresas que vacían las arcas públicas y negociar
empréstitos internacionales que exigen poner orden en la casa, porque con ello
se desmontarían las bases de sus muy lucrativas actividades corruptas, de
expoliación de la riqueza social. Pero si bien se les ha caído la máscara de
redentores para justificar esta postura, siguen contando con el chantaje
ideológico enraizado en la cultura política nacional, que les permite
estigmatizar estas medidas. Así, todo asomo de negociación con el FMI, único
ente en capacidad de otorgar el financiamiento requerido, y la privatización de
empresas públicas que desangran las finanzas del Estado, son repudiadas por
Maduro por “neoliberales”.
Apela, con
ello, a toda una carga valorativa que hemos cultivado los venezolanos bajo
gobiernos populistas adecos y copeyanos, y bajo el actual régimen fascista de
Chávez-Maduro, en la que ambas medidas se asocian a un deterioro de las
condiciones de vida de la población a causa de la "entrega del país a
intereses privados, nacionales y foráneos". A papá Estado, por más
corrupto e ineficaz que sea, se le tiene que permitir que intervenga en todo y
gaste a mano suelta porque, por antonomasia, es el único que representa los
intereses del pueblo.
Por supuesto que tal financiamiento
se condiciona a que el país haga los ajustes macroeconómicos que aseguren su
reembolso en el tiempo. Y ello se centra en el saneamiento de las cuentas
públicas que implica, como elemento central, que el estado se desembarace de
empresas quebradas que requieren transferencias permanentes para subsistir. Así
se liberarán los recursos para compensar a los sectores vulnerables que
pudiesen verse afectados por un programa de transición.
¿Cómo es posible que los voceros
democráticos no sean capaces de defender estas ideas de manera abierta, para lo
cual sobran argumentos y datos empíricos? ¿Cómo no defender que contar con unos
30 – 35 millardos de dólares de un organismo financiero internacional en
calidad de préstamo es algo que beneficia a los venezolanos con
abastecimiento, producción y empleo? ¿Hasta cuándo el chantaje ideológico del
populismo – fascismo?
Humberto García Larralde
Economista, profesor de la UCV
07
de abril del 2016
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