jueves, 15 de abril de 2010

RAFAEL OSÍO CABRICES - EN CALINA



No es que no se esté haciendo un esfuerzo por avanzar. Hay gente fajada a buscar soluciones, a pensar sobre el país, a investigar. Pero no tienen mucho rango de acción, y a veces tratan de llamar la atención de nosotros, los ciudadanos comunes, pero estamos demasiado ocupados evadiendo la realidad o llorando sobre la leche derramada. No es que haya desaparecido la inteligencia, sino que parece estar tan prohibida como la libertad. Los que dejaron que se nos quemaran los bombillos impiden que vengan otros a cambiarlos. Mientras los demás protegemos, como podemos, la llama de las velas.

Si vamos a aceptar esas metáforas de las parálisis, tendremos que aceptar también las del cambio. La calina de la atmósfera terminará por despejarse, aunque pueda volver luego. El planeta no dejará de girar. Volverá la brisa, volverá la lluvia. Nadie puede retener la calina, como tampoco puede hacerlo con el cambio. Reforestamos las montañas quemadas, si nos dejan, para que vuelvan a llenarse las quebradas y el bosque ya no se nos meta más en las habitaciones en forma de virutas de carbón.

El cielo se puede despejar de nuevo. La cosa es cómo hacer para que se vaya también la niebla que está dentro de la cabeza, cómo evitar que se quede ahí. Para eso también hay bomberos que apaguen los árboles en llamas, pero hay que decidir hacerlo, como hay que decidir también hacer lo necesario para que los ríos no vuelvan a secarse. Decidir que cuando uno suspende su razón, otro aprovecha el vacío. El bosque de la inteligencia también hay que regarlo para que no se seque y se queme."


Rafael Osío Cabrices

En "Calina", Todo en Domingo, revista de El Nacional,
11 de Abril de 2010, Nº 547, Caracas.

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